¿Y ahora qué?

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Ni mapuches ni israelíes: los incendios son por falta de presupuesto, imprevisión y plantación descontrolada de pinos

La reducción presupuestaria en las políticas preventivas y de combate del fuego, la escasez de brigadistas e insumos para extinguir las llamas, el avance de pinares, la incomprensión del Gobierno sobre la importancia de la preservación de los bosques nativos y el furioso cambio climático, configuran el combo ideal que provoca incendios hoy incontrolables en la Patagonia. Hablan el diputado José Glinski y Hernán Giardini de Greenpeace.

En diálogo con Y ahora qué José Glinski, diputado nacional por la provincia del Chubut (UxP) y Hernán Giardini, coordinador de la campaña de Bosques de Greenpeace Argentina, coincidieron en descartar que los recientes incendios en la Patagonia sigan el patrón de las teorías conspiranoicas en circulación: la acción de jóvenes de comunidades mapuches o jóvenes israelíes. La Justicia chubutense y el gobernador Ignacio Torres también dicen que son falsedades.

“Se dice en los medios un montón de cosas que no están en la realidad objetiva de la causa», dijo el fiscal jefe de Lago Puelo, Carlos Díaz Mayer, cuando se le preguntó sobre la polémica instalada en redes sociales acerca de que dos personas de origen israelí o integrantes de comunidades mapuches serían las autoras del incendio que ya consumió más de 22.000 hectáreas. Sobre los mapuches, el Gobierno nacional a través de un comunicado del Ministerio de Seguridad, fogoneó acusaciones apuntando a «grupos terroristas autodenominados mapuches, con antecedentes de atentados contra la seguridad pública y la propiedad privada, bajo la modalidad de terrorismo ambiental». Díaz Mayer, aseguró que ambas marcaciones “son un invento” y que “la investigación no va por ese lado”. 

–Las hipótesis conspirativas no paran. ¿Cuál es el origen del fuego?

–Glinski: Que fue un comando mapuche sionista amparado y supervisado por la inteligencia cubano-iraní (risas). Me parece que, por izquierda, hay una lógica de un pensamiento asociado a un perfil antisemita, y por derecha se inclinan a lo antimapuche. Y ambos son los chivos expiatorios típicos de las teorías conspiranoides en Argentina. Los mapuches son pobladores de la zona, y hay tensiones reales, pero buscar esa línea de argumentación me parece que habla de la incapacidad del Estado de poder prever estas situaciones y de morigerarlas cuando ocurren. Tiene que ver con una doctrina ideológica en la línea de lo que planteó Patricia Bullrich cuando estuvo en el Ministerio de Seguridad con Macri, y ahora con Milei.

–Giardini: Las teorías conspirativas sobre personas de origen mapuche o israelí no tienen asidero. No hay nada concreto. En las redes circulan cosas como que hay turistas israelíes. Y sí, hay turistas israelíes, pero también hay alemanes, franceses o brasileños. Probablemente alguno pudo haberse equivocado y prendido un asado donde no debía. Pero que por eso haya una conspiración israelí para tomar la Patagonia… 

Imprevisión, veranos calientes y poca lluvia

Ambos entrevistados coinciden en que “la posición del fiscal es sensata”. 

“Fuera de las teorías conspiranoides, sí la sensación de que fue intencional, aunque hasta ahora los incendios no pueden ser adjudicados a nadie. Eso dijo el fiscal y yo, por lo menos, creo lo mismo”, agregó Glinski

–¿Y a qué atribuyen los incendios reiterados en la Patagonia?

–Giardini: No hay una razón única, son múltiples las causas. Algunas esperables porque se sabía que el verano iba a ser complicado. Lo sabían los brigadistas, lo sabía la academia y lo sabían los dirigentes políticos porque tuvimos un invierno con muy poca nieve y escasa lluvia, el bosque está seco y venimos de cuatro años de sequía en verano. Hay informes del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) que reportaron que la temperatura media en enero, el primer día de enero en Patagonia para ser más concretos, estuvo 8 grados arriba de la media. Estamos hablando de una situación complicada con 30 o 35 grados muchos días seguidos. Y cuando se combina esto con fuertes vientos y sequía, cualquier foco se puede convertir en un incendio de gran magnitud. 

