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Lula, entre las tierras raras y la campaña

Hizo un pacto con la India, pero las elecciones de octubre despiertan lo peor de la derecha. Los juegos de la Corte Suprema y, al fin, justicia para Marielle Franco.

Luiz Inácio Lula da Silva y Narendra Modi firmaron hace exactamente una semana un acuerdo de cooperación en cuestiones de materiales críticos y tierras raras. El presidente brasileño y el primer ministro indio mostraron la intención de trabajar juntos, pero sin compromisos firmes por ahora: el tratado no habla de financiar emprendimientos, no genera obligaciones, no impone trabajar juntos.
Pero es una señal estratégica importante, y a varias puntas. Primero que nada, para China, que produce el setenta por ciento de estos minerales y procesa el noventa por ciento, una ventaja enorme a la hora de producir baterías de alta tecnología y chips. Brasil e India, juntos, tienen las segundas reservas comprobadas de estos minerales pero casi no las explotan o refinan. Nueva Delhi tiene un poco más de tecnología instalada que Brasilia, pero no mucho.
El segundo destinatario de la señal geopolítica es, por supuesto, Washington, que premia a todo el que se aleje de Pekín pero quiere todos los negocios para sus empresarios. Es una angurria que dificulta el desarrollo de terceros actores y que no se calmó con el parate de la Corte Suprema a Donald Trump. Todo el mundo entiende que el fallo fue sobre su usurpación de poderes legislativos, no contra las tarifas en sí.
“Dos mercados tan importantes como Brasil e India necesitan un acuerdo más amplio y poderoso”, dijo Lula en Nueva Delhi, mientras Modi lo tenía de la mano, el curioso gesto con que los locales muestran amistad.

El viaje debe haber sido un descanso para Lula, aunque sea mentalmente. El brasileño piensa a lo grande y mantiene las prioridades de mejorarle la vida al inmenso pobrerío que existe desde siempre en Brasil, y proyectar a su nación como futura potencia. Debe ser lindo tener un presidente que siempre está pidiendo despegar… Pero es un año electoral y cada vez queda más claro que el rival será el bolsonarismo, que hasta ahora no propuso ninguna idea, ninguna plataforma, más allá de “librarse” de Lula. Para darse una idea, basta ver el muy bien producido video que el super derechoso Flavio Bolsonaro, hijo del presidente encarcelado por golpista y ya candidato del sector para octubre, hizo circular.

La semana pasada fue Carnaval en Brasil, lo que se sabe que paraliza el país. La escola Académicos de Tijuca le hizo un homenaje a Lula en el que la idea central era tomarlo como un inmigrante nordestino -el es de Recife- que “llegó al mundo”. Como la ley electoral brasileña es sorprendentemente estricta en eso de contrabandear propaganda, la escola hasta contrató abogados para revisar y editar las letras del enredo. Por supuesto, las derechas reclamaron, pero la justicia no encontró delito y el escándalo sólo sirvió para los Académicos se fueran al descenso, que los cariocas son de oposición.
Y ahí entra Flavio, difundiendo su videíto del desfile “Bloque del Luladrón” donde el presidente, la primera dama Dona Janja y varios ministros aparecen en carros-celda o en uniforme a rayas. La música es excelente, aunque las letras son bastante retorcidas. Además de imaginarse la cara de Lula al ver esto en la India -¡qué contraste de piné!- la obrita es francamente ofensiva y claramente quiebra la ley electoral como propagando negativa. Petistas, Verdes y Comunistas denunciaron ante el Tribunal Electoral a Flavio y a los diputados Bia Kicis y Marcos Rogério, por difundir la pieza.

Flavio ni contestó, concentrado en tratar de darle algún contenido a su campaña, que arrancó en diciembre y sigue siendo apenas una serie de discursos vacíos. Lo que hizo muestra qué poco tiene que decir: anunció que “dentro de poco” va a anunciar quién será su ministro de Economía “para darle una señal a los mercados”.

Corrupciones

En el mundo real, mientras, la derecha se metió en otro problema de corrupción. Resulta que el vicegobernador de San Pablo, Felicio Ramuth, y su esposa Vanessa están siendo investigados por tener 1.600.000 de dólares en una cuenta bancaria en Andorra. El canuto del político fue revelado porque los andorranos decidieron no ser más un paraíso fiscal y empezaron hace dos años a blanquear la información bancaria. Parece que los Ramuth fueron más lentos que los rusos y los narcos, que sacaron la plata a tiempo.

Ramuth se defendió de un modo francamente curioso, diciendo que el dinero era limpio y que lo había declarado en su momento. Pero según la Unidad de Inteligencia Financiera de Andorra, la platita vino de una de esas empresas truchas que te arman en el día en Panamá, en este caso la Visio Corporation Ltd SA, y fue a parar al AndBank, que en esa época admitía depósitos sin preguntar demasiado. Para más datos, la empresa y la cuenta fueron abiertas el mismo día en octubre de 2009.

Como el gobernador paulista Tarcisio de Freitas ya se está convenciendo de que no será candidato a presidente -Flavio Bolsonaro se encargó de eso- Ramuth estaba abiertamente interesado en una reelección con su líder político. Ahora hay que ver si no le gana el puesto el presidente de la Asamblea Legislativa del estado, André do Prado.

