¿Y ahora qué?

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Una pseudodemocracia basada en las redes

El planteo económico, sólo favorable a la timba financiera, atenta contra la creación de valor agregado y del empleo digno. La política exterior de alineación automática trae solo sumisión y ninguna ganancia ni inversiones que nos beneficien. La política poblacional, tan importante para el desarrollo junto con la educativa y la científico-tecnológica, es burdamente despreciada o ignorada. La política laboral es una manifestación más de la intención de fraccionar o destruir el tejido comunitario.

Desde hace dos años entre el mercado de trabajo argentino ha perdido más de 500.000 puestos de trabajadores registrados (privados, públicos, autónomos y monotributistas). Desaparecen empresas y el trabajo como relación de dependencia; lo que crece es la facturación individual o la no facturación. Como la productividad está directamente relacionada directamente con el tamaño empresario, al achicarse éste, se achica la productividad y con ello el nivel promedio de ingresos de la población. Todo se vuelve inestable y el consumo se vuelve cauteloso, lo cual impacta en las pymes, en el comercio y en toda la economía que depende del mercado interno. Además, el Estado va a ir recaudando menos impuestos, lo cual afectará irremediablemente la sostenibilidad del sistema previsional y de salud.  

En este marco de situación interna, el gobierno firma un Acuerdo Comercial con EEUU. ¿Acuerdo desbalanceado o imposición de intereses externos para que la “ayuda financiera” pueda continuar? La periodista Florencia Donovan (La Nación) indica que hay 113 cláusulas con “Argentina deberá hacer” en forma rápida y sólo 10 que expresan “EEUU deberá hacer”, y para colmo en el futuro. 

El trato desigual es fácilmente perceptible. Todo un signo claro de vasallaje, consecuencia del alineamiento automático resuelto por Milei. 

Cada acto tiene sus consecuencias. Los laboratorios nacionales hasta ahora se beneficiaban copiando fórmulas extranjeras para fabricar sus propios productos, aunque pagando royalties a los dueños de las patentes. En adelante ya no podrían. La pelea de los lobbies promete ser muy fuerte en el Congreso (antes del 30 de abril próximo), que tiene que aprobar el acuerdo. Depende de cómo termine habrá más o menos desaparición o venta de empresas, pero seguramente se producirá reducción de personal.  Por eso el Gobierno ya anticipó que, si no logra el OK del Congreso, lo aplicará por decreto. 

Todos aseguran que el precio de los medicamentos será más barato. Pero ya se sabe que ese relato no es para nada creíble. 

Otro tema que afecta nuestra soberanía elemental: se aplicarán los estándares estadounidenses a cualquier regulación técnica; las leyes extranjeras reemplazarían a las nuestras a esos fines. La denominación de origen y las medidas sanitarias y fitosanitarias locales solo se podrán aplicar con criterios “científicos y de aversión al riesgo” (nuestras exportaciones sujetas a la interpretación de algún “paper universitario”). No puede existir un compromiso con terceros países que puedan crear una barrera comercial en contra de los productos americanos: Unión Europea. Con argumentos de origen laboral se podría limitar la importación de productos de Oriente: China. Las imposiciones en materia de propiedad intelectual sientan las bases para reclamos de empresas estadounidenses y acciones defensivas de argentinas, en sede judicial norteamericana. Otras cuestiones sensibles indican la obligación de la Argentina de implementar en sus fronteras, “cuando corresponda”, cualquier medida que tome EEUU para proteger su economía o su seguridad nacional. EEUU planifica lo que nosotros debemos hacer. Nunca se ha visto antes semejante humillación nacional.

Los medios informan, alarmados, que hay una ola inédita de cierres de colegios privados. El descenso de la masa de alumnos es sostenido, indica la Asociación de Institutos Privados en Argentina, que afilia a 5.000 escuelas. Es la primera vez que ocurre un retroceso en lo que va de la década, con una pérdida de 300.000 alumnos, atribuida a dos factores: el económico (los padres no pueden pagar) y por otro lado la baja en la natalidad, lo cual siempre reviste importancia geopolítica. 

El último informe de Estadísticas Vitales del Ministerio de Salud de la Nación (enero 2026) muestra que la involución entre 2014 y 2024 fue la más abrupta y sostenida en la historia de nuestro país. En 2024 se registraron 413.135 nacimientos, un 47% menos en una década. La tasa de fecundidad va de la mano con la tasa de natalidad (en hijos por mujer): 2,5 (2000), 2,3 (2014), 1,23 (2024).  

Las causas de la caída de la natalidad son atribuidas a varios factores: la incertidumbre económica o de un mundo turbulento futuro; los ingresos de la familia no permiten criar bien a más de un hijo; la mujer se ha independizado económicamente y las parejas no se casan y prefieren esperar para tener, o no, hijos; la cultura social de disfrutar el presente, considera que tener descendencia es una carga innecesaria o evitable.  Las implicancias de este último punto, es que a una sociedad sin hijos no le interesa el devenir ni la trascendencia y en consecuencia tampoco asume responsabilidad sobre el futuro de la misma; no le interesa la política, no le interesa los problemas sociales; sólo se enfoca en su situación personal. Se sienten totalmente libres; se desarraigan de la misma sociedad en la cual viven. 

Finalmente, el proyecto de reforma laboral impulsado por el Gobierno nacional, así como está planteado, no resuelve los problemas de la creación de empleo en Argentina. Solo los precariza, eliminando derechos individuales y colectivos consagrados por la Constitución Nacional. También intenta desarticular el poder de las organizaciones sindicales, como paso ineludible para el debilitamiento de la defensa de esos derechos. 

En un mundo complejo, con nuevas tecnologías, nuevas culturas populares y desafíos geopolíticos tremendos, los empleos crecen cuando las políticas económicas nacionales son favorables a la inversión productiva. Eso no ocurre desde hace décadas. Las leyes laborales son una parte de problema y no la más importante. El aumento del PBI haciendo la bicicleta financiera (carry trade) no aporta nada a la creación del empleo nacional. Esto nos recuerda al modelo de convertibilidad de Menem y Cavallo, cuya fórmula era tipo de cambio fijo y bajo, inflación de un dígito anual, apertura comercial irrestricta y alineamiento internacional con las potencias de Occidente. Los resultados ya son conocidos por casi todos: no por los más jóvenes. 

Los cuatro temas anteriores son el reflejo de cuatro políticas del gobierno carentes del más mínimo sentido común o con relación concreta con las promesas gubernamentales de mejoras, que traslada hacia un futuro cada vez más lejano. Si los gobiernos anteriores fracasaron, éste es aún peor. El planteo económico, sólo favorable a la timba financiera, atenta contra la creación de valor agregado y del empleo digno. La política exterior de alineación automática trae solo sumisión y ninguna ganancia ni inversiones que nos beneficien. La política poblacional, tan importante para el desarrollo junto con la educativa y la científico-tecnológica, es burdamente despreciada o ignorada. La política laboral es una manifestación más de la intención de fraccionar o destruir el tejido comunitario que, aunque con muchas fallas, caracterizó a la sociedad argentina. 

Es un gobierno que arremete con dislocados proyectos, al compás de sus consultas de opinión en las redes. Cuando ve que le va mal, retrocede. Pero luego los fuerza con los DNU. El gobierno es frágil y por eso sólo sigue produciendo vanas promesas que no cumplirá. Mientras miente con las estadísticas, la inflación sigue. Promete inversiones que nunca llegan. Es una pseudodemocracia, sin diálogo ni con la oposición ni con sus aliados, basada en las redes, las cuales, como todos saben, se ven fuertemente influenciadas por los algoritmos que manipulan la opinión pública. Estamos participando de una “Democracia” de las Redes Sociales.

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