¿Y ahora qué?

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¡Es la deuda, estúpido!

El Ministerio de Economía publicó la evolución de la deuda pública argentina. El número es fuerte: llegó a los 483.830 millones de dólares, el nivel más alto de la historia. Adivinen quién terminará pagándola.

Esto implica que, desde diciembre de 2023, la deuda aumentó en casi 113 mil millones de dólares. En otras palabras, hoy los argentinos debemos un 30% más que al inicio de la actual gestión, a pesar de todo lo que se pagó en capital e intereses durante estos 27 meses.

No es un dato macroeconómico menor: detrás de esta suba se esconden nuevas emisiones, capitalización de intereses y efectos de revaluación. Existen rubros con fuertes subas y bajas que comprometen y afectan la capacidad de pago.

Es decir, cambios que alteran la calidad y características del endeudamiento. Básicamente entres dimensiones claves: plazo, moneda y mecanismo de ajuste.

En cuanto al plazo, y probablemente la dimensión más dinámica en el periodo, se observa una creciente participación de pasivos de corto plazo, pasando de representar sólo el 3,5% del total en diciembre de 2023 a llegar al 14% en marzo de 2026, cuadruplicándose los vencimientos.

Así, las LECAP ganaron rápidamente terreno en la carrera de los acreedores. Y cuando decimos corto plazo hablamos de deuda que vence dentro del año calendario.

La contracara de esta estrategia es un aumento significativo del riesgo de refinanciamiento, es decir, la concentración de vencimientos en horizontes más breves de tiempo, hecho que obliga a una continua renovación, dejando al Tesoro a merced de las exigencias de los acreedores.

En segundo lugar, es importante analizar la moneda en la que creció la deuda. Si bien el dólar sigue ocupando el primer lugar, durante el gobierno libertario se verificó un incremento notable de la deuda nominada en pesos. Pasó de representar el 23% a fines del 2023 al 46% de marzo de 2026.

Esta estrategia, si bien buscó reducir la debilidad frente a una devaluación, alteró todas las condiciones del mercado local del crédito.

Finalmente, el tercer eje es el de los mecanismos de ajuste del capital adeudado, particularmente la expansión de la deuda indexada por inflación.

Desde diciembre de 2023 a marzo de 2026, se observa un aumento sostenido en la participación de estos instrumentos que pasaron de representar el 11% a fines del gobierno de Fernández al 22% actual.

Este notable incremento se explica por la necesidad del Tesoro de ofrecer cobertura a los acreedores frente a la inflación a fin de captar financiamiento en un contexto de elevada incertidumbre de precios.

Esta decisión implica trasladar el riesgo inflacionario a la deuda, es decir, rociar de nafta el polvorín fiscal puesto que, a medida que los precios se aceleran, el capital adeudado también se incrementa, generando una dinámica de indexación que puede llevar a un resultado fiscal explosivo.

Y todo esto sin considerar la deuda a los organismos internacionales, que a fines de marzo totalizan unos 96.600 millones de dólares, es decir un 18% del pasivo público.

En resumen, la película de la deuda desde diciembre de 2023 se traduce en:

1) acortamiento de plazos promedio, 2) una mayor utilización del mercado en pesos.

3) una creciente indexación del stock aumentando notablemente la sensibilidad del sistema económico a shocks macroeconómicos, tanto internos como externos.

En términos de sustentabilidad, la trayectoria futura de la deuda estará condicionada por la interacción entre tres variables claves: la capacidad de renovar el capital adeudado, la evolución del tipo de cambio y la dinámica inflacionaria.

La política de endeudamiento libertario no solo muestra un inédito crecimiento cuantitativo sino también un cambio cualitativo en su composición que nos hace más vulnerables.

Y mientras tanto, el relato sigue hablando de orden, de disciplina y de futuro, como si los números no contaran otra historia.

En el país del superávit, en realidad, todo se patea para adelante, se maquilla con ingeniería financiera y se celebra como éxito lo que en cualquier manual de economía sería señalado como un fracaso.

Y cuando llegue el momento, la deuda no la van a pagar los que diseñaron este esquema: la van a pagar, otra vez, los mismos de siempre.

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