El analista de Harvard Thomas Becker señala: “Estados Unidos ya ha gastado en la guerra contra Irán un trillón y medio de dólares. Con ese dinero pudo haberse pagado la universidad de todos los estudiantes del país”. Así de demencial es la cosa. Trump ha usado nada menos que un promedio de mil millones de dólares diarios para no conseguir ninguno de sus objetivos.
No hubo cambio de régimen en Irán, no se han levantado las masas populares ni se ha destruido (aunque se ha dañado) la capacidad de armas de la República Islámica.
Pero el costo mayor lo pagan, como siempre, los contribuyentes, porque la gasolina cara la compra el ciudadano, y porque a través de los impuestos también paga cada avión, cada helicóptero, cada buque y el sueldo, traslado y manutención de cada soldado.
Y podemos decir lo mismo de Israel, que ha quedado dañado incluso en su infraestructura civil y, por supuesto, militar. De hecho, el silencio sobre la cantidad de bajas, al igual que en los gringos, es más que significativo.
Más allá del dinero
Hay, sin embargo, otros costos. El político y el de imagen. Claro que ambos van de la mano.
Trump no solo perdió popularidad, sino que dejó muy mal parado a su país. Sabido es que posee un narcisismo extremo y dañino, según sostienen varios especialistas; a esto se suma también el médico Frank George, que sostiene que el presidente de los EEUU sufre un deterioro cognitivo, lo que explicaría su comportamiento errático.
Pero los discursos que lanzó en esta guerra son dignos de análisis. A pesar de que diariamente se demostraba la resistencia iraní y que el régimen persa estaba lejos de tirar la toalla, declaró la victoria total 17 veces. ¿Era una forma de irónico insulto o qué? Parece que confunde la realidad con sus deseos cada vez con más frecuencia.
Trump apostaba a una resonante victoria sobre Irán, repitiendo su éxito en Venezuela. Eso hubiera, según pensó, vuelto a catapultarlo para las elecciones de medio término. Ha ocurrido lo contrario: ha perdido incluso unos puntos en la aprobación ciudadana y la mano viene brava.
Como a los líderes les encanta que los suyos digan “obedezco lo que dices porque tú eres el jefe”, Trump se creyó el discurso de que es Dios. Así lo calificó, textualmente, la reverenda Paola White, que fundó su propia iglesia para hacer la doble: comprar inmuebles con la plata de los demás. En el caso de la religiosa, con dinero que sacó de la iglesia protestante que fundó.
White bendijo a Trump y lo apoya al punto de idolatrarlo públicamente. ¿Qué habrá pensado ella de la alabanza a Alá del primer mandatario en uno de sus mensajes?
Y hay más: ¿Trump fue engañado por Netanyahu (quien también tiene elecciones este año)? ¿O creyó que sus propios deseos eran realidad? ¿O las dos cosas a la vez?
Según The New York Times, en un excelente reportaje de Jonathan Swan y Maggie Haberman, los servicios de inteligencia gringos le advirtieron que los israelíes estaban “vendiendo humo” al pretender que pocas horas después del asesinato de su líder se levantarían.
Esto no ocurrió y hasta el arrogante Trump tuvo que reconocer que lo engañaron quienes pidieron muchas armas y dinero para una insurrección que no se produjo.
En Irak y Afganistán, EEUU tuvo potentes aliados. Ahora sabe que solo cuenta con Israel en los hechos y Argentina en el papel.
Aun así, hay aspectos dudosos: el rescate de pilotos, por ejemplo. Es difícil creer que uno estuviera a 100 millas del otro si ambos fueron eyectados al mismo tiempo. Se habla de que los dos miembros de la tripulación fueron rescatados el primer día, pero que se armó todo un show para justificar la operación militar. Como sea, el asunto costó 300 millones de dólares.
De hecho, Irán logró no solo que la población se uniera en torno al gobierno, sino que incluso forjó una mayor alianza con el mundo musulmán.
Lo cual es comprensible si se toma en cuenta que el primer día de la guerra se lanzaron dos misiles contra una escuela de niñas. Ojo: un misil puede ser un error, pero el segundo, que impactó sobre la sala de oración donde estaban refugiadas alumnas y maestras, ya deja pensar que hubo premeditación y alevosía. Recordemos que son armas de alta precisión.
Tres lecciones nos deja la guerra:
*Es posible vencer si se tiene la tecnología adecuada (y si dos potencias te ayudan con información adecuada).
*El aparato militar norteamericano no es invencible, menos cuando fabrica misiles antimisiles de dos millones de dólares para neutralizar proyectiles de 20 mil.
*Y, por esos dos factores, la tercera conclusión es que Mao tenía razón: el imperialismo es un tigre de papel.
La contienda además mostró quiénes son realmente aliados de confianza. Hezbolá ha dado pruebas irrefutables de su poder de fuego, haciendo retroceder a las tropas israelíes que invadieron Líbano. Fue una sorpresa en cuanto a su capacidad, cuando se pensaba que serían presa fácil. Esto explica por qué Netanyahu quiere mantener la guerra en el Líbano. Ahí el enemigo sigue vivo, mostrando una fuerza que el mundo no conocía.
Líbano estaba en el acuerdo de cese al fuego, lo confirmó Pakistán, país mediador. Trump dice lo contrario, pero miente tan seguido que es fácil deducir quién dice la verdad.
En resumen, el mundo chiita ha salido fortalecido de un conflicto asimétrico en el que mostró que debilitar y golpear, con el tiempo a su favor, es vencer.
En cambio, la OTAN ya no es la misma. Al negarse a apoyar la guerra —que muchos señalan como “de Trump”— se ha producido una fractura que puede traer consecuencias. Europa se aleja de Estados Unidos y deberá buscar su propio destino.
¡Vaya victoria!: te quedas sin aliados, el enemigo demuestra que no eres invencible y, para rescatar a un piloto, pierdes cuatro aeronaves. El operativo le costó a EEUU 300 millones de dólares.
Ahora bien, también hay cosas raras. Es difícil entender cómo un piloto y otro estaban a 100 millas de distancia si ambos fueron eyectados al mismo tiempo. Existe la versión de que en realidad fue rescatado el mismo día, pero se armó un show para justificar otro operativo cuyo objetivo era la reserva de uranio enriquecido.
Y, sin embargo, entre errores y excesos, Trump dijo dos verdades que lo sobreviven: que las guerras se pierden y que los persas resultaron tener un coeficiente intelectual mayor al que Occidente esperaba.
La paz tan lejana
A estas horas es incierta la situación del estrecho de Ormuz. Israel ha atacado con furia el Líbano, pero puede ser más una demostración de fuerza que tranquilice a los halcones.
Lo cierto es que Trump ya no los toma en cuenta y puede dejarlos a la deriva. El hombre de pelo naranja es muy vengativo y debe recordar una y otra vez que el 11 de febrero los sionistas le vendieron humo, y seguir insistiendo en esta guerra de locos es una especie de suicidio.
Trump, en una de las pocas cosas distintas que ha dicho últimamente, afirmó que las guerras se pierden. Es que el imperio es poderoso y lleno de recursos, pero muchas veces con los pies de barro.