¿Un pueblo reacciona por sus ideales o por su sufrimiento?, se pregunta el psicoanalista Sebastián Plut en su reciente libro «El autoerotismo libertario», donde analiza la irracionalidad, la indiferencia y el individualismo en la subjetividad libertaria contemporánea y cómo se están transformando los lazos sociales.
El autor retoma el concepto psicoanalítico de autoerotismo como una de las llaves para entender la búsqueda de satisfacción propia en lugar de la conexión con el otro y la lenta extinción de lo colectivo. Pero, además, se pregunta si los pueblos reaccionan por la magnitud de su sufrimiento, aunque eso lleve a que la reacción siempre sea tardía y cuando el daño ya ha sido demasiado grande. Porque “escuchamos a muchos que describen cuánto empeoró su situación personal y, aun así, elogian al Gobierno”, advierte en diálogo con Y ahora qué?
–Si Freud se levantara de su tumba, ¿cómo definiría a Javier Milei?
–Plut: Se me ocurren diversas formas de responder. Por un lado, en ocasión de la Primera Guerra Mundial, Freud habló de una suerte de regresión social a partir de la combinación de la pérdida de eticidad de los gobernantes y la credulidad acrítica de la sociedad. Por otro lado, hay otras dos cuestiones que podemos imaginar que él tomaría en cuenta. Una es la identificación animal, que en Milei se presenta en su figuración como león, en el apego a sus perros, pero también en la denominación de mandriles que utiliza para referirse a sus críticos. Otra posibilidad, es tomar lo que Freud analizó sobre un ex presidente de los Estados Unidos, Thomas W. Wilson, en un estudio que hizo con el diplomático William Bullit. De hecho, en mi libro yo armé un reportaje imaginario con Freud.
–¿Cómo resultó?
–Hago que él responda a mis preguntas con citas textuales de aquel estudio. Releo algunas de esas frases: “El Presidente dijo: ‘Dios ordenó que yo fuese el próximo Presidente. Ni usted ni ningún otro mortal podría haberlo impedido’. No sé cómo evitar la conclusión de que un hombre capaz de tomarse las ilusiones de la religión tan al pie de la letra y tan seguro de tener una especial intimidad personal con el Todopoderoso, no es apto para mantener relaciones con los comunes hijos del hombre”. Hay varios aspectos que Freud examinó en la personalidad de Wilson y que nos pueden dar una idea para pensar algunas características de Milei, sobre todo para entender cómo piensa la política y la sociedad, y para pensar los efectos sobre ella.
–¿Qué aspectos destacaría?
–Plut: Los que más me llamaron la atención, son la cuestión mística y la relación con un padre violento. Sobre eso, en mi libro digo que no hay ninguna duda de que la proporción de líbido del Presidente que cargaba la pasividad hacia su padre era enorme, por lo tanto, estamos forzados a concluir que una considerable parte de la misma se debe haber almacenado en la actividad agresiva hacia el progenitor. La parte reprimida de hostilidad del Presidente hacia su padre fue tal que ni siquiera una vez se descargó; pero siguió buscando salida y muchas veces durante su vida estalló contra padres sustitutos, llevándolo a un odio violento e irrazonable hacia hombres que para él eran representantes paternos. En todas las épocas, a causa de esta hostilidad reprimida, le resultó difícil mantener relaciones amistosas con hombres de intelecto o posición superior. Y quiero agregar una cita más sobre cómo una posición mística -en política- conduce a cierta desconexión con la realidad.
–Por supuesto.
–Dice: “Como resultado de esa actitud es natural para su manera de pensar ignorar los hechos del mundo exterior real, hasta el punto de negar que existieran si están en conflicto con sus esperanzas y deseos. Hay una conexión íntima entre la alienación del mundo real que tiene el Presidente y sus convicciones religiosas. Cuando la pretensión de librar al mundo del mal termina en una nueva prueba de lo peligroso que es un fanático para el bienestar común, entonces no debe asombrar que surja una desconfianza que hace imposible la simpatía”.
Pido disculpas por tanta cita textual, pero la mejor manera de pensar qué diría Freud si se levantara de su tumba, es saber lo que él mismo dijo.
–Si dijera que la aparente irracionalidad de las fuerzas del cielo no es tal, ¿usted que responde?
