A Sebastián Marset lo vendieron su ambición y su arrogancia. Quizá porque como muchos otros narcos tuvo una infancia con muchas carencias, con padre transportista que lo abandonó a los 8 años y madre empleada doméstica, al narco más buscado de la región la vida ostentosa le fascinaba. La relación con el paraguayo Horacio Cartes y con los conciertos evangélicos.
Marset y su corte se paseaban por las calles de Santa Cruz de la Sierra en el auto blindado más caro del mundo, el Nivel 7, el de mayor blindaje para uso civil del que hay un solo ejemplar en toda Latinoamérica, precisamente el que daba vueltas por la capital cruceña.
Por supuesto, alguien lo vio y comenzó a seguir el hilo de la madeja. El grueso de datos no vino de la policía boliviana, que por años no solo no hizo nada contra el uruguayo. Cuando lo iban a capturar le avisó para que pudiera huir.
El grueso de la información lo dio la DEA y también ayudó la policía paraguaya. Y fueron los primeros los que intervinieron en las viviendas donde se encontraban los delincuentes. Los bolivianos solamente proporcionaron la protección del perímetro exterior.
A una semana de producido el operativo la fiscalía ha aclarado que participó muy poco, pero también ha deslizado la información de que al momento ya no hay qué requisar en las viviendas. “Los gringos se llevaron los aparatos de comunicación a Estados Unidos para investigarlos. La policía boliviana se llevó las armas. El resto de los bienes, incluyendo dinero de las cajas de seguridad, simplemente se esfumó”, señaló una fuente de Inteligencia.
Pero además el periodista Junior Arias sostiene que al momento del apresamiento, Sebastián Marset no dormía sólo. En su canal, Detrás de la Verdad, Arias mostró incluso el documento de identidad de Susana Castaños Ríos, de nacionalidad venezolana. Según el comunicador era la compañera sentimental del narco pero simplemente desapareció. No está entre los encarcelados, ni figura entre los informes oficiales, lo que hace creer que ya tenía un trato con la DEA. Hay que recordar que EE.UU. ofreció 5 millones de dólares por el mafioso.
El dinero y el diablo
Un viejo proverbio ruso dice que «El dinero es la cuerda con la que el diablo ahorca a los hombres». Y ahora esa cuerda está siendo anudada por la justicia norteamericana, que no puede acusar a Marset de narcotráfico porque éste exportaba la cocaína boliviana y peruana que acopiaba no a Estados Unidos sino a Europa, dejando una pequeña parte en Argentina, Paraguay y Brasil.
Pero el narco uruguayo cometