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Trump y la FED se pelean, y la Argentina los mira desde su 2001

Crece el enfrentamiento entre el presidente Donald Trump y el titular de la Reserva Federal, Jay Powell, en torno a la disputa por la independencia del banco central y la fijación de las tasas de interés. ¿Qué efectos tendrá para una Argentina donde la crisis de 2001 muestra bien qué puede suceder? Trump y Powell son las cabezas visibles de una disputa por el derrotero con la brújula imantada. Los dos persiguen fantasmas. El POTUS 47 pelea por su supervivencia política. Pero como no es keynesiano para subir los gastos y los impuestos, lo único que se le ocurre a él y la banda de reaccionarios que lo rodea, es el inútil y contraproducente intento –siempre fallido de bajar costos. Típica inservible monserga neoclásica.

Entre los pliegues de la disputa abierta entre el 47 Presidente de los Estados Unidos Donald Trump (POTUS: Presidente Of United States) y Jay Powell, el mandamás del banco central norteamericano, la Reserva Federal o Fed, es posible inferir movimientos de largo plazo en el orden de la economía mundial. Aunque puedan parecer espejismos improbables, hay que considerarlos por sus eventuales repercusiones políticas en la Argentina.  

Conviene tener en la mira inflacionaria que si las cosas se salen más de eje en Irán los precios mundiales del crudo subirían mucho. 

Irán produce alrededor de 3,5 millones de barriles de petróleo al día (bpd) y se encuentra a la vera del estrecho de Ormuz, la vía fluvial por la que pasa casi una cuarta parte del petróleo mundial. Si el régimen teocrático lo cierra, el desorden será grande por un tiempo no menor. La producción mundial de petróleo en 2024 fue récord, con más de 101,8 millones de barriles diarios.

Trump quiere deshacer el orden forjado

El factor petróleo en el Ormuz es especulativo. Pero la diferente apreciación del impacto sobre la actividad económica de la tasa de interés, no. Esto se constata de lleno en la controversia entre el POTUS 47 y el mandamás de la Fed. En el meollo está la magnitud de la tasa de interés de referencia. Es innecesariamente alta para Trump, dificultando la actividad económica. Está  prudentemente fijada para Powell a fin de que la inflación no dé visos de soliviantarse.

No debe perderse de vista que la Fed fija la tasa de fondos federales y a partir de ese dato, el mercado norteamericano y el mundial establecen sus tasas, mucho más altas. Digamos la diferencia de magnitud entre una tasa muy mayorista, la de la Fed, y las tasas minoristas del resto del sistema financiero. 

Por cierto, la Fed no se conmueve por lo que ocurra más allá de las fronteras norteamericanas para establecer sus parámetros de política monetaria y financiera. Lo que es un comportamiento estructural en la Fed, en lo coyuntural Trump va mucho más allá. Quiere deshacer el orden mundial que los propios Estados Unidos forjaron. “No existe precedente histórico de una potencia dominante que haya abandonado voluntariamente su liderazgo, en lugar de ser derrotada en una guerra o por declive natural”, se asombra Edward Luce, el corresponsal en los Estados Unidos del Financial Times.

Esta situación inédita tendrá sus reflejos en la reunión anual –que se encuentra al caer- de Davos (Suiza), del club de los que por lejos poseen más riqueza y están en el timón de la economía mundial. Trump irá con la mitad de su gabinete. Desangelado ambigú de bienvenida a Suiza al POTUS 47 y su gente le preparó el oro. La cotización del oro desde que asumió Trump, en enero pasado, hasta ahora montó 70 por ciento. El oro –reliquia de los pueblos bárbaros, según Lord Keynes- es un activo sin rendimiento financiero que se compra tradicionalmente en la desesperada, para enfrentar las guerras o las desgracias de las epidemias.

