Esta semana se conoció el despido encubierto, disfrazado de no renovación de contrato, del director del Museo Histórico Nacional, Gabriel Di Meglio, quien criticó la falta de recursos para la cultura y calificó como “un desastre” el estado de los museos: “si tenés edificios del siglo 18 y no les ponés dinero, se destruyen como las rutas”, dijo en diálogo con Y ahora qué? “El primer año están más o menos bien, pero al tercero alguien se mata.” Afirmó que lo mismo va a ocurrir con el patrimonio histórico.
Al historiador Gabriel Di Meglio le informaron que no le renovarían su contrato como director del Museo Histórico Nacional, y anticiparon su salida unos veinte días para evitar que dé su última charla, que igual hará este sábado 12 julio, según anunció, “del otro lado de la reja”.
“Noto un desinterés en la cultura” y “novedades históricas graves desde la recuperación de la democracia como la reivindicación abierta de la dictadura”, afirmó a Y ahora qué?, aunque consideró que su desvinculación se produjo por su crítica a la falta de presupuesto.
El Museo Histórico Nacional está ubicado en el barrio de San Telmo, a un costado de Parque Lezama. El edificio fue construido a principios del siglo XIX. A mediados de ese siglo la finca fue adquirida por José Gregorio Lezama. Luego, en la década de 1880, fue vendida al Estado, y desde 1897 allí funciona el Museo Histórico Nacional que dirigió Di Meglio hasta hace pocos días.
–Si tuviera que definir el motivo de la desvinculación, ¿qué diría?
–Oficialmente no me expresaron nada concreto, más bien fue una decisión política. Después, extraoficialmente, me dijeron que tenía que ver con haber hablado de que no había presupuesto para los museos en una nota periodística. Después hay otro trascendido: por haberme opuesto al lugar donde tiene que estar el sable corvo de San Martín, que pertenece -legítimamente- al Museo, pero fue pedido por el Ministerio de Defensa y me opuse a que volvieran a llevarlo al Regimiento de Granaderos. También puede ser que quieran poner a alguien de su entorno en la conducción del Museo.
–¿Pero un año y medio después?
–Sí, eso es raro. Tampoco tuvimos alguna discusión sobre sobre la orientación histórica del Museo. No tuvimos debate, de hecho, no hubo críticas previas ni especulaciones. Claramente, no querían que yo estuviera más porque adelantaron mi salida. Me habían dejado hasta fin de este mes de julio, y el martes pasado me echaron en el momento, lo cual fue totalmente incorrecto. Lo hicieron para que no haga mi última charla, hasta le pidieron a la gente de prensa que bajen la actividad de las redes. La haré igual y será como un acto despedida, pero del otro lado de la reja del Museo, Defensa al 1600 (CABA), con un micrófono y con la gente que se acerque, desde las 17 horas de este sábado,
–¿Podríamos pensar que su despido está vinculado a la mirada política que este Gobierno tiene sobre la historia?
–No creo, aunque indirectamente sí porque -evidentemente- hay un cambio en esa mirada. Pero, de ser así, el despido tendría que haber venido precedido de algún tipo de discusión, pero no fue el caso. Creo que, a veces, las explicaciones son más chiquitas y tienen que ver -quizás- con querer darle el puesto a otra persona, cosa que en el Estado pasa mucho. Pero, al hacerlo, están rompiendo una gestión que venía muy bien. En ese sentido, hay un quiebre con todo lo que se hizo en el Museo hasta ahora, que fue mucho y que creo que es lo que más generó reacción y bronca en muchos. Están rompiendo algo que está funcionando a pesar del desfinanciamiento, porque gracias a la Asociación de Amigos conseguimos algunos fondos para seguir pedaleando, y aun así lo rompieron.
–Parece la misma estrategia que usa el Gobierno con el Garrahan.
—Bueno, pero tienen la idea de que el Estado es corrupto y que todo es parasitario. Hay una crítica en el momento en el que hay un ataque. En este caso no hubo ataque, fue directamente un descarrilamiento. De todos modos, sí, obviamente, la mirada del Museo Histórico no es la que el Gobierno plantea de la política. Pero, en general, los gobiernos no se han metido en los guiones de los museos. Ninguno, no directamente. Hay muchas mediaciones entre un gobierno y un museo.
–¿Por qué?
–Yo he estado con cuatro gobiernos y nunca ninguno me dijo lo que tenía que hacer en un museo. No es que haya un conocimiento muy grande de un Gobierno de lo que ocurre en un museo, pero todos los gobiernos tienen una mirada sobre la historia. Este (por La Libertad Avanza) tiene una muy fuerte con la que no coincido en lo más mínimo, y tiene derecho a tenerla, como cualquier gobierno. En este caso, no hubo ningún ataque directo, porque lo que noto es un enorme desinterés y abandono más que una intención de disputar un espacio. Igual, puedo equivocarme y, efectivamente, que mi despido implique una ofensiva.
