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Julián Zícari: “No hay un ‘Nunca Más’ de políticas neoliberales”

La fuerte condena al Terrorismo de Estado de la dictadura no tuvo correlato en un “Nunca más económico”, sostiene el cientista social Julián Zícarí, quien plantea que Javier Milei es continuador de “una matriz de desindustrialización, caída del salario, especulación financiera, endeudamiento y subordinación frente a las potencias”, instalada por aquel régimen. 

Zícari, autor de “Martínez de Hoz. Jefe civil de la dictadura” (publicado por Peña Lillo-Ediciones Continente) es doctor en Ciencias Sociales e historiador económico, en cuyo llamativo currículum figura -también- ser licenciado en Economía, Psicología, Historia y Filosofía, asegura que a los “cabecillas del Golpe” los obsesionaba “desperonizar la sociedad” y “debilitar a los sindicatos”

–¿Cómo decidieron las Fuerzas Armadas golpistas de 1976 darle el poder económico a Martínez de Hoz y convertirlo en su jefe político? ¿No había un ente clave de las patronales conspiradoras, la Asamblea Permanente de Entidades Gremiales Empresarias (APEGE), que cobijaba a otros no menos influyentes cuadros económicos?

–Zícari: En la construcción del Golpe de Estado, uno de los actores centrales, poco conocido, es lo que se llamaba el Grupo Perriaux, por el abogado ultraliberal Jaime Perriaux, ex ministro de Justicia de las dictaduras de Roberto Levingston y Alejandro Lanusse. Y Martínez de Hoz era parte de ese grupo. También era el presidente del Consejo Empresario Argentino y uno de los líderes de la APEGE, tal como mencionás. Fueron los conspiradores. También Ricardo Zinn, ideólogo del ‘Rodrigazo’ en el Gobierno de Isabel Perón. Martínez de Hoz se va a sumar de manera bastante tardía. Le van a hacer una entrevista el 12 de marzo cuando vuelve de un viaje que había estado unos 40 días en África, en Kenia, haciendo un safari.

–¿Quiere decir que ‘el Joe’ integraba una lista de candidatos probables?

–Zícari: La dictadura ya había entrevistado a varias personas como posibles ministros de Economía. El planteo que más les gustó fue el de Martínez de Hoz, y por eso la Junta Militar lo termina designando. De hecho, inicialmente, él no quería aceptar el puesto. Pero como ya no había tiempo dijeron: ‘Mirá si no aceptas vos lo va a tener que aceptar y llevar a cabo un militar de Fabricaciones Militares’.

–¿Cuál era el problema con el candidato de las fábricas militares?

–Zícari: Era un tipo nacionalista, desarrollista, Diego Urricariet. Entonces dijo: ‘No, mejor lo hago yo’. Los militares primero habían pensado en un presidente del Banco Central y luego en un titular del Banco Francés, pero les dijeron que no. Y ahí es donde va a venir también la idea de Adolfo Diz en el Banco Central. De todo el equipo económico era el único que había estudiado en la Universidad de Chicago.

–El auténtico Chicago Boy.

–Zícari: De hecho, Diz va a ser el que va a aportar las principales ideas del programa económico de Martínez de Hoz. Desde ahí, la dictadura va a instaurar una matriz de ideas con la hegemonía de capital financiero. Una matriz que se va a repetir después con el mismo esquema. Emplearon violencia represiva y violencia de mercado.

–¿No se ve a todas luces hoy un regreso rotundo del ‘martinezdehozismo’ con las políticas de Milei-Caputo?

–Zícari: Aquel esquema se va a repetir con Carlos Menem, Fernando de la Rúa, Mauricio Macri y, por supuesto, con Milei. Aplicar un programa de apertura económica, desindustrialización, descentralización, desprotección del mercado interno, caída del salario, aliento a la especulación financiera, endeudamiento, subordinación frente a las potencias. Es la misma matriz económica, el mismo programa que usan todos estos gobiernos.

–Una encuesta CELS-UBA marcó que siete de cada 10 personas rechazan la dictadura. ¿No es un dato fuerte que no se pronuncien igual ante el neoliberalismo?

–Zícari: Sí, efectivamente. Pensemos que el objetivo central de la dictadura, como lo ponen en el nombre con el que se bautizaron a sí mismos, es llevar adelante un Proceso de Reorganización Nacional. Tenían como meta reorganizar las relaciones políticas y de poder. “Hemos hecho un cambio profundo de la estructura de la economía” y “pensado para durar”, dijo el ministro en uno de sus discursos.

–¿Cómo idearon esa transformación en las estructuras tradicionales del país?

–Zícari: Lo que trato de explicar en el libro es que para reorganizar la Nación utilizaron centralmente dos estrategias: una que tiene que ver con la parte represiva. Lo hicieron con el Terrorismo de Estado, los campos clandestinos de detención, los desaparecidos y toda la represión ilegal. Por otro lado, estuvo la estrategia de reforma económica. La transformación y el quiebre de la matriz productiva que funcionaba hasta ese momento. El abandono de lo que era el proceso industrialista hasta ese momento. Esto es lo que va a llevar adelante Martínez de Hoz.

