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A Flavio Bolsonaro le cuesta encontrar palabras

Es difícil armar plataformas y listas, con lo que el PT está de malas con los socios socialistas y la derecha se fragmenta y naufraga en la falta de propuestas coherentes.

La campaña ni empezó todavía, al menos oficialmente, pero la política brasileña está en uno de esos períodos febriles, de peleas y peleítas, de reclamos y despechos. Es la famosa construcción de fórmulas y elección de prioridades, que siempre dejan heridos y quejosos. Y más en un país multipartidario, donde nadie llega a nada sin frentes más o menos variopintos. Que lo diga la derecha, que va de la ultra bolsonarista a la “fisiológica de siempre”. Y que lo diga el progresismo, que ya anda a los maullidos entre petistas y socialistas.

El origen de las rispideces entre PT y PSB es el crecimiento de Flavio Bolsonaro, senador e hijo del encarcelado ex presidente y aspirante a golpista Jair. Cuando lanzó la candidatura en diciembre, nadie ponía muchas fichas por el junior, pero ya hay una encuesta -apenas una- que lo pone en un empate en segunda vuelta con Lula. El Planalto hace rato que viene barajando escenarios alternativos, y uno es cambiar de candidato a vicepresidente, descartando al socialista Geraldo Alckmin. Esto no cayó nada bien entre los principales aliados del PT, que también se quejan de la falta de apoyo a sus candidatos en Pernambuco, donde buscan la gobernación. El intendente de Recife y presidente del PSB, Joao Campos, se quejó públicamente de que los aliados hacen sus actos por su lado y no ponen el hombro en los de ellos. El culpable sería el armador en jefe, el Jefe de la Casa Civil de la Presidencia Rui Costa.

Según Campos, Costa quiere que Lula sea neutral en el estado para no pelearse con otro aliado menor, el PSD, que busca la reelección pernambucana. Hay situaciones similares en Pará y Bahía, con los socialistas tentando desbancar aliados menores, y en San Pablo, donde ya parece oficial que el ministro de Economía Fernando Haddad irá al muere para arrastrar votos, aunque el PSB cree que tiene chance con su candidato Marcio Franca.

Mientras tanto, el Bolsonaro chico tiene sus cuitas, una muy fuerte el alto grado de indefinición en cosas como políticas a futuro. Flavio parece creer que su apellido lo lleva adelante por la simple razón de ser antilulista. No es que no tenga razón, como mostró el éxito de haber contratado a militantes para que abucheen a la escola Académicos de Tijuca por su homenaje al presidente. Todavía lucran con los memes y videítos que difundieron.

Pero en política hay que hacer promesas, y a Flavio le cuesta encontrar palabras. Esta semana hizo un intento con algunas ideas que fueron de la vaguedad a la amenaza. La primera es, por supuesto, “ordenar el gasto”, anuncio seguro de ajuste, privatizar y, cuándo no, revisar las leyes del trabajo a la Milei. No sorprendió que prometiera un cambio “drástico” de la política internacional para alinearla con Donald Trump, pero sí que propusiera eliminar la reelección del sistema político nacional. La amenaza fue revisar todo el sistema de salud nacional, que recién se está recuperando del desastre que hizo su papá Jair. La salud en Brasil es tan elitista como todo lo demás: de altísimo nivel para el que paga, pésima para el que no puede. Y para la derecha, gastar en salud pública es tirar la plata en pobres.

El plan lo está orquestando el senador Rogerio Marinho -sosías pero no pariente del periodista- junto a un riñón del ministerio de Economía de Jair, con las líneas de siempre: achicar el Estado es agrandar la Nación. Pero con una carta válida, que el déficit fiscal realmente creció y que la prometida reforma tributaria quedó en la nada. 

Para mayor dolor de cabeza de Flavio, la ex primera dama Michelle anda haciendo de vocero de su encarcelado marido -que sigue en la Papudinha, la base policial, sin prisión domiciliaria- y anunciando senadores que Jair aprueba. Ya parece un juego, con diputados liberales que anuncian bloques propios, hasta unipersonales, para poder influir más en la confección de listas…

Los petistas ven estas grietas y hacen sus cálculos. Una gran meta es recuperar Río de Janeiro, un estado donde ganaban hasta que apareció Bolsonaro. Lula ganó en 2002 y 2006, Dilma Rousseff en 2010 y 2014, pero Bolsonaro ganó en 2018 y 2022, con ventajas importantes. El realismo de los contadores de porotos aspira a perder por menos de los trece puntos con que el mismo Lula perdió en el estado hace cuatro años. Todo deterioro derechista es bienvenido.

Hidrovías

El tema de la ecología suele ser incontrolable para la política, sobre todo cuando tiene agentes propios fuera del sistema. Es muy el caso de Brasil, donde viven y mantienen sus culturas y prioridades incontables comunidades indígenas. En estos días, las primeras naciones dieron una muestra de poder parándole la chata al gobierno federal y a la multinacional Cargill.

La cosa comenzó en septiembre del año pasado, cuando el gobierno nacional decretó que miles y miles de kilómetros cuadrados de las cuencas de los ríos Tapajós, Madeira y Tocantins quedaran incluidos en el Plan Nacional de Desestatización. La idea era privatizar la navegabilidad de esos ríos del Arco Norte de la Amazonia, por los que sale el cuarenta por ciento de las exportaciones de granos del Brasil.

Pero diez naciones indígenas pusieron el grito en el cielo y acusaron al gobierno de “vender nuestros ríos”. Son las mismas que andan trabando la explotación petrolera en la región y denuncian que dragar es revolver las toneladas de mercurio que los buscadores de oro tiraron impunemente en los ríos.

Hasta ahí, un debate político, pero el 22 de enero los indígenas bloquearon la entrada de camiones a la terminal de la Cargill en el puerto de Santarem. La firma opera en setenta países, es una de las mayores del rubro y sólo el año pasado exportó seis millones de toneladas de grano por ese puerto. El trece de febrero, la justicia les ordenó levantar el bloqueo, pero los manifestantes no le dieron ni la hora a los jueces. De hecho, en la madrugada del 21 de ese mismo mes entraron de prepo en la terminal y la ocuparon. Unos cuarenta empleados pasaron horas trancados en sus oficinas, con miedo de salir.

¿Qué pedían los indígenas? La abolición del decreto, cosa que ocurrió a fin de mes. ¿Todos en paz? Ni ahí: la Cargill había prometido una inversión de 250 millones de dólares en el estado de Pará para recuperar tierras degradadas plantando cacao. Los gringos se vengaron anunciando que el proyecto se va a mudar a Ecuador. Brasilia tuvo que guardar silencio, porque la multinacional es una gran cliente e invirtió ocho mil millones de dólares en Brasil en cinco años.

El Master

El caso de corrupción del Banco Master acaba de tomar un giro inesperado. El banco de Daniel Vorcaro había sido una de esas cañitas voladoras del mundo financiero, de los que van de la nada al podio, en buena parte porque -se sabe ahora- se dedicaba a lavar dineros sospechados y a ofrecer buenos retornos a políticos de derecha que depositaban presupuestos enteros. Hasta ahora, era uno de esos casos financieros que toma años desentrañar y sólo salen a la luz porque, cañita voladora al fin, el banco quebró. Pero este martes todo cambió.

El banquero Vorcaro está ahora preso, como su primo y brazo derecho Fabiano Zettel, un urso totalmente tatuado que resultó ser el comandante en jefe de una organización de espionaje y aprietes al servicio del Master. El ministro de la Corte Suprema André Mendonca ordenó la prisión en régimen cerrado -efectiva y dura- de los dos cuando el análisis de sus comunicaciones demostró que estaban planeando el asesinato de un periodista del diario O Globo.

La víctima planificada es Lauro Jardim, que se dedicó desde el primer día al caso Master y al que Vorcaro consideraba un enemigo personal. Hay indicios de que no era el único y que Zettel se dedicaba a hacerle a rivales y a personas molestas esas propuestas que no se pueden rechazar, de las que le gustaban a Don Corleone.

Modas

La nueva moda entre los ricos y famosos de San Pablo y Río es el Uber Blindado. Literalmente: el servicio incluye ahora autos blindados, a una tarifa cuatro veces superior. En Brasil ya hay casi 43.000 autos con armadura, un crecimiento del 24 por ciento en apenas un año. El servicio es por app y sólo en Río ya abarca a 184 autos que te protegen “de balas perdidas, intentos de robo rompiendo las ventanillas y asaltos”, según la folletería. Y esos son los livianitos, con blindaje A3, que también hay A2 y A1, que tienen que ser reservados con tiempo.

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