¿Y ahora qué?

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¡Viva la democracia, carajo!

El negacionismo libertario intenta echar un velo de opacidad sobre la cuestión económica y la gradual recuperación de la oposición política, cristalizada en la histórica marcha de conmemoración del Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia. Es evidente que Milei está más cómodo paseando por países donde festejan sus morisquetas y ocurrencias teóricas que en la Argentina, donde episodios de corrupción escandalosos y una economía cada vez más recesiva lo acorralan.

A medio siglo del golpe cívico-militar genocida que inició el período más oscuro de la Argentina contemporánea, el 24 de marzo hubo caudalosas movilizaciones a lo largo y a lo ancho del país. Las convocaron, entre muchísimas otras entidades representativas, organismos de Derechos Humanos, las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, H.I.J.O.S., agrupaciones de nietos y centros de estudiantes secundarios, agrupamientos y partidos políticos, gremios de la CGT, las dos CTA y organizaciones sociales como la Unión de Trabajadores de la Economía Popular. La cantidad de movilizados resultó abrumadora, a tal punto que cedió a la jornada la calidad necesaria para plebiscitar, con resultado claramente negativo, a la gestión libertaria.

En la Ciudad de Buenos Aires se registró desde el amanecer el desplazamiento de nutridas columnas que intentaban llegar a la Plaza de Mayo. Ocupaban el escenario y sus alrededores, junto a los primeros referentes del movimiento de derechos humanos, representantes de pueblos originarios, organizaciones ambientalistas y otros colectivos, dando cuenta de la transversalidad de las consignas convocantes. Cuando se acomodaron las Madres y las Abuelas, a las cuatro de la tarde, ya la multitud había excedido todo cálculo previo, cubriendo varias cuadras por Avenida de Mayo y las diagonales, hasta cruzar generosamente la Avenida 9 de Julio.

La multitud coreaba la consigna principal de la convocatoria: “¡Que digan dónde están! ¡Que digan dónde están!”, la cual era repetida con insistencia por los altavoces del escenario. Pero una recorrida (hasta donde las circunstancias lo permitían) mostraba otras consignas no contradictorias sino complementarias. Por ejemplo: “Son 30.000”; “Nunca más”; “Que florezcan pañuelos”; “Más que nunca, nunca más”; “Memoria, verdad y justicia”.

El documento de los organismos

A su turno, los ocupantes del escenario hicieron una lectura coral del documento de los organismos de derechos humanos a 50 años del golpe de Estado, advirtiendo desde el comienzo: “¡Son 30.000! Fue y es genocidio. ¡No olvidamos, no perdonamos y no nos reconciliamos!”. El documento abunda en precisiones históricas “para recordar a esas generaciones que a mediados del siglo pasado comenzaron a organizarse, para luchar contra quienes, como hoy, querían convertir la Argentina en colonia del imperialismo yanki y europeo”.

Seguidamente asegura que “el golpe de Estado de 1976 instauró en la Argentina un nuevo modelo económico basado en la valorización financiera del capital, la desindustrialización y la primarización de la economía, acompañado por una apertura indiscriminada de las importaciones”. Y más aún: “La dictadura desató un genocidio recurriendo al terrorismo de Estado, cuyo objetivo fue desarticular el alto nivel de organización, participación política y conciencia social que amplios sectores del pueblo argentino habían alcanzado en las décadas previas”.

En otro pasaje el documento evoca las luchas populares para derrotar una y otra vez los sucesivos intentos de impunidad como “la ley de autoamnistía militar, las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, los Indultos de Menem y el fallo de la Corte del «2 x 1» en el gobierno de Macri”, y pide cárcel común, perpetua y efectiva para los genocidas.

El documento destaca la identidad del programa de Milei con el que impusieron las grandes empresas en la dictadura cívico-militar para maximizar sus ganancias y profundizar la dependencia. Obran como antecedentes los gobiernos de Menem y Macri, que profundizaron ese modelo mediante el ajuste, las privatizaciones, la desindustrialización, el desmantelamiento de las políticas públicas y los derechos sociales. Y agrega: “El gobierno de La Libertad Avanza profundiza la dependencia de Trump y el imperialismo norteamericano. Ataca los derechos populares y obedece los mandatos del FMI con una reforma laboral esclavista, votada por las fuerzas oficialistas y aliadas. Para esto contaron con el apoyo imprescindible de diputados y senadores que responden a gobernadores que aplican el ajuste. A esto se le suman otras contrarreformas como la previsional, tributaria, política y penal, mientras entrega los bienes comunes como botín del extractivismo más feroz.”

También el documento, entre otros puntos referidos a la actualidad, advierte que estos modelos capitalistas neoliberales requieren represión para funcionar, motivo por el cual “profundizan los ataques a la organización popular, persiguen a quienes luchamos, equipan a las fuerzas represivas, arman causas, proscriben, amplían ilegalmente las atribuciones de los servicios de inteligencia, conforman comandos de fuerzas federales y provinciales para intervenir en los conflictos sindicales, avalan el gatillo fácil y militarizan funciones civiles, avanzando hacia un régimen más autoritario, antidemocrático y represivo”.

En el documento, además de caracterizar al gobierno libertario no solo como negacionista sino también como reivindicador del terrorismo de Estado y el genocidio, se plantea una exigencia perentoria: “¡Que digan dónde están! A 50 años del golpe exigimos que los genocidas y sus cómplices den la información que ocultan. A pesar de los juicios, pruebas y condenas por sus crímenes, siguen sosteniendo el pacto de silencio.”

La anulación y derogación de la Ley Bases, los DNU 70/23 y 941/25 que empodera más a la ex SIDE, el rechazo de la política “pro fascista, colonial, racista y xenófoba” implícita en los ataques y persecuciones de migrantes, el repudio a la deuda (que es una estafa) con el FMI, la anulación de “la reforma laboral esclavista de Milei, del FMI y de las patronales”, el cese de despidos de trabajadores del sector público y privado, del cierre de empresas y fuentes de trabajo, de las políticas de ajuste y destrucción de derechos, y muchos otros puntos fueron recogidos en el documento.

El Gobierno y las vísperas

En su último tour europeo el presidente argentino, un funcionario localmente declinante, pasó por España. Allí se presentó en el Madrid Economic Forum 2026 a los saltos y a los gritos, al estilo estrella de rock veterana, y pronunció un discurso que en varios pasajes sonó como vocería de Trump, otro que a raíz del conflicto con Irán entró en declive. Pero Milei también aprovechó la ocasión (era el encargado de cerrar el cónclave) para autopromocionarse hasta la desmesura.

Mientras conmovían a la opinión pública local el escándalo que involucra al nuevo próspero jefe de Gabinete y las caudalosas derivaciones de la investigación del caso $Libra, habló Milei de moral, de lo que repite al menos desde el último Foro Económico Mundial 2026 en Davos y amenaza tratar detalladamente en La moral como política de Estado, su próximo libro. Pero corresponde insistir en que Milei pronunció palabras impropias de un presidente referidas al jefe de Gobierno español, estando de visita informal en su país y durante ese acto neofascista severamente opositor. Definió a Pedro Sánchez, el jefe de Gobierno que recientemente no autorizó a Estados Unidos el uso de las bases de sus fuerzas armadas en la logística para perpetrar los ataques a Irán, como “el impresentable que (ustedes) tienen a cargo del poder”.

Sus ataques verbales generaron consecuencias diplomáticas que todavía continúan tramitándose. Y corresponde agregar que lanzó esos ataques mientras en Argentina las encuestas señalan que las expectativas positivas de la población referidas a la gestión libertaria descienden diariamente, deviniendo abstracto aquel apotegma menemista (al cual de hecho Milei hizo propio) que proclamaba en los ’90: “Estamos mal pero vamos bien”. El argumento de que las penurias actuales son culpa de gestiones precedentes tampoco alcanza para sostener semejante fantasía, habida cuenta de los elevados niveles inflacionarios que no ceden, el ajuste fiscal persistente que continúa estrangulando a la actividad económica, los salarios, las jubilaciones y pensiones por el piso, y el crecimiento del desempleo, la pobreza y la indigencia. Es imposible creer en un futuro mejor bajo la gestión libertaria, dados los cierres de fábricas y las caídas consecuentes de los ingresos familiares, la baja del consumo y el aumento del endeudamiento de la población para cubrir necesidades mínimas.

Concluido su periplo militante por España, visitó Milei oficialmente Hungría, donde participó además en la reunión de CPAC Hungría 2026. Fue recibido en Budapest por el primer ministro ultraderechista Viktor Orban, una figura también menguante (las encuestas no lo dan seguro ganador) que habrá de poner en juego su continuidad en el poder en las próximas elecciones del 12 de abril.

Mientras en Argentina se ultimaban los detalles, luego de varios meses de preparación a lo largo y a lo ancho del país, para que el 24 de marzo la conmemoración del Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia deviniera un acontecimiento histórico, Milei en Hungría repetía banalidades, equiparando “las versiones asesinas de los colectivistas” con “las versiones de buenos modales globalistas, woks, socialistas o zurdos”. También hablaba de los últimos cien años de política argentina, trazando paralelismos con lo sucedido en la Unión Soviética y Cuba en particular, o para referirse a los comunistas y socialdemócratas en general. Nimiedades.

En Budapest aseguró Milei que merced a su férrea praxis moral la gestión libertaria pudo reducir la pobreza y el riesgo país (“Sacamos de la pobreza a más de 15 millones de argentinos”, dijo), al tiempo que llegaba un flujo de inversiones por “aproximadamente 100.000 millones de dólares”. Y sentenció: “Aquí, en Europa, por el contrario, llevan décadas tomando la matriz decisoria opuesta, tal como sucedía en Argentina, aunque a otro ritmo: primero analizan lo que le conviene al político o al burócrata, después lo que es económicamente eficiente y, por último, analizan lo que es moralmente correcto, si es que siquiera esto lo hacen, y lo hacen siempre disfrazado de virtud. En nombre de la compasión atacaron la propiedad, en nombre de la igualdad destruyeron el mérito, en nombre de un universalismo vacío cedieron la soberanía de sus naciones a burócratas que nadie eligió.”

Pero hay algunas excepciones como Viktor Orban, aseguró Milei, quien ostenta entre muchos “méritos” su cruzada contra la inmigración. Y concluyó el mandatario argentino: “Fue el primero en pararse frente a toda la Europa bien pensante, de decir lo que nadie quería oír: que Occidente estaba en peligro, que Europa se estaba suicidando, que la inmigración masiva sin control no era un acto de generosidad sino un acto de irresponsabilidad con sus propios pueblos. Lo dijo cuando todavía le costaba caro decirlo, eso se llama coraje.”

El regreso y el video oficial

A su regreso, Milei debió enfrentar las arideces de una situación demasiado adversa como para ignorarla, pese a sus renovadas ínfulas de negacionismo urbi et orbi. El iPhone del trader Mauricio Novelli no para de hablar, poniendo de manifiesto relaciones opacas con el presidente y su hermana, vinculadas no solo con la cripto $Libra sino también con proyectos de negocios insólitos. Además, su jefe de Gabinete quedó a la intemperie después de que viajara con su esposa en el avión presidencial a Nueva York, donde se “deslomaría” por unos días, y seguidamente se revelaran inversiones y un tren de vida muy superiores a su nivel de ingresos. Karina lo protege, Javier Milei también, pero no por eso logra desplazarse del ojo de la tormenta.

Entonces para tomar distancia de tantos sinsabores Milei tal vez haya matizado su tarde operística del domingo 22 con un video que realizó la Casa Rosada, titulado “24 de Marzo. Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia Completa”. El video prosigue con una voz en off y sus palabras escritas en la pantalla que no solo prologan los testimonios de una nieta restituida y del hijo de un ex militar secuestrado por el ERP, sino que expresan fuertes y rutinarias críticas al kirchnerismo.

“En el año 2003 —dice la voz en off y aparece escrito en la pantalla— el Gobierno Nacional lanzó una masiva campaña política empleando cuantiosos recursos públicos para imponer en la sociedad un relato sobre los trágicos acontecimientos de la década del ’70, con una visión sesgada y revanchista cuyo objetivo ulterior era el de beneficiar económicamente a unos pocos y ganar rédito político para construir nuevas mayorías de poder.” Con el impudoroso rigor matemático acostumbrado, los libertarios aseguran que “en este proceso, miles de víctimas del accionar estatal, paraestatal y de los grupos guerrillero-terroristas fueron ignoradas, marginadas y silenciadas, porque su reconocimiento no se ajustaba al relato que se buscaba consolidar”. Y agregan: “Hoy, 20 años después de este fatal experimento narrativo que le costó miles de millones de dólares a los argentinos y que, en lugar de sanar las disputas del pasado, solo las exacerbó, este Gobierno se dispuso por primera vez a dar vuelta la página, dándole visibilidad a la historia completa.” O sea que fueron “miles” las víctimas ignoradas, marginadas y silenciadas, al tiempo que se ajustaban los detalles de un experimento narrativo que habría costado “miles de millones de dólares” al pueblo argentino, cifras ambas estimadas según ignotos criterios.

El video filmado por Santiago Oría en el Salón Blanco de la Casa Rosada, además de las críticas iniciales al kirchnerismo, muestra a Miriam Fernández, una nieta apropiada durante la dictadura que recuperó su identidad en 2017. Se autodefine como “una ciudadana más” que trata de no victimizar ni quiere ser victimizada por la situación que vivió. Asegura que su vida es como la vida de cualquiera, con un trabajo, una familia, y con todo lo que corresponde a un ser humano “simple”. Seguidamente dice que su infancia “fue hermosa”, en el seno de una familia con “un padre, una madre y cinco hermanos”, y que había comenzado a sospechar de su “situación” a partir de la adolescencia, sobre todo por las charlas con sus hermanos mayores. Estas sospechas se acentuaron en la escuela secundaria, donde tomó contacto con la historia de la dictadura y el tema de los desaparecidos. Lo cierto es que interpeló al padre, que había sido policía, y este junto con la madre le contó la verdad y colaboró con ella para que conociera su procedencia. La nieta recuperada que decidió conservar el apellido de sus padres adoptivos critica el procedimiento judicial en el cual se vio envuelta, sin aclarar que había de por medio un delito de lesa humanidad. Dice que “si bien yo reconozco que se cometieron un montón de atrocidades en los ’70”, no se contó la historia completa. Asegura que vio muchas cosas para construir un relato, que escuchó “testigos que terminaban de declarar” y preguntaban dónde pasaban a cobrar, y que todo eso provocó que la sociedad creyera “un relato que no fue real, que no fue completo”. Luego aporta anécdotas de su madre biológica, combatiente que no era una “joven idealista”, aunque se tratara de calificarla en esos términos con otros compañeros de militancia. Su monólogo es largo, y dedica una sola oración al genocidio (“Yo reconozco que se cometieron un montón de atrocidades en los ’70”) y el resto es un negacionismo atemperado, desbordante de críticas serenas y aparentemente mesuradas, puesto en palabras por una subjetividad que fue partícipe de circunstancias difíciles de asimilar.

Los testimonios y el cierre

El otro testimonio en el video de Santiago Oría es de uno de los hijos del coronel Argentino del Valle Larrabure, quien asegura que este “se desempeñaba en la Fábrica Militar de Pólvoras y Explosivos en 1974, cuando una noche fue secuestrado por el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP)”. Su hijo Arturo C. Larrabure recuerda en el video que Argentino del Valle Larrabure estuvo 372 días en cautiverio, durante los cuales mandó constantes comunicaciones a su familia (cartas, poemas y diversas reflexiones), muchas de las cuales su hijo, en el video, reproduce. También en el video se transcribe una entrada en el diario de Larrabure en la cual describe a “la cárcel del pueblo, como la llamaban”, donde los secuestradores asumirían el papel de “carceleros con capucha”. También los acusa, entre otras cosas, de medrar con la violencia para “lograr dinero, financiar sus aparatosos y burocráticos sistemas de delincuencia revolucionaria”, y obtener así departamentos de lujo, ropas finas y cuentas en el extranjero.

En otro orden Larrabure, tras señalar las condiciones de las celdas, por ejemplo, y otras penurias que padeció su padre antes de ser ejecutado, informa que los secuestradores quisieron adoctrinarlo con la lectura de Ernesto Che Guevara y Ho Chi Minh, entre otros. También evoca ciertas negociaciones que hubo con el gobierno de entonces (era presidenta Isabelita Martínez) para liberarlo, pero que estas fracasaron y quedó abandonado a su suerte. Como corolario, al igual que la nieta recuperada que da su testimonio al comienzo del video, Larrabure asegura que “la violencia nunca es el camino”, que “hemos padecido una guerra fratricida tremenda en la Argentina que aun hoy no ha sanado”, y que hay que buscar figuras puente. Larrabure dice al final que él ha tomado contacto con algunas de esas figuras puente como Graciela Fernández Meijide, o “Luis Labraña, que fue aquel que dijo que inventó el número de los 30.000 desaparecidos”. Palabras sutiles, como se ve, propias de un negacionista que puede perder el pelo pero no las mañas.

 

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