–Plut: Que es un tema complejo. Primero tenemos que definir qué entendemos por racional e irracional. En ocasiones, se reserva el término racional para los razonamientos y silogismos, mientras que -por ejemplo- al mundo de los afectos o de las creencias se los coloca en el cajón de lo irracional. Pero esa distinción no es suficiente. Por ejemplo, si yo te agredo y vos te enojás, ese afecto yo lo tomo como racional, en el sentido de que es consistente con lo que sucedió. Cuando planteo la irracionalidad del gobierno libertario me refiero a la combinación de su sadismo con un discurso absurdo, con la necedad, la falsedad, las incoherencias y el caos cognitivo. Conceptualmente, constituye una política basada en la desinvestidura de la realidad. En términos de lo dicho, el discurso libertario tiene hay una enorme inconsistencia, no solo entre enunciados y actos, sino también entre enunciados. Y vuelvo a decir que todo esto permite pensar rasgos del discurso del gobierno y de quienes lo apoyan. Por ejemplo, recuerdo que, durante la campaña presidencial, había personas que decían que iban a votar a Milei porque iba a hacer lo que prometía.
–En ese momento ya se construía una adhesión que desconectaba los dichos de los hechos.
–Plut: Sí, y hoy, entonces, escuchamos a muchos sujetos que describen cuánto empeoró su situación personal y, aun así, elogian al Gobierno. Desde luego que esto no impide considerar una perspectiva adicional para la que vale recordar lo que decía Theodor Adorno cuando describía la manipulación racional de la irracionalidad y aseguraba que, así como pueden desarrollarse estrategias de manipulación racional de las mentiras, también puede gestionarse de manera racional un universo de incoherencias. No creo que sea necesario optar entre si se trata de un discurso racional o irracional, sino -en todo caso- pensar ambas dimensiones como una conjunción, sobre todo cuando queremos pensar no solo en el gobierno sino en cómo queda afectada la sociedad, lo que yo llamé la regresión social.
–¿Es irracional el caos, el odio y el desorden, en ese caso, o es otro modo de ordenar ese orden pre establecido?
–Plut: Entiendo que hablamos de cómo entender el par orden-desorden. Incluso, si tomamos otro de sus términos, el caos, todos sabemos que la creatividad puede tener un momento de caos o desorden, así que debemos admitir la ambigüedad y la ambivalencia de los términos. Pero es, precisamente, en esa ambigüedad donde podemos rastrear el problema, incluso en lo que podemos llamar una contradicción semántica. Volviendo al orden, en el libro hay un capítulo que titulé “El orden de Patricia”, en referencia a Patricia Bullrich y a su insistencia en el orden. A partir de su discurso me hice varias preguntas: ¿qué es lo que desea ordenar?; ¿qué es lo que para ella queda incluido en el desorden?; ¿de qué modo se propone arribar al orden?; ¿con qué grado de rigidez o flexibilidad piensa que se puede consumar el ideal de orden? Tengamos en cuenta que para Bullrich, y para este gobierno en general, los manifestantes y los delincuentes son lo mismo. Entonces, para responder a la pregunta podemos pensar diversas escenas para ver diferencias: no es lo mismo ordenar una protesta social que ordenar el tránsito; no es lo mismo atribuir el rasgo de desorden a una manifestación popular que al descalabro financiero producido por el endeudamiento con el FMI; no es lo mismo el orden que se procura bajo políticas sociales, de educación y de salud, que lograr el orden a través de la represión y la violencia institucional; no es lo mismo comprender que toda sociedad es una reunión de orden y desorden, nunca reductibles del todo uno al otro, que pretender un orden perfecto, un silencio sepulcral.
–Pensar que Milei es irracional es como cuando de alguien, que ejecutó una acción violenta o asesina, dicen que actuó como un animal y no consideran que este tipo de acciones también son humanas. ¿Por qué es pensado como algo irracional y no como otro modo de ver y actuar en el mundo?
–Plut: Hace poco Rita Segato hizo una declaración polémica, cuando en virtud del conflicto en Medio Oriente dijo que ya no quería pertenecer a la especie humana. Yo disiento con su anhelo, porque humanos son los victimarios y las víctimas. Hay, de hecho, una suerte de ilusión subyacente en la frase que describe como inhumanos a los actos criminales, y es la ilusión de creer que los seres humanos hemos venido con un pan bajo el brazo. Badiou planteó algo similar para pensar el nazismo cuando sostuvo que era un error pensarlo como inhumano, ya que es necesario pensarlo como un sistema político. En todo caso, la irracionalidad es parte de lo humano, y no de lo animal. Dicho esto, podría parecer que me contradigo a mí mismo porque en el libro hay un capítulo que se llama “El inhumano mundo de Milei”. Sin embargo, puedo aclarar esta presunta contradicción. Por un lado, y de nuevo, asumamos la ambigüedad del lenguaje. Solemos usar el término inhumano como un adjetivo, como un sinónimo de crueldad. Pero yo hablo del inhumano mundo de Milei porque él mismo dijo que no puede pensar en las emociones, sino que piensa en un mundo en el que nadie sufre. Por otro lado, porque el mundo humano no funciona como él cree, sus teorías económicas no coinciden en nada en cómo funcionan los sujetos. Aquí, inhumano se acerca más al término irreal.
