¿Y ahora qué?

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Más de seis millones de personas aún no tienen baño

Un 14% de argentinos carece de baño en sus viviendas. Son seis millones y medio de personas a las que los voluntarios del programa Módulo Sanitario ayudan a “recuperar su dignidad, empoderar sus vidas y a salir de una frustración en un ámbito altamente privado y de extrema pobreza”, explicó a Y ahora qué? Tomás Sicouly, cofundador y coordinador general de la organización.

Módulo Sanitario (www.modulosanitario.org) es un programa de la Fundación Horizonte de Máxima dedicado a la “construcción de soluciones sanitarias para familias en extrema pobreza, de la mano de voluntarios comprometidos en transformar la realidad”, explicó a Y ahora qué? Tomás Sicouly.

Ellos buscan transformar realidades y devolver la dignidad de ese 14% de los argentinos que aún carecen de un baño donde higienizarse en trabajos que realizan, solos o con apoyo de algunos municipios, en diez provincias argentinas: Buenos Aires, Córdoba, Tucumán, San Luis, Mendoza, Entre Ríos, Corrientes, Formosa, Chubut y Tierra del Fuego.

“Construimos baños para los seis millones de personas en Argentina que no lo tienen y promovemos hábitos de higiene”, explicó Sicouly.

–¿A qué atribuyen la existencia de esta problemática en pleno siglo 21?

–Sicouly: La falta de baños, aproximadamente la cifra es de un millón setecientos mil, es un emergente de la vulnerabilidad en nuestro país. Representa una consecuencia de todas las falencias sistémicas que tenemos. Por ejemplo, en los barrios donde trabajamos no hay calles de asfalto, no hay veredas, hay irregularidades en la tenencia de los terrenos y muchas vulnerabilidades en las familias en temas vinculados a la seguridad, el acceso a las escuelas o con el acceso al trabajo.

–¿Y qué tipo de combo final arroja eso?

–Sicouly: En lo que a nuestra tarea respecta, que no pueden autogestionarse la contratación de una persona para hacer su propio baño. A veces, ni siquiera tienen los fondos porque generalmente son familias que viven bajo la línea de indigencia, es decir que no tienen lo suficiente para comer, menos van a tener para invertir en su vivienda. Esa pobreza o indigencia les dificulta la posibilidad de planificar un proyecto de vida porque están gestionando sobre la emergencia de la propia vida para subsistir. Nosotros tratamos de acompañar a las familias sin baño con microcréditos para que traten de empoderarse de su realidad económica y emprender algo que les genere más ingresos, pero es muy difícil porque su sintonía está más relacionada con la supervivencia. Cuando trabajamos con familias con menos grado de vulnerabilidad y un poco más de ingresos, en ese sector sí hay muchas familias que pueden aprovechar mucho más el trabajo con pequeños créditos a tasas cuidadas, pero cuando trabajamos con el nivel de vulnerabilidad que conocemos de las familias sin baño, no lo logramos.

–Esas familias están distribuidas por todo el país?

–Sicouly: Sí, son un 14% de la población. Como organización, trabajamos en barrios en los que hay mucha necesidad de tener continuidad en el trabajo y un equipo que se encariñe con el barrio y pueda tener continuidad de trabajo en ese lugar. Directamente, nosotros operamos en Moreno, Florencio Varela y en zona norte. También en Córdoba, donde hay un equipo que toma la posta. Lo llamamos franquicia social porque son personas que hace 5 años nos escribieron y nos dijeron que querían sumarse allá, así que los empezamos a acompañar. Ya construyeron más de cien baños y siguen en los barrios más vulnerables de la ciudad de Córdoba. Hace tres años pasó lo mismo en San Luis, y hemos llegado a otras provincias a partir de articulaciones con empresas y municipios que nos pidieron inventar algún proyecto especial de articulación. Ahí hay que ver de dónde salen los fondos, qué rol tiene cada parte en los pasos del proceso y arrancamos.

–¿Cuántos baños hicieron hasta fines del 2025?