Mucho menos convincentes son las acusaciones contra Fábio Luis Lula da Silva, el hijo del presidente Lula conocido cariñosamente como Lulinha. La Policía Federal, que últimamente anda muy activa, está investigando un complicado caso de evasión y rebajas selectivas de los aportes empresarios a la Seguridad Social. Según la oposición en el Congreso, Lulinha habría sido el valedor del negociado. El hijo niega todo, pero el Supremo André Mendonza le levantó este jueves el secreto bancario y fiscal, y ordenó que le investiguen teléfonos y computadoras. Parece que la Federal había pedido estas medidas hace un mes…

A nadie se le escapó el gesto de la Corte Suprema, sacudida por escándalos e internas cada vez más abiertas. Los ministros andan buscando cambiar su imagen y recuperar el prestigio que les dio la condena a Jair Bolsonaro por golpista. Esta semana tuvieron un éxito clarísimo al cerrar el doliente caso del asesinato de la concejal carioca Marielle Franco y su chofer Anderson Gomes. Los dos fueron fusilados en pleno centro de Río de Janeiro el 14 de marzo de 2028 y, aunque el sicario fue detenido al año, los mandantes seguían impunes.

Franco fue un símbolo de militancia: mujer, negra, nacida en la favela de Maré, se hizo socióloga y en su breve paso por el Concejo Deliberante de la ciudad denunció milicias privadas, policías corruptos e infinitos casos de discriminación racial y de género. Su asesinato a los 38 años de edad fue un claro crimen político, lo que agrava el hecho de que tomara ocho años condenar a los que lo encargaron. Fueron los hermanos Domingos y Chiquinho Brazao, que recibieron condenas de 76 años y tres meses de prisión efectiva. También fue condenado por encubrimiento y corrupción el jefe de la Policía Civil de la época, Rivaldo Barbosa, que recibió 18 años.

Es que una vez que fueron presos los asesinos, ambos de la Policía Militar, la Civil pareció desorientarse, no veía nada. Recién en 2023 la Federal tomó el caso y ahí se empezó a entender la demora: Domingos era consejero en el Tribunal de Cuentas del estado carioca, Chiquinho era diputado en el Congreso Nacional. Un crimen político encargado por políticos a policías corruptos.

Otro caso que va a dar que hablar y cómo es la revisión de la Ley de Amnistía que la dictadura militar promulgó en 1979 y que, al contrario que en Argentina, jamás fue derogada. Hace quince años, la Corte Suprema brasileña hasta había reconocido que la amnistía también cubría a agentes del Estado abarcados por la obediencia debida. Pero una reciente decisión sobre una apelación abre la puerta a una excepción: los desaparecidos.

El caso es sobre la Guerrilla de Araguaia y los acusados son dos ex tenientes coronel, Licio Ribeiro Maciel y el fallecido Sebastiao Rodrigues de Moura. Ambos ganaron varias instancias inferiores, pero el Ministerio Público apeló a la Corte Suprema argumentando que los casos de desaparición de personas no prescriben porque el crimen sigue cometiéndose hasta que aparezcan los restos. El ministro Flabio Dino le dio la razón al argumento y giró el caso al plenario de la Corte. Si sus colegas concurren, el coronel no sería punido de inmediato, pero la orden bajaría de que la Ley de Amnistía no cubre las desapariciones.

Brasil lleva años sancionado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos por no derogar esa Ley.

Ajuste solidario

Brasil anda con algunos problemas de caja, no como los que grita Javier Milei sino como los que permanentemente ajusta una economía mejor llevada. Lula quiere una baja de tasas de interés para mejorar el consumo y la inversión, lo que lleva al ajuste fino. Y un item que está francamente descontrolado es la asistencia social directa a los más pobres, que subió en términos reales -números en moneda constante, ajustados en inflación- en un quinientos por ciento.

Es de envidiar ver al vecino cuidando a los suyos tanto y tan bien, pero el ministro de Economía Fernando Haddad ya avisó que hace falta un ajuste y sobre todo una manera más eficiente de administrar la ayuda. Lula avisó que aprueba que estudien el tema, pero no que la ayuda social disminuya en nada. Haddad anda discutiendo unificar los muchos y confusos planes en un Ingreso Universal más sencillo, que ahorre en gastos administrativos y que sea más entendible para los destinatarios.
De paso, Haddad parece dispuesto a volver a inmolarse en las elecciones, presentándose otra vez como candidato a gobernador de San Pablo. La estrategia no es ganar, que los paulistas nunca terminaron de tragarse al PT, pero sí arrastrar la mayor cantidad de votos posible para la reelección de Lula. Ya funcionó, el tema era convencer al ministro de repetir el sapo. No lo anunció, pero se supo que lo habla con los amigos.

Una triste

Acaba de quebrar la enorme y a veces maravillosa Livraria Cultura, que supo marcar las principales ciudades de Brasil. Fundada en 1969, llegó a tener 17 locales y mil empleados, y su sede central en el Conjunto Nacional de Avenida Paulista y Rua Augusta, pleno centro de San Pablo, fue la librería más grande del país. El lugar era tan vasto que del techo colgaba una escultura en forma de esqueleto de ballena, de tamaño natural, y el rincón de los chicos parecía un colegio. La justicia aceptó la quiebra por pedido de Sergio Herz, hijo de la fundadora y presidente de la empresa, los últimos tres locales ahora están trancados y la página web no funciona.

En todo Brasil hay menos librerías que en la ciudad de Buenos Aires, con lo que la quiebra es una tragedia.

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