La gestión de Milei cumple dos años, se felicita por lo que debiera ser apenas un logro rutinario, como la aprobación de la Ley de Presupuesto, o la aprobación de una Ley de Inocencia Fiscal relativamente incierta, tanto por su origen como por su destino. Pero Milei es de un temperamento hiperbólico, y ve logros dignos de una saga de la editorial Marvel Comics, animada por un superhéroe (que responde a las siglas J.M.) destinado a remediar a la Argentina para siempre.
En dos años, la gestión de Milei y su equipo se llevaron puestas más de 20 mil empresas. Con la obra pública en su mínima expresión, la apertura importadora indiscriminada, el ajuste sobre los trabajadores y un dólar que seguirá apenas algo más competitivo, es previsible que desde el arranque de 2026 la actividad manufacturera deba continuar atravesando una etapa severamente contractiva.
En ese marco el Banco Central de la República Argentina (BCRA) dispuso que a partir de enero se modifique el esquema actual de bandas cambiarias, actualizándose el piso y el techo “según el último dato de inflación disponible”. Ahora la banda se actualiza diariamente hasta llegar al 1% mensual, ensanchando entonces la zona de no intervención del BCRA con el techo que sube y el piso que se desplaza en sentido contrario hasta alcanzar dicho 1%. A partir del primero de enero, según anunció el BCRA, los límites de la banda de flotación estarán indexados, porque habrán de actualizarse según el último dato de inflación disponible, lo que implica un salto inicial considerable (para enero de 2026, el último dato de inflación es el 2,5% correspondiente a noviembre de 2025), y a partir de ahí, si los precios siguen desobedeciendo a Milei como es habitual, siempre se dará un incremento superior al 1% mensual que se aplica en la actualidad. En teoría será mayor la amplitud para que funcione la oferta y la demanda sin necesidad de que intervenga el BCRA, ya sea comprando o vendiendo para calmar los ánimos.
Quiere decir que por más “Batalla Cultural” que se publicite, parece que la manera de mantener corta la cadena del ancla cambiaria, sin precios y salarios que se insubordinen, es la aplicación de nuevas sesiones de motosierra sobre el gasto público y pisando las paritarias para compensar el efecto de aquella medida sobre la inflación. Y así es posible vislumbrar un 2026 desbordante de penurias para las mayorías populares y de agobios para los sectores productivos, que habrán de padecer una nueva modificación del régimen cambiario, transitorio por su propia naturaleza en el marco de un ajuste permanente. Pero no importa. Como aseguró Milei al concluir su curioso mensaje por las Fiestas en un pasaje de cierre probablemente improvisado: “Abróchense los cinturones, porque van a haber muchas más reformas.”
El Gobierno logró, apelando a todos los tejemanejes de la así llamada “vieja política” para conseguir votos, que le aprobaran el Presupuesto y la ley de Inocencia Fiscal, hechos que Milei consideró superlativos. Contar con un Presupuesto era imprescindible por una triple circunstancia: la exigencia del Fondo Monetario Internacional; el apretado calendario de los vencimientos, que arrancan en enero con la módica suma de 4.200 millones de dólares y siguen, sin solución de continuidad, con vencimientos que van entre 1.700 y 19.000 millones de dólares; y la perenne escasez de dólares que se mantiene, imperturbable. Pero no serán los libertarios, que carecen de la expertise para estas cuestiones, sino el Toto Caputo y su pandilla quienes agitarán el Presupuesto aprobado como una banderola victoriosa para intentar volver a los mercados de capitales internacionales y emitir nueva deuda para colocarla y saldar vencimientos.
Para la oposición, sin embargo, urge abandonar el plan de Caputo, que desde su punto de vista deriva en tomar deuda constantemente. De ahí que presentara en Diputados, con la firma de Itai Hagman, Germán Martínez, Cecilia Moreau, Pablo Yedlin, Victoria Tolosa Paz, Julia Strada, Sabrina Selva, Carlos Castagneto, Jorge Mukdise, Claudia Palladino, Andrea Freites, Cristian Andino, Ana María Ianni, Agustín Rossi y Raúl Eduardo Hadadun, un proyecto de Ley para establecer un marco de disciplina fiscal y control de la deuda pública, a fin de fortalecer la estabilidad macroeconómica y acotar la relativa discrecionalidad de las políticas de toma de endeudamiento.
