Hay cerca de 7 millones de musulmanes en Estados Unidos y muchos más en Europa. Por supuesto que la mayor parte jamás cometería atentado alguno. Pero solo se necesita un puñado de fanáticos para llevar la guerra a casa.
Condujo su Cadilac Escalade hasta la puerta de un bar frecuentado por universitarios en Austin, Texas y ahí comenzó a disparar a diestra, pero sobre todo a siniestra, contra los parroquianos. Tres de ellos murieron y 13 más se recuperan de sus heridas.
Ndiaga Diagne tenía 56 años cuando fue victimado por la policía después de que disparara sobre la gente. Llevaba una camiseta que decía “Propiedad de Alá” por encima de una bandera de la República Islámica de Irán.
No estaba en el radar de las autoridades norteamericanas como posible terrorista y sólo tenía antecedentes de haber sido detenido por vender ropa en las veredas de las calles de Nueva York, algo que hacen centenares de personas, sobre todo inmigrantes, incluso en Buenos Aires.
Pero Diagne era ciudadano norteamericano. Había llegado hace 25 años, se había casado con una estadounidense y adquirido la nacionalidad el 2013.
La investigación gira entre dos hipótesis: si el asesino actuó solitariamente o si pertenecía a una célula dormida.
Pero claro, es una advertencia. Hay cerca de 7 millones de musulmanes en Estados Unidos y muchos más en Europa. Por supuesto que la mayor parte jamás cometería atentado alguno. Pero solo se necesita un puñado de fanáticos para llevar la guerra a casa.
Ahora bien, después de los judíos los musulmanes son la minoría con mayor formación académica.
La última cruzada
Con el pretexto de que los peregrinos tenían problemas de acceso a Jerusalén, el Papa Urbano II convocó a la guerra santa que luego se convertiría en la Primera Cruzada.
Fue la única que lograría tomar la ciudad sagrada, capital de Tierra Santa. Le sucedieron otras ocho expediciones con resultados disímiles. Más allá de lo religioso se trataba de disputar la hegemonía sobre el Mediterráneo y evitar la expansión árabe que ya se encontraba, por ejemplo, en gran parte de la península Ibérica.
Las cruzadas permitieron un intercambio cultural, científico y artístico nunca visto.
En el nombre de Dios
Durante doscientos años, cristianos y musulmanes se dieron con todo. Se calcula que murió en la contienda hasta uno de cada diez habitantes de Europa, aunque hay historiadores que hablan de una cifra menor.
Pero cualesquiera que sean los números lo cierto es que para la época la matanza fue terrible. Peor aún cuando en la primera, cruzada los cristianos masacraron a 40 mil musulmanes civiles y a 10 mil judíos que nada tenían que ver en la contienda. Sólo vivían allí.
Y todo en el nombre de Dios.
Hoy, claro está, tenemos en Occidente una sociedad más laica, pero no ocurre lo mismo en Medio Oriente, donde rige un concepto más estricto sobre las creencias religiosas.
Alå el misericordioso
Comprueba lo anterior el hecho de que todo discurso de un funcionario iraní debe comenzar el mensaje con “en el nombre de Alá” y luego ser cargado de adjetivos: “el grande”, “el todopoderoso”, “el misericordioso”.
Complementemos con que el hombre que gobierna no es un político sino el Ayatola, el llamado a interpretar las escrituras, el religioso.
Y el recientemente asesinado Alí Jamenei era el gran Ayatola que comandaba los destinos de la República Islámica.
A lo que se suma el hecho de que fuera asesinado en pleno festejo del Ramadán, la celebración musulmana más importante, equivalente a la cuaresma cristiana.
Matar al líder en días sagrados, volar una escuela llena de niñas, y un largo etcétera, muestran motivos suficientes para entender por qué los iraníes hicieron caso omiso al pedido de Donald Trump en el sentido de levantarse contra el régimen. También explica por qué las autoridades iraníes no aceptaron un alto al fuego. Peor aún cuando objetivamente Irán no está perdiendo la guerra.
El tiempo, el implacable
Los iraníes tienen el tiempo a su favor. Mientras más dure la contienda, más acorralado estará Trump que necesita vencer rápidamente.
Pero no parece ser el caso. La opinión pública norteamericana está en contra de la guerra y en Israel se escuchan cada vez más voces de protesta.
Trump prometió que no habría más guerras. No cumplió. Y el norteamericano sabe que los votantes castigan.
Mientras tanto, en las arenas del desierto, los fantasmas de Ricardo Corazón de León y de Saladino deben estar contemplando que finalmente la historia tiende a repetirse. Ycasi siempre como tragedia.