–¿Una política en favor del gran capital qué no tiene una condena equivalente de parte de la población?

–Zícari: Tal cual, hubo una condena fuerte a la cuestión represiva, a la cuestión de los Derechos Humanos, pero el ‘nunca más’ económico no existió. Porque, de hecho, el grueso de los gobiernos va a continuar la línea. Muchos de los cambios que aplicó Martínez de Hoz serán irreversibles. El cambio estructural del modelo económico argentino quedó hegemonizado por las finanzas, el endeudamiento externo, la fuga de capitales, el patrón bimonetario, los ataques especulativos, la importancia del riesgo país por sobre los indicadores industriales o laborales o salariales. Eso es parte central del quiebre y de los objetivos que trazaba la dictadura. Y han conseguido establecer como objetivo central que la sociedad dejara de lado un modelo de inclusión industrialista y de protección del mercado interno por otro más de tinte liberal.

–¿Un modelo de capitalismo sin piedad que ahora se puede instrumentar con el apoyo de las urnas?

–Zícari: Para aplicar los modelos liberales tenían que aplicar dictaduras. El tema es que hoy los votan, y ese es un quiebre y un triunfo muy claro de la dictadura.

–¿Cómo jugaron en aquel tiempo las internas militares? Un general de la represión ilegal, Guillermo Suárez Mason, llegó a decir que nunca serían vendidos ni YPF ni el petróleo.

–Zícari: Sí, efectivamente, la Junta Militar estaba conformada por las tres fuerzas pero al interior de ellas había distintas miradas sobre qué hacer. Especialmente dentro del Ejército que era la fuerza más grande y dominante. Si bien inicialmente se pone como objetivo un cambio estructural y radical para una economía de mercado, el problema es que no todos los militares estaban tan de acuerdo con eso. O con qué significaba eso. Por ahí acordar cierta apertura o terminar con ciertos subsidios. Pero no destruir el modelo Industrial. Por ejemplo, el general Díaz Bessone, a quien van a designar ministro de Planeamiento, y que intenta recuperar el sendero industrialista y planificador. También están todos los militares agrupados en Fabricaciones Militares, cuyo director era el general Urricarriet. Era un ingeniero militar de tinte fuertemente estatista, desarrollista industrialista, muy opuesto al programa de Martínez de Hoz.

–¿Martínez de Hoz pudo completar su obra?

–Zícari: Varios de los sectores duros y Martínez de Hoz hubiesen querido hacer muchas más cosas. No los dejaron. No les dejaron privatizar varias empresas grandes. Les dejaron algunas muy chiquitas. Pero lo que era el corazón del Estado empresario, como YPF, Aerolíneas Argentinas, Entel, Gas del Estado, Ferrocarriles Argentinos, etc. no pudieron privatizarlas. Sobre todo por la posición de los sectores nacionalistas del Ejército y un poco de la Fuerza Aérea. Entonces lo que hacen ahí es lo que se llamaba la estrategia de las privatizaciones periféricas.

–¿Qué significaba vender empresas estatales periféricas?

–Zícari: Que la fachada quedaba bajo control estatal, pero varios sectores de las empresas o tercerizaciones, van a quedar en manos de empresas privadas. A Martínez de Hoz le habían prohibido otras cosas. Por ejemplo, le habían prohibido que haya desocupación o aplicar políticas de shock. A su vez, tenía muchas internas con otros ministerios. No pudo avanzar en todas las reformas. Quiso privatizar el sistema de jubilaciones y pensiones y, paradójicamente, los militares lo obligaron a incorporar más personas al sistema previsional de reparto estatal. Hubo varios límites con los que se topó y que tienen que ver con las cajas de resonancia al interior de la interna militar.

–¿Cuál fue el rol de la Sociedad Rural, ante cuyo rodeo de Palermo tuvieron que hacer la venia el general Onganía, Menem y Macri, entre otros?

–Zícari: En relación con el sector rural hay algo paradójico. Cuando uno investiga una idea que se creó, por lo menos la inicial, es que las centrales agropecuarias apoyaron mucho el Golpe. Es verdad. Martínez de Hoz es el nieto del fundador de la Sociedad Rural Argentina (SRA), su padre fue presidente de la SRA y él fue parte. La Rural designa a varios de sus socios como parte del gabinete económico. Juan María Ocampo va a ser presidente del Banco Nación. El papá de Máxima Zorreguieta fue subsecretario y luego secretario de Agricultura y Ganadería. Inicialmente hay un apoyo del campo. Se evalúa mucho que hay un tipo de cambio alto, se sacan las retenciones y el campo está de fiesta.

–Pero ¿el romance con las patronales agrícolas se rompe?