Durante la pandemia de COVID-19, el precio de la onza troy de oro (31,1 gramos de oro 24 quilates) se fue para arriba, alcanzando máximos históricos por encima de los 2.000 dólares a mediados de 2020. Ya sin pandemia, en diciembre de 2022, el precio de la onza troy de oro bajó a 1.850 dólares. En estos días, el precio de la onza troy de oro está alrededor de los 4.600 dólares. Si se descuenta la magra inflación de los países desarrollados acumulada desde 2020, se puede decir que actualmente el oro duplicó su cotización real. 

La que nos toca en el reparto

Si ése es el caso, eso no se puede hacer sin volver a un orden tipo Bretton Woods. Las tasas de interés podían ser sensatamente negativas porque durante Bretton Woods estaba inhibido la financiación privada de los déficits de balanza de pagos. No había movimiento internacional de capitales financieros. Además, los tipos de cambio se fijaban en acuerdo con el FMI. No había libre cotización de ninguna divisa. 

Los aislacionistas que profesan la fe Trump no las tienen todas consigo. El mundo que necesitan es el que aborrecen.

Como el orden de Bretton Woods cesó entre 1971 y 1973, el aventurerismo económico del golpe genocida del ’76 y su marca en el orillo del endeudamiento externo, operaron en una infeliz coincidencia.

Todos este despiole comercial y financiero global es posible que desemboque en un tipo de orden como el que se perdió en los ’70 del siglo pasado. Si ése es el caso, la derecha reaccionaria argentina está para salir de escena al no poder endeudarse, como le es atávico. Además, un orden así es muy cauto con el libre cambio. Nada que ver con la grosería actual.

Y lo cierto es que el endeudamiento soberano argentino seguramente ya está para el default. Habida cuenta de que el destino natural de todo endeudamiento externo de la periferia es el default. Y ése es el problema del ciclo político argentino que enseña bien 2001.

Ningún grupo político al frente del Estado quiere pagar los costos del default. Y la estiran y estiran, mientras la sociedad civil los aguanta. En 2001 los de la Alianza estaban dispuestos a comerse seis o siete años de deflación y fuerte desempleo, con tal de no defaultear. El Tesoro de los Estados Unidos fue el que dijo “no va más” y actuó en consecuencia.

Así que –hasta nueva orden- estamos al albur de cómo los gringos resuelvan sus cuitas de corto y largo plazo manifestadas en torno al nivel de las tasas de interés que fija la Reserva Federal y en algún momento vean que hacen con nosotros y el resto de la periferia. 

No es que no haya margen para decisiones autónomas de la Nación Argentina. Pero –objetivamente- no parece interesar ponerlas en juego.

Los barrotes

La disputa Trump-Powell enfiló hacia el Departamento de Justicia de Donald Trump. La instituición citó al presidente de la Reserva Federal y lo ha amenazado con un proceso penal. El caso se refiere al testimonio de Powell ante el Congreso sobre el costo de las renovaciones de dos edificios de la Reserva Federal en las que se asienta la sede del banco. Powell ha declarado –enfático- que el caso no es más que un ataque a la independencia del banco. 

Los medios norteamericanos especializados confirman que los sobrecostos en los dos edificios de la Reserva Federal son significativos. Trump lleva tiempo amenazando con demandar a Powell por incompetencia. Pero los mismos medios sostienen que con los datos que se tienen es poco o nada probable que se trate de una conducta delictiva del presidente de la Fed. 

La paradoja es que las acciones del el Departamento de Justicia contra Powell reduce la probabilidad de que la Fed vuelva a recortar las tasas de interés pronto. El apriete es tan evidente que lo más probable es que las tasas de interés –en el mejor de los casos- permanezcan donde esta. 

En mayo hay que renovar la presidencia de la Fed. El hecho de que el miércoles 14 de enero los republicanos del Senado bloquearon una resolución que habría limitado el poder del presidente Trump para emprender acciones militares en Venezuela, luego de que dos senadores republicanos cambiaron de postura respecto de una votación procesal anterior, hace temer que Trump logre encaramar a la poltrona de la Fed a un obediente esbirro suyo.

El mercado de bonos del Tesoro con un valor superior a los 51 billones de dólares – el más grande del mundo y base del sistema financiera global, significando dos quintos de todo el mercado de bonos- dirá como sigue la película. 

El JP dixit

En el ínterin, Jamie Dimon, director ejecutivo de JPMorgan Chase, el banco más prominente de todo el planeta, dijo que socavar la independencia de la Reserva Federal “probablemente no sea una gran idea” y sugirió que podría aumentar la inflación. Los homólogos de Dimon en Citigroup y BNY Mellon también expresaron su preocupación por los ataques a la independencia de la Reserva Federal. Trump contratacó: “deberíamos tener tasas más bajas (…) Jamie Dimon probablemente quiera tasas más altas; quizá así gane más dinero”. 

Anteriores autoridades de la Fed y ex funcionarios –tanto republicanos como demócratas- defendieron a Powell. Reuters le preguntó a mediados de semana al POTUS 47 si intentaría destituir al presidente de la Reserva Federal en medio de una investigación penal federal. Trump respondió: “No tengo ningún plan para hacerlo”. Matizó: “Es demasiado pronto”. 

Llovido sobre mojado, el 9 de enero por la noche en redes sociales Trump propuso limitar las tasas de interés de las tarjetas de crédito al 10 por ciento anual. En el Senado, hay un proyecto de ley bipartidista presentado el año pasado, del mismo tenor. Operan sobre la realidad de que las tasas de interés de las tarjetas de crédito se han prácticamente duplicado en las últimas dos décadas, rondando actualmente el 23 por ciento anual.

El NY Times señala que Wall Street está haciendo todos los esfuerzos necesarios para bloquear la iniciativa. Un estudio de investigación –citado por el matutino- sostiene que la medida podría dejar sin rentabilidad hasta el 80 por ciento de los clientes de tarjetas de crédito, lo que probablemente restringiría el crédito que ofrecen los bancos.

Inflación y empleo

A todo esto, la inflación se mantuvo estable en el 2,7 por ciento anual hasta finales de 2025. Los precios al consumidor subieron un 2,7 por ciento anualizados en diciembre, prácticamente sin cambios desde noviembre y aproximadamente en línea con las expectativas de los analistas, según la última lectura de la Oficina de Estadísticas Laborales del gobierno norteamericano.

La inflación se vio impulsada por la caída de los precios de los autos y camiones usados, pero el aumento en el costo de los alimentos impidió que la tasa avanzara hacia el objetivo del 2 por ciento anual de la Fed. Los precios de los alimentos se dispararon un 0,7 por ciento en diciembre, el aumento mensual más rápido desde 2022, según señaló el New York Times. En comparación con el mismo período de 2024, los precios de los alimentos subieron un 3,1 por ciento. El presidente de la Fed, Jerome Powell, ha declarado previamente que espera que el impacto máximo de los aranceles se note en el primer trimestre de este año.

Sin embargo, todo este despelote se da cuando las tasas que establece la Fed permanecerían sin cambios. El informe de empleo estadounidense de diciembre del viernes sugiere un mercado laboral muy lento, casi estancado. Fue recibido con alivio en Wall Street. De hecho, el empleo en el sector manufacturero ha disminuido cada mes desde abril.

En tanto, las facturas de electricidad están aumentando para millones de personas, pero no para los grandes centros de datos. Entre los estadounidenses, el índice de aprobación de Trump sobre la economía ha alcanzado un nuevo mínimo.

Palos

Más palos y Minneapolis parece ser la respuesta. La capital de Minnesota es Saint Paul. Se encuentra junto a Minneapolis, formando las famosas “Ciudades Gemelas” (Twin Cities), y está situada a orillas del río Mississippi. El jueves por la mañana, Trump amenazó con invocar la Ley de Insurrección para Minnesota, que permitiría al presidente desplegar fuerzas militares para controlar las protestas. Dos días antes, el martes, en una publicación de Truth Social, Trump advirtió a los habitantes de Minnesota que se avecina un “día de ajuste de cuentas y represalias”, culpando a los demócratas estatales por los disturbios. Todo muy tranquilizador.

La analista Shruti Mishra, de Bank of America, escribía en noviembre: “Es probable que el impacto en la oferta derivado de una política migratoria más restrictiva sea el principal impulsor del débil crecimiento del empleo [en 2026], especialmente a medida que la demanda laboral comienza a recuperarse gracias a la disminución de la incertidumbre arancelaria y al impulso positivo de la política fiscal. La política migratoria se ha endurecido mediante deportaciones masivas, la cancelación de programas humanitarios y de autorización de trabajo, una aplicación más estricta de las políticas fronterizas y el aumento de algunas restricciones a la inmigración legal. Estimamos una inmigración neta negativa de (-348.000) personas durante el próximo año”.

Más de lo mismo para el Departamento de Estado que anunció el miércoles que suspenderá indefinidamente el trámite de visas de inmigración para 75 países, entre los que se incluyen Brasil, Rusia, Somalia y otros, a partir del 21 de enero, argumentando que sus habitantes tenían mayor probabilidad de necesitar asistencia pública mientras vivan en los Estados Unidos. La suspensión no afectará las visas de turismo o negocios de corto plazo, sino solo las visas de inmigración permanente, siendo las visas de cónyuge y familiares las más afectadas. Un portavoz del Departamento de Estado indicó que la pausa se utilizaría para reevaluar los procedimientos de tramitación de visas de inmigración a fin de evitar la entrada de extranjeros que se beneficien de la asistencia social y las prestaciones públicas.

El rey en bolas

Mervyn King, ex gobernador durante una década del Banco de Inglaterra, como denominan al presidente del banco central del Reino Unido los súbditos de Rey Carlos III, presentó recientemente la versión traducida al castellano de su ensayo “Incertidumbre radical”, coescrita con el economista John Kay. 

En El País de Madrid (03/12/2025) lo entrevistaron para contextualizar la edición de un ensayo de hace cinco años que desde entonces viene haciendo ruido. Critica a la política de los bancos centrales por subestimar el regreso de la inflación y por asentarse en hipótesis muy dudosas.

King afirma que los bancos centrales en la “realidad es que no saben hacia dónde se dirigirán las tasas de interés. No pueden predecir dónde querrán fijarlos porque desconocen la evolución de la economía. Saben cómo reaccionarán, pero no pueden predecir hacia dónde se dirigirán, y por lo tanto, no pueden saber dónde fijarán las tasas de interés. Los miembros del Comité de Política Monetaria de la Reserva Federal marcan un punto en un gráfico indicando dónde creen que estarán las tasas de interés dentro de uno, dos y tres años, y vemos que esto no tiene ningún valor, y son muy malos prediciendo sus propias decisiones a dos años vista. Por lo tanto, creo que lo mejor es abandonar ese enfoque y ser honestos. No lo sabemos todo. No podemos estar seguros de que subir las tasas en lugar de bajarlas sea lo correcto”.

King aún no ha llegado a decir, si es que algún día lo confiesa, que la economía de la escuela neoclásica, dominante en el pensamiento occidental, no sirve ni para espiar. Se limita al eufemismo de señalar que “es un grave error que la economía, como profesión, dé la impresión de que su función principal es predecir el futuro; no puede, es incapaz de hacerlo. Incluso los bancos centrales, al usar la comunicación anticipada para predecir la evolución de los tipos de interés, no puede adivinar dónde los fijarán ellos mismos con dos años de antelación. La previsión no es el fuerte de los economistas (…) No decimos que los datos no importen en absoluto; lo que decimos es que no son suficientes. Y esto se debe a que la mayoría de problemas a los que te enfrentas son únicos”.

