¿Y ahora qué?

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No sería lo mismo para cada país ni para cada región

El engarce de cada país del MERCOSUR con la UE no es el mismo. Es cierto que esta situación responde en parte a la distinta dimensión de los mercados de cada socio, pero otra fundamental respondería a las políticas activas que aplican, o no, los respectivos Estados.

Tras 26 años de complejas negociaciones, el MERCOSUR y la UE firmaron en Asunción, el 17 de enero, un acuerdo presentado como histórico para crear «la mayor zona comercial del mundo». Sus efectos, si al final termina aprobado, pues los zigzagueos continúan como quedo de manifiesto este miércoles 21 de enero en el Europarlamento, serán destacables. La cuestión es qué significado real tendría para la Argentina y los socios del bloque.1

El MERCOSUR viene manteniendo por mucho tiempo un superávit comercial con la UE. Se argumenta que el acuerdo podría ampliarlo, principalmente al abrir el protegido sector agrícola europeo a nuestros productos primarios2, aunque sobre esto hay una notable distancia entre la publicidad y la realidad.

Para nuestras economías, esto es crucial: la UE es el segundo socio comercial del MERCOSUR (16.8% del comercio total en 2024), solo detrás de China. En cambio, el MERCOSUR es apenas el décimo socio para Europa, representando alrededor del 2% de su comercio.

Sin embargo, desde una perspectiva comprometida con el desarrollo del bloque —donde la integración debe potenciar a cada país y al conjunto— no podemos reducir el análisis a una visión meramente mercantilista. Tampoco debemos omitir las relaciones centro-periferia ni el actual contexto internacional de confrontación.

Por ello, debemos ir más allá del plano cuantitativo. La estructura exportadora del MERCOSUR está dominada por commodities: más del 80% de lo que vendemos a la UE son productos básicos (soja, café, carne, minerales, madera). Los manufacturados son marginales y se concentran en sectores puntuales como autopartes (Argentina) o material aeronáutico (Brasil).

En contraste, importamos de la UE bienes de alto valor añadido: maquinaria, automóviles, productos químicos, tecnología y bienes de consumo de alta gama. Esto consolida una relación centro-periferia clásica, reforzada además por un intercambio donde la UE provee servicios de alto valor (finanzas, tecnológicos, logísticos) y cuya balanza le es marcadamente favorable.3

Aunque la cuestión, en nuestro país, tuvo mayor relevancia en el pasado, hoy pasa casi inadvertida, más allá de las congratulaciones formales. Este silencio refleja nuestra debilidad política actual, pues el tratado —aunque con proyección positiva— conlleva riesgos significativos para la producción y el trabajo nacional, máxime cuando el gobierno impulsa un acelerado proceso de desintegración.

Frente a esta ausencia de debate interno, desde el entorno del gobierno brasileño de Lula se han ofrecido argumentos de mayor sofisticación para suscribirlo. En primer lugar, se lo ve como una puerta de entrada privilegiada para los productos brasileños al mercado europeo y como un instrumento para atraer inversiones en infraestructura, tecnología y energías renovables, claves para su proyecto de reindustrialización.

Este es un matiz no menor. Brasil defiende el acuerdo, pero ha condicionado su apoyo a que no desindustrialice al país, exigiendo reglas de origen favorables, periodos de transición largos y salvaguardas para sectores sensibles. La aplicación del tratado, y no tan sólo su mera declaración, debe reconocer realmente las asimetrías, otorgando a Brasil y el MERCOSUR un tratamiento especial y diferenciado.

Desde una perspectiva geoestratégica, la UE está sometida a grandes presiones. Los países del MERCOSUR también. Por lo tanto, no deben menospreciarse los efectos positivos que pueda tener este tipo de acuerdo para apuntalar a un mundo multipolar y de mayor horizontalidad, objetivos a los cuales nuestros países deberían estar especialmente atentos. Los puntos de conexión siempre deben ser buscados y evitarse, en lo posible, los de confrontación.

En el caso concreto de Brasil, que además ya forma parte de los BRICS, esto le permite flexibilizar su estrategia, con los beneficios que esto conlleva, exactamente a la inversa de nuestra política internacional actual.

Pero esto no debe ocultarnos que las lecturas de la UE responden a intereses y una visión determinada del escenario internacional, no necesariamente coincidentes en su totalidad con las necesidades y visiones desde el Sur. La última deriva militarista de la UE y su particular “geometría variable” en lo que respecta a derechos humanos no pueden ser ignoradas. 

Un movimiento de la UE que puede llevar a un cierre en falso

Recordemos que el acuerdo comercial interino debe ser aprobado por los respectivos parlamentos nacionales de los socios del Mercosur y, en el caso de la UE, por el Parlamento Europeo.  Para los primeros, los análisis auguran su aprobación. 

Pero en el caso de la UE, existen algunas dudas frente a la fuerte resistencia que presenta el sector agrícola (para el mes de febrero de este año, están anunciadas varias movilizaciones en la capital europea), y como países, Francia, Polonia, Austria, Irlanda y Hungría ya manifestaron su oposición al acuerdo (otros 21 lo han apoyado) mientras Bélgica se abstuvo.  