–Glinski: El incremento en la cantidad de hectáreas quemadas en los últimos dos años es notable. El desfinanciamiento en términos reales de todo el sistema y el mal pago de los brigadistas es un combo enorme y coherente con la política del Gobierno de desmantelamiento del Estado. Además del financiamiento estricto del combate del fuego, lo que está absolutamente desfinanciado tiene que ver con acciones preventivas. El fuego se puede iniciar de múltiples maneras y por muchos factores, intencionalmente por la acción del ser humano o por cuestiones de la naturaleza, pero lo que hay que hacer cuando no hay fuego, además de un adecuado manejo forestal, está absolutamente ausente.

–Giardini: A nivel nacional, existe un recorte de fondos para bosques y para manejo del fuego, el pase del área al Ministerio de Seguridad y que hay 400 brigadistas, en vez de 700, que es lo que reclaman los trabajadores de Parques Nacionales. Además, hay poca plata de Nación a las provincias para el tema bosques, que en el caso de la Patagonia la usan para temas de prevención. Todo lo que sea para campañas provinciales, en cuanto a prevención de incendios, no está llegando. Hay un problema estructural que hace que el tema no se pueda abordar desde la prevención, y también existe una capacidad limitada de ataque a múltiples focos de incendios.

–¿Cuántos focos de incendio se contabilizan cada verano?

–Giardini: Unos mil focos, de los cuales cuatro o cinco se convierten en incendios de magnitud porque no pueden frenarse a tiempo. Mil incendios, de los cuales el 80% son iniciados por gente que prendió un asado donde no correspondía. No hay tanta intencionalidad como se cree, o por lo menos no se termina de descubrir. Las condiciones estaban dadas para tener incendios de magnitud como los que tuvimos el verano pasado. La temporada pasada, en Patagonia, fue la peor en 30 años: se quemaron 32.000 hectáreas de bosques.

–¿Y este año en cuánto estamos?

–Giardini: En principio van 22.000 entre bosques, plantaciones y pastizales. Hay que ver cuánto termina siendo de bosques. El año pasado fueron 32.000 hectáreas de bosques exclusivamente. Si sumamos pastizales, fueron más de 50.000 hectáreas las que se perdieron en la Patagonia durante el 2025. Fueron los peores incendios en 30 años, y como vemos, después no se hizo mucho.

–¿Hay situaciones que podrían haberse evitado con mecanismos de prevención?

–Glinski: Si hubiera un plan de manejo del fuego se achicarían los riesgos de incendios. Es una ecuación muy concreta. Se basa en investigación científica aplicada al manejo de los bosques, sobre todo en los pinos implantados, que son el combustible en la cordillera patagónica. En Chubut, en particular, se prenden fuego los bosques por la cantidad de pinos que hay, y con los incendios esos pinos se multiplican. De hecho, sobre 1.000 pinos incendiados en el 2019, en Epuyén crecieron 21.000.

–¿Y eso a qué se debe?

–Glinski: Porque el Estado argentino promovió, en la década del ‘90, la implantación de pinos en zonas de la Mesopotamia y de la Patagonia con fines productivos. Los pobladores locales son muy conscientes de que uno de los mayores inconvenientes que tiene la propagación del fuego es justamente el combustible que ofrecen esos pinos. Secan mucho el suelo, se calientan las raíces y no le permite mantener la humedad al suelo original. 

–Esos pinares fueron implantados en su momento pensando en la industria maderera.

–Giardini: Exacto, la ley 25.080 fomenta esa plantación y paga por hectárea de bosque implantado, que es un eufemismo porque no existe el bosque implantado, son plantaciones. Hubo y hay fomento de plantaciones, y después el pino va colonizando. Y donde hay incendios de pinos y bosques, va a ganar el pino porque es de más rápido crecimiento y va a perderse bosque, así que los siguientes incendios siempre serán más inflamables.

–¿Esa industria forestal prosperó? 

–Giardini: En Neuquén, sobre todo. Hay algunos que otros productores forestales en Río Negro, otros en Chubut, pero lo más fuerte es en Neuquén, y en Esquel.

–¿Esos productores no contraen, al mismo tiempo, una obligación con el cuidado y la preservación ante eventuales incendios?

–Giardini: Sí y no. El pinar está ahí, y no pueden controlar que alguien no prenda fuego. Y hay zonas donde el pinar se expandió y convive con el bosque nativo, y ante un incendio, luego, el pinar le gana al bosque porque tiene un crecimiento más rápido. Imaginemos, por ejemplo, la zona de Puerto Patriada donde hay algunos pinos y algunos bosques. Se apaga el incendio, vienen las lluvias, pasa el invierno, las nevadas, y en la primavera vas a ver un montón de rebrotes de pino, que ganan en velocidad al bosque nativo, es decir que crecerá más rápido. Luego, debajo del pino no crecerá nada y habrá pinos donde antes había bosque. Este proceso es constante debido a los incendios en los que el pino va ganando espacio al bosque nativo y vuelve las zonas más inflamables. 

–Pero no es la única forma en la que puede iniciarse un incendio.

–Giardini: No, el incendio del Parque Nacional Los Alerces, por ejemplo, arrancó con un rayo, que es otro de los fenómenos que estamos teniendo porque cada vez hay más tormentas eléctricas, también atribuidas a la crisis climática. En estas zonas no eran habituales las tormentas eléctricas, pero empezaron a ser recurrentes en los veranos. En el Parque Nacional Nahuel Huapí se quemaron así unas 6.000 hectáreas el año pasado, en una zona de reserva estricta donde no puede llegar una persona si no atraviesa dos lagos. Ahí cayó un rayo y desde Parques Nacionales no llegó a tiempo. Ahora, en Los Alerces también cayó un rayo en un área y quemó bosques. Estas tormentas eléctricas que caen en áreas de difícil acceso para el ataque rápido al fuego, son un problema que empezó a ser recurrente.

–Glinski: El bosque se prende todo el tiempo, no es que ocurre ahora solamente, y cada vez tenemos más problemas para contenerlo porque no se hacen tareas de prevención. Ese es el asunto. Si no hubiese combustible no se propagaría, se podría contener. Está todo muy incendiable y hay factores, como el cambio climático, que ameritan un trabajo de prevención más sofisticado porque hay otras temperaturas y está todo más seco.

–Así y todo, redujeron las partidas presupuestarias, por ejemplo, para el Sistema Nacional de Manejo del Fuego (SNMF) en el presupuesto nacional 2026.

–Glinski: En términos reales el presupuesto cayó casi un 70%, hay que tener en cuenta que gran parte de esos fondos están vinculados al salario de los brigadistas y después a la posibilidad logística de movilizar medios aéreos, la provisión de los elementos para el combate del fuego más todo lo relacionado a la prevención. El Gobierno ha reducido partidas en casi todos los organismos, sino los cerró los desfinanció, y eso hace que haya como una clausura de facto de las capacidades del Estado para actuar ante determinadas circunstancias como estos incendios. Por eso digo que lo que hace el Gobierno con las capacidades del Estado, en todas las áreas, es criminal.

–Giardini: Las provincias se pusieron de acuerdo sabiendo que venía jodida la mano, y que en la zona no iba a haber mucho apoyo, pero después de incendios de magnitud aparece un problema porque si tenés un incendio grave en el Parque Nacional los Alerces, y otro en Puerto Patriada no te alcanza ni la gente ni los aviones, y no vas a controlar ninguno de los dos. Solo los va a parar la lluvia, pero no es época de lluvias, y encima hay sequía. Puede llover fuerte mañana, pero no es lo común. Puede no llover fuerte hasta marzo, entonces el fuego va a estar ahí. En algún momento seguramente lo controlarán. Pero ¿qué significa que estén apagados, extinguidos?: tal vez no se pueda caminar arriba de la ceniza hasta que lleguen las lluvias de otoño, o que se adelanten como ocurrió el año pasado para febrero. Yo creo que hasta marzo no van a estar extinguidos, estarán controlados, que de todos modos no es poco porque significa menos impacto sobre viviendas y menos expansión del fuego hacia los bosques nativos.

–Cuando mencionan a Parques Nacionales, están hablando del Estado reduciendo los presupuestos vinculados al control de incendios.

