¿Y ahora qué?

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La verdad como campo de batalla

La política de Trump va contra la esencia de lo que los padres fundadores de Estados Unidos plantearon. Por ejemplo, James Madison, el autor de la primera enmienda decía: «Un gobierno popular sin información popular o sin los medios para obtenerla no es más que un prólogo a una farsa o una tragedia, o quizás ambas”. Como Trump: una farsa y al mismo tiempo una tragedia.

Donald Trump ha declarado nueve veces que su país e Israel han vencido la guerra contra Irán. Con el lenguaje rimbombante que lo caracteriza ha señalado que Irán está rendido, sin armada, sin aviación, etc. pero la realidad muestra cada día que esto es completamente falso. Los persas siguen teniendo un temible arsenal de drones y misiles y castigan duramente no solo a las bases gringas sino también a los habitantes de las principales ciudades israelíes.

Tampoco es verdad que la guerra termine cuando Trump diga que ha terminado. Esas son balandronadas propias de un bar de viernes en la medianoche.

Sin embargo, coinciden las alucinaciones del jefe de Estado con la falta de información, pues en esta guerra como en las que vinieron después de Vietnam, la censura y la mentira se imponen ampliamente.

En la contienda que ganó Ho Chi Minh, la cosa era diferente: “Cuando grupos de viejos corresponsales de guerra se reúnen en un bar –como se sabe que hacen- derraman una lágrima nostálgica por Vietnam, esos días en los que eran héroes famosos e importantes. En Vietnam, el Ejército de EE.UU. los aceptó y proporcionó completa colaboración. Libres de censura, los periodistas iban a donde decidían, informaban de la verdad tal y como ellos la veían y, según el ejército, por eso EE.UU. perdió la guerra”, dice el veterano periodista Philip Knightley.

En resumen, la conclusión a la que llegaron las Fuerzas Armadas estadounidenses es que la verdad es enemiga de la victoria.

¿Por qué? Porque influye entre la opinión pública, la que finalmente es determinante para los políticos. Los uniformados norteamericanos dicen que ganaron todas las batallas importantes pero que en Estados Unidos cada vez había más protestas contra ellos.

De verdad, el suyo fue un Regreso sin gloria, como titula la película ganadora de tres oscares. Y la imagen de bolsas negras con cadáveres o ataúdes con la bandera norteamericana no ayuda.

¿Y entonces? Entonces hablar la verdad sobre el número de bajas y de pérdidas materiales debe darse (si es que se da) sólo después de la contienda.

Y eso exactamente está pasando con Israel y Estados Unidos.

Por supuesto, al otro lado, Irán también cultiva la propaganda y manda videos fabricados sobre daños infringidos a su enemigo.

Haciendo aguas

Sin embargo, aunque la información sea escasa, lo cierto es que la gente llega a sus propias conclusiones. Por supuesto, cada quien lleva agua a su molino y piensa lo que condice con sus ideas, pero basta tener cierto raciocinio para darte cuenta de qué podría ser verdad y qué no.

Por ejemplo el caso del portaviones Abraham Lincoln. Los persas dicen que lo dañaron gravemente con cuatro misiles, Trump dice que eso es totalmente falso. Perfecto. Entonces, ¿por qué el navío se alejó a mil kilómetros del estrecho de Ormuz? ¿No hubiera sido más fácil llevar a corresponsales de creíbles medios de comunicación y que comprueben con sus propios ojos si es verdad o no que nada había pasado?

Igualmente, ¿si Irán está totalmente derrotado por qué llamar a los aliados a que muevan sus armadas al estrecho de Ormuz y Trump se enoja tanto cuando estos le dicen que no?

Los peligrosos comunicadores

En torno a la cobertura de la actual guerra, el presidente norteamericano ha dicho que «los medios de las fake news odian informar sobre lo bien que el ejército de Estados Unidos está haciéndolo contra Irán». Con ello procura incentivar cierto sentimiento patriótico chovinista y apropiarse de la verdad.

Analicemos esto:

  • Al llamar a CNN o The New York Times «Fake News» no está refutando argumentos — está atacando su autoridad discursiva, su derecho a construir realidad, está acusando a medios de comunicación de gran credibilidad de mentir.
  • Al decir que los medios son «el enemigo del pueblo» está intentando instalar un nuevo régimen de verdad donde solo su voz — y la de sus aliados — tenga legitimidad para definir lo que ocurre y por tanto todo lo dicho por estos medios es antipatriótico, está contra Estados Unidos y sus pobladores. Es una nueva búsqueda de polarización.

Michel Foucault llamaría a esto una batalla por el discurso pues quien controla qué se puede decir y quién puede decirlo, controla la realidad social.

El filósofo francés fue contundente cuando anunció que existe un “régimen de la verdad” y que es el poder el que construye lo que consideramos verdad, normalidad y realidad.

Contra la esencia de Estados Unidos

La política de Trump va contra la esencia de lo que los padres fundadores de Estados Unidos plantearon. Por ejemplo, James Madison, el autor de la primera enmienda decía: «Un gobierno popular sin información popular o sin los medios para obtenerla no es más que un prólogo a una farsa o una tragedia, o quizás ambas”.

Como Trump: una farsa y al mismo tiempo una tragedia.

Para los firmantes de la Declaración de la independencia de EEUU la libertad prensa es la condición mínima para que la democracia funcionara.

El único periodista de los representantes de los 13 estados que dieron lugar al nacimiento de EEUU, era Benjamín Franklin para quien «La libertad de prensa es la mejor protección de la libertad del pueblo.»

Todos, encabezados por el redactor de la Proclama, Thomas Jefferson, defendieron el trabajo de la prensa y jamás hubieran señalado como “enemigos del pueblo” a quienes informaran lo que el poder quisiera ocultar.

Pero hoy rige la más severa censura. No sólo no se permite a los periodistas estar en la zona de combate sino que se les niega información fundamental. A estas alturas del partido es poco creíble que solo murieran 13 soldados norteamericanos y que Irán esté derrotado.

Una verdad incómoda

La renuncia de Joseph, Joe, Kent, exjefe de la unidad de contraterrorismo de EEUU., fue un misil directamente dirigido contra el centro del poder de Trump. Kent fue miembro de las tropas de élite conocidas como Rangers y luego funcionario de la CIA realizando varias acciones internacionales. Su esposa Shannon, también militar, murió en Siria por un atentado suicida.

En resumen, el exfuncionario estaba suficientemente informado así que son muy creíbles sus afirmaciones de que Irán nunca fue un peligro de envergadura para EEUU y que el país del norte entró en la contienda por presión de Israel.

Y esta es una muestra, entre muchas proporcionadas por los medios de comunicación a los que tanto teme Trump, de que es posible también construir verdades desde el otro lado del poder.

Al final quien tiene la palabra es la gente, que cree o no cree. Y en este aspecto a Trump muchos, pero muchos, ya lo ven con la larga nariz de Pinocho.

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