¿Y ahora qué?

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La prioridad es la salud pública

Un llamado a repensar la convergencia de las fuerzas nacionales removiendo los lugares comunes que mantienen estancados los análisis y las acciones políticas transformadoras.

En la necesaria construcción de una alternativa potente que enfrente la disgregación actual es indispensable definir prioridades de diverso tipo. Todas políticas, pero que pueden agruparse por diferentes ámbitos de acción.

A modo de contribución para resolver esta necesidad aportamos algunos elementos sin ánimo de universalidad, para poner en debate estas cuestiones y dejar de repicar –y por lo tanto fortalecer– la operación de los ingenieros del caos que padece con toda intensidad el pueblo argentino en estos días.

Proponemos cuatro focos a modo aproximativo: prioridades sociales, programático productivas, organizativas y, más amplias y complejas, culturales (todas susceptibles de manipulación en el terreno ideológico, pero especialmente esta última por su carácter englobante). 

Siempre hemos dicho que “si hay cien prioridades no hay ninguna prioridad” y esto sigue siendo cierto, pues hay que encontrar el hilo conductor de la acción positiva y constructiva, donde cada paso sume al anterior y permita multiplicar la fuerza transformadora. 

En una palabra, dejar de retroceder o seguir haciendo esfuerzos militantes dispersos, un riesgo que aparece cuando nos quedamos en la mera denuncia de los atropellos que minuto a minuto implementan Milei y sus secuaces. 

La cuestión social

Lo más grave, que con ominosa frecuencia se omite, es la caída de las condiciones de vida de la población. Ese ocultamiento es criminal es una victoria táctica del impulso desmantelador que venimos padeciendo. Es lo que permite decir, por ejemplo, la burrada de que esta gestión bajó la inflación cuando sólo la manipuló e impuso sufrimientos mayores en amplios sectores vulnerables. 

Englobamos en este rubro alimentos, habitación, vestido, educación y salud. Proponemos pensar, incluso en términos programáticos, un ordenamiento temporal para las políticas que deben encarar estos desafíos. 

Si la alimentación estuviese medianamente atendida (los problemas nutricionales se resuelven con planes de mediano plazo), la primera prioridad sería reconstruir la salud pública, hoy muy desfinanciada y hasta cierto punto desmantelada, articulando fuertemente la seguridad social solidaria (obras sociales) con las prestaciones estatales en los diversos niveles de aplicación.  

¿Quiere decir esto que nos desatendemos de la educación y las otras dimensiones? En absoluto, pero el hilo conductor arranca, si estamos en lo correcto, en mantener lo más sana posible a nuestra comunidad.

El tema habitacional, muy agudo también, permite pensar en planes innovadores de generación de empleo que empalmen con la movilización del sector de la construcción, muy decaído en el esquema neoliberal que sobre todo privilegia la especulación inmobiliaria. Y reconvertir las enormes disponibilidades edilicias que ha dejado ociosa la pandemia, sobre todo en las zonas céntricas. 

Son ejemplos para pensar y debatir. Vamos a otros.

Inversión productiva y empleo

Aquí vamos a contramano de la tendencia hegemónica que prioriza la dominación financiera, fenómeno mundial, por sobre la articulación de economías nacionales. El bucle de Trump al respecto no es todavía una revisión instalada a escala universal, sino que bien puede ser sólo una voltereta asociada a su escalada imperialista. Lo de China y los BRICS es para estudiar en detalle, siendo un fenómeno clave y en pleno despliegue. 

Mantener el eje nacional es clave, para no desintegrar más la economía y la sociedad. La pedagogía del factor externo sigue hablando de “economía cerrada” y “apertura”, cuando esta monserga viene haciendo agua desde hace dos décadas y media por lo menos. 

Los modelos aperturistas no acumulan a escala nacional y en consecuencia no hay recursos para elevar el nivel de vida del conjunto poblacional, con lo cual aumenta sistemáticamente la pobreza, aún con gobiernos que se piensan comprometidos con la comunidad local.

Están dadas las condiciones para favorecer la inversión, cambiando el eje de la política económica hacia la producción y el empleo. Lo contrario está lamentablemente muy establecido y esa es una gravísima indigencia teórica de la que debemos desprendernos. 

No dejemos de ver algo clave: los países que más exportan son los que más crecen en todos los rubros posibles, mientras los que se “especializan” como exportadores se empobrecen. Hay que remover enormes capas de basura presuntamente conceptual. Pensar la economía como proyección de la capacidad humana de alcanzar, socialmente hablando, altos niveles de convivencia espiritual y material.

En conclusión provisoria sobre estos temas digamos que la planificación del desarrollo es una tarea indispensable, continua y altamente participativa con las clases y sectores sociales que deben emerger de su condición actual, caracterizada por el subdesarrollo en general con nichos que no suman al todo. 

Organizacional y cultural

La dispersión de las fuerzas políticas nacionales, aquellas que tienen atado su porvenir al despliegue de una comunidad pujante y solidaria, es la cuestión instrumental más compleja. 

Hay que despojarse de toda presunción inercial. No van a volver por que sí pretendidos años de oro, hay que ir a buscarlos, construirlos. En la fragmentación de la sociedad argentina influyen muchos factores, por lo tanto, hay que discernir los fundamentales para integrar las fuerzas hoy dispersas.

Una clave metodológica es la fraternidad. Asumir que tenemos que reunir lo que está estallado o refugiado en nichos de “resistencia”, algunos obscenos.
Y para terminar estos pantallazos, en la imposibilidad momentánea de extendernos como estos desafíos lo requieren, agreguemos que la batalla cultural es profundamente ideológica pero sólo se puede ganar en el terreno de la lucha social y política concreta dada la inmensa capacidad de confusión que introducen los poderes expoliadores de los pueblos que no han desaparecido ni mucho menos. Están más fuertes que nunca, en las sombras.

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