–Están haciendo un uso político del pasado porque, incluso, distorsionan las gestiones de Belgrano o San Martín.
–Todos los gobiernos hacen un uso político y una mirada a su favor del pasado, incluso el gobierno que dijo que no hablaba del pasado, como el de Macri, y ponía animalitos como imágenes en los billetes. Eso también es hacer uso del pasado. Ahora, efectivamente este Gobierno tiene algunas novedades, como la defensa de Alberdi o de Roca, que es la tradición liberal. Los reivindica, aunque hace una falsedad de los antecedentes, porque había liberales estatistas y anti estatistas. Hay una mirada muy con un solo ojo. Lo que es novedoso en democracia es la reivindicación abierta de la matanza de indígenas con la conquista del desierto, porque eso antes lo dijo la dictadura, pero los gobiernos posteriores se cuidaron bastante. Y la otra es que en democracia no se hacía una reivindicación abierta a la dictadura, que este Gobierno hizo -prácticamente- este 24 de marzo. Y estas son novedades históricas graves en el mundo posterior a la recuperación democrática. Casi como que hay un deseo fuerte de discutir la historia, ¿no?, pero no son los únicos que usan la historia a su favor. Lo malo es que hay una tergiversación de datos porque son falsos. La ultraderecha está presentando una mirada de la historia que me parece pésima y con muchas mentiras.
–Y a pesar de esto usted afirma que nunca estuvo sobre el tapete su gestión.
–No noto que venga por ahí, porque no llevé al Museo mi posición política. Mi gestión tuvo que ver con ciertos consensos historiográficos. Hay cosas que son bastante compartidas con gente con la que pensamos distinto. No tuve grandes ataques, en todo caso fueron algunos muy limitados, y en algunos momentos, de grupos ultranacionalistas por decir que la Patagonia no era territorio argentino sino indígena, lo cual es una verdad histórica. Pero justamente fue gente que está en contra del gobierno, no a favor de él. Y esos ataques fueron en redes, no en el Museo. No noto en esto una disputa de historia, porque entonces habría que decir con qué mirada están disputando y cuál es la discusión.
–Usted dice que cada gobierno trae su mirada sobre la historia, que todos intentaron encontrar el relato más indicado, pero ninguno lo reflejó en el relato de los museos históricos.
–No, porque los museos, por suerte, han tomado una un lugar público más importante, y los museos históricos estaban muy fuera del radar. Las discusiones políticas de los gobiernos no han tenido, en general, un correlato en los museos directamente. No noté un correlato tan claro salvo excepciones como en el Museo del Bicentenario, que sí estaba mucho más alineado con la posición del gobierno kirchnerista. Después, el gobierno macrista cambió el guión. Pero fue en el Museo que está detrás de la Casa Rosada, donde pueden notarse cambios más profundos porque hay una ligazón directa con la presidencia de la Nación. A veces, la gente cree que en el Estado un gobierno define todo, pero es más complejo. Ahora, calculo que el mileísmo debe de haber hecho un cambio, pero no he ido como para verlo. Este gobierno persigue todo lo referido, por ejemplo, a cuestiones de género, de diversidad sexual o lenguaje inclusivo. Entonces, aquellos museos que iban en esa línea, o centros culturales, tuvieron que sacar todo lo referido a esas temáticas. Me consta que hubo lugares que suspendieron cursos porque tenían al tema de género como temática. Es una época muy mala para para la cultura, para para el país en general, pero para la cultura es grave. Y el hecho de descuidar el patrimonio, me parece que va a tener consecuencias graves en un mediano plazo.
–¿Cuántos museos históricos hay en el país?
–Museos hay como 400, pero nacionales como éste son 25, aunque depende de cómo los cataloguemos. Algunos son de arte y otros históricos. Lo que pasa es que tenés muchos que son más bien museos de sitio como el Cabildo o la Casa Histórica en Tucumán, la Casa de Sarmiento, las estancias jesuitas cordobesas, el Palacio San José en Entre Ríos, la Manzana de las Luces, etc. Todos esos los podés ubicar en el plano histórico como la Colección Histórica o el Museo Mitre, el Roca, el Sarmiento, etc. Y el más destacado, a nivel colección, sin duda es el Museo Histórico Nacional. Después, cada provincia tiene su museo histórico provincial, y otros municipales.
–¿Y el estado general de estos museos es parejo?
–Desde que vino el gobierno de Milei el estado general es un desastre porque no hay lineamientos de ningún tipo ni recursos. Si tenés edificios del siglo 18 o 19, y no les ponés dinero y los abandonás, es carísimo recuperarlos, después, porque se destruyen. Como las rutas, ¿no?, que el primer año están más o menos bien, pero al tercero alguien se mata. Y eso va a ocurrir con el patrimonio histórico. Es descorazonador el nivel de abandono.