¿Y ahora qué?

Generic selectors
Exact matches only
Search in title
Search in content
Post Type Selectors

El Estado Nación nunca se fue (y la geopolítica tampoco)

Dada la creciente injerencia de la administración estadounidense en todo territorio que considera como propio, Groenlandia viene ocupando un espacio destacado en el ámbito político y mediático. Este necesario debate es además una oportunidad para atender a realidades argentinas azules y heladas que nos son más cercanas y que, mayoritariamente, abordamos de manera asistémica e intermitente. 

La cartografía nunca es neutral. Responde a ideologías e intereses políticos concretos. Los mapamundis y globos terráqueos tradicionales, además de distorsionar dimensiones, establecen una jerarquía visual entre un “Norte” arriba y un “Sur” abajo. Así, desde la infancia aprendemos dónde se supone que está el centro y cuál es “nuestro lugar”.

Sin embargo, es posible —y necesario— explorar el mundo desde otras perspectivas. El objetivo no es sustituir un centro por otro, sino lograr una representación más acabada de nuestro entorno inmediato, aquel que merece mayor atención que las regiones usualmente destacadas. 

Nuestro país limita con inmensas masas de agua. Históricamente, se nos ha enseñado a ver el océano como una frontera o limite —y como máximo a las 200 millas náuticas—. Pero en la visión geoestratégica, además de tener valor por sí mismo, considerando sus vastos recursos, el mar es un puente hacia lo que hay “al otro lado”. Así lo entendieron Roma con el Mare Nostrum, las potencias costeras a uno y u otro lado del Pacífico y del Atlántico Norte, China con sus mares adyacentes, o Rusia y Canadá en el Ártico. Pareceríamos una excepción irracional a esa regla1.

Esta masa oceánica nos vincula con la Antártida y, debido al cambio climático tal como sucede en el Polo opuesto, se ha convertido en un área de creciente atracción para numerosos Estados, junto con sus empresas y fondos de inversión2. La avidez por minerales estratégicos, tierras raras, nuevas rutas y zonas de circulación, sumada a una mayor accesibilidad, impulsan estas dinámicas, muchas de ellas potencialmente depredatorias3.

Por su posición geográfica, Argentina —junto con Chile en este ámbito— representa una plataforma de acceso privilegiada a la Antártida (1.000 km de distancia entre Ushuaia y la Península antártica). A esta función se suma la relevancia del Estrecho de Magallanes como vía hacia el océano Pacífico, complementada por los canales del Beagle y el Paso de Drake.

Las visitas recurrentes de integrantes del Estado Mayor del Comando Sur de EE.UU., así como la intensidad en el debate sobre la presencia de empresas e instituciones científicas extranjeras o sobre infraestructuras portuarias, son otros indicios claros de este interés.

Esta posición se ve reforzada, en un contexto más amplio, desde el Este, pues la ruta interoceánica del Atlántico-Índico a través del Cabo de Buena Esperanza recupera relevancia estratégica, dada las limitaciones físico-técnicas del canal de Suez y las inseguridades que recurrentemente se producen en sus accesos.

Entre estos dos márgenes se despliega un espacio oceánico extraordinario, dotado de una biodiversidad de igual magnitud, que atrae a variadísimas flotas pesqueras que -aun operando en el área internacional y de manera legal, cosa que no sucede siempre- impactan en nuestra zona económica exclusiva, además de albergar un potencial significativo de hidrocarburos offshore y minerales.

En este contexto, y ante cambios ambientales y políticos globales, la importancia de las islas Orcadas, Georgias, Sándwich del Sur y Malvinas resulta crucial4. Su actual estatus sufre la presión de resabios colonialistas, representando una injerencia externa en un espacio que nos concierne directamente, militarizando, nuclearizando y tensionando la región5.

Si bien estos temas no están ausentes discursivamente, es imperativo integrar de manera sistémica y efectiva esta vasta masa oceánica y polar a nuestras políticas, vinculándola estrechamente con el territorio continental (y especialmente con la Patagonia). Esto exige movilizar recursos humanos y financieros destacables para conformar un trípode de acción:

  1. Mantener presencia y control efectivo: los espacios desconectados no permanecen indefinidamente como tales, especialmente bajo las dinámicas geopolíticas vigentes. Cualquier actividad o fenómeno que allí ocurra nos afectará, más temprano que tarde.
  2. Investigación y preservación: de poco sirve vigilar un territorio que no se conoce. Debemos impulsar la ciencia en este vasto espacio para comprenderlo y poder preservarlo.
  3. Aprovechamiento económico sostenible.

Lograr estos objetivos, a su vez, demanda un amplio espectro de bienes industriales y alta tecnología como buques de investigación especializados, naves con capacidad antártica; unidades aéreas, de mar y satelitales para monitorear, vigilar y producir sobre millones de km²; sin olvidar las versiones necesarias de ellos con fines defensivo y disuasorio y las infraestructuras terrestres para sostener todas las actividades antes mencionadas.

Reivindicación y autocrítica

Pese a no pocas limitaciones, la Argentina abordó con audacia estas zonas, alcanzando logros significativos en los frentes político, científico y exploratorio. Durante las décadas de 1950 y 1960 en particular, se sentaron las bases de un entramado científico y de una presencia soberana permanente. Es un deber recordar algunos de esos hitos (ver recuadro) y a las personas que los impulsaron. 

Esta visión se reflejó también en una sofisticación estratégica creciente en la política internacional, incluyendo la cuestión de las Malvinas e Islas del Atlántico Sur. Una etapa cuya esencia debería reflexionarse en profundidad, preguntándose cuál sería hoy nuestra situación si aquella estrategia hubiera tenido continuidad y sido abortada espuriamente en 19826.

1904 Argentina se constituye en el primer país en mantener una base polar permanente (Base Orcadas, Isla Laurie).
1948 (abril)– Se establece la dependencia política-administrativa del Sector Antártico Argentino del gobernador marítimo del Territorio Nacional de Tierra del Fuego. [En 1990/91 se crea/formaliza la Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur (que comprende a las islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur, Orcadas del Sur, y Shetland del Sur). Pero más allá de esta denominación, en la actualidad el Sector Antártico Argentino es administrado directamente por el gobierno nacional a través de la Dirección Nacional del Antártico y el Instituto Antártico Argentino].
1951 (abril)– Se crea El Instituto Antártico Argentino (IAA), organismo científico tecnológico fue creado el 17 de abril de 1951, siendo su fundador y primer director el coronel Hernán Pujato. 
1951- Entra en funcionamiento nuestra primera base polar continental (Base San Martín) 
1951- También presencia el primer vuelo con aterrizaje en dicho continente. 
1954- Se incorpora el rompehielos ARA General San Martín (botado en 1953).    
1959– Firma del Tratado Antártico, siendo uno de los 12 países signatarios originales y consolidando su rol protagónico en el continente.
1960- Primer lanzamiento de cohetes de investigación científica desde la Antártida: en febrero de 1960, Argentina lanzó cohetes de la serie Orión desde la Base Belgrano I
Todas estas acciones reflejaban la estrategia argentina de integrar la Antártida a su estructura administrativa nacional, vinculándola a Tierra del Fuego, que era (y es) la puerta de entrada argentina al continente blanco.

Los pueblos incorporan las particularidades de su ecosistema a su cultura. Esta adaptación genera habilidades y productos idóneos, que en el comercio global suelen traducirse en una sólida competitividad7. Sin embargo, aquí yace una paradoja fundamental para nuestro caso.

Así como alcanzamos niveles destacables en ciencia y exploración, no ha sido igual en construir el esquema productivo y financiero que les dé sustento. Este es el escollo decisivo: la incapacidad de transformar nuestras necesidades sociales, políticas y las ventajas de nuestro entorno en una dinámica virtuosa de generación de bienes y recursos financieros. Sin esta pata material, el bienestar de nuestro pueblo y la reafirmación efectiva de nuestra soberanía se ven seriamente socavadas8.

Lo lamentable es que nuestra sociedad ha demostrado en este campo una enorme inventiva, reiteradamente malograda. Proyectos emblemáticos —el Proyecto Cóndor, el reactor CAREM, un nuevo rompehielos para complementar/reemplazar al Almirante Irizar— son testigos de una voluntad y creatividad subutilizadas o suprimidas por la desidia, la falta de fondos o las relaciones político-económicas subordinadas9.

La ruptura violenta del paradigma de industrialización endógena en 1976 nos colocó en una senda perversa: no solo destruye el presente e hipoteca el futuro, sino que machaca para que reneguemos de nuestros logros y abandonemos la tarea autocrítica para corregir sus limitaciones. 

El actual desvarío, como una segunda oleada, trata de rematar lo que se reconstruyó o se logró preservar, y estaría llevando a una situación crítica a todo nuestro esquema político-científico antártico y defensivo nacional del Atlántico Sur10.

Igual destrucción observamos en otras regiones del país, como la que estamos presenciando en estos momentos en la Patagonia, donde nuestra población y el personal abocado a su extinción, debe hacer frente casi en solitario a la grave emergencia derivada de los incendios forestales.

Por lo tanto, la conclusión es ineludible:  Afianzar una lógica sistémica significa que el medio al que pertenecemos, los objetivos políticos y la determinación en su consecución deben dirigirse, de manera urgente y prioritaria, a saldar la deuda pendiente. Debemos emplear nuestras falencias materiales como el impulso definitivo para desarrollar pericias específicas y, sobre todo, construir la potente base productiva, industrial y financiera sin la cual todo lo demás permanece en riesgo y sin sustento real.


Imagen de portada: Google Earth (2024). Vista de extremo Sur del continente americano y área Antártica. Recuperado: 27-01-26 (https://earth.google.com/web/@-46.45637742,-50.69228695,231.67580728a,12412458.81091118d,35y,178.48388794h,0t,0r/data=CgRCAggBOgMKATBCAggASg0I____________ARAA)

Dirección Nacional del Antártico-Instituto Antártico Argentino- Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto-Presidencia de la Nación República Argentina (https://www.cancilleria.gob.ar/es/iniciativas/dna)

Cuestión Islas Malvinas- Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto-Presidencia de la Nación República Argentina (https://www.cancilleria.gob.ar/es/politica-exterior/cuestion-malvinas)

Mario Bertellotti: Malvinas: Causa Nacional, Sudamericana y Universal, 1 de abril de 2014, Instituto Gestar, Consejo Nacional del PJ (https://gestar.org.ar/articulos/malvinas-causa-nacional-sudamericana-y-universal/).

Secretaria del Tratado Antártico: El Tratado Antártico, Buenos Aires (https://www.ats.aq/s/antarctictreaty.html).

IISS-International Institute for Strategic Studies: Military Balance. The Annual Assesment of Global Military Capabilities and Defence Economics 2023, Routledge Taylor & Francis Group for IISS, Londres. 

Presidencia de la Nación- Ministerio de Defensa Ara Almirante Irizar Un viaje a través de la historia, reconstrucción y modernización del buque insignia de la fuerza naval argentina (http://www.irizar.mindef.gob.ar/).

Juan José Roldan: El proyecto de diseño y construcción de un nuevo Buque Polar para la Armada Argentina se encuentra totalmente paralizado por falta de fondos, 9 de diciembre 2024, Revista ZONA MILITAR. Desde la sociedad por la defensa (https://www.zona-militar.com/2024/12/05/el-proyecto-de-diseno-y-construccion-de-un-nuevo-buque-polar-para-la-armada-argentina-se-encuentra-totalmente-paralizado-por-falta-de-fondos/?utm_source=chatgpt.com).


  1. Patéticamente, dada nuestra inserción periférica en lo global y centralista en lo interno -una conjunción que actúa como bomba succionadora-expulsora de riquezas y esfuerzo humano-, la mar se reducía a ser considerada la vía de conexión con el centro europeo (primero) y a un bien paisajístico y de esparcimiento para la población urbana. Para tener una idea de estas diferentes dinámicas, la distancia entre EE. UU. y Japón es de unos 7.800 km (y con Filipinas unos 11.000). La existente entre Comodoro Rivadavia, Trelew o Buenos Aires con Ciudad del Cabo no superan los 7.000 km (a Europa/Cadiz 9.500 km.) ↩︎
  2. Históricamente tuvieron presencia en la Antártida países como Argentina, Australia, Chile, Francia, Noruega, Nueva Zelanda, Reino Unido, Estados Unidos y la URSS/Rusia. Pero como una muestra de los cambios señalados, desde los años 1980 se suman India, Corea del Sur, España, Brasil y China entre otros.  Este último país ya contaría con cinco bases permanentes en el continente blanco. En el caso de Argentina, se cuenta con un total de 13 bases (6 permanentes y 7 temporales). Paralelamente, también desde esa década crece el número de países miembros consultivos (con derecho a voto en las decisiones) como es el caso de Turquía, Polonia, Italia o Alemania. ↩︎
  3. En la actualidad, este vedado en el continente antártico la explotación de recursos naturales (económicas ya se dan con la introducción del turismo) y militar (el personal militar actúa con fines exploratorios o científicos).  La gobernanza en la Antártida se realiza a través del Sistema del Tratado Antártico (1959) que básicamente establece a- la Antártida solo puede usarse con fines pacíficos; b- Se fomenta la investigación científica; c-se congelan las reclamaciones territoriales incluyendo las argentinas); d- apunta a la protección medioambiental (Protocolo de Madrid-1991) excluyendo, por ejemplo, la explotación minera. En el año 2048 se abre un período donde se puede solicitar la revisión de los estipulado por el Tratado.
    ↩︎
  4. Argentina reclama permanentemente, en todos los foros internacionales, la restitución del ejercicio pleno de su soberanía sobre las islas, ocupadas ilegalmente por el R.U., conforme al derecho internacional y a la resolución 2065 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que reconoce la existencia de una disputa de soberanía e insta a las partes a encontrar una solución pacífica. ↩︎
  5. La actual guarnición británica en las Islas del Atlántico Sur (BFSAI), con su infraestructura y potencia, representa una proyección estratégica más que un simple dispositivo defensivo. Se trata de una plataforma militar de unos 1.300 efectivos, dotada de sistemas de misiles antiaéreos, radares, capacidades aéreas permanentes (Eurofighter Typhoon) y patrullaje marino de superficie como aéreo (ver Military Balance, 2023, p. 149), sin descartar la presencia de submarinos nucleares. Articulada con la explotación económica del área, esta conjunción de dominio tecnológico, presencia militar y proyección económica consolida una posición de facto que erosiona directamente nuestra integridad nacional. ↩︎
  6. Durante su última presidencia, J.D. Perón pulió una estrategia multidimensional y envolvente a la ocupación inglesa, incluyendo medidas que se estaban empleando en esa etapa. Su enfoque actuaba de forma coordinada en múltiples niveles para presionar al Reino Unido. El plan combinaba una firme reafirmación diplomática de la soberanía en todos los foros, basada en el derecho internacional, con una presión militar callada pero tangible. Buscaba fortalecer la disuasión en el Atlántico Sur para elevar el costo logístico y político de la ocupación británica, llevándola a un punto de insostenibilidad. Paralelamente, mientras se trabajaba para reforzar el tema en nuestra sociedad, se proponía a los isleños una relación directa, ofreciendo beneficios (salud, educación, esparcimiento) en el continente (estrechando de paso los vínculos entre ambas poblaciones), y servicios que mejoraran su vida en las islas, y que el gobierno colonial no les brindaba, con el fin de socavar su administración. Esta estrategia multidimensional y paciente, que buscaba asediar diplomática y estratégicamente a Londres, marcaría un contraste definitivo con el enfoque que, años después, llevaría al conflicto. En líneas generales, la presencia militar inglesa por esas épocas no solía sobrepasar el centenar de efectivos y remitirse de manera permanente a un buque de patrulla. El análisis de porque era conveniente seguir este tipo de estrategias fue pisoteado por el aventurerismo sanguinario de la Dictadura que, utilizando una causa nacional, expuso a una nueva camada de jóvenes compatriotas a la muerte y el dolor. ↩︎
  7. Así, Canadá desarrollo industrias forestal, mineras y de aeronaves STOL para conectar regiones remotas y montañosas (ídem Suiza en este último aspecto) o Noruega industria naval (petroleros, construcción), acuicultura (salmón), y aprovechamiento de energía renovable (hidroeléctrica). ↩︎
  8. En lo que respecta a la presencia y defensa de nuestro mar y zonas adyacentes –como otro pilar de la estrategia global– se emprendían proyectos con cierto carácter sistémico. Tal fue el de renovación de nuestra flota submarina, planteada en 1974. Este buscaba fortalecer las capacidades defensivas y disuasorias, ejerciendo presión sobre la ocupación británica de las Malvinas, al tiempo que aseguraba una transferencia tecnológica y de saber hacer crucial, pues el plan presuponía iniciar con el ensamblaje de componentes para culminar con la fabricación integral de la nave en nuestro país.  Tras la trágica pérdida del ARA San Juan, la flota de submarinos argentina se encuentra inoperativa (es decir, casi una década sin dicha herramienta). Actualmente cuenta con tres unidades, todas fuera de servicio; ARA Salta (Clase 209): Solo para instrucción en superficie; no puede sumergirse. ARA Santa Cruz (Clase TR-1700): Reparación cancelada; inoperativo. ARA San Luis: En gradas por décadas, sin presupuesto para reparación. ↩︎
  9. La reparación y modernización del rompehielos Almirante Irizar luego del incendio ocurrido en el año 2007 es una muestra de las destacables capacidades humanas y técnicas alcanzadas, incluyendo tecnología nacional con el radar desarrollado por INVAP. Ahora bien, también es una muestra de las limitaciones existentes, pues el proceso se prolongó durante casi 10 años cuando en la práctica internacional- dependiendo del tonelaje y otras complejidades, se sitúa para la construcción de uno nuevo en 3/6 años. ↩︎
  10. En las últimas semanas, en varios medios, se vienen publicando artículos sobre un acelerado deterioro en estas cuestiones, especialmente en la campaña antártica 2025/2026 y en el traspaso de los asuntos antárticos de Cancillería a la órbita del Ministerio de Defensa. No puede descartarse que —dada la conducción de un gobierno que solo concibe nuestra existencia en un esquema de subordinación, y ante el creciente interés de potencias centrales en la zona— algunas de estas actividades puedan experimentar ciertas reactivaciones, pero enmarcadas bajo una relación subordinada y en función de esquemas de terceros. ↩︎

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *