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Feierstein y la violencia libertaria: “Destruir la institucionalidad habilita la resolución violenta de los conflictos”

La violencia discursiva ejercida por Javier Milei, que mostró un punto máximo en el discurso en el Congreso de la Nación en ocasión de inaugurar las sesiones ordinarias, “es intencional”. Al decir del sociólogo Daniel Feierstein, busca “la caída de muchas de las lógicas de funcionamiento institucional” y promueve “el aumento de sus formas para legitimar la represión”.

–¿Qué consecuencias pueden ocurrir a partir del escenario creado en el Congreso en el que el Presidente se dedicó a insultar y denostar a toda la oposición?

–Feierstein: La agresión, porque ni siquiera hubo una discusión política real en la que alguien no compartió una idea. Hay una cosa de mucha deshumanización y violencia en esos ataques y no hay que naturalizarlos. Toda esto de los kukas o cucas, o ratas -pero más que nada la cucaracha- es como el hecho más desagradable porque se juega esto de que podés matarlos sin sentir absolutamente nada. El supuesto riesgo cuca es una construcción que busca naturalizar eso como si fuera parte del orden político y de la confrontación regular, cosa que -claramente- no lo es.

–¿Qué oculta esa forma de discurso violento? ¿La creación de un nuevo enemigo político al que hay que destruir (como ya lo dijo en varias ocasiones), sembrar temor como una forma de control social o es un disfraz para encubrir el agotamiento de su plan macroeconómico?

–Feierstein: No tiene necesariamente que ser uno u otro. Me parece que juega en los tres planos a la vez, con distintas características y énfasis. Busca alterar el funcionamiento institucional. En el discurso, Milei no incluye solamente al peronismo, también a la izquierda. En otro momento le tocó a Facundo Manes, a otros sectores radicales o a la memoria de Alfonsín. Buscan sacar la capacidad de argumentación del conflicto político para llevarlo a una lógica de la deshumanización y estigmatización del otro. Y bajo esas condiciones no hay diálogo posible porque hay alguien al que se debe barrer del mapa político. Esa es la diferencia entre el adversario y el enemigo, al que hay que ‘doxearlo’ (N. de la R: la acción de investigar y difundir públicamente datos personales de alguien sin su consentimiento, con la intención de intimidar, acosar o perjudicar) y actuar para irradiar temor o impedir la articulación de la oposición. Respecto al fracaso de la política macroeconómica, creo que lo que está ocurriendo es lo que se buscaba: una transferencia muy rápida y significativa de la renta, particularmente de los sectores medios y medios bajos a los más concentrados. Es un circo que busca desviar el análisis de las consecuencias del fracaso del plan en los sectores que lo sufren.

–¿Puede detectar rasgos semejantes a los utilizados por el aparato de propaganda nazi en la estrategia de Milei al utilizar la violencia del discurso político para construir un enemigo?

–Feierstein: Me parece más potente pensar en la categoría de fascismo que unifica una serie de procesos como el franquismo español, o experiencias como la búlgara o la rumana. Todos tienen en común la movilización de emociones primarias negativas como el odio, el resentimiento, la envidia y el intento de construir un enemigo político. También está el concepto de la antipolítica, que es la lógica que se construye como casta, más allá de que tenga un núcleo de verdad. Y todo esto engarza con la experiencia fascista. Desde el espacio público trabajan la estigmatización de los opositores, a quienes les niegan el carácter de adversario y la legitimidad de su palabra. Y ante la falta de ese diálogo, buscan el uso de la agresión y la violencia porque no están discutiendo ideas.

–¿Qué tipo de acciones violentas en la vida diaria cree que la gente podría ejercer con esta habilitación de la violencia que Milei propone desde su modelo?

–Feierstein:Irradia muchísimo porque la autoridad presidencial, al igual que la de los medios, expresa una forma de hablar y de pensar. La palabra presidencial es como la autorización -o la falta de ella- sobre una cantidad de acciones en el plano político y social. También puede verse reflejado en el modo de gestionar cualquier conflicto, que puede ser político, pero también de tránsito o en los boliches. Irradiar esta forma de dirimir conflictos impide la búsqueda de su resolución y plantea el pasaje a una forma de resolución violenta.

–Ante la hipótesis de que se responda, desde la oposición o desde la gente, con el mismo grado de violencia que ejerce Milei, ¿a qué nos llevaría? ¿Qué tipo de sociedad estaríamos construyendo?

–Feierstein: No hay gobernabilidad posible con alguien que ignora el funcionamiento institucional o que no lo respeta. En lo que hace al funcionamiento institucional, el camino es otro porque existe para impedir una escalada. Y cuando dejó de existir, ese puede ser el origen de la irradiación de la violencia en el seno de la sociedad. Yo creo que nos están empujando hacia ese lugar, y por eso es tan importante la respuesta institucional porque cuando se destruye la institucionalidad se habilita la resolución violenta de los conflictos. El poder institucional tiene una responsabilidad doble porque es quien puede hacer cumplir la ley, pero además, si esa ley no existe o no la reconoce, eso puede generar un aumento de la violencia.

–Qué es lo que está pasando, de alguna manera.

–Feierstein:Exactamente, y además con una decisión del Gobierno de profundizar esa violencia. Cuando ese conflicto llega a la calle, te enfrenta con la represión, como todos los miércoles con los jubilados autoconvocados o con el personal de cualquiera de las fábricas que cierran.Por otro lado, si hay institucionalidad, existen otros modos de resolver los problemas porque se espera la resolución de alguna autoridad. Me parece que, acá, se está afectando este funcionamiento.

–¿Usted cree que el Gobierno es consciente de esta construcción de violencia social que está favoreciendo?

–Feierstein: No solo es consciente, sino que es intencional. Creo que el objetivo es llevar todo a una situación de mucha violencia que permita la caída de muchas de las lógicas de funcionamiento institucional. Y ojo que no es propio de Argentina, porque es bastante parecido a lo que estamos viendo en el gobierno de Trump, por ejemplo, con los migrantes. Más bien parece un fenómeno generalizado que instiga el aumento de la violencia como modo de legitimar la represión.

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