A pesar de ello, este miércoles 21 de enero bajo la presión de la Comisión que busca mostrar al mundo que la UE es preferible ante los EE. UU. y China como socio, el Europarlamento sesionó.  Y si bien no rechazó de plano el Acuerdo, decidió por 334 votos (con 324 en contra y once abstenciones) remitir el acuerdo UE-Mercosur al Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) para que este determine si el mismo es conforme con los Tratados europeos. 

Ahora, habrá que esperar la decisión del tribunal antes de proceder a una nueva votación global en la eurocámara, y qué postura adoptan los socios del Mercosur -especialmente Lula- ante este patinazo de la Comisión. 

Datos para contextualizar el análisis

Cabe hacer aquí hacer algunas puntualizaciones relevantes que usualmente son omitidas por el discurso dominante pro-acuerdo. En primer lugar, las tendencias y potencialidades derivadas de las sumas cuantitativas entre el MERCOSUR y la UE pueden impresionar, pero son genéricas. 

Esto puede distorsionar ciertas realidades y llevar a errores de apreciación. La balanza comercial bilateral Argentina-UE, por ejemplo, no muestra un superávit tan permanente y claro como el presentado conjuntamente, y viene tornándose -no por accidente- más volátil y menor en términos relativos.

Relacionado con estas mismas distorsiones, el engarce de cada socio del MERCOSUR con la UE no es el mismo. Es cierto que esta situación responde en parte a la distinta dimensión de los mercados de sus socios, pero en otra fundamental respondería a las políticas activas que aplican, o no, los respectivos socios. ¿Las anunciadas inversiones que fomentará el acuerdo desde la UE, tendrán las mismas intensidades y efectos para todos ellos, teniendo en cuenta estas asimétricas políticas y sus estructuras productivas? 

Las enormes asimetrías en la incidencia que cada bloque tiene en el otro en campos como el comercio de bienes, servicios o inversiones, y las capacidades que tienen los distintos actores privados para avanzar sobre los otros mercados también es un dato de suma relevancia que vaticinan, de entrada, una “cancha inclinada”.4

Defensa de intereses nacionales y equilibrio

En resumen, la balanza comercial de bienes, si bien ha sido favorable al MERCOSUR en su conjunto, se basa en un intercambio clásico de materias primas por bienes industriales y deficitaria en servicios, es decir, la típica relación de subordinación periférica que ha signado negativamente gran parte de nuestra historia

Va de suyo que una política comercial razonable, en un país como el nuestro, implica la exportación de productos primarios como el de cualquier otro bien. Pero recordemos que igualmente de razonable -e imprescindible- es favorecer su exportación con el mayor agregado de trabajo nacional posible, y lo más alejado que podamos de su condición “en bruto”. 

 Habrá que ver cuanto respecto a estos temas tiene de “canto de sirena” el presente acuerdo5, que también avanza en temas medioambientales. Aquí se presenta otro campo para la reflexión.6 Podemos presumir buena fe y coincidir en las preocupaciones medioambientales de la sociedad europea. ¿Pero podemos extender dicha presunción automáticamente a su establishment? Repasando declaraciones de funcionarios europeos, los resguardos medioambientales, laborales, parecen ser esgrimidos más como barreras para-arancelarias que como preocupaciones existenciales. 

El tratado MERCOSUR-UE, como todo acuerdo comercial, no debe, por lo tanto, entenderse solo como un instrumento estrictamente de ese carácter, sino como un elemento geopolítico que puede servir a nuestro desarrollo estratégico, tanto nacional como colectivo. 

En ese sentido, hoy en día deberíamos prestar atención a qué beneficios concretos podemos obtener de los acuerdos en el campo del conocimiento, la investigación científica y tecnológica. La UE con este acuerdo, más que en bienes, por ejemplo, estaría pensando en los servicios y en diversificar su acceso a minerales estratégicos. 

El futuro de esta relación dependerá, entonces, de cómo se implemente, lo cual a su vez exige la existencia previa de un proyecto nacional y un gobierno con la voluntad de emplearlo como guía. Sin esto, más allá de ventajas circunstanciales, el resultado será simplemente adornar viejas jerarquías bajo nuevos ropajes.


Fuentes consultadas:

– MERCOSUR – Página oficial: https://www.mercosur.int/

Comercio UE-Mercosur: datos y cifras, Consejo Europeo-Consejo de la Unión Europea): https://www.consilium.europa.eu/es/infographics/eu-mercosur-trade/

EL ACUERDO UE-MERCOSUR: ANÁLISIS DE SUS CARACTERÍSTICAS CON UNA PERSPECTIVA SECTORIAL, Documentos Ocasionales Nº 2601, enero 2026, Banco de España, Madrid: https://www.bde.es/f/webbe/SES/Secciones/Publicaciones/PublicacionesSeriadas/DocumentosOcasionales/26/Fich/do2601.pdf

Claves para entender el acuerdo UE-Mercosur, CEOE- Confederación Española de Organizaciones Empresariales, Madrid: https://www.ceoe.es/es/ceoe-news/union-europea/claves-para-entender-el-acuerdo-ue-mercosur

– La UE y el Mercosur culminan las negociaciones políticas para un innovador acuerdo de asociación, Comunicado de prensa 6 dic 2024, Comisión Europea, Bruselas: https://ec.europa.eu/commission/presscorner/detail/es/ip_24_6244

AP- ELÉONORE HUGHES– Updated 10:41 PM CET, January 16, 2026 Presidente de Brasil, Lula da Silva, elogia histórico acuerdo Mercosur-UE antes de su firma: https://apnews.com/article/brazil-mercosur-eu-trade-590d5c9296e1a6adbd7a6ee5d8f5661f


  1. En rigor, se negocian varios documentos, como El Acuerdo de Asociación Estratégica (EMPA), que abarca cuestiones que superan lo comercial (política, cooperación, etc.) y requiere la ratificación no solo del Parlamento Europeo, sino también de todos los parlamentos nacionales de los Estados miembros de la UE, además de los del MERCOSUR. Y El Acuerdo Comercial Provisional (iTA), que comúnmente se menciona como «el acuerdo». Este último cubre principalmente los aspectos arancelarios y comerciales, y podría aplicarse de forma provisional una vez que lo aprueben el Parlamento Europeo y los países del MERCOSUR, evitando la compleja ratificación de los parlamentos nacionales europeos. Esta distinción es crucial, ya que la vía y los plazos de entrada en vigor son radicalmente diferentes para cada instrumento. ↩︎
  2. El acuerdo contempla la eliminación progresiva de los aranceles en más del 90% del comercio bilateral.  Para Mercosur, el arancel efectivo pasaría del 11% previo al acuerdo a apenas un 1% tras su plena implementación. En el caso de la UE, el arancel efectivo se reduciría del 4 % al 2 %. Esta disminución refleja el impacto combinado de la liberalización arancelaria y las excepciones sectoriales acordadas. Además, el acuerdo incluye medidas para reducir las barreras no arancelarias, facilitar el comercio de las materias primas críticas, y garantizar estándares ambientales. Según estudios recientes, se calcula que el comercio entre ambas regiones podría aumentar en torno al 40% a largo plazo (Banco de España). ↩︎
  3. En 2023 (el año más reciente del que se dispone de datos), el comercio de servicios entre la UE y el Mercosur ascendió a más de 42 000 millones de euros. La UE exportó más de 29 000 millones de euros en servicios al Mercosur, mientras que el Mercosur exportó unos 13 400 millones de euros en servicios a la UE. (Comercio UE-Mercosur: datos y cifras, Consejo Europeo-Consejo de la Unión Europea). ↩︎
  4. Desde la UE, por ejemplo, se señala que las implicaciones del pacto van mucho más allá ya que el texto establece los mimbres para facilitar el acceso a la contratación pública de todas las empresas europeas. El acuerdo también mejora las condiciones de acceso a ciertos servicios como los financieros, postales, de telecomunicaciones y de transporte marítimo. Con ello, se abre el acceso al comercio marítimo internacional intra-Mercosur que hasta ahora permanecía restringido a las empresas con sede en la región y las compañías europeas podrán ampliar su oferta de servicios. (CEOE) ↩︎
  5. Si bien se lo presenta como una ventana para el ingreso de nuestros productos primarios, desde la UE se señala que dicho acceso está limitado mediante cuotas que se aplicarán de forma gradual a las importaciones agroalimentarias, especialmente en la carne de vacuno, el pollo y las aves de corral y el azúcar. Como recalca la propia Ursula von der Leyen “nuestras normas sanitarias y alimentarias europeas siguen siendo intocables, y los exportadores del Mercosur tendrán que cumplirlas estrictamente para acceder al mercado de la UE”.  Asimismo, se recuerda la cláusula que protege las Denominaciones de Origen (DO) o Indicaciones Geográficas (IG) con el objetivo de evitar la imitación que más de 350 productos europeos agroalimentarios, que significaría desde el Mercosur un reconocimiento a “la mayor calidad de estos productos”, por lo que se venderán a un precio superior en los países destino.  ↩︎
  6. Este acuerdo eleva el nivel de los compromisos en materia de sostenibilidad entre la UE y el Mercosur mediante lo siguiente: a- la consideración del Acuerdo de París como un elemento esencial de la relación entre la UE y el Mercosur; b- compromisos concretos para detener la deforestación; c- compromisos claros y ejecutables en materia de desarrollo sostenible, incluidos los derechos laborales y la sostenibilidad en la gestión y conservación de los bosques; d- un papel activo para las organizaciones de la sociedad civil a la hora de evaluar la aplicación del acuerdo, teniendo en cuenta las cuestiones relacionadas con los derechos humanos o el medio ambiente. ↩︎

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