Como el Presidente Javier Milei, que festeja que la tendencia de la inflación es bajista mientras el índice de precios al consumidor se acelera, Luis Caputo asegura que los indicadores de la economía denotan un crecimiento vigoroso. Pero lo hace antes de que el Estimador Mensual de Actividad Económica muestre una baja interanual en febrero del 2,1 por ciento. Todo parece indicar que 2026 será otro año de caída del PIB, que se suma a 2024, y ahondaría el estancamiento de la economía argentina.
El 7 de abril, el Ministro de Economía Luis Caputo dio un discurso en el Atlantic Council, en el que aseguró que los indicadores de la economía denotan un crecimiento vigoroso. Frente a los señalamientos de que la actividad industrial y de los sectores concatenados con el mercado interno se encuentran en estado crítico, aseveró que “La realidad son los datos que no mienten: estamos en récord histórico del Producto (el año pasado crecimos 4,4%) y del nivel del Estimador Mensual de la Actividad Económica, que en la serie original diciembre 2025 versus diciembre 2023 creció 10,3%”.
Como el Presidente Javier Milei, que festeja que la tendencia de la inflación es bajista mientras el índice de precios al consumidor se acelera, los datos de abril dejaron a Caputo desubicado en el contexto. El Estimador Mensual de Actividad Económica dio una baja interanual en febrero del 2,1 por ciento. Y no es un dato repentino. Desde julio de 2025, la actividad se desacelera. Y eso en conjunto con las ventas y la producción industrial en declinación. Por lo que la caída es previsible.
Por otro lado, que la actividad se encuentra en su valor histórico más alto es cierto. Eso quiere decir que el PIB de 2025 superó al de 2022, que era el pico anterior. Pero solamente crece con respecto a ese año en un 1,1 por ciento. Y debe hacerse hincapié en que, por el efecto de la sequía, 2023 fue particular desde el punto de vista del crecimiento. Si se le quita la caída del sector agropecuario, la economía tiene un alza de medio punto. Es un estancamiento, pero no una caída.
A su vez, el crecimiento de 2025 fue anómalo. Tiene una incidencia muy pronunciada de la intermediación financiera, explicada por el incremento de las tasas de interés que tuvo lugar a mitad de año para contener la inestabilidad cambiaria, y de impuestos netos de subsidios en un contexto en el que el mercado interno cae, afectando la recaudación. Si se aísla el efecto del agro, al comparar la actividad en 2025 contra 2023 se encuentra una caída de medio punto. Si además se le resta la intermediación financiera, la disminución sube al 1,4.
A Caputo le gusta atajarse diciendo que este tipo de análisis solamente se concentran en variables sectoriales para distorsionar la situación del conjunto con datos parciales. El problema es que los mismos datos que él dice que no mienten, permiten inferir que la idea de un crecimiento inédito de la actividad no se constata. Bien observadas las variables, se podría decir lo inverso: la economía incuba tendencias recesivas cada vez más pronunciadas.
Ese estado de cosas tiene una explicación sencilla. Cómo la población está empobrecida, la actividad vinculada al mercado interno retrocede progresivamente. La producción se adecua a una demanda cada vez más mermada. El bajo nivel de producción en términos históricos se refleja en la utilización de la capacidad instalada en la industria, cuyo nivel general alcanzó el 53,6 por ciento en enero y el 54,6 por ciento en febrero. Son guarismos de la época de la pandemia.
Por otra parte, las ventas en supermercados acumulan en los dos primeros meses del año un descenso del 2,1 por ciento contra 2025. Y frente a los dos primeros meses de 2023, el descenso es del 12,1. Eso evidencia la debilidad de la demanda interna, que fue señalada en las encuestas de tendencias de negocios para abril-junio que publica el INDEC como el principal problema. En la de supermercados y autoservicios mayoristas, por el 58,7 por ciento de los encuestados. En la de la industria manufacturera, por el 52,5.
Atajarse con el crecimiento de ramas vinculadas a la exportación no es una forma de demostrar que haya un progreso en la economía. Porque se trata de un crecimiento independiente de su estado. Y por el empobrecimiento de la población, el excedente del comercio exterior no se puede absorber, puesto que los ingresos son insuficientes para que se vuelque hacia el mercado interno.
Es decir que, por las políticas desplegadas hasta ahora, solamente cabe esperar un mayor descenso de la actividad, y un desaprovechamiento del progreso que pueda darse en las ramas exportadoras. Lo de que se vienen meses de prosperidad, como dijo hace unos días Caputo, es una fantasía. Al contrario, todo parece indicar que 2026 será otro año de caída del PIB, que se suma a 2024, y ahondaría el estancamiento de la economía argentina.