Caputo dice que la Argentina está protegida. Wells Fargo dice que es vulnerable ante el conflicto en Irán. La caída industrial fue la segunda del mundo en dos años, sólo después de Hungría, y la situación financiera es débil. Una variable es cuánto durará la guerra y cuánto afecta a China. El escenario de Jeffrey Sachs.
Menos mal que en la Argentina está Luis Caputo para darnos tranquilidad. En un coloquio con grandes empresarios en Mendoza dijo ante el conflicto mundial que, por suerte, los números económicos macro logrados en el país son un gran escudo. Agregó el superministro que, además, el Gobierno había elegido el lado correcto. Es decir, el alineamiento estratégico con los Estados Unidos e Israel.
En el segundo punto, el geopolítico, Caputo y Su Excelencia Javier Milei hasta dejaron a su izquierda a Giorgia Meloni. La jefa del gobierno italiano declaró que los bombardeos a Irán no son su guerra. Se abstuvo de lanzar una consigna como su colega español Pedro Sánchez: “Para resumirlo en cuatro palabras, no a la guerra”. Pero en el fondo las dos posiciones son similares, aunque Meloni sea una política de ultraderecha y Sánchez un socialdemócrata no alineado con el felipegonzalismo liberal.
El Síndrome de Rappallini
Como suele pasar con el ministro, comentaría un juez que Caputo no dio razón de sus dichos. Y encima fue aplaudido, porque una buena parte de los grandes empresarios todavía está consumida por el Síndrome de Estocolmo, que en la Argentina se conoce como el Síndrome de Rappallini. Es la actitud de la persona secuestrada cuando “comprende” los motivos de sus secuestradores. El fenómeno no tiene por qué durar para siempre, y así lo demuestra el surgimiento de voces industriales, a veces de manera individual y otras de modo institucional, que en todas las provincias están comenzando a relatar un nivel de destrucción productiva digno de hace 50 años. El aniversario se cumplirá en abril, a medio siglo de cuando José Alfredo Martínez de Hoz tomó la conducción de la economía en dictadura.
Pero por el momento la justificación ideológica de la destrucción y cierta esperanza mística son tendencia incluso en una parte de los empresarios pymes. Cuando los nazis bombardeaban Londres, los transeúntes que no llegaba a refugiarse tenían un pensamiento: “A mí no me va a tocar”. En el caso argentino, a la pulsión de supervivencia se le suma, todavía, la justificación sacrificial de las bombas que caen sobre la industria, el comercio y los servicios: “Nos lo debemos merecer”.
El mito del GNL
En medio de un conflicto mundial cuyo final exacto, en tiempo y consecuencias, ningún analista del planeta alcanza a vislumbrar con precisión, menudean las afirmaciones sin fundamento.
Dice una: “Como los iraníes están destruyendo instalaciones de Gas Natural Licuado, y el precio del gas en Europa subió un 60 por ciento en una semana, la Argentina ganará divisas exportando GNL”.
Título de Clarín de una nota de Santiago Spaltro publicada el 4 de marzo: “Argentina firmó su primer contrato para exportar gas a Europa, en medio de la guerra con Irán”. El artículo informa que Southern Energy, instalada en Vaca Muerta, venderá GNL a la empresa alemana SEFE durante ocho años. Serán dos toneladas anuales e ingresarán divisas por unos siete mil millones de dólares.
El detalle: todo comenzará a fines de 2027.
Otro detalle más, que de paso ilumina la noticia del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Venezuela y los Estados Unidos. A principios de este año, Venezuela comenzó a exportar gas licuado de petróleo, que se compone de propano y butano, precisamente con destino al mercado estadounidense. Shell busca adelantar la extracción y la exportación de gas, que en parte será procesado en Trinidad y Tobago.
YPF no la vio
Hay otra crisis en danza, que es la de los fertilizantes. No es la primera vez que ocurre. El precio de ese producto esencial para un país con matriz agropecuaria se disparó ya hace cuatro años, cuando comenzó la guerra de Ucrania, uno de los principales productores de fertilizantes, al mismo tiempo que llegó a escasear. Y la Argentina, aunque ahora el Síndrome de Rappallini impida recordarlo con nitidez, estuvo entre las víctimas, no entre los ganadores.
El especialista en relaciones internacionales Gabriel Merino recordó en X que “el año pasado YPF se desprendió de Profertil, empresa productora de fertilizantes”, y que la Argentina “importa el 60 por ciento de los fertilizantes que se necesitan para el agro”. Escribió Merino que en lugar de poner el ojo en la exportación de energía, porque los fertilizantes se producen a partir del gas, producto que el país tiene en abundancia, producir fertilizantes podría haber sido un camino interesante de desarrollo y aun de generación de divisas.
El daño logístico
Están por cumplirse este 19 de marzo seis años del primer cierre total argentino por la pandemia de Covid-19. Uno de los grandes problemas del mundo fue el desorden logístico por las trabas o la parálisis del transporte aéreo y marítimo. Bien: a otra escala, por el momento menos generalizada que aquella, es lo que está ocurriendo ahora en uno de los nudos logísticos del mundo, en relación nada menos que con el tránsito de los megapetroleros. En la lógica de Caputo, los argentinos deberían alegrarse porque desde Carlos Saúl Menem el país fue destruyendo su marina mercante, o sea que las navieras domésticas no corren peligro porque ya no existen. Pero así sea de bandera paraguaya o panameña, buques hay. Basta con mirar el Paraná. Y algo más: en condiciones de crisis mundial la energía deja de ser simplemente commodity y pasa a ser un factor de riesgo inflacionario. Inclusive sobre el precio de los alimentos. No es buena noticia para un país donde la autoproclamada doma presidencial no llegó a los precios sino a los tuits. Ya antes del comienzo de los bombardeos sobre Irán y de la retaliación iraní hacia instalaciones de los Estados del Golfo, ninguna previsión inflacionaria para 2026 bajaba del 26 por ciento.
