Hay indicios de agotamiento en la recuperación de la economía. Se produce en un escenario en el cual el Gobierno logró evitar que el tipo de cambio oficial supere el valor de 1.500 pesos por dólar, pero el esquema cambiario que precipitó la crisis sigue vigente.
El martes 25 de noviembre el INDEC dio a conocer el Estimador Mensual de Actividad Económica, que llamó la atención por el cambio de signo de las variaciones mensuales. La medición anterior le dio a julio un valor negativo del 0,1 por ciento en la medición desestacionalizada y la tendencia-ciclo. Agosto tuvo un crecimiento del 0,3 en el índice desestacionalizado y una baja del 0,1 en la tendencia ciclo.
En la actualización correspondiente a septiembre, julio tuvo una corrección y dio un alza de 0,1 por ciento en los dos índices. Agosto pasó a tener un alza del 0,7 en el índice desestacionalizado, y del 0,1 en la tendencia-ciclo. Y septiembre dio un alza, respectivamente, del 0,5 y el 0,1.
Respondiendo a las observaciones de varios profesionales, el INDEC emitiría un comunicado aclarando que se debe, justamente, a la corrección de los componentes estacionales en la medición de la actividad, algo que suele pasar en las revisiones posteriores a la primera estimación correspondiente a un período.
El reparo sobre los valores, que en cuanto a su magnitud no tuvo un cambio significativo, no pone la luz sobre el significado del crecimiento en el contexto actual de la economía. Por más “recuperación” que se observe con respecto al año anterior, la actividad sigue en un nivel bajo para sus valores históricos (por ejemplo, debajo del último pico en 2022), y da señales de agotarse.
Los indicios del agotamiento son directos. Algo que no cambió entre los dos últimos informes del EMAE es que, desde abril, la tasa de crecimiento acumulado en el año de la economía crece cada vez menos. Pasó del 6,3 por ciento en ese mes al 5,2 en agosto, y en septiembre el guarismo se mantiene, a pesar de que el crecimiento en ese mes fue de 5 puntos frente a septiembre de 2024, cuando en agosto el crecimiento interanual fue solamente del 2,5.
La actividad industrial muestra un descenso en su crecimiento acumulado más acentuado que el conjunto de la economía. Hasta junio fue del 7,2, pero cayó paulatinamente hasta alcanzar el 3,8 por ciento en septiembre. Y desde julio, el crecimiento interanual mantiene signo negativo. La utilización de la capacidad instalada en la industria manufacturera se mantuvo en el 61,1 por ciento en septiembre, frente al 62,2 por ciento que alcanzó en el mismo mes de 2024.
Es cierto que el crecimiento del año viene impulsado en buena medida por la categoría impuestos netos de subsidios, que es algo curioso y no indica un dinamismo particular en el resto de la economía. Sobre todo porque, al examinar el desempeño del resto de las ramas, ninguna mantuvo una trayectoria constante, con la excepción de intermediación financiera.
Es decir que el mercado interno viene mal. Así lo evidencian los indicadores de ventas. La encuesta de supermercados del INDEC arrojó por primera vez un descenso interanual en septiembre, del 0,8 por ciento. Y su crecimiento acumulado hasta ese mes es del 2,7, también con tendencia descendente. La encuesta de autoservicios mayoristas arroja una caída cada vez más pronunciada en todo el año, que hasta septiembre alcanza los 7,4 puntos.
Lo anterior se produce en un escenario en el cual el Gobierno logró evitar que el tipo de cambio oficial superase el valor de 1.500 pesos por dólar, que era aproximadamente el valor del techo de la banda durante las elecciones, cuando le hizo frente al episodio de mayor incertidumbre cambiaria.
La amenaza se desactivó con una intervención directa del Tesoro norteamericano, acompañado por unos anuncios de Scott Bessent prometiendo rescates posibles que no se concretaron. El Banco Central sigue teniendo el mismo nivel de reservas que mantiene desde que recibió desembolsos del Fondo Monetario Internacional y otros organismos en abril, e independientemente de la sensación que dejen el último salvataje y la victoria electoral, desde que rigen las bandas el dólar no hizo más que subir.
Esta semana, después de una relativa “calma”, volvió a acelerarse, y el tipo de cambio oficial mayorista cerró, el jueves 27, en 1.448 pesos por dólar. El Tesoro nacional, por su parte, hizo la última licitación de deuda del año, bajando las tasas de interés al 35 por ciento nominal anual, y flexibilizando la movilización de depósitos del sector bancario. Es decir que el mismo esquema cambiario que precipitó la crisis sigue vigente.
Puede ser que no haya un desplome inmediato de la política económica, pero la endeblez de la economía continúa como estaba antes de las elecciones. El Gobierno puede aprovechar la presunta calma para insinuar el avance de reformas de segunda generación y darle entidad a la idea de que sus problemas ahora se concentran en el largo plazo. Pero si el largo plazo es tan poco prometedor como seguir igual o peor, en el corto plazo sigue vigente la posibilidad de que continúen las instancias de debilitamiento de la bicicleta financiera. Y con una economía alicaída.