Esto y renunciar a la ciencia, que en esencia es abstraer de lo particular a lo general y de ahí formular las leyes generales del movimiento que sí permiten predecir con cierta probabilidad lo que podría acontecer, es una y la misma cosa oscurantista. Pero King es demasiado establishment para dar ese paso en pos de la verdad de a milanesa y se contenta con señalar que no es posible lo que debe ser y es posible y deseable que así sea.

Pelear por nada

La cuestión epistemológica de todas formas nos deposita en un asunto realmente inquietante. Trump y Powell son las cabezas visibles de una disputa por el derrotero con la brújula imantada. Los dos persiguen fantasmas. El POTUS 47 pelea por su supervivencia política. Pero como no es keynesiano para subir los gastos y los impuestos, lo único que se le ocurre a él y la banda de reaccionarios jodidos que lo rodea, es el inútil y contraproducente intento –siempre fallido- de bajar costos. Típica inservible monserga neoclásica.

A propósito, a escala macroeconómica el PIB (Producto Bruto Interno) es una estructura de costos. Por lo tanto, a escala macroeconómica si no quieren que baje el PIB y -al contrario- quieren que suba, otros costos deben aumentar por encima de los que se pretende bajar. Todos estos tíos (y tías) de la derecha reaccionaria, están políticamente inhibidos de tal hazaña, que supone aumentar el gasto. He ahí porque gobierno como el de Macri o el actual, después de los dos primeros años están para cachetazo. Hacerse el guapo ajustando va por un tiempo, después hay que crecer. Como la inversión es una función creciente del consumo, y como son gorilas, antes que darle plata a un grone les resulta mejor fenecer. La herida por mano propia se los lleva puestos.

De todas formas, la etapa de las tasas cero o casi cero de entre 2009 y 2017 y su ni fu ni fa en el crecimiento no les hace efecto a la reacción gorila. Siguen creyendo que la tasa de interés endógena permita responder inmediatamente ante cualquier perturbación imprevista en los mercados. Por tasa de interés endógena se entiende un proceso por el cual el costo del dinero lo fijan las fuerzas que actúan en el interior del mercado (de ahí el calificativo endógena), limitándose la autoridad monetaria a sancionar la realidad. Esto es pura superchería: la verdad es que es la autoridad monetaria la que fija la tasa de manera exógena, fulgurando su propia subjetividad.

Lo cierto es que el nivel de la tasa de interés no determina la propensión a invertir. Cómo será su falta de impacto en la inversión, que desde la crisis global de 2008 y hasta 2017 –es menester insistir-, la tasa de interés relevante para el núcleo de la economía mundial estuvo recorriendo la frontera del cero. El crecimiento ni lo registró. La formación de capital productivo cayó fuerte. Las coetáneas políticas de austeridad impusieron esa nada. 

Cuando en encuesta tras encuesta se les pregunta a los empresarios si la tasa de interés tiene alguna incidencia en la decisión de invertir, la respuesta invariable es no. Resulta coherente. En el primer caso, tratan de preservar lo que tienen frente a una política que comprime la demanda. En el segundo, tratan de hacer crecer la empresa porque las ganancias y las perspectivas de ganancias prometen. Esto es: el horizonte de las ventas está despejado y en alza.

Esto ya está diciendo que lo que importa para la inversión es la ganancia y no la tasa de interés. Esta última refiere a los fondos prestables, que son una fracción menor y acotada a los avales de que se dispone con relación al capital productivo que necesita un proyecto de inversión. Históricamente, la tasa de beneficio duplica prácticamente a la tasa de interés. Si el rendimiento de los bienes de capital (tasa de ganancia) es superior a la de los fondos prestables (tasa de interés) y los empresarios progresivamente no convierten los préstamos en bienes de capital es porque tales fondos no están disponibles al mejor postor, no pueden pedirlos al infinito. Están racionados por las prácticas bancarias y las regulaciones siempre vigentes que las recogen y ordenan en función de las garantías de devolución. En lo único que influencia la tasa de interés es en el ritmo de una inversión ya decidida.

Tampoco esto significa que con mayor tasa de ganancia habrá más inversión, como da a entender el gobierno. Hay una tasa de ganancia normal, que corresponde a la maximización del producto bruto. Esto es lo que maximiza la ganancia, dado que esta es un saldo que queda después de determinada la masa de salarios como precio político. Si los salarios caen, las ventas caen y la masa de ganancias los sigue para abajo. En ese momento desequilibrado la tasa de ganancia sube, porque un proyecto -en medio de la malaria- exige un retorno mayor. Cuando hay recesión las empresas que sobreviven tienen una tasa de ganancia anormalmente alta, por eso sobrevivieron, pero no invierten por la constricción de los mercados.

El otro yo del Dr Merengue

Para los mercados, la independencia de la Fed es chamuyo. “¿Por qué deberían los mercados preocuparse por algo que, en realidad, no existe? (…) Una de las respuestas más comunes fue que la independencia de la Fed es una abstracción académica, o posiblemente una fantasía piadosa, en un momento en que los déficits estadounidenses son tan amplios y sus deudas tan cuantiosas que es inevitable algún tipo de monetización de la deuda por parte del banco central”, consigna Robert Armstrong en el Financial Times.

Ahí hay un tema de fondo: el del tamaño de la deuda pública. La Oficina de Presupuesto del Congreso proyecta ahora un aumento de la tasa de endeudamiento hasta un 156 por ciento del PIB, para 2055, lo que podría socavar el papel de los bonos del Tesoro estadounidense como pilar fundamental de las finanzas globales. La relación deuda/PIB en los Estados Unidos -la mayor economía del mundo- se redujo del 106 por ciento en 1946 al 21,6 por ciento en 1990-91. Desde entonces ha vuelto a subir hasta casi el 100 por ciento gracias, entre otras cosas, a la crisis financiera y la COVID-19.

El FMI predice que la deuda pública promedio de los países de la Unión Europea –y aledaños-, se duplicará en los próximos 15 años si no se producen cambios en las políticas, lo que resultará en mayores costos de endeudamiento, menor crecimiento e inestabilidad financiera.

Matt Klein, de The Overshoot, afirma que el aumento simultáneo de los rendimientos de los bonos soberanos a largo plazo en los últimos años no se debe a la inminente monetización de la deuda ni a una crisis de insostenibilidad de la deuda. Se debe a un crecimiento real ligeramente más rápido y una mayor inflación. Puntualiza que “La explicación más obvia del aumento de los rendimientos desde 2020 es que estos fueron inusualmente bajos y se han normalizado a medida que la economía mejoraba. En aquel entonces, se entendía que la década de 2010 había sido un período de crecimiento del PIB nominal anormalmente lento y, en consecuencia, de bajos rendimientos de la renta fija, algo que a nadie le gustaba en aquel momento. Si hemos salido de ese mundo, es lógico que los rendimientos sean más altos. Se trata de inflación y expectativas de crecimiento, más que de déficits y dinámica de la deuda”. Klein tampoco cree que la deuda pública se está volviendo insostenible.

Sea como fuere, en un paper académico, Barry Eichengreen y Rui Esteves explican que “La crisis financiera mundial y la pandemia de COVID-19 generaron grandes aumentos de la deuda pública. En algún momento, los gobiernos podrían intentar reducir estos elevados ratios deuda/PIB, incluso mediante la inflación (aumentando el PIB nominal)”.

Reunieron un panel de episodios de consolidación de deuda que abarcan 220 años y 183 países. La evidencia confirma que una inflación moderada ha sido fundamental para facilitar grandes consolidaciones en el pasado. De hecho, la frecuencia de consolidaciones de deuda exitosas fue menor en períodos de inflación relativamente alta, cuando las tasas de interés tienden a recuperarse rápidamente. “De hecho, la mayor concentración de consolidaciones de deuda coincide con períodos de inflación relativamente baja y estable en el contexto de políticas monetarias creíbles y políticas fiscales sólidas” según Eichengreen y Esteves.

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