Queda menos de un mes de tregua en Medio Oriente, porque el martes 3 de noviembre son las legislativas y a los republicanos les va mal. Los planes para después, mientras preparan un fusilamiento público y Francia estalla.
Mientras uno lee esta columna, tres portaaviones norteamericanos se dirigen al Estrecho de Ormuz. Van a zigzaguear en esas aguas peligrosas, a proteger a barcos amigos y, tal vez, atacar a hostiles. Pero sobre todo van a esperar a ver si Donald Trump se decide por alguno de los planes de ataque a Irán que preparó el Pentágono. Todos los planes tienen algo en común, que duran tres días y fueron pensados como “tormentas”. Es el sueño americano de terminar rapidito las guerras, sin bajas propias, desde lejos y con tecnología.
¿Por qué tienen que esperar? Porque el 3 de noviembre hay elecciones legislativas en Estados Unidos y todos los números le auguran al Presidente Naranja una paliza. La Cámara Baja ya se puede dar por perdida y el Senado está en juego. Trump no quiere recordarle a nadie que el país está en guerra con Irán.
Los planes, se supo, son cinco e incluyen dos escenarios. En uno, la ofensiva se concentra en Irán, en el otro incluye Yemen con los houtíes como blanco secundario, cosa de liberar el Mar Rojo a la navegación. El viernes 2 de octubre, en la casa de fin de semana presidencial de Camp David, el presidente JD Vance dirigió una reunión militar para discutir los escenarios. Arabia Saudita se mostró incapaz de controlar a los rebeldes yemenitas, ya instalados en posiciones estratégicas para cerrar el paso de petroleros. Esta semana, hubo muertos en el aeropuerto de Riad, por la lluvia de misiles que le tiraron. Por eso, un portaaviones podría dedicarse a bombardear a los houtíes.
Barack Obama hizo lo mismo hace años. No funcionó.
El corazón del plan es destruir los arsenales iraníes de drones y misiles que la Guardia Revolucionaria pudo reforzar pese a los ataques devastadores del principio de la guerra. Como complemento, se atacarían puestos de comando y usinas, lo que técnicamente es un crimen de guerra, pero andá a acusarlos. Mientras tanto, el estrecho está semi abierto o semi cerrado. Pasa más petróleo que durante los combates, pero menos que antes de la guerrita de Trump, que iba a durar horas o días.
Irán atacó como mínimo a trece buques, con otros cálculos contamos veinte, sin contraofensivas norteamericanas. La Armada no ataca a petroleros iraníes, pero el Departamento del Tesoro sancionó sólo en septiembre a 17 navieras sospechadas de llevar petróleo iraní. A todo esto, los ayatolás lo andan mezclando con crudo iraquí, con lo que los análisis dan resultados ambiguos para evitar más sanciones. Parte del problema para los norteamericanos es que Irán tiene una flota de petroleros fantasma, con banderas de terceros países, y que China decidió pagarle peaje a Teherán por sus buques.
Los petroleros de bandera roja son, para todos los efectos prácticos, invulnerables: nadie quiere hundirle uno a Beijing, y menos matar a un chino. La situación es tan absurda que ya se ven las divisiones hasta en el gobierno de Trump, con un bloque que insiste en que las drásticas sanciones económicas van a quebrar a los iraníes, pero hace falta tiempo para que se noten.
La paz
Este viernes 9 le dieron el premio Nobel de la Paz a la abogada sudafricana Navi Pillay, de 85 años, que empezó su carrera hace sesenta en el equipo de defensa de Nelson Mandela. Cuando cayó el apartheid fue la primera mujer no blanca -es descendiente de indios- en entrar a la Corte Suprema de su país, luego sirvió en la Corte Internacional de Justicia con casos como el genocidio de Ruanda y este año encabezó la delegación de la ONU que acusó a Israel de genocidio en Gaza.
