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Una visión sistémica para un proyecto político alternativo


El Proyecto Político Alternativo debe luchar contra las fuerzas centrífugas, fomentar valores opuestos a los del modelo que se le aplica al país y responder cómo revertir las políticas que conducen a la destrucción de la estructura productiva.

La fragmentación y desintegración son tendencias estructurales sobre las cuales discurren nuestras coyunturas políticas. Afectan la economía, el territorio, pero, sobre todo, las relaciones sociales, propagando el darwinismo social y la violencia.

Esta opera en dos direcciones: la que ejerce el poder para mantener subordinación, extracción y atraso, y la inducida horizontalmente entre los propios expoliados, disolviendo solidaridades y reproduciendo la lógica disgregadora.

En lo político, además de impulsar el sectarismo y la autoreferencialidad, el fenómeno impide articular conflictos y resistencias tanto desde la perspectiva sectorial como territorial. Ante quienes atribuyen el repliegue a la escasez de resistencias, debemos recordar que, sin reconstrucción de lo común —incluyendo línea y conducción estratégica—, no hay recomposición de fuerzas, aunque los conflictos se multipliquen.

Estas características suelen tratarse como accesorias o pasajeras, cuando requieren una praxis política profunda: pues el incrementar en cada sector afectado la movilización y confrontación como respuestas aisladas frente a las políticas del gobierno, debe compatibilizarse con la tarea de sumar y articular fuerzas que reconocen una marcada heterogeneidad.

Nuestro Proyecto Político Alternativo, como construcciones sociales, son resultado de trayectorias históricas particulares y coaliciones emergentes de relaciones de fuerza desarrolladas en ámbitos delimitados; la forma concreta que adquieren no es arbitraria, sino que está condicionada por dicho ámbito y proceso histórico.

El Proyecto Político Alternativo (PPA), por tanto, debe eliminar esas tendencias negativas, luchar contra las fuerzas centrífugas, fomentar valores opuestos a los del modelo que se le aplica al país y al mismo tiempo responder en positivo al interrogante de cómo revertir las políticas que nos conducen a la destrucción de la estructura productiva que conforma la base que otorga posibilidades ciertas al progreso de la sociedad en su conjunto. 1

La dinámica sistémica como característica esencial

Para ello, además de establecer colectivamente una nueva línea de dirección y objetivos claros, hace falta que el marco teórico del PPA adopte una dinámica sistémica que presupone la integración -una propiedad medible del grado de conexión entre las partes- y la potencia.

Frente a la causalidad unidireccional, lo sistémico plantea circularidad, retroalimentaciones, coevolución, interrelaciones e historias. Las relaciones modifican a los elementos, pequeñas variaciones pueden producir efectos enormes, y el conjunto -sistema- genera comportamientos no deducibles desde las partes. Admite tensiones internas como parte del funcionamiento normal e implica un salto en la capacidad de diagnóstico, diseño e intervención. 2

A lo largo de estos apuntes conviven dos registros: uno analítico de la visión con que se aborda el sistema a diseñar, y otro programático, que los usa como herramientas del PPA, aunque ambos se retroalimentan, consecuencia lógica de la mirada sistémica.

El esquema que sigue traduce visualmente esta lógica sistémica aplicada al Proyecto Político Alternativo. En primer lugar, sus tres niveles presuponen una tensión estructural explícita a resolver entre objetivos, necesidades básicas insatisfechas y recursos limitados y semi-destruidos que, aunque no formalizada en el esquema, lo recorre, lo condiciona y determina en su totalidad.

Como cimiento de todo el esquema se encuentra nuestra comunidad política -sujeto político activo, principio y fin del Proyecto- y mayor riqueza como nación. Es ella quien justifica y da sentido a cada subsistema y al conjunto. Todo lo que el sistema construye, lo construye para y desde ella. No estamos describiendo recursos o infraestructuras: estamos hablando de cómo una sociedad organizada construye poder colectivo.

