León XIV publicó su primera antología dedicada íntegramente a la paz. En ella cuestiona la carrera armamentística, rechaza la idea de que el equilibrio nuclear garantice la seguridad y recupera un poema de Bob Dylan para recordar que las bombas son creaciones humanas y, por lo tanto, también pueden ser desarmadas por los seres humanos. El Papa advierte además sobre un peligro nuevo: la combinación entre armas cada vez más destructivas, inteligencia artificial y sistemas automáticos capaces de intervenir en decisiones militares.
La Librería Editora Vaticana publicó Desarmada y desarmante. La paz es un don, la primera antología que reúne las intervenciones de León XIV sobre la paz desde su elección, el 8 de mayo de 2025. El libro fue preparado por el periodista y escritor italiano Alessandro Banfi e incluye como introducción un texto inédito firmado por el Papa el 19 de junio de 2026. La edición apareció inicialmente en italiano y la editorial vaticana anunció también una próxima versión en inglés.
El título prolonga una de las expresiones que definieron el comienzo del pontificado de Robert Francis Prevost. Al presentarse por primera vez ante los fieles reunidos en la plaza de San Pedro, León XIV habló de una paz “desarmada y desarmante”, humilde y perseverante. Desde entonces, la cuestión atravesó sus discursos, sus mensajes y el tema elegido para la Jornada Mundial de la Paz de 2026.
La expresión tiene un sentido religioso, pero también político. Para León XIV, la paz cristiana no significa pasividad, resignación ni aceptación de la injusticia. Es desarmada porque no se sostiene en la fuerza y es desarmante porque busca quebrar la lógica del enemigo, del miedo y de la represalia. La imagen central es la de Cristo resucitado, que ofrece la paz mientras todavía conserva en su cuerpo las heridas de la violencia sufrida.
El libro no presenta la paz como una abstracción ni como una simple aspiración espiritual. El Papa parte de un mundo atravesado por guerras abiertas, conflictos prolongados y nuevas formas de confrontación. Según los datos citados en la introducción, 103 Estados se encuentran involucrados de alguna manera en conflictos armados. León XIV menciona expresamente a Ucrania, Oriente Medio, Sudán, Myanmar, Yemen y la República Democrática del Congo.
Bob Dylan frente a la bomba
Una de las novedades del texto es la referencia a Bob Dylan. León XIV recupera Go Away You Bomb, una composición de 1963 en la que el músico estadounidense se dirige a la bomba atómica como a una criatura fabricada, poseída y manejada por el hombre.
El Papa cita una línea breve y contundente: “Te odio porque te ha creado el hombre”. La elección de Dylan no es ornamental. Le permite subrayar que las armas nucleares no son una fuerza natural ni un destino inevitable, sino el resultado de decisiones políticas, científicas, económicas y militares adoptadas por personas concretas.
La canción fue escrita durante uno de los momentos más tensos de la Guerra Fría, poco después de la crisis de los misiles en Cuba. Seis décadas más tarde, León XIV considera que aquella advertencia vuelve a tener actualidad. La desescalada nuclear que parecía haberse consolidado durante parte de las décadas anteriores fue reemplazada por una nueva carrera armamentística, acompañada por la modernización de arsenales y por una creciente normalización del lenguaje bélico.
El argumento papal confronta directamente con la doctrina de la disuasión. Según esa doctrina, la posesión de armas capaces de destruir al adversario impediría que alguna de las partes iniciara una guerra. León XIV invierte el razonamiento. No son las armas atómicas las que producen la paz. Lo que puede producirla es el desarme, acompañado por acuerdos, controles, confianza y voluntad política.
La estabilidad basada en el terror siempre es precaria. Depende de que todos los dirigentes actúen racionalmente, de que todos los sistemas tecnológicos funcionen sin errores y de que ninguna falsa alarma desencadene una respuesta irreversible. La existencia misma de arsenales nucleares mantiene abierta la posibilidad de una catástrofe, aun cuando nadie afirme desearla.
León XIV también recupera la expresión utilizada por Francisco para describir un planeta atravesado por una “Tercera Guerra Mundial a pedazos”. El problema ya no sería solamente la posibilidad de un gran enfrentamiento entre potencias, sino la multiplicación de guerras regionales que se conectan mediante alianzas, armas, recursos estratégicos y disputas por áreas de influencia.
Cuando las máquinas pueden elegir los blancos
El señalamiento más inquietante de la antología aparece cuando el Papa vincula el rearme con el desarrollo tecnológico. León XIV se pregunta qué puede ocurrir si las decisiones sobre la vida y la muerte dejan de depender de personas y son delegadas en sistemas automáticos.
La combinación del dominio cibernético, la inteligencia artificial y las nuevas armas introduce una transformación cualitativa. No se trata únicamente de que los ejércitos posean misiles más rápidos o bombas más poderosas. La automatización podría intervenir en la identificación de blancos, la evaluación de amenazas y la decisión de responder a un ataque. (Vatican News)
El Papa imagina un mundo en el que máquinas sofisticadas decidan bombardear a personas indefensas y lo define como aterrador. La velocidad tecnológica, que suele presentarse como una ventaja, puede convertirse en un problema cuando reduce el tiempo disponible para verificar información, reconsiderar una orden o impedir una reacción equivocada. (Vatican News)
La guerra automatizada también modifica el problema de la responsabilidad. Cuando un sistema se equivoca, resulta más difícil determinar quién tomó realmente la decisión. Puede responsabilizarse al programador, al comandante, al fabricante, al gobierno o al algoritmo, mientras las víctimas concretas quedan sepultadas bajo una cadena de explicaciones técnicas.
La pregunta formulada por León XIV es deliberadamente extrema: ante el rearme global y el avance de las tecnologías capaces de decidir una destrucción masiva, la Iglesia debe preguntarse si la humanidad desea realmente seguir habitando la Tierra. No se trata de una profecía apocalíptica, sino de una interpelación sobre el poder que los seres humanos están dispuestos a entregar a sus propias creaciones. (Vatican News)
El hombre que evitó una guerra nuclear
Frente a la confianza ciega en la tecnología, León XIV recuerda la historia del oficial soviético Stanislav Petrov. El 26 de septiembre de 1983, el sistema de alerta de la Unión Soviética indicó que varios misiles intercontinentales habían sido lanzados desde los Estados Unidos.
Petrov debía comunicar el ataque a sus superiores. Una notificación de esa naturaleza podía activar una respuesta nuclear soviética y desencadenar una guerra de consecuencias incalculables. Sin embargo, el oficial sospechó que se trataba de una falla del sistema y decidió no informar la alarma como un ataque real. Después se comprobó que los satélites habían interpretado erróneamente determinados reflejos de la luz solar. (Vatican News)
Para León XIV, el episodio demuestra el valor insustituible de la conciencia humana. Petrov no se limitó a obedecer automáticamente el procedimiento ni aceptó que una máquina definiera la realidad. Evaluó la situación, dudó de los datos y asumió una responsabilidad personal enorme.
“La conciencia de un solo hombre puede valer tanto como el mundo entero”, afirma el Papa. La frase condensa uno de los ejes del libro. La paz depende de tratados y decisiones políticas, pero también de personas dispuestas a no refugiarse detrás de una orden, una estructura o un dispositivo tecnológico. (Vatican News)
La antología presenta además a otros testigos de esa paz activa. Entre ellos se encuentran Floribert Bwana Chui, asesinado en la República Democrática del Congo después de negarse a aceptar un acto de corrupción, el político y diplomático italiano Giorgio La Pira y la militante católica estadounidense Dorothy Day. (Vatican News)
Los tres representan formas diferentes de intervención. La paz puede expresarse en la lucha contra la corrupción, en la asistencia a los pobres, en la diplomacia, en la defensa de los excluidos o en la resistencia frente a decisiones que degradan la dignidad humana. No es una posición neutral ante el conflicto, sino una manera distinta de enfrentarlo.
La paz comienza en la vida cotidiana
El libro no limita su mensaje a los presidentes, los militares o los diplomáticos. León XIV sostiene que sería contradictorio exigirles la paz a los dirigentes internacionales mientras en las familias, los trabajos, los barrios y las comunidades se reproducen el odio, la acusación permanente y la incapacidad de escuchar.
La paz empieza en las relaciones cotidianas. Puede construirse mediante una palabra amable, una ofensa perdonada, una sonrisa o una decisión de no responder a la violencia con una violencia mayor. Esos gestos no sustituyen la política internacional ni los acuerdos de desarme, pero crean una cultura diferente de la enemistad. (Vatican News)
León XIV rechaza así dos reducciones. La primera consiste en pensar que la paz depende exclusivamente de los poderosos. La segunda, en reducirla a una actitud privada sin consecuencias públicas. Para el Papa, las dos dimensiones están relacionadas. Las decisiones de los gobiernos nacen dentro de sociedades que pueden premiar la agresividad, aceptar la deshumanización del adversario o, por el contrario, exigir soluciones negociadas.
También advierte sobre el modo en que la guerra se presenta casi siempre como un camino hacia la paz. Ningún dirigente reconoce que combate simplemente por el deseo de destruir. Las guerras se justifican en nombre de la seguridad, la libertad, la justicia o la defensa preventiva. Por eso la paz necesita verdad y una mirada crítica sobre los discursos utilizados para legitimar la violencia. (Vatican News)
El Papa recupera las advertencias de sus predecesores. Recuerda el llamado de Pablo VI ante las Naciones Unidas contra la repetición de la guerra, la definición de Juan Pablo II de la guerra como una aventura sin retorno y la idea de Francisco sobre la fragmentación mundial de los conflictos. Su aporte específico consiste en colocar esas enseñanzas frente al rearme nuclear, la automatización y el poder de las nuevas tecnologías. (Vatican News)
León XIV no formula, sin embargo, un mensaje dominado por el pesimismo. La publicación termina con una exhortación a no caer en la desesperación y a convertir la paz en una causa personal. En un mundo que parece habituarse a las guerras, el desafío no consiste solamente en esperar que otros actúen, sino en evitar la indiferencia y recuperar la capacidad de intervenir.
La antología propone una paz que no equivale al silencio ni a la comodidad. Exige conciencia, responsabilidad y coraje. También exige desconfiar de la idea de que más armas producen necesariamente mayor seguridad.
Bob Dylan escribió contra la bomba en 1963. Stanislav Petrov desobedeció a una máquina en 1983. León XIV retoma ahora esas dos historias para formular una misma advertencia: la humanidad creó los instrumentos de su propia destrucción, pero todavía conserva la capacidad de detenerlos.