–Giardini: Sí, hay 400 brigadistas forestales para cubrir 5 millones de hectáreas en áreas protegidas de todo el país, y ellos mismos dicen que el mínimo debería ser 700. Los mismos trabajadores dicen que son la mitad de los brigadistas necesarios. No hay toma de conciencia desde el Estado nacional acerca de este tema, como que subestiman el problema. Habrá que ver ahora, después de dos veranos seguidos tan complicados como los que estamos viviendo, si hay un refuerzo real del presupuesto. 

–Como en todo, siempre es más económico y conveniente la previsión.

–Giardini: Hoy tenemos dos incendios de magnitud. Uno gravísimo en términos de biodiversidad, el de Los Alerces, y otro en términos humanos por las viviendas destruidas en El Hoyo. Y no se puede descartar que mañana tengamos otro incendio de magnitud en Corrientes o en la Patagonia. Y vamos a tener un esquema de manta corta porque van a tener que sacar brigadistas de un lado para combatir el otro incendio, o mandar aviones de un lado para otro, así que algo habrá que descuidar. Hay que evitar llegar a ese nivel de incendios con alerta y acciones tempranas sobre el fuego.

–¿Y cómo se lograría eso?

–Giardini: Con varios recursos como educación ambiental, folletería, información al turista. En Bariloche, por ejemplo, vas a un camping, prendés fuego y nadie te informa nada. Si no ves los carteles o las redes sociales, te metés en el bosque y podés acampar en cualquier lado. Hace falta más personal controlando sectores, dando vueltas por todos lados viendo que la gente -locales o turistas- no esté haciendo asado. También con más estaciones de monitoreo y con eventuales acciones rápidas. Hay que tener un helicóptero con helibalde, varias avionetas para tirar descargas rápidas al primer foco ígneo que se detecte.

–¿Hoy no existe todo eso?

–Giardini: Sí, pero limitado. En un día con mucho calor y diez eventuales focos de incendio, es probable que sólo se puedan atacar cuatro. Hubo fines de semana que el sistema de manejo del fuego en Bariloche frenó quince asados, quince focos que se estaban convirtiendo en incendio en un solo fin de semana. Cualquiera de esos podría haberse convertido en un incendio de magnitud.

–Te pregunto por los satélites SAOCOM, que decían que podían detectar focos ígneos.

–Giardini: Los satélites detectan focos de calor. Igualmente, algunas provincias hacen sobrevuelos preventivos y están aumentando su capacidad de control satelital. Hay detección de focos de calor que hace la NASA que pueden mirarse online y de forma gratuita. De cualquier manera, el tema es si hay capacidad operativa rápida para llegar y celeridad en la toma de decisiones políticas porque no pueden estar dos días discutiendo si al incendio lo va a atacar Nación o si van a llevar brigadistas. Tiene que haber un sistema mucho más preparado en cada una de las provincias y en Nación también. Y en cuanto a Parques Nacionales, debe disponer de una cantidad mucho mayor de personal de control para los parques y zonas de monitoreo adentro del parque, incluso en áreas de reserva estricta en las que se pueda llegar bien adentro. No puede ser que no se pueda llegar a zonas profundas, que no haya caminos. 

–Por lo que vemos, a partir de la reducción presupuestaria, nada de esto ocurrirá este 2026.

–Giardini: No. El recorte es grande, casi un 80% menos en el tema de bosques. El gobierno nacional contrató menos horas de vuelo de aviones y de helicópteros. Puede ocurrir eso porque a veces cuesta más mantener una flota propia que alquilarla, pero el tema es si los van a tener disponibles de inmediato si llegan a necesitarse. Y las provincias tienen que tener su propio material humano y logístico para no depender de que haya que llevar brigadistas y aviones desde Santiago del Estero o Córdoba. Somos el octavo país más grande del mundo. Imaginemos incendios en Italia dependiendo de Rusia, o en España dependiendo de Grecia. Este año todo se manejará con lo que hay. Habrá que ver en el 2027.

–Con lo cual, estamos en riesgo todo el resto del verano.