Este fundamento humano se despliega en una base material concreta: un territorio bi-continental e insular (suelos, subsuelo, recursos hídricos, biológicos, energéticos y minerales) y un espacio y proyección marítima de dimensiones extraordinarias (ZEE, recursos oceánicos, corredores logísticos) (Ver aquí). Este sustrato no es inagotable ni neutro: el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y los umbrales biofísicos imponen restricciones sistémicas. La sostenibilidad no es una capa añadida sino una condición de permanencia del propio medio.

Analizado en términos de soberanía, proyección y organización de conjunto, este factor adquiere una dimensión geoestratégica. A los espacios tradicionales -continental, marítimo, aéreo- se suman hoy el ciberespacio -redes y flujos de datos- y el espacio ultraterrestre -control de órbitas, operación satelital y gestión del espectro-. Ambos comparten una característica relevante: no reconocen fronteras físicas, pero generan asimetrías de poder profundas entre quienes los dominan y quienes no.3

Sobre estas bases opera una red de subsistemas funcionales —productivo, financiero, educativo, entre otros— cuyo nodo central son las capacidades humanas: son ellas las que generan y dirigen lo que el sistema produce, las que le imponen la carga y el ritmo necesarios para garantizar una vida digna, la satisfacción de las necesidades colectivas y el desarrollo pleno de las potencialidades culturales, cognitivas, políticas y materiales del pueblo.

Pero, así como ‘población – potencial comunitario – proyecto político’ conforman el eje central del sistema, el eje articulador socio-material —ventajas dinámicas y estructura productiva— define el suelo real sobre el que los objetivos comunitarios del Proyecto Político crecen y se desarrollan: un sustrato cuya fortaleza determina hasta dónde pueden arraigarse y expandirse. Ambos ejes no corren en paralelo: se superponen y se condicionan mutuamente.4

Estos subsistemas no conforman un catálogo cerrado. El más disruptivo de los emergentes es el que denominamos provisionalmente Subsistema Cognitivo-Digital: la IA ha dejado de ser una herramienta de proceso para simular funciones cognitivas —aprender, crear, decidir— lo que la diferencia cualitativamente de cualquier subsistema tecnológico anterior.

Su alcance es transversal: automatiza procesos productivos, personaliza el aprendizaje, opera mercados financieros y habilitas formas de intercambio económico directo. Como todo avance científico-tecnológico, no es neutral en su función social. Pero a diferencia de los demás subsistemas —que se potencian entre sí por la lógica sistémica del conjunto— este tiene una direccionalidad asimétrica: penetra y reconfigura a los otros de forma unilateral, independientemente de que el proyecto lo contemple o no. Eso exige algo más que regularlo: hay que disputar su orientación..5

El conjunto no opera en el vacío. Lo condiciona un entorno que lo presiona y lo interpela de forma permanente: estados nacionales, actores de diversa índole con gran capacidad de incidencia, estructuras hegemónicas de poder (S.P. Guimaraes), la economía mundial, el cambio tecnológico y la crisis ecológica global. Ninguno de estos factores es neutral: cada uno distribuye ventajas y desventajas, abre y cierra márgenes de maniobra. Ello exige al sistema una capacidad de lectura y respuesta que no puede improvisarse ni sostenerse sin una orientación estratégica de largo plazo.

La definición de objetivos, la modulación de las relaciones internas y la decisión sobre con quién coaligarse son atribuciones exclusivamente nuestras. Pero cualquiera sea el rumbo elegido, algo está fuera de discusión -y los últimos años han sido pródigos en recordatorios cruentos-: sin determinados instrumentos, los desafíos no se enfrentan con éxito. Una estructura industrial sólida, una capacidad científico-tecnológica significativa y una conducción estratégica coherente no son opciones: son condiciones.

Esto conduce, a su vez, a la dimensión temporal: todo proyecto y sistema tiene historia, trayectoria y -lo que suele omitirse- «tiempos de descuento». Sobre el papel, ciertos datos pueden parecer fijos e inamovibles; en la realidad, la miseria, la desindustrialización o la subordinación a intereses ajenos nos corroen en cada minuto que se la sufre. 6

El Proyecto no es más que una declaración de buenas intenciones si no incluye objetivos, plazos y ritmos. Muchas cosas pueden operar a nuestro favor, pero el tiempo no es una de ellas. (Ver aquí).

El papel del Estado y principios de funcionamiento

El Estado no figura como un subsistema más, sino como el marco político-institucional que articula y orienta el conjunto. Esa posición se sostiene en la capacidad de decidir y en los instrumentos que la hacen efectiva: regulaciones, planificación, leyes estratégicas y control de gestión. Lo que guía todo eso es el Proyecto Político Alternativo: no como trámite formal, sino como expresión programática que fija objetivos, les da contenido concreto y señala al Estado el rumbo de una transformación superadora.

El esquema, en consecuencia, no es un organigrama institucional ni un mapa de sectores estatales: es la representación de un sistema nacional en movimiento, donde los subsistemas importan tanto como las relaciones entre ellos y el proyecto que los orienta. Sin ese entramado, el sistema puede llegar a existir, pero no opera como tal.

También es preciso recuperar y elevar la profesionalidad del funcionariado estatal en todos sus estratos. Porque si el pueblo es el sujeto histórico de la Nación, sus funcionarios son la expresión calificada de ese sujeto dentro del Estado.

Pero no se trata solo de competencia técnico-administrativa: deben comprender la urgencia de los desafíos y actuar con visión sistémica, fortaleciendo la dinámica del conjunto. Con esa profesionalidad, el sistema puede operar como lo que debe ser: un instrumento colectivo orientado a objetivos de largo plazo. Sin ella, la conducción existe en el papel, pero no opera en los hechos.

En suma: asumir una visión sistémica implica reconocer que el análisis fragmentario genera diagnósticos ciegos y que las relaciones entre las áreas de trabajo, y la totalidad de las partes del proyecto transformador a construir, son lo esencial. Pero esto es condición, no destino. Lo central es definir los objetivos, construir las coaliciones, trazar las líneas de trabajo y sostener un proceso continuo de elaboración, participación y conducción colectiva — única forma de cortar con la subordinación, recuperar nuestra condición de sujeto colectivo activo, romper con el extractivismo social y material al que estamos sometidos y construir un sistema basado en la potenciación de la condición humana y en un esquema de ventajas dinámicas sistémico.

Posdata: La sistematicidad que organiza este trabajo reconoce una deuda decisiva con el Ing. Antón Borja, quien me afirmó en dicha perspectiva, y el fundamental apoyo recibido, en su momento, por el Lic. Héctor Valle y Don Alfredo Eric Calcagno.
En conjunto, concebían los sistemas como un todo formado por lo social, lo cultural, lo económico y lo político. Borja sintetizaba que la industria, la innovación, la autoderminación y la democracia económica y salarial eran elementos esenciales y advertía que la desindustrialización es fundamentalmente un problema social y político.
En ciencias sociales más amplias, la visión sistémica también aparece en Immanuel Wallerstein y su sistema-mundo, y B. Amable, R. Boyer y R. Barré especialmente en sus estudios sobre los sistemas de innovación, sin olvidarnos de Ludwig von Bertalanffy, creador de la Teoría General de Sistemas.


Notas:

1 Los Proyectos Políticos Alternativos son construcciones político-ideológicas y, por tanto, construcciones sociales resultado de coaliciones que emergen de relaciones de fuerza y procesos históricos particulares desarrollados en ámbitos delimitados. Su plasmación concreta responde necesariamente a esa dimensión. Esto implica la posibilidad de que existan tanto coincidencias como singularidades con otras experiencias: los objetivos asumidos como socialmente prioritarios no tienen por qué ser globalmente idénticos, ni materializarse por una única vía. Como introducción al debate, podríamos incluir en el Proyecto Político a diseñar la construcción de una sociedad libre, democrática, participativa, socialmente justa, integrada e integradora, diversa y solidaria. Esta solidaridad se extiende tanto a nivel colectivo como hacia cada individuo que habita nuestra patria, más allá de cualquier característica singular —objetiva o subjetiva— que pueda definirlos. Respetuosa del derecho a la autodeterminación de los pueblos, del principio de no injerencia y comprometida con la resolución de los conflictos en el escenario global por vía de la negociación. Con una vocación multilateralista, de reconocimiento a nuestra pertenencia latinoamericana y de colaboración activa en el ámbito internacional, pero especialmente en nuestro espacio sudamericano y regional (Mercosur), pues la singularidad del Proyecto Político no niega que compartamos semejanzas estructurales y similares desafíos.

2 Dado que empleamos en este trabajo tanto sistema como sistémico, es importante distinguirlos. El primero refiere a un conjunto organizado de elementos interdependientes, por ejemplo, un sistema productivo. El segundo es un enfoque, una manera de analizar la realidad y de orientar el funcionamiento concreto del Proyecto que se desea implementar. En esta perspectiva, además, el observador forma parte del sistema lo cual significa que todo diagnóstico e intervención están situados y condicionados por la posición de quien los realiza. Igualmente podemos incluir como Principios del funcionamiento Sistémico a- La interdependencia: Ningún subsistema funciona de manera aislada. b- La complementariedad: Cada componente aporta al todo desde su función específica. c- Sinergia: La acción conjunta genera resultados superiores a la suma de las partes. d- Equilibrio dinámico: El sistema se adapta permanentemente a cambios internos y externos. e- Adaptabilidad: Capacidad de aprender, transformarse y anticiparse. Y f- Sostenibilidad: Desarrollo presente sin comprometer las capacidades de las futuras generaciones.

3 En sus primeras décadas, los objetivos de la actividad espacial fueron básicamente políticos, militares y experimentales con un dominio casi exclusivo de las dos grandes potencias de la época. En los últimos años se han producido cambios sustanciales: ganan peso las actividades con fines estrictamente económicos; el número de países que las desarrollan crece -las agencias espaciales nacionales rondan las 70- y la participación privada se multiplica, con unas 30 empresas que construyen y lanzan sus propios vehículos, algunas con programas completamente independientes de los gobiernos. Los recursos financieros involucrados muestran tendencia creciente. Para nosotros, dada nuestra difícil situación actual, este campo parece pertenecer a la ciencia ficción. Sin embargo, una estrategia internacional seria no puede ignorar esta evolución: otras naciones y actores externos ya inciden en nuestra realidad desde el espacio —sin olvidar las disputas en torno a la localización en nuestro territorio de infraestructura de apoyo o investigación—. Argentina misma ha desarrollado en los últimos 15 años uno de sus proyectos emblemáticos vinculados al espacio exterior con los satélites construidos por INVAP.

4 El Proyecto de Desarrollo Alternativo tiene como objetivo principal sentar las bases materiales que sustenten los fines del Proyecto Político, por lo que es un elemento fundamental de este. Su eje radica en el desarrollo de las fuerzas productivas, pero siempre en función de los valores y metas establecidos por el Proyecto Político. No son etapas separadas, sino procesos paralelos e interrelacionados.

5 La masividad que esta nueva realidad alcanza —mediante la accesibilidad de los medios de telecomunicación y la interconectividad— genera un impacto profundo en campos muy diversos, con especial incidencia en la información y la desinformación. Su carácter inasible plantea un desafío directo a la noción misma de espacio nacional. Numerosos gobiernos han creado organismos estatales y paraestatales, y adoptado estrategias en áreas que van desde la propaganda hasta la inteligencia y la seguridad, con el fin de actuar en este nuevo ámbito tanto defensiva como ofensivamente.

6 Para completar esta introducción, el factor temporal constituye la dimensión dinámica del sistema, articulando su evolución a través de distintos horizontes: Corto Plazo: Estabilización y atención a las urgencias inmediatas; Mediano Plazo: Consolidación de capacidades y transformación estructural; Largo Plazo: Desarrollo sostenible y proyección soberana en el plano regional e internacional; Aprendizaje continuo: dimensión transversal de monitoreo, retroalimentación y adaptación permanente.

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