El factor China
En esta edición de Y ahora qué varios análisis profundizan el análisis sobre el conflicto del momento y sobre los escenarios posibles.
¿Estados Unidos funciona en verdad como una herramienta del Israel de Benjamín Netanyahu, viceversa o están en igualdad de capacidad decisoria? Está claro que comparten un objetivo: disminuir lo más posible, y en el menor tiempo posible, la capacidad militar de Irán. En especial la misilística y la relacionada con los drones baratos, utilizados en esta guerra de manera kamikaze. ¿Comparten también, al mismo nivel, el objetivo de disminuir el ritmo de crecimiento de la economía china? La República Popular China fue dura en la condena pero, fiel a sus objetivos de largo plazo, que son el fortalecimiento militar, financiero y tecnológico, no entró en la guerra para evitar un desvío respecto de ese rumbo.
Abundan, entretanto, las especulaciones y los análisis de las existencias petroleras de China, un país que obtiene, u obtenía, el 65 del petróleo que importa, o importaba, de la suma de Irán, Arabia Saudita y los Estados menores del Golfo. Hoy, la zona más inestable del mundo.
Jack Prandelli, un experto en el mercado de materias primas muy leído en X por los grandes operadores, se preguntó si China tenía información previa de que podría cerrarse el estrecho de Ormuz. Escribió: “Durante todo 2025, China compró la cifra récord de 557 millones de toneladas de petróleo. Construyó instalaciones gigantescas para almacenar el crudo. Luego, el 28 de febrero, comenzaron los bombardeos. Y Ormuz efectivamente se cerró”.
¿Semanas o meses?
Prandelli tomó las declaraciones de Donald Trump del 6 de marzo según las cuales “no habrá negociaciones con Irán excepto bajo una rendición incondicional”. Y añadió que su objetivo es el cambio de régimen, el reemplazo de su dirigencia y la reconstrucción del país sobre bases distintas a las que rigen desde la revolución islámica de 1979. Si eso llega a ser cierto, razona Prandelli, “no estamos hablando de dos semanas sino de meses”. Lo cual explica por qué el precio del petróleo marcha hacia el barril de100 dólares. Subió un 30 por ciento en el último mes y ya superó los 87 dólares. Informó el especialista que, mientras China acumuló reservas, a Vietnam le queda petróleo para 15 días y Europa se está consumiendo el GNL que compró. Para colmo, las rutas alternativas a Ormuz, como Suez y Bab-al-Mandab tienen el 40 por ciento de la capacidad de Ormuz.
Industria destruida, finanzas débiles
En este contexto y con un gobierno libertario sin vocación de autonomía sino de sumisión, el cuadro argentino luce sumamente vulnerable.
Según la ONUDI, la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial, la caída de la industria argentina durante los dos primeros años de Su Excelencia sólo fue superada por un amigo suyo, el húngaro Viktor Orbán. “Varias economías industriales avanzadas registraron contracciones, como en Alemania, Canadá, Italia y Países Bajos, entre otros, pero la industria argentina retrocedió más que cualquier economía avanzada”, resumió la consultora Audemus con datos de 80 países relevados por la Onudi.
Todavía no se conoce la desmentida de la oficina presidencial de la verdad.
Wells Fargo, que ya no se ocupa de enviar dinero en diligencias sino que es uno de los mayores bancos del mundo, publicó un informe difundido por la agencia Bloomberg según el cual los países más vulnerables por la crisis eurasiática son la Argentina y Turquía. La duda del banco, que es la de todos, reside en la duración del conflicto. En ningún caso la Argentina es invulnerable. Pero, a diferencia de naciones como India y China, que redujeron la exposición a eventuales episodios de corte del financiamiento externo, la Argentina depende más de ese financiamiento, tiene un perfil de deuda externa frágil y no cuenta con reservas contundentes. Wells Fargo coincide con otros análisis en cuanto a una posible suba del precio del barril. Habría depreciación cambiaria y mayor inflación.
El futuro según Sachs
El académico norteamericano Jeffrey Sachs analizó así los motivos y el alcance de la ofensiva actual. Textualmente:
*”El plan es una hegemonía militar israelí en la región, respaldada por Estados Unidos. El objetivo básico es el dominio israelí a través de su armamento nuclear y el apoyo estadounidense, la supresión del mundo árabe y, en la práctica, la expulsión de Rusia y China de la región. Así que esto es un movimiento geopolítico”.
*”Esto es, por supuesto, un intento de derrocar a Irán, pero forma parte de un impulso por la hegemonía global. No hay duda de ello. Esto forma parte de una guerra mundial que Estados Unidos está librando. La guerra estuvo en Venezuela. La guerra va a llegar a Cuba o ya está en Cuba. El presidente dijo que Estados Unidos haría una toma amistosa de Cuba. La guerra está en Oriente Medio”.
*”Europa ya es una región vasalla de Estados Unidos. Así que Estados Unidos está intentando mantener un mundo multipolar, mantener su hegemonía global. Por supuesto, cuando se actúa con una violencia, una imprudencia, unas mentiras y una ilusión tan extraordinarias, los resultados podrían ser completamente catastróficos”.
Evidentemente, Sachs no escuchó a Caputo.