Jeffrey Epstein, ya fallecido, encontró un vicio y lo convirtió en negocio. Y entre sus socios estaba Donald Trump, el hombre más poderoso del mundo, que ha demostrado ser un gigante con los pies de barro.
El memorándum del FBI no dejaba lugar a dudas: Jeffrey Epstein fue agente del Mossad, el servicio secreto israelí. Hasta donde se sabe, su primer contacto era Robert Maxwell, el empresario de medios de comunicación que a su vez fue el principal impulsor del PROMIS, un servicio que fue el antecesor de la Inteligencia Artificial en la búsqueda de datos en las diferentes plataformas virtuales basándose sobre todo en archivos judiciales.
Pero el PROMIS tenía una “puerta trasera”, pues se dedicaba a investigar a los servicios de inteligencia de muchas naciones, incluidas algunas aliadas de Estados Unidos y en algunos casos de Israel. El programa en manos israelíes llegó incluso a ingresar en el sistema nuclear norteamericano. Y eso que Norteamérica está íntimamente ligada a Israel. En el caso de la energía atómica, la misión de espionaje se llamó Los Álamos.
Robert murió en 1991 en circunstancias muy extrañas al caerse de su bote en el Caribe. No fue el único caso de muerte dudosa, ya que Jeffrey se “suicidó” de manera increíble con huesos rotos que ningún cordel puede quebrar. Extrañamente, además se apagaron las 3 cámaras de grabación que filmaban la celda. Y a solo pocas horas para declarar sobre sus actividades con niñas y sus invitados pedófilos.
Con menos material John Le Carré hubiera hecho una novela.
Entrando por la puerta trasera
En 1986 la empresa norteamericana Inslan INC. presentó una demanda ante el departamento de justicia de Estados Unidos por conspiración deshonesta.
Resulta que el programa había sido modificado de manera que entrando a las redes para trabajar datos judiciales pudiera espiar otras informaciones.
En 1999, el periodista británico Gordon Thomas bautizó al operativo como caballo de Troya.
Por su parte, el periodista Danny Casolaro señaló que el PROMIX se convirtió en la piedra angular de la “conspiración del pulpo” pues sirvió no sólo para el espionaje sino para el tráfico de armas, lavado de dinero, entre otros negocios oscuros.
Y poco antes de publicar sus investigaciones… el periodista apareció muerto en su cuarto de hotel.
Como que el método se va repitiendo.
Y, atención que la investigación fue clasificada en reserva por el FBI.
La madama
Ghislaine Maxwell, hija de Robert, fue por 20 años la proveedora de niñas a Epstein y, de paso, su amante. En los archivos desclasificados que estaban en manos de FBI los testimonios de las víctimas sobre el papel de la madama son desgarradores. Comprenderá usted, amable lector, que debo ahorrar detalles,
Bueno, Ghislaine hoy viste el mameluco anaranjado de rigor y está condenada a 20 años.
Hace pocos días se negó a testificar señalando que sólo lo haría si el presidente Trump le proporciona un indulto. Cosa difícil porque nadie como el presidente de pelo naranja quiere que guarde silencio.
Ghisleine también está ligada al Mossad. En la cárcel recibe la asistencia de Jabad Lubavich, una organización judía ultra conservadora ortodoxa a la que Javier Milei fue a visitar a Nueva York e intercambió besos y abrazos.
Entre padre e hija habrían convencido a Epstein de que se convirtiera en agente. Y él, que al fin y al cabo era un exitoso inversor, creó el negocio de las ninfas y los depravados a los que filmaba y luego chantajeaba.
Claro que estas grabaciones no están en el material desclasificado, de hecho las tiene el servicio secreto israelí. O por lo menos no está la mayoría porque algunas fotos, incluso del presidente Trump se han filtrado.
Lo que sí apareció fue el memorándum del FBI donde expresamente señala que Eipstein trabajaba para Israel. Dato corroborado por las 30 visitas que el primer ministro israelí de la época realizó a la vivienda de Epstein en Nueva York.