¿Y ahora qué?

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Más torres  

Episodio XXXII. El arquitecto y la jueza.

Vamos a asistir por segunda vez a una escena de la vida íntima en tiempo real de la pareja de amantes formada por el arquitecto demoledor Ricardo Junio Blanco y la jueza federal,María Eugenia Cangulari, muy amiga del gobierno de la ciudad.

He aquí los personajes:

–Mi gordita, prendé el velador. No encuentro la perilla.

–No, ahora, no.

–No puedo dormir, dale, gordita…

–¡No me digas “gorda”!

–Bueno, mi amor, prendé la luz.

–No. Hablemos a oscuras. ¿Qué te pasa?

–Pienso en la demolición de French y Bustamante. Ya está todo removido. No hay escombros.

–Sí ¿Y qué más?

–La de la esquina de Cabello y Bulnes.

–Ah, sí Ricardo, ya está todo listo, ya están gestionados los permisos de obra, los planos de demolición, ya están.

–¿Y la de Republica de la India y Cerviño, y  la de coronel Díaz y Las Heras, y la de Jorge Newbery  y Cabildo?  Jorge Newery es toda nuestra. Y Caballito también. Y tenemos las obras del Botánico… ¡Y a la Plaza Armenia, la vamos a dejar supermoderna! ¡Y el Luna Park! ¡Podemos bajar el Luna Park, es una de las zonas más caras de la ciudad! ¡¿Sabés todo lo que podemos hacer ahí?!

–Ay, Ricardo, por favor, durmamos…

–Es que… ¿Sabés lo que haríamos cuando se empiecen a cobrar las ventas, cuando se vendan las torres? Y cuando se venda la de Lafinur, mi amor, ¿A dónde podríamos irnos?

–Eso tarda. Falta todavía.

–No, las hacemos en tiempo record. Y vendemos los deptos. En efectivo. ¿Te acordás cuando contábamos los billetes en lo de la escribana?

–¡Sí! La plata en cash era más linda.

–Ahora vamos a hacer las ventas en efectivo….

–Pero las ventas están tardando mucho. Se está vendiendo muy poco.

–No, mi gordita, no, Ya tenemos todo vendido. Bueh, casi todas las unidades vendidas, y cuando se haya consumado el “cambio”,  digo, esto del “rumbo” vamos a sacar un fangote, una fortuna, una cascada de billetes.

–Una cascada, jajajaj…

–Cuando cacemos el primer fangote, viajamos.

–Sí, como siempre. Ahora durmamos.

–Pero, pensemos. Hagamos un crucero por el Glaciar Ártico, o por el Mar de Laptev, que por ahí nunca fuimos.

–Es que no nos queda lugar en el planeta para ir.

–Vayamos a Somalia, a esa costa norte del Índigo africano, que más arriba está el Mar Arábigo. 

–¿Estás loco, Riqui? Es zona de conflicto.

–Y, sí. Vamos para ahí. Ahora se organiza turismo a zona de guerra, podríamos probar…

–Ay, no, mi amor, vamos a dormir

Se hace una pausa silenciosa. María Eugenia ronca fuerte. Súbitamente, Ricardo prende el velador.

–¡Ay, no, qué pasa, Ricardo!

–Es que no puedo dejar de pensar.

–¿En qué?

–En las demoliciones. En las montañas de escombros.

–Sí. Se te hace agua la boca a vos con las demoliciones.

–Y te imaginás, si con la Desarrolladora fuéramos a negociar a las zonas sísmicas. A Centroamérica, a México, a Panamá, a Colombia, a V… 

–No lo digas, no seas bestia.

–Está bien, no lo nombro…Todavía se están, haciendo los rescates…  ¿Te acordás cuando a mí se me quedó un obrero sepultado y lo sacamos?

–Sí, fue el año pasado. El negrito Brian, cómo no me voy a acordar. Perdió una pierna.

–Pero lo indemnizamos bien.

–Igual, fue una desgracia. Eso fue un accidente evitable. Por suerte te acomodé el fallo. Pero, que no vuela a pasar.

–No, mi gordita, no me pasa nunca.

–¡No me digas “gorda”! Apago la luz.

María Eugenia apaga  y se la oye roncar otra vez. Súbitamente, Ricardo vuelve a prender el velador.

–¿Sabés las torres que podremos levantar cuando se terminen los rescates?

–Ricardo, ¿cómo podés pensar eso? ¡Sos una bestia!

–Sí, no puedo parar de pensar. Vos sabés, soy un tipo pragmático. Tengo el pensamiento ocupado por las torres. Mi cerebro es un planeta chico lleno de torres que le brotan. ¿Te imaginás los hoteles de lujo, las edificaciones magníficas que podríamos hacer ahí? Eso es el Caribe, nos forramos. A Romina, a Natalia y a Stella las pongo a vivir en una mansión, y nosotros, no sé, nosotros  ya no vamos a tener a dónde viajar… Sabés, podríamos comprarnos toda Roma….comprar el Palacio del Quirinal, podríamos comprar la casa del Partido Comunista Italiano en la  Vía delle Botteghe Oscure  y hacer una torre adentro conservando la fachada, como se hace ahora.

–Eso ya está hecho, mi amor. Están haciendo un hotel dentro de lo que era la sede del PCI. ¿No viste?

–Sí, tenés razón, me había olvidado… Bueno, está el Trastévere. Ahí podríamos demoler algunas casas muy viejas y edificar.

–Ay, no, Ricardo, te estás pasando. No me toques el Trastévere… te voy a dar una pastilla para dormir.

–Bueno, mi gordita, no te enojes. Si no querés en el Trastévere, podemos edificar en la Piazza del Pópolo que tiene mucho espacio vacío…

María Eugenia saca una pastillita de su mesa de luz y se la pone en la boca a Ricardo. Ricardo cae dormido en el acto con una sonrisa. María Eugenia apaga la luz.

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