Rapiñaje y aristocracia: los libertarios hasta le sacan días a la semana

Los depredadores o los guerreros, los aristócratas o las aves de rapiña que habitan en las altas cumbres ni siquiera deben someterse a la dimensión temporal de los hechos. El tema quedó claro en estos días cuando el Gobierno libertario anunció la realización en Nueva York de un evento denominado Argentina Week para entusiasmar a lo más empinado de los negocios globales. El encuentro, en principio armado por el embajador Alec Oxenford con la colaboración del reticente JP Morgan –y de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en Argentina (AmCham), del Bank of America y del fondo Kaszek, entre otros–, pese a su denominación tendrá lugar durante una semana jibarizada de tres días. Y Milei ya tiene los pasajes listos, por supuesto.

Como si Argentina fuera un país “normal” y con un futuro de prosperidad equiparable (para quienes creen que a las estadísticas negativas se las resuelve diciendo vade retro Satanás) al futuro de Brasil, o al de cualquier comunidad nacional por el estilo, se dieron con suficiente antelación anuncios referidos al nuevo peregrinaje de Milei a Nueva York. En efecto, el Presidente reposteó un tuit de Alec Oxenford, embajador argentino en los Estados Unidos, a raíz del encuentro de negocios que allá tendrá lugar entre el 9 y el 11 de marzo del 2026, y que justificaría sobradamente que volviera de visita a su país preferido.

La reunión de negocios ha sido nominada paradójicamente Argentina Week, lo cual sugiere un nuevo progreso en la modernización deseada por los libertarios vernáculos, porque la idea de cambiar la longitud de las semanas y acomodarla según las conveniencias publicitarias del caso es moneda corriente en la virtual totalidad de los países de alta gama, opulentos o paradigmáticos, por decirlo de alguna manera. Entonces, si fuera necesaria una semana de tres días porque los recursos disponibles obligan a encogerla –hipótesis nunca totalmente desechable, aunque no sea el caso de Argentina Week entre el próximo 9 y 11 de marzo, las Fuerzas del Cielo la proteja–, no habría problema alguno: sencillamente se armaría una semana de tres días y luego se vería cómo arreglar el calendario.

Así que el acontecimiento nominado Argentina Week, a pesar de su notable concentración en el tiempo serviría para la proyección internacional del “nuevo modelo económico argentino”, y para dar cuenta de que es necesario abreviar la semana porque en verdad ese “nuevo modelo económico” también apunta a un subdesarrollo perenne. Al anuncio de Oxenford, además, lo premió la ratificación entusiasta de Milei, quien siempre modesto y discreto aseguró que viajaría para explicar “la nueva Argentina”, como si este proceso de primarización productiva acorde con el despliegue de un intenso extractivismo energético y minero, y en el marco de una crisis financiera que garantiza la oferta de renovadas oportunidades para la especulación desenfrenada, requiriera más explicaciones que las conocidas. Y si el objetivo del encuentro, de acuerdo a lo manifestado por sus organizadores, es posicionar al país como destino atractivo para inversiones globales, invitando a diversas personalidades y mostrando cosas, lo cierto es que por la falta de tonicidad muscular del proyecto libertario con una semana de tres días será más que suficiente.

Según el embajador Oxenford, quien en su momento fuera un unicornio en ciernes acostumbrado a las ventas exitosas, en tres días se juntarán “autoridades de gobierno, líderes empresariales globales, bancos, fondos de inversión y compañías de energía, minería, tecnología, infraestructura y otros sectores estratégicos que ya invierten –o evalúan invertir– en nuestro país”. De ahí que la intelección del evento desde el lugar de los simples mortales requiera un mirar ascendente: será organizado por la Embajada Argentina en Estados Unidos, y por la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en Argentina (AmCham), pero también con el concurso de JP Morgan, Bank of America y Kaszek, poniendo de manifiesto desde la altura y cierta distancia el interés del mercado global en sectores clave de la economía argentina, como energía, minería y tecnología. Según Oxenford el encuentro “será un hito argentino en Manhattan”, o sea, una señal marcando un antes y un después en la relación de Argentina con el mundo, y durante esos tres días equivalentes a una semana “la Gran Manzana (the Big Apple) se vestirá de celeste y blanco para mostrar al mundo el nuevo capítulo de inversión y crecimiento que estamos construyendo”. Además el evento se realizará, concluyó el diplomático, cuando la relación con los Estados Unidos atraviese su mejor momento, marcado por la “amistad, confianza, cooperación y un renovado optimismo sobre las oportunidades que presenta la Argentina del Presidente Javier Milei”.