–El gobierno de Milei no para de tirar títulos a los medios. Lo hace todo el tiempo y casi siempre son controversiales, probablemente para tapar o superar algún conflicto desatado con el título anterior. ¿Es solo estrategia mediática o hay algo más ideológico de fondo en eso?
–Plut: No es patrimonio exclusivo del gobierno de Milei tirar un título para desviar la atención de ciertos problemas. Por ejemplo, supongamos que un gobierno se ve afectado por el aumento del desempleo, y su comunicación, entonces, acentúa una buena noticia. Pero no creo que sea lo que está ocurriendo con el actual gobierno. En primer lugar, porque como bien decís, este gobierno tira títulos todo el tiempo, lo cual supone una aceleración comunicacional que no es ingenua, lanza una ametralladora de mensajes cuyo efecto es la supresión de la conciencia, el adormecimiento de la capacidad de reacción. Por otro lado, no es lo mismo si las informaciones son verdaderas (aumento del desempleo y disminución de la mortalidad infantil) que si solo es verdadera una de ellas. Por último, el gobierno no se limita a decir ciertas mentiras o promesas, sino que -en su fárrago de mensajes- arroja frases absurdas que trastocan el pensamiento, y no solo hacen creer en algo.
–¿Con qué lo ejemplificaría?
–Plut: Con el llamado “riesgo kuka”. Esta frase tiene un componente estigmatizante (por asemejar a un grupo político con las cucarachas), lo cual concierne al terreno ideológico, pero también incluye un modo infantilizante de inducir el temor, por la asociación entre “kuka” y cuco. Pero, además, ¿cuándo fue que habló del riesgo “kuka”? Fue para referirse al temor que producía que por la inestabilidad económica generada por el gobierno de Milei, volviera el kirchnerismo y que para evitar la crisis económica producida por Milei había que votar a los candidatos libertarios. En la profusión de mensajes hay estrategia, ideología e irracionalidad.
–Usted se preguntó cuánto tiempo se puede seguir creyendo lo no creíble y qué ocurre cuando ya no se puede seguir creyendo. Esa pregunta, en este caso, puede tener dos destinatarios: el propio gobierno, o la ciudadanía. ¿Qué puede ocurrir cuando el poder insiste en su lógica y la ciudadanía cree que hay que seguir aguantando, como parece haber ocurrido en las últimas elecciones?
–Plut: Una parte de la respuesta, aunque sea parcial, la tenemos en los niveles de ausentismo en las elecciones, un dato que no es menor si interpretamos que el rechazo a un gobierno no conduce a pensar una oposición sino, más bien, a una resignación y al desaliento. Cuando dejamos de creer en lo no creíble surge un estado de desvitalización, de falta de expectativa, una apatía que no es solo cívica, sino también vital. Hay otra cuestión que vengo pensando últimamente: ¿un pueblo reacciona por sus ideales o por su sufrimiento? Si bien yo quisiera creer que es por ambos, temo concluir que los pueblos solo reaccionan por la magnitud de su sufrimiento, aunque eso lleve a que la reacción siempre sea tardía y cuando el daño ya ha sido demasiado grande.
–En su libro dice que hay rasgos que permiten identificar a los libertarios y la ultraderecha como la violencia, la crueldad, la ignorancia, la indiferencia y el egoísmo. ¿Por qué lo asocia solo con la ultraderecha? ¿No cree que son signos de toda manifestación mesiánica que también puede ser de ultraizquierda o de religiosos radicalizados?
–Plut: Hay trazos de los libertarios de los que no son dueños excluyentes. El fanatismo, por ejemplo, es una cualidad que vamos a encontrar en todo aquel sujeto o grupo que no admita la más mínima diferencia, que abomine de la posibilidad de todo cambio y que, además, excluya (o elimine) a quien piensa diferente. Es decir que uno o más de los rasgos enumerados pueden estar presentes en muchos grupos (políticos, religiosos e, incluso, científicos). Así como planteamos que el neoliberalismo es una política del egoísmo, el gobierno libertario desarrolla de manera sistemática una política de la indiferencia, la crueldad, la ignorancia y la irracionalidad. Por otro lado, la radicalización no pertenece a un contenido (que puede ser creer en Dios, apoyar la justicia social o bajar impuestos), sino a la estructura con la que se piensa ese contenido. En este sentido, la radicalización consiste, por un lado, en que me voy a aferrar a mi pensamiento, con absoluta independencia de lo que esté ocurriendo. En ese caso, esa radicalización se aproxima a la idea de necedad extrema. Sin embargo, en los procesos políticos e históricos, es posible que haya momentos en los que esa radicalización sea pertinente. El problema será preguntarnos si sabremos darnos cuenta cuándo es conveniente pasar a otra instancia y transitar de un estadio a otro.