El proyecto propone limitar la deuda bruta en moneda extranjera de la Administración Central y el BCRA, y si el límite es excedido por causas externas, establece prohibir la emisión de nueva deuda en moneda extranjera salvo para cubrir vencimientos. También el proyecto, que podría debatirse a partir del 1º de marzo, entre otros tópicos destacables se refiere al manejo del gasto y la deuda externa, y reglamenta la entrada de capitales extranjeros. Además reivindica el superávit o (mínimamente el) equilibrio de las cuentas de la Administración Nacional, e incorpora reglas anti cíclicas debidamente mensuradas que, llegado el momento, serán motivo de intensos debates en la comisión correspondiente y en el recinto.
Algo destacable también es que en uno de sus últimos artículos el proyecto propone eliminar el artículo 5 de la Ley 24.629, que fuera invocado con insistencia por el Gobierno nacional para pausar, por ejemplo, las leyes de financiamiento universitario o la de emergencia en discapacidad. El artículo 5 de la Ley 24.629 dice; “Toda ley que autorice o disponga gastos deberá prever en forma expresa el financiamiento de los mismos. En caso contrario quedará suspendida su ejecución hasta tanto se incluyan las partidas correspondientes en el presupuesto nacional.”
Como se ve, el ajuste perpetuo intenta seguir su curso, pero también le surgen críticas que demuestran que otro camino es necesario y posible. Además no parece claro que el Fondo Monetario Internacional, el Tesoro de los Estados Unidos o los mercados internacionales de crédito estén ansiosos por facilitar las cosas a la Argentina, proveyendo los dólares que hagan falta. Tal vez no perciban tantos motivos para ser optimistas como Javier Milei, quien se piensa el mejor líder de la historia, aunque no deje de mandar señales que lo desmentirían, como la sanción de la Ley de Inocencia Fiscal con modificaciones sustantivas a la Ley Penal Tributaria, “un hecho revolucionario”, según él. Se trata de una norma que devolvería “la presunción de inocencia” a los contribuyentes, un hecho que marcaría un cambio profundo en la relación entre el Estado y los contribuyentes. Para Milei, la idea es revertir una práctica histórica del fisco argentino: tratar a los ciudadanos como culpables hasta que demuestren lo contrario.
Los bancos recibieron la aprobación de la Ley de Inocencia Fiscal con cierta preocupación, porque trata comportamientos que corresponden a la prevención del lavado de dinero. La cuestión principal, según argumentan, radica en que la nueva norma libera a los contribuyentes de responsabilidades penales, pero nada dice de la obligación de las entidades de cumplir con la normativa anti-lavado vigente. Ante semejante desconcierto, el Banco de la Nación tomó la delantera y anunció que atendería consultas en todas las sucursales y que estaba en condiciones de recibir los ahorros que le confiaran. El resto de los bancos oficializaron su oposición a ser depositarios de los “dólares del colchón” tal como propone el Gobierno sin tener una mayor cobertura legal para todas las regulaciones a las que están sujetos porque lo sancionado, insisten, “no es un blanqueo”.
La Ley de Inocencia Fiscal, la norma que permitirá “sacar los dólares debajo del colchón”, habilita sin embargo una sonrisa para despedir el 2025, un año durante el cual los libertarios vaciaron suficiente odio y malos modales en la comunidad. Ahora son capaces de asegurar, considerando la enorme cantidad de compatriotas que no llega a fin de mes, que gracias a la Ley de Inocencia Fiscal aceptarán en el Banco Nación dólares muy manoseados, manchados, antiguos y de todas las series, sin hacer distinción entre los billetes con cara grande y los de cara chica, por no decir los de cara blanca que andan sin apuro porque no tiene quién los espere, como en el tango de Garza y Bahr. Y para una sonrisa plena llegó también el inefable ministro Sturzenegger quien aseguró, siempre con ánimo de inventar un silogismo a la par del agujero del mate, que los argentinos que gastan dólares vacacionando en el exterior son “héroes de la producción”. Es claro: la apreciación cambiaria y sus consecuencias con la salida de dólares, según Sturzenegger, convirtió en “héroes de la producción” a los argentinos que vacacionan y consumen fuera del país, porque no es correcta la creencia de que el gasto de dólares en el extranjero supone un efecto negativo sobre la economía nacional, porque antes debió éstas generarlos para que sus “héroes” los gasten donde se les antoje.