Eran palabras demasiado tentadoras para dejarlas pasar. Y el Presidente las abordó en sus redes y dijo: “¡Extraordinaria iniciativa! La Argentina Week en Nueva York será una oportunidad única para mostrar al mundo las enormes oportunidades que se abren con la transformación de la Argentina. Allí estaré presente para comunicar con claridad y convicción la nueva Argentina: abierta, próspera y libre. ¡MAGA!.”

En la salutación de Milei se omitieron algunos detalles molestos que hubiera sido interesante aclarar, como que uno de los organizadores, JP Morgan, sería responsable de la suspensión de la asistencia crediticia –junto con otros bancos– de los 20.000 millones de dólares complementarios del SWAP con el Tesoro y publicitados en la previa a los comicios de fines de octubre, anuncios que no fueron acompañados por efectividades conducentes verificables, ni entonces ni después. Pero la idea de que se trata de un evento distante, y de que su lejanía también implica necesariamente gran elevación sobre el común de los mortales, algo tributario del no siempre bien leído y entendido filósofo Nietzsche, habrá de alcanzar para intercalar con éxito entre sus pocos participantes privilegiados y los excluidos las miradas de desprecio desde lo alto, un pathos del distanciamiento que preserva el derecho aristocrático de crear valores y darles nombres.

Como es sabido, el acceso a semejante aristocracia para Nietzsche no requería ser miembro de una clase social en particular, sino la posesión de una determinada mentalidad. Lectura de adolescentes problemáticos, Nietzsche les decía que el aristócrata, fuera noble, señor o guerrero, devenía despiadado con sus enemigos, quienes a su vez lo entendían un enemigo muy cruel –y prontamente dicho enemigo tan cruel y despiadado se volvía un ave de rapiña, incontenible en su afán de conquista y destrucción.

Tal vez las “aristocracias” contemporáneas, en tiempos de un importante (y renovado) avance de la ultraderecha, lleguen contaminadas de cleptócratas y plutócratas, pero preservando siempre la sustancia de la toma de distancia apelando a la altura. Está en el lenguaje cotidiano: hace un mes, cuando el Presidente visitó Washington para entrevistarse con Trump fue recibido con “un gesto de Alto Nivel” diplomático, según los medios de comunicación, y le dieron alojamiento en la residencia oficial para invitados frente a la Casa Blanca, la histórica Blair House. Y hubo que aclarar: no es para todos porque allí se alojan los jefes de Estado que reciben una invitación presidencial directa, y fue Trump quien eligió y le concedió al líder libertario semejante privilegio. O sea que Milei se alojó en una de las residencias más exclusivas del país, donde solo se alojan líderes mundiales que reciben una invitación presidencial directa. Estuvo en un sitio alto y distante, y si bien no podrá decir que fue el único de los Presidentes argentinos –también durmieron allí Menem, De la Rúa y Macri–, le servirá para decir desorbitado que estuvo en el mismo lugar donde pasó la noche Winston Churchill.

Seguramente Giuliano da Empoli tuvo en cuenta varios textos de Nietzsche al escribir algunos pasajes de La hora de los depredadores, libro donde retrata al poder que ya no se sostiene en las instituciones ni en normas comunes, sino en la fuerza, la audacia y la rapidez para aprovechar el caos. Para da Empoli las aves de rapiña nietzscheanas han sido reemplazadas por la prevalencia de líderes y actores que actúan con un desprecio por las reglas tradicionales, basándose en una lógica más primitiva de poder.

Para da Empoli ha llegado “la hora de los depredadores” con el debido trastocamiento de valores tradicionales como la protección de los derechos humanos, respeto por las minorías y por las instituciones democráticas. El caos es la condición normal del poder hegemónico, que se ejerce a través de la acción irreflexiva y a menudo despiadada, que busca imponer la voluntad sin establecer canales de diálogo o negociación. Da Empoli identifica dos especies de depredadores: los “depredadores borgianos” (líderes políticos autoritarios y carismáticos) y los “señores de la tech” (líderes corporativos tecnológicos con poder global). La violencia está presente no sólo físicamente sino también en ataques digitales, mediáticos y económicos. ¿Por qué? Porque los depredadores tienden a crear o aprovechar crisis para consolidar su poder y dividir a la sociedad. Son un desafío para el sistema internacional y operan políticamente con brutalidad, al margen del debate y el juego democráticos porque ven a las instituciones y reglas como obstáculos para su acción. Y entonces apelan a la inseguridad y el miedo como recursos de control y poder.

Así es el panorama, en vísperas de la renovación de las bancas parlamentarias de acuerdo al resultado de las últimas elecciones de medio término. Las aves de rapiña vuelan sobre las cabezas de las mayorías, para las cuales la situación económica continuará siendo crítica. El conflicto social inevitablemente irá emergiendo, y el campo nacional, democrático y popular deberá generar la construcción de una nueva alterativa política amplia, democrática, con un programa avanzado de progreso social y cultural.

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