Una columna publicada en The Guardian por el economista y exsecretario de Trabajo de Estados Unidos Robert Reich sostiene que existe un “manual” probado para derrotar políticamente a Donald Trump. El texto, titulado Cómo derrotar a Trump cada vez, propone una estrategia basada en no ceder ante la presión y en utilizar formas de poder alternativas para neutralizar su influencia.
La tesis central del artículo es que Trump opera bajo una lógica de presión constante, en la que busca imponer condiciones más que negociar. Por eso, según Reich, enfrentarlo con herramientas tradicionales —como el compromiso o la concesión parcial— termina reforzando su posición.
En ese sentido, el autor sostiene que “ahora existe un modelo claro para derrotar a Trump”, una afirmación que resume el eje del texto. Ese modelo no surge de una teoría abstracta, sino de una serie de casos concretos en los que distintos actores lograron resistir con éxito.
El concepto clave que desarrolla Reich es el de “poder asimétrico”. En lugar de responder en el terreno que plantea Trump, propone rechazar sus demandas y utilizar recursos propios —legales, económicos, institucionales o simbólicos— para revertir la situación. En sus palabras, se trata de “rechazar sus exigencias y luego utilizar el propio poder asimétrico”.
El artículo describe esta estrategia como una forma de “jiu-jitsu político”: aprovechar la fuerza del adversario para desequilibrarlo. Según Reich, este enfoque permite transformar la presión en una debilidad, en lugar de responder con una confrontación directa que favorece a Trump.
Para sostener su argumento, el autor recurre a ejemplos internacionales. Señala que países como Irán, China, Rusia, Canadá y México han enfrentado presiones del gobierno estadounidense sin ceder, utilizando sus propios recursos para responder. En esos casos, sostiene, Trump terminó retrocediendo o redefiniendo el resultado como una victoria, aun cuando había perdido terreno.
El análisis también incluye el frente interno de Estados Unidos. Reich menciona a actores como la Harvard University, el conductor Jimmy Kimmel y la escritora E. Jean Carroll como ejemplos de resistencia efectiva. En estos casos, el uso de herramientas judiciales, mediáticas o institucionales permitió limitar el alcance de las acciones de Trump.
En contraste, el artículo advierte que quienes optaron por ceder ante la presión presidencial sufrieron consecuencias negativas. Entre ellas, menciona pérdida de credibilidad, crisis internas y debilitamiento institucional. La conclusión es que ceder no reduce el conflicto, sino que lo profundiza en condiciones desfavorables.
Reich también ofrece una caracterización del estilo político de Trump. Según el autor, se trata de un liderazgo basado en la imposición, la amenaza y la construcción de una narrativa de victoria. En ese marco, el error de sus adversarios es tratarlo como un actor convencional dentro de un sistema político tradicional.
La investigación plantea que el sistema estadounidense cuenta con múltiples centros de poder —judicial, económico, mediático, académico y social— que pueden equilibrar el poder presidencial si actúan con firmeza. Ese entramado es el que permite aplicar la lógica del poder asimétrico.
En definitiva, el texto concluye que derrotar a Trump no depende de enfrentarlo con mayor intensidad, sino de cambiar las reglas del juego. La estrategia propuesta implica no aceptar el marco de confrontación que impone, resistir sin concesiones iniciales y utilizar recursos propios para transformar la presión en una ventaja.
La conclusión de Reich es que cada vez que esa lógica se aplica, el resultado se repite: el poder de Trump se debilita.