–Zícari: Lo que pasa es que las políticas de Martínez de Hoz, lentamente, van a empezar a perjudicar mucho al sector agropecuario. Primero por la reforma financiera, cuando se encarecen mucho los créditos. Después, cuando cortan todos las políticas de subsidios. Luego, cuando utilizan como principal estrategia para controlar la inflación el tipo de cambio, que empieza a quedar más atrasado. Y sobre todo con la tablita financiera. Ahí pierden competitividad, a partir de 1980. Van a caer fuertísimo los precios internacionales, se van a terminar las ayudas y los créditos del Banco Nación más los subsidios.

–¿Justo en medio de un conflicto en el mundo con los precios agrícolas?

–Zícari: Hay una serie de problemas porque que las potencias centrales empiezan a adoptar políticas proteccionistas. No tienen dónde colocar la producción casi todos los grandes rubros. A la ganadería directamente le va mal, muy mal con Martínez de Hoz. Al sector agrícola le va mal. Al único que le va a ir bien es al sector de las oleaginosas. A la soja, pero era un sector muy chiquito en ese momento. Las grandes federaciones agropecuarias van a empezar a odiarlo a Martínez de Hoz, lo terminan detestando y van a tramar boicots para no pagar impuestos. Van a llamar a movilizaciones rurales y tractorazos. Cuando termina la gestión de Martínez de Hoz y asume como presidente Roberto Viola, en 1981, va a ser una revancha de todos los grandes sectores que odian a Martínez de Hoz y ponen al presidente de Confederaciones Rurales Argentinas, Jorge Aguado, como ministro de Agricultura y Ganadería.

–¿Cómo comparar la relación con Estados Unidos si en aquella época el presidente era el demócrata James Carter y ahora el republicano Donald Trump?

–Zícari: La relación es paradójica. Es verdad que primero el gobierno de Gerald Ford apoyó mucho, sobre todo mediante Henry Kissinger, el secretario de Estado. Pero eso duró ocho o nueve meses. En enero de 1977 asume Carter. Va a tener una política cada vez más dura con relación a la cuestión de Derechos Humanos, sobre todo con Argentina. Habrá una serie de boicots, sanciones y embargos cada vez más fuertes. Se deterioran las relaciones entre Estados Unidos y la Unión Soviética cuando la URSS hace la invasión a Afganistán. En diciembre de 1979 Estados Unidos decreta un boicot granario contra la URSS y el único país que no va a adherir es Argentina. De hecho, paradójicamente, la URSS se va a convertir en el principal socio político del país. En los foros internacionales la va a respaldar. Se convierte en el principal socio comercial del país y va a salvar de que el plan de Martínez de Hoz termine en una catástrofe total.

–Raro pragmatismo.

–Zícari: Todos los otros mercados internacionales se caían y la URSS los va a reemplazar. EE.UU. estaba muy enojado con Argentina porque quería ir a la guerra con Chile que, finalmente, se frena. También está el desarrollo del programa nuclear argentino y el misil Cóndor, es decir problemas cada vez más grandes con Argentina. La relación entre apoyo y fricción va a ser bastante sintomática. Cuando asume Ronald Reagan comienza a presionar mucho. Primero para la transición democrática y después cuando en la Guerra de Malvinas directamente apoyar a Inglaterra. Estaban en contra de lo que hacían los militares. Por lo tanto, es otra lógica de relación muy distinta a la actual. Muy distinta a la que se piensa tradicionalmente.

–¿La dictadura fue el gran punto de inflexión en la era de los Golpes de Estado iniciada en 1930 por el general Uriburu?

–Zícari: Si, sin duda. La dictadura fue un quiebre absoluto de la sociedad argentina. Ya sea por toda la gente que falta, por la destrucción del tejido social, del tejido productivo Industrial, de la matriz de funcionamiento social. El objetivo deliberado de los dictadores era precisamente refundar la Nación. Transformarla, quebrar todas las relaciones políticas, económicas y de poder, además del plan represivo. Era como decir que al transformar la matriz económica, vamos a transformar las relaciones sociales y, por ende, las relaciones políticas y de poder.

–¿Fue un objetivo eliminar o quitarle el máximo poder posible al peronismo y a los sindicatos?

–Zícari: El hecho más notorio es que apenas termina la dictadura, por primera vez en la historia el peronismo es derrotado en elecciones limpias abiertas y democráticas. Un objetivo central de la dictadura fue desperonizar la sociedad. Reducir fuertemente el peso de los sindicatos.

–¿Qué resultado exitoso tuvo la dictadura en ese objetivo?

–Zícari: Pensemos que a partir de ese momento ya no hay más gobernadores o intendentes de origen sindical. Hay muy pocos o nulos ministros de origen sindical o embajadores de origen sindical. Cada vez menos senadores o diputados de ese origen. Hasta ese momento, ellos consideraban que Argentina era una patria sindical, una República sindicalista, una patria gremial. Era un objetivo deliberado. Cuando uno escucha a los cabecillas del Golpe y su obsesión, los testimonios indican que el objetivo era reducir fuertemente a los sindicatos. Es lo que más les importaba por sobre todas las cosas. Y, efectivamente, lo lograron y cambiaron la sociedad.

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