Sin programa consistente, la inflación no baja nunca. El nivel de inflación de diciembre llegó al 2,8%, acumulando un 31,5% a lo largo del año 2025. Este dato confirma que la inflación sigue siendo un problema central y no resuelto de la macroeconomía argentina.
El último dato de inflación muestra una suba relevante de precios, que consolida un cierre de año con inflación elevada. El aumento está impulsado por transporte, vivienda y alimentos, con variaciones del 4%, 3,4% y 3,1% respectivamente, rubros que reflejan correcciones largamente postergadas.
Los precios regulados vuelven a explicar una parte importante del índice, evidenciando que el proceso de sinceramiento aún no terminó. Al mismo tiempo, la inflación núcleo permanece alta, lo que indica que la nominalidad está instalada en la economía. Ergo, los motores de indexación no dejaron de funcionar.
Los servicios crecen por encima de los bienes, consolidando un cambio en la dinámica inflacionaria. En términos interanuales, la inflación sigue siendo incompatible con cualquier esquema de estabilidad o previsibilidad. En cuanto a las regiones, las diferencias persisten, pero no alteran el diagnóstico general: la inflación es extendida y persistente. En términos interanuales, el aumento de precios sigue erosionando ingresos y condicionando el consumo, con especial impacto en los hogares de menores recursos.
El dato refleja un proceso de corrección de precios relativos inevitable, pero ejecutado en un contexto de alta nominalidad y expectativas frágiles. Sin un programa integral —fiscal, monetario y cambiario—, los ajustes tarifarios y de servicios no bajan la inflación, sino que la redistribuyen en el tiempo. La persistencia del IPC núcleo muestra que la economía sigue indexada, con contratos, costos y decisiones tomadas mirando la inflación pasada. En este marco, la baja de la inflación no depende de un mes bueno, sino de reconstruir confianza, ordenar el régimen macro y dar señales claras de consistencia intertemporal. Sin eso, los datos del IPC seguirán mostrando lo mismo: inflación alta, volátil y socialmente costosa.
En un contexto de actividad débil, este proceso no deriva en más inversión o empleo, sino en una mayor presión sobre márgenes y consumo. El resultado es una inflación que convive con estancamiento, profundiza la heterogeneidad sectorial y deja a amplios segmentos de la población sin capacidad de absorber los aumentos de precios.
Cristian Módolo es profesor de la UBA, UNR y USAM. Exsubsecretario de Ingresos Públicos de la Nación. Director en la Fundación de Estudios Políticos y Estratégicos.