A contrapelo de la primavera que se acerca, the Winter is coming, dirían en Juego de tronos para Javier Milei y sus acólitos. Y es que la bola de nieve baja por la montaña, y no desaparece a pesar de que digamos que es más falso que billete de tres dólares.
Con un 95 por ciento de personas enteradas del tema y donde el 87 por ciento piensa que este es grave, con pruebas que se acumulan día a día, los dioses del mensaje parecen estar contra el presidente libertario que cree que solamente hay que dejar pasar el minutero para que el escándalo amaine.
Pero en política a veces un escándalo lleva a otro, y otras veces sólo se suma.
La prensa no da abasto para publicar todas las denuncias que aparecen en las plataformas. Y. mostrando lo que son los nuevos tiempos en la comunicación, la delantera en velocidad y en impacto la llevan los audiovisuales que además, a través de las plataformas fragmentan los mensajes y nos dan el drama por episodios de fácil digestión.
Invitados a la cena
Cierto periodismo se ha acostumbrado a comer en la misma mesa que los poderosos a los que debería controlar pero que en los hechos apaña y propagandiza. A veces, las menos, hay razones ideológicas para eso. Es lo que llamaríamos periodismo militante. Ahí, por lo menos, si hay honestidad, se verá a esos comunicadores peleando en el llano cuando la rueda de la fortuna se vuelva caprichosa.
Pero hay otros más sobresalientes que se mercenarizan y cobran a veces en sobre en contratos personales. Esos cambian conforme el viento sopla. Son los primeros en detectar que el barco se está hundiendo y los primeros en volverse críticos simulando haber sido engañados: “conmigo ya no cuenten”, dicen, y se van con armas y bagaje tomando las de Villadiego.
No son tan tontitos como para no ver que lo que dijeron apoyando al poder va a quedar, pero saben que junto a ellos también habrá muchos electores “arrepentidos” que se sentirán solidarios y cercanos. Con ellos cuentan para los nuevos discursos.
Véase las declaraciones de la semana pasada de Jonatan Viale, o de Alejandro Fantino y, claro las de Eduardo Feinmann. Algunos de ellos hasta se declaraban amigos personales y dedicaban parte del domingo a visitar la quinta de Olivos donde reside el presidente Milei.
Pero algo ha cambiado. De pronto, en la pantalla de las computadoras ha aparecido el temido “Game Over”. El reloj ha comenzado a girar sus manillas para atrás.
Si el momento de ruptura lo marcó el escándalo de la estafa Libra (ojo que es el signo zodiacal al que pertenece Milei) y de ahí poco a poco se comenzó a rodar para abajo (todas las encuestas marcan el deterioro) el tema coima le ha inyectado gasolina para aviones al coche que ya iba en descenso.
Claro que esto no quiere decir un quiebre inmediato. Sólo es la señal de que gran parte del brillo en los ojos ha desaparecido.
También es muy posible que los periodistas del establishment se hayan acogido a las instrucciones de los verdaderos dueños del poder, para quienes cada vez es menos necesario un elemento como Javier Milei.
La estrategia del silencio
Cuando colocás la basura debajo de la alfombra y ésta es de tan magnitud que se nota un bulto muy grande, tu estrategia ha fracasado.
En Casa Rosada se deben estar rompiendo la cabeza sobre cómo sacar el tema de las coimas en medicinas para discapacitados de las primeras planas y que vaya desapareciendo. Misión por demás complicada porque las pruebas salen a raudales. Y aumentan cada día. Como lo demuestra la denuncia de que se llamó tres veces a una licitación para el hospital Posadas, sólo para que la Droguería Suizo Argentina gane la puja.
Es que robarles a los discapacitados, más aún cuando se vetó una ley de apoyo a ellos, es demasiado crimen. En él entran declaraciones como que la discapacidad no es problema del Estado. Ojo, pasa lo propio con los jubilados a los que se les arrebató medicinas vitales. No por nada las marchas de los miércoles en vez de decrecer aumentan semana a semana.
Peor aún cuando en un ejemplo de que la crueldad tiene límites muy amplios, se sabe que se buscó disminuir el número de beneficiarios a través de citatorios nunca entregados y otras chicanerías propias de almas muy negras.
Me río de Milei
Es sugerente cómo en TikTok y en otras plataformas ya se burlan abiertamente del Presidente, de su hermana y de su gobierno. Y la risa siempre es subversiva. Iguala al mendigo con el poderoso y hace menos importante al prepotente.
Tarde o temprano el Presidente y su gente va a tener que hablar del caso con más detalle que el argumento de que todo es mentira. EL problema es qué va a decir.
Lo anterior no quita que no exista un núcleo duro que todavía no se haya desencantado, pero éste alcanza a un treinta por ciento de la población según una última encuesta citada por El Destape. En seis meses Javier Milei ha perdido más de la mitad de apoyo, y eso que todavía el dólar no ha estallado como lo hará, tarde o temprano, en el peor de los casos después de la elección.
Elección a la que llega Milei con el coche totalmente desportillado. Y nadie puede asegurarle una victoria. Y septiembre está demasiado cerca.
Game Over
El comunicador Eduardo Feinmann señaló en La Nación Más: «¿Qué es lo que creo? La preocupación más grande del Gobierno en estos momentos es si llegan a llamar al señor este (Spagnuolo) y cambia a arrepentido. Es la gran preocupación del Gobierno, que el tipo se transforme en el arrepentido. Game over, se terminó todo».
Y los teléfonos del (¿ex?) amigo íntimo de Javier Milei, Diego Spagnuolo, ya están en manos de la Justicia. A estas alturas del partido no se puede descartar que los móviles entregados sean de segunda o tercera línea. Y tampoco es imposible que sea el propio funcionario quien haya filtrado la conversación incriminatoria para poder jugar de arrepentido, recibir una pena muy menor y de paso pasar factura. No en vano, el recientemente despedido funcionario es abogado.
Y como hecho no tan anecdótico están las declaraciones de Javier Milei: “les afanamos lo que se chorreaban”, casi una confesión, así como la afirmación de que echaría a todos los que fueran acusados con la sola excepción de su hermana, devenida en la intocable.
Game over.