–Giardini: Como lo estuvimos el verano pasado y otros que no han sido tan secos y en los que no se produjeron este tipo de catástrofes, pero el aumento de los incendios, y sobre todo de la magnitud de los incendios forestales de los últimos cinco años, es notorio.

Leyes sobre Ecocidio, Emergencia ambiental y después

En el Congreso Nacional hay movimientos legislativos que buscan crear leyes para declarar la Emergencia Ignea, Ambiental y Socioeconómica y votar un proyecto de Ley de Ecocidio.

El primero corresponde a un conjunto de diputados patagónicos que denunciaron que la “cordillera arde, duele y nadie previó lo evidente”. Glinski explicó que “junto a diputados patagónicos presentamos un proyecto de ley para declarar la Emergencia Ignea, Ambiental y Socioeconómica en la Patagonia afectada por los incendios de enero de 2026. Esto significa: Fondos nacionales inmediatos, ATN para las provincias afectadas, asistencia directa a las familias, reconstrucción de viviendas, aumento de AUH y alivio fiscal para el turismo y la producción”. “Estos incendios ya no admiten improvisación: hace falta recursos y una gestión preventiva real del bosque durante todo el año”, advirtió.

La senadora por Chubut Edith Terenzi (política radical del bloque Despierta Chubut), por otro lado, impulsa el proyecto de Ley de Ecocidio que busca incorporar la tipificación de esta figura y otras formas de “criminalidad ambiental” al Código Penal.

–¿Hay comunidades o empresarios agropecuarios que se hayan acogido a la ley 25.080 y siguen plantando pinos en la Patagonia?

–Giardini: Esa norma la fueron actualizando cada 10 años. En una época tuvo un problema grave porque no estaba vinculada a la protección de los bosques nativos. Entonces la promoción que se hizo cuando se sancionó la ley por primera vez generó que, por ejemplo, en la selva misionera y en la Patagonia, también, se produjera deforestación y se plantaran pinos en esas zonas. Era tan ridículo como destruir un bosque nativo para promover una plantación exótica. Cuando se sancionó la Ley de Bosques, en el 2007, la siguiente actualización de esta norma incluyó la cuestión de no pagar por plantaciones que afecten bosques nativos. En zonas cercanas a El Bolsón, en Cuesta del Ternero, hay productores forestales acogidos a esta ley, pero no conozco comunidades mapuches que lo hagan. Los mapuches o pequeños productores rurales están más acogidos a planes de conservación o de manejo sustentable del bosque nativo, que entra en la Ley de Protección Ambiental de los Bosques Nativos, la 26.331, que tiene fondos para la promoción del manejo sustentable y conservación del bosque nativo. 

–¿Y la plantación de pinos no conlleva una responsabilidad en el cuidado y prevención del fuego para esos productores?

–Giardini: Sí, pero un accidente no es un delito. No va a pasar nada si se prende un campo.

–Si quema su tierra pero si se extiende a otra que no sea propia, ¿no hay pena por consumación de un delito doloso, no se lo hace responsable de cargar con los costos de la extinción?

–Giardini: Si prende en su campo no hay ninguna situación ilegal. Si se prende un bosque nativo en su propio campo, es pasible de una multa porque está protegido. Pero no es un delito penal si destruye su bosque en su campo, con fuego o con una topadora. Si el bosque que el productor quema, por negligencia, se expande a otra zona, el único delito que le podrían aplicar es el de estrago, pero si fuera por accidente es muy probable que no le apliquen esa figura jurídica. Si es por una negligencia manifiesta, existe el delito de estrago que lo toman para cuando es intencional y quemarle el campo al otro, pero si es por negligencia, por accidente no conozco casos que hayan terminado con delito penal. En generar el accidente, la negligencia en incendios forestales en Argentina no es un delito penal, sí lo es cuando quemás intencionalmente un bosque que no es tuyo. Ahora, podés tener un bosque de 10.000 hectáreas, lo prendés fuego y evitás que ese fuego salga de ese bosque, entonces solo te aplican una multa, salvo que se quemara un parque nacional porque esa afectación es un delito penal. Según Greenpeace, en lo que va del verano ya se perdieron más de 28.000 hectáreas por incendios, una superficie equivalente a la ciudad de Buenos Aires.

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