–Sicouly: Arrancamos hace 10 años, hicimos 2.097 baños, con todo lo de este año que concluye.

–¿Se acuerda que después de las elecciones bonaerenses de septiembre hubo declaraciones de personajes de La Libertad Avanza que afirmaban que a los bonaerenses les gustaba cagar en un balde? ¿Qué reflexionó al respecto?

–Sicouly: Que en el país hay realidades muy distintas. Hay dos mundos, el de las personas que nacen con un inodoro y quienes no nacen con un inodoro cerca. Nosotros aprendimos qué significa vivir sin baño. Imaginarse que uno no tiene una canilla para higienizarse ni inodoro, no poder hacer sus necesidades en paz sin que lo vean a cualquier hora del día y aunque llueva, truene o caiga nieve. No nos damos cuenta todo lo que significa esto para una persona y la gran frustración que produce, además de una falta de empatía en algunos. Pocas personas entienden el desafío que implica tener un país con 6 millones de personas que carecen de baño.

–¿En qué tema considera que esa carencia ejerce una mayor influencia?

–Sicouly: A los que no tienen baño se les hace difícil sostener un empleo y una cultura de trabajo. Ahí, yo veo y escucho un grito de frustración en un ámbito altamente privado. Por eso creo que existe un gran problema de hábitat en los barrios populares. Las familias nos cuentan que, para darse una ducha, calientan una pava en la cocina y agarran una palangana de plástico. La pregunta es cómo se les inculca a los hijos el hábito de la ducha diaria cuando tenés que enseñarles a calentar agua en una pava e irse a un rincón de la casa para higienizarse. O cuando querés enseñarles a ir al baño y es más fácil seguir con los pañales que agarrar el baldecito de plástico para hacer en un rincón de la casa cuando llueve y no se puede salir.

–Hay un trabajo de gran empatía, de ponerse en lugar del otro.

–Sicouly: Tratamos de construir puentes. En la vida real parece que hay otras formas de construir que son destruyendo y generando barullo cuando dicen que hay personas a las que les gusta cagar en un balde, pero eso no construye nada. Nosotros no miramos a las personas desde ese prejuicio que, en realidad, encubre un montón de complejidades. Nos paramos desde ahí para construir esperanza, aportarles sentido, para no quede la sensación eterna de que hay que resignarse, sino que podemos ser capaces de hacer algo con algunos de los problemas que vemos. Encontramos la manera de hacer equipo entre personas que quieren incidir sobre esta realidad que puede ser muy desmoralizante, que puede llamar a la parálisis y donde cada uno puede aportar algo concreto y no estar trabados mirándonos, peleándonos o sufriendo solos por no tener baño o por no saber qué hacer con respecto a los problemas del país que nos conmueven. El espíritu de nuestra organización tiene que ver con la alegría de poder hacer algo sobre la realidad social en la que podamos tener encuentros humanos y experiencias de sentido que nos ayudan a transformar la vida de las personas que más necesitan.

-¿Qué costo tiene el baño que ustedes construyen?

–Dos millones seiscientos mil pesos, aportados por empresas, eventualmente gobiernos municipales y un 6% del valor es aportado por las familias. Eso incluye todos los paneles de madera para hacer el piso, las paredes, la puerta, el techo de chapa con el aislante, la pintura para el piso, el kit completo del calefón eléctrico, las fichas térmicas, cableados, los enchufes, el inodoro con la mochila, el receptáculo de ducha, el barral, las canillas, el mezclador de la ducha, la pileta lavamanos, los caños que unen todo eso para abajo del piso y la cloaca. Todo completito para poder inaugurar y que la familia empiece a tener un lugar cómodo desde donde desarrollar una nueva historia. Nuestras construcciones son espacios donde no hace falta agregarle drama al drama. Y logramos encuentros humanos en los que se celebra el logro que están consiguiendo en ese fin de semana al generar espacios de confianza y cuidados en los que hablar sobre los hábitos de higiene los empodera y crea hábitos de higiene muy íntimos y personales.

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