El gobierno de Benjamín Netanyahu protestó ruidosamente diciendo que el comité Nobel premiaba “la mayor mentira del siglo”. Trump rezongó que otra vez lo ninguneaban, a él, que “había evitado entrar en tantas guerras y por eso me lo merezco”.
Fusilamiento
El morbo del gobierno Trump no para de asombrar. Este viernes 9, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, anunció que el Ejército va a fusilar a un condenado, el primero desde 1945. Y que la ejecución va a ser pública, la primera desde 1936, y hasta transmitida por internet en vivo. El preso es el mayor Nidal Hasan, que el 5 de noviembre de 2009 entró en la base de Fort Hood con una pistola. Hasan es psiquiatra, pero ese día decidió plegarse a la yihad y abrió fuego contra sus colegas. Mató a 13, incluyendo una oficial embarazada, e hirió a 32 antes de que le pegaran un tiro. Sobrevivió, fue juzgado y en 2013 fue condenado a muerte bajo el código unificado de justicia militar.
Hasan ni se defendió, apenas explicó que lo hacía por convicción ideológica y por la crueldad de las guerras en Irak y Afganistán. De hecho, se lamentó de no haber muerto en el ataque, para ser un mártir. Ya lleva trece años en la prisión militar del Fuerte Leavenworth, Kansas, y ahora tiene fecha de fusilamiento el 3 de diciembre. Lo notable es que la ejecución va a ser pública, con lo que Estados Unidos se une a un selecto club que ejecuta así, junto a Irán, Corea del Norte y Afganistán.
La última vez que se hizo algo así en el país fue cuando colgaron a un joven negro, Rainey Bethea, en Kentucky, en lo que hoy se considera un linchamiento legalizado. Veinte mil personas fueron a ver el espectáculo.
Francia
Centenares de miles de estudiantes secundarios, profesores y trabajadores no docentes están protestando por las malas condiciones de las escuelas francesas. Ya van más de 6.000 detenidos y 300 heridos en las protestas, la mayoría menores de edad. Casi la mitad de los 3.700 secundarios del país están cerrados hasta nuevo aviso y los sindicatos están apoyando la protesta en el contexto del aumento de precios, la creciente desigualdad social y los salarios en caída.
El lío trasciende por mucho el sector educativo, que resulta el síntoma de un problema más de fondo, la crisis de la deuda francesa. Este jueves 8, París elevó de nuevo la tasa de interés de sus bonos, que ya llegó casi al 5% para los papeles a diez años. Esto fue porque los inversores se estaban pasando a los papeles alemanes, que rinden menos pero son considerados mucho más seguros. Lo mismo le pasó a los papeles italianos y griegos, con lo que los franceses quedaron en la categoría de menor confianza en la Unión Europea.
Francia, simplemente, no tiene con qué satisfacer las expectativas de los estudiantes y sus profesores. Esto recién empieza.
Alemania
Finalmente ocurrió: la ultraderecha alemana, que es ultra de verdad, llegó al poder en un rincón del país. Esta semana, Tobías Rausch fue votado presidente del parlamento regional de Saxonia-Anhalt, la provincia en la que su partido Alternativa por Alemania, la AfD, ganó el mayor bloque de votos en las legislativas del mes pasado.
Es la primera vez, desde 1945, que la ultraderecha tiene un puesto político. El logro para los neonazis se debió a que consiguieron nueve votos en la asamblea, cuatro más de los que se esperaban. Entre ellos, dos votos del minúsculo Partido de Izquierda Conservadora, pro ruso y antiinmigrante.
Votaciones
Para tener en cuenta y anotar en la agenda: el domingo 18 hay elecciones de Asambleas Populares en Venezuela, las primeras desde el secuestro del Presidente Nicolás Maduro; el 25 la segunda vuelta presidencial en Brasil; el 27 las de primer ministro en Israel; el 3 de noviembre las legislativas en Estados Unidos y el 28 las de la Autoridad Palestina, las primeras en veinte años, con siete partidos compitiendo por 132 asientos.
Un bimestre movido.