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La moral (retórica) como política de Estado

La retórica de Javier Milei, Viktor Orbán y Donald Trump, sobre todo a través del discurso del mandatario argentino en Hungría sobre la primacía de la moral en las decisiones estatales, contrasta con la realidad de corrupción, amiguismo y estancamiento económico que enfrenta la administración de Orbán bajo el escrutinio de la Unión Europea. El enfoque de estos líderes prioriza la utilidad política y la propaganda sobre la eficiencia económica, contradiciendo sus propios principios declarados. 

Javier Milei se corrió hasta Hungría el 22 de marzo para pronunciar un discurso en la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) en Budapest, Hungría. La atmósfera es la que rodea a su propia administración, a la del al anfitrión, el primer ministro húngaro Viktor Orbán y a la del mentor de ambos: Donald Trump. No resulta difícil constatar la gran distancia que lo separa de la recomendación dada por la escritora derechista ultramontana Ayn Rand: “podemos ignorar la realidad, pero nunca podremos ignorar las consecuencias de ignorar la realidad”. La ironía es que el Presidente cita esa frase en el discurso de marras.

Milei manifestó que “un concepto troncal de nuestra gestión de gobierno [es], ni más ni menos, […] la moral como política de Estado. Esto es, en pocas palabras, una metodología de toma de decisiones basada en un orden inflexible de prioridades”. Así, “cada decisión que se toma desde un rol del gobierno tiene tres variables a considerar. La primera es la variable moral, es decir, si es éticamente correcto (…) La segunda variable a considerar es si la medida es eficiente económicamente, es decir, si genera prosperidad. Y, por último, en tercer lugar está la variable de la utilidad política, que es la última en la línea de prioridades, es decir, si al político que toma la decisión le sirve a título personal o no”.

Para marcar bien las diferencias de la tribu derechista reaccionaria global, de la que forma parte y se identifica, Milei subrayó que “aquí, en Europa, por el contrario, llevan décadas tomando la matriz decisoria opuesta, tal como sucedía en Argentina, aunque a otro ritmo: primero analizan lo que le conviene al político o al burócrata, después lo que es económicamente eficiente y, por último, analizan lo que es moralmente correcto, si es que siquiera esto lo hacen, y lo hacen siempre disfrazado de virtud (…) Tomemos por ejemplo la política económica y la política migratoria. Como todos ya sabemos, en Europa se vanaglorian de ser un Estado niñera, es decir, quitarle proporcionalmente a los que más riqueza generan, violando el principio de propiedad y la igualdad ante la ley en el proceso, para redistribuirlo con el resto de la sociedad en forma de servicios”. 

Entiende Milei que no se trata de “una cuestión de suerte, no es una cuestión de recursos naturales, no es una cuestión de historia o geografía, es una cuestión de decisiones. Las naciones que abrazan la libertad, la propiedad privada y el orden moral de la civilización occidental progresan; las que la abandonan decaen, siempre, sin ninguna excepción”. 

Esa “cuestión de decisiones”, para Milei “está en juego en cada elección” y no se trata de “solo quién gobierna, es qué dirección toma un pueblo, y esa dirección importa. Por eso el Primer Ministro Orbán y el pueblo húngaro lo tienen muy claro: siendo un país que vivió en carne propia las desgracias del comunismo, hoy encaran el mismo espíritu que estoy contando (…) Hungría se ha convertido entonces en un país que decide hacer lo correcto por sobre lo que está bien visto, ese accionar implacable lo llevó a mantenerse firme con la política migratoria, yendo a contramano de toda la región que lo presionaba para abrir sus fronteras. En contrapartida, Europa, por culpa de hacer lo que dejaba bien parados a los políticos en titulares de diarios del mundo, hoy se encuentra ante una crisis desproporcionada en esta materia y tantas otras”.

La hilacha

En este respaldo a Orbán de Milei, el argentino nunca ocultó la hilacha de ser parte y sentirse muy a gusto protagonizando -en lo que le toca y le sugieren- en la arena internacional los avatares del Evangelio según Trump. 

A principios de noviembre Orbán visitó la Casa Blanca. Ya con los primeros síntomas acentuados de que las elecciones legislativas magiares venían amenazantes para su futuro político. “Un gran número de húngaros está harto de las consecuencias del largo mandato de Orbán”, escribió Frida Ghitis en su columna de WPR en octubre de 2025. “Durante muchos años, Orbán se benefició de la generosidad de la Unión Europea, cuyas inyecciones de capital contribuyeron a elevar el nivel de vida, especialmente de sus allegados. Pero los resultados de la corrupción y la mala gestión a largo plazo, sumados a la persistente inflación pospandémica, han generado un profundo descontento popular con el gobierno actual y han abierto una oportunidad para la oposición”, remachó Ghitis.

El domingo 12 de abril habrá elecciones parlamentarias en Hungría. Se eligen los 199 miembros de la Asamblea Nacional, los que a su turno votarán a quien entre sus miembros le toca en suerte ser el primer ministro de Hungría para el período 2026-2030.

En el trato pampa entre Orbán y Trump de noviembre, se acordó que Hungría compraría gas natural licuado estadounidense por unos 600 millones de dólares, en retribución a que la Casa Blanca le levantaba para ellos solos las sanciones estadounidenses sobre el petróleo ruso.

“El apoyo al primer ministro húngaro, Viktor Orbán se desplomó a menos de siete semanas de las elecciones parlamentarias, según una encuesta, lo que aumenta la posibilidad de una victoria aplastante para la oposición, que se ha comprometido a revertir el deslizamiento del país hacia el autoritarismo”, informaba Bloomberg a fines de febrero. Según el sondeo en esa fecha, realizado por la empresa húngara Median, el partido Tisza del líder opositor Peter Magyar aventajaba por 20 puntos al Fidesz de Orbán, casi duplicando la ventaja que tenía hacia medados de enero. 

En estos últimos días Trump en las redes sociales escribió: “Cuenta con mi respaldo total para su reelección como primer ministro de Hungría. Viktor Orbán nunca defraudará al gran pueblo de Hungría. Estoy con él hasta el final”.

Tensión creciente

La tensión entre Viktor Orbán y la Unión Europea va en aumento. El líder húngaro se ha consolidado como el principal antagonista interno del bloque. Mediante el bloqueo constante de ayuda económica a Ucrania y presuntos vínculos de espionaje con Rusia, Orbán ha provocado una indignación sin precedentes entre sus homólogos europeos. Frenó un préstamo de 90.000 millones de euros a Ucrania. La retórica antiucraniana ha sido un pilar fundamental de la campaña electoral de Orbán. Esta crisis ocurre en un contexto electoral donde su partido, Fidesz, enfrenta por primera vez una competencia real mientras él se refugia en alianzas con figuras de la extrema derecha global. Milei, entre otros. 

A decir verdad, el vigésimo paquete de sanciones de la UE a Rusia se estancó no solo por Orbán, quien lo bloquea. El primer ministro belga, Bart De Wever, pidió públicamente hace una semana la normalización de las relaciones con Rusia para acceder a energía barata, para luego afirmar que, en privado, “los líderes europeos me dicen que tengo razón, pero nadie se atreve a decirlo en voz alta”. Ante estas maniobras, las instituciones en Bruselas consideran implementar medidas sancionatorias severas o reformas estructurales para limitar su capacidad de veto.

Una investigación del Financial Times le pone leña al fuego. El diario londinense analiza el crecimiento económico desproporcionado de un grupo selecto de empresarios vinculados directamente a Orbán. Mediante un análisis de contrataciones públicas, se revela que estas figuras cercanas al poder han obtenido “miles de millones de euros” en licitaciones estatales, superando ampliamente sus ingresos previos a 2010. 

Estos episodios de “cleptocracia o amiguismo”, han generado tensiones severas con la Unión Europea, resultando en la congelación de fondos debido a sospechas de corrupción. En la investigación del Financial se destaca que muchas de estas adjudicaciones se realizaron en “procesos sin competencia”, beneficiando a socios y familiares del mandatario. A pesar de las acusaciones, las empresas implicadas defienden su éxito basándose en su “capacidad técnica y competitividad” en el mercado.

No es la única mancha del tigre. Según investigaciones publicadas por distintos medios internacionales, los rusos están metiendo los ganchos en la elección húngara. Está documentado que hay en marcha una estrategia de desinformación orquestada por el Kremlin para asegurar la permanencia de Orbán en el poder frente a su opositor Péter Magyar. A través de una consultora, Rusia busca inundar las redes sociales con propaganda que retrata a Orbán como un líder soberano y fuerte, mientras desprestigia a la oposición tachándola de marioneta de la Unión Europea. 

El plan utiliza técnicas refinadas como el uso de influencers locales y contenido generado por inteligencia artificial, para evitar que la intervención rusa sea detectada y resulte contraproducente. Además, la campaña intenta vincular estrechamente a Orbán con Trump para proyectar una imagen de estabilidad internacional y apoyo global. Aunque el gobierno húngaro y Moscú niegan estas acusaciones, los informes detallan un aumento de ataques mediáticos y la supuesta presencia de agentes de inteligencia rusos en Budapest.

En Foreign Affairs, Ivan Krastev explica la lógica de este escenario político enmarcado en las acciones de Trump hacia Europa, en la cual queda engarzado Milei, que –en aras de la coherencia- alentó la firma del pacto comercial con la UE que empieza a regir el 1 de mayo. 

Krastev puntualiza que “Si bien el agresivo acercamiento de la administración Trump a la extrema derecha europea ha cosechado victorias significativas, también se trata de una apuesta arriesgada. Por un lado, avivar la polarización política podría resultar en una Europa fragmentada en lugar de una alineada con Trump. No está nada claro que incluso líderes antiliberales, empezando por el propio Orbán, se alineen geopolíticamente con Trump, ya sea en temas relacionados con Rusia, China o cuestiones económicas. Al mismo tiempo, al prodigar apoyo exclusivamente a partidos y líderes ideológicamente afines, la administración podría estar perdiendo el arraigado sentimiento pro-estadounidense que tradicionalmente ha sustentado el apoyo a Washington en regiones clave de Europa”.

Políticas migratorias

Milei destacó como una medalla de Orbán -e implícitamente la de Trump- la política migratoria expulsiva y represiva que lleva adelante. Mejor “no ignorar las consecuencias de ignorar la realidad”, recomienda la ultramontana Rand. Y son bastantes fuleras para los seres humanos involucrados y el crecimiento económico. Es para poner las barbas en remojo, cosa que la variante del sentido “moral” que abrazó, seguramente le impide hacer al mandatario argentino. 

Hay que tener cuidado con la moral. No es un Adorno. Jorge Luis Borges dando cuenta de “la culpable y magnífica existencia del atroz redentor Lazarus Morell”, describe que “Era un caballero antiguo del Sur, pese a la niñez miserable y a la vida afrentosa. No desconocía las Escrituras y predicaba con singular convicción. ‘Yo lo vi a Lazarus Morell en el púlpito -anota el dueño de una casa de juego en Baton Rouge, Luisiana-, y escuché sus palabras edificantes y vi las lágrimas acudir a sus ojos. Yo sabía que era un adúltero, un ladrón de negros y un asesino en la faz del Señor, pero también mis ojos lloraron’”.

Las estrictas políticas migratorias implementadas durante el segundo mandato de Donald Trump arrojan consecuencias económicas negativas. En general, la migración internacional neta en el período 2024-25 disminuyó en más del 50 por ciento con respecto al período de 12 meses anterior, la mayor caída desde 2020 para los Estados Unidos.

Los testimonios de empresarios y los datos de centros de investigación indican que escasez de mano de obra está paralizando sectores vitales como la construcción, la agricultura y la hotelería. Las fuentes subrayan que el miedo a las deportaciones no solo reduce la fuerza laboral, sino que también horada el consumo interno y amenaza con frenar el crecimiento del PIB. 

Mientras la Casa Blanca defiende estas medidas como un beneficio para los ciudadanos nativos, expertos advierten sobre un envejecimiento demográfico que podría restarle dinamismo a la competitividad estadounidense. En última instancia, lo que se cuestiona es si la economía del país puede sostener su prosperidad habitual prescindiendo de la población inmigrante.

Según un informe publicado el jueves por la Oficina del Censo de Estados Unidos, la mayoría de los condados estadounidenses experimentaron un menor crecimiento demográfico entre julio de 2024 y julio de 2025, con un 40 por ciento que registró una pérdida neta de población. La desaceleración se debió principalmente a la disminución de la migración internacional neta en todo el país, según el informe.

A medida que disminuyen los flujos migratorios internacionales, el crecimiento de las grandes ciudades pasa a depender de un cambio en la política de inmigración o de una menor emigración interna. En la ciudad de Nueva York, por ejemplo, la migración internacional neta en el período 2024-25 se redujo en casi dos tercios con respecto al período anterior. 

Al mismo tiempo, la migración interna aumentó de aproximadamente 149.000 a 168.000 personas, debido a que más gente abandonó la ciudad porque aumentó el costo de vida. Los inmigrantes se bancan un menor nivel de vida, más alto respecto de su país de origen pero muy por detrás de lo que está acostumbrado el norteamericano medio.

Se espera que la reducción de la inmigración tenga repercusiones económicas a largo plazo. Según estimaciones de un informe de enero del centro de estudios Brookings Institution, el gasto de los consumidores caerá entre 10.000 y 40.000 millones este año, mientras que el crecimiento del PIB podría ser entre 0,1 y 0,3 puntos porcentuales menor.

Y lo de Orbán en materia de objetivos demográficos, es puro humo de consecuencias tóxicas. El demógrafo español Julio Pérez Díaz, en el blog “Apuntes de demografía”, advierte que “Ante la eternamente anunciada crisis demográfica, el conservadurismo afirma ser el ejemplo a imitar, especialmente por su apoyo a ‘la familia’. Y nadie ha conseguido personificar mejor la receta que Viktor Orbán, gobernante en Hungría desde 2010. Su Estado ‘amigable con la familia’ es el modelo para Meloni, Le Pen, Abascal, Putin, Trump, Milei…, además de para los fundamentalistas religiosos de todo el mundo”.

“Se autoproclama modelo porque, dice, ha conseguido incrementar la fecundidad y la natalidad de los húngaros, poniendo freno a la pérdida de población, al envejecimiento demográfico, a la contaminación extranjera de la nación” consigna Pérez Díaz.

La demografía es una cuestión de datos y estadísticas. Pérez Díaz avisa que “los resultados de las políticas demográficas de Orbán no son cuestión de opinión: son pura mentira, como evidencian las propias estadísticas oficiales húngaras”.

La crónica de Pérez Díaz refiere que cuando en 2010, Orbán llegó a la presidencia, “la tasa de natalidad (9,0 por ciento) era más baja que la de mortalidad (13,0 por ciento). Este desbalance había empezado treinta años antes, y era una de las justificaciones de sus cambios legislativos en materia de familia, aborto, asilo, inmigración, opciones sexuales o discriminación frente a las prestaciones sociales. ¿Los resultados? Respecto a este componente básico de la evolución demográfica, ninguno. En 2023 la tasa de natalidad fue de 9,1 por ciento prácticamente idéntica, mientras la de mortalidad había subido a 13,4 por ciento, y esta situación, sostenida durante todo el mandato de Orbán, ha ido acompañada de una pérdida imparable de población, superior a (-300.000) personas”.

Por lo visto el rechazo a los inmigrantes es menos crecimiento vía estropicios demográficos y económicos. ¿Qué hay de moral en todo esto? “Abrí al azar la Biblia, di con un conveniente versículo de San Pablo y prediqué una hora y veinte minutos. Tampoco malgastaron ese tiempo Crenshaw y los compañeros, porque se arrearon todos los caballos del auditorio. Los vendimos en el Estado de Arkansas, salvo un colorado muy brioso que reservé para mi uso particular. A Crenshaw le agradaba también, pero yo le hice ver que no le servía”, cuenta Lazarus Morell. Con la moral de adorno se ganó un prestigioso lugar en la historia universal de la infamia. Cierto, trapicheba con los esclavos, pero eso a la moral nacional no le importa.

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