¿Y ahora qué?

Generic selectors
Exact matches only
Search in title
Search in content
Post Type Selectors

La macroeconomía de la pobreza

El IPC aumentó un 2,8 por ciento entre diciembre y noviembre. La variación interanual también se acelera, aunque más lentamente. Las tarifas de los servicios públicos explican en buena medida el impulso, y otra parte proviene de los alimentos. Ante una aceleración inflacionaria y una disparada del tipo de cambio, las bandas se volverían inefectivas. El efecto sobre el mercado interno.

El INDEC difundió el índice de precios al consumidor correspondiente a diciembre el martes 13 de enero. La variación mensual fue del 2,8 por ciento, siguiendo con el aumento paulatino pero constante que se vislumbra desde mayo, cuando llegó al 1,5. No solamente la variación mensual se acelera. También lo hace la interanual. En octubre fue de 31,3 puntos, pero para diciembre llegó al 31,5. Aunque la diferencia por ahora es de décimas, frente a los dos datos podría inferirse que la desaceleración se revirtió. 

El entusiasmo de los funcionarios con la consecución de alzas por debajo del 2 por ciento, por ahora, queda desplazada por cuatro meses cada vez mayores. Pero más importante que el índice en sí son los factores que provocan su aumento, y sus consecuencias para el desenvolvimiento de la economía argentina.

Los servicios aumentaron 3,4 puntos, frente a 2,6 de los bienes. Y la categoría de precios regulados fue la que tuvo un crecimiento más alto, del 3,3 por ciento en comparación con 3 puntos del IPC núcleo. Es decir que las tarifas de los servicios públicos explican en buena medida el impulso. 

Pero no es todo. La categoría de alimentos y bebidas no alcohólicas mantiene un salto más marcado que el del conjunto del IPC. En mayo solamente varió medio punto. En cambio, en los últimos tres meses sus alzas fueron, respectivamente, del 2,3, el 2,8 y el 3,1 por ciento. Y la Canasta Básica alimentaria alcanzó una suba del 4,1 por ciento en los últimos dos meses.

Los procesos de alza de precios suelen caracterizarse por un aumento continuo en el precio de los alimentos, que se vuelven uno de sus principales determinantes por su importancia en el costo de vida. La gestión del costo de los servicios públicos agrava la presión. Incide tanto en los gastos de los hogares como en los costos de producción.

Más allá de la descripción del aumento en los precios, queda por explicarse su origen. A partir de junio, tuvo inicio el proceso de volatilidad cambiaria, que impactó sobre los precios mayoristas primero, y sobre los precios al consumidor después. Si bien en los meses posteriores a la elección de medio término el tipo de cambio se estabilizó, es factible que los precios no se hayan adecuado del todo. Eso es independiente del efecto de decisiones discrecionales, como son las relativas a los precios regulados.

Por el diseño del nuevo esquema de bandas, que modifica el techo en función del índice de precios, el valor por encima del cual el Banco Central intervendría sobre el mercado cambiario para vender reservas, se vuelve dependiente de la variación de los precios. Hasta ahora el tipo de cambio se mantuvo estable, y el BCRA pudo comprar en lo que va de enero 515 millones de dólares.

Eso ocurrió en conjunto con renovaciones de instrumentos públicos con tasas de interés que en algunos casos están por encima de la variación de los precios, pero quedarán por debajo si continúa el proceso de aceleración inflacionaria. Es decir que se está volviendo al esquema de la bicicleta financiera previo a las elecciones, y nada indica que pueda evitarse un desmadre.

Si el tipo de cambio se dispara, el esquema de bandas se volvería inefectivo, porque el propio aumento del tipo de cambio hace que la banda se extienda por su impacto sobre el IPC, y es improbable que el Gobierno se abstenga de tomar medidas discrecionales para respetarlo. En lo que hace al resto de las variables, hay solo una manera de evitar que la inflación se amplie, que es la de restringir los incrementos salariales. Eso permite vislumbrar lo que será el futuro de los ingresos con este esquema macroeconómico.

La actividad económica acusa recibo de la merma del mercado interno. El índice de producción industrial manufacturero tuvo una baja interanual en noviembre del 8,7 por ciento, y la utilización de la capacidad instalada cayó al 57,7, cuando en el mismo mes de 2024 había sido del 62,3.

Un indicio que expone bien la situación es el del turismo en la Provincia de Buenos Aires. Según difundió Augusto Costa, el ministro de Producción, hubo una merma de 90 mil turistas en comparación con la temporada anterior, con una disminución en el tiempo de permanencia del 3,7 por ciento en promedio, y una baja del consumo de los turistas, que en la costa llega al 26 por ciento.

Que el crecimiento económico y los ingresos se sacrifiquen para contener los precios es un problema. Si además el esquema del tipo de cambio es endeble, quiere decir que están dadas las condiciones para una crisis económica y política en cuanto se pierda el control de los flujos financieros. Es una macroeconomía que provoca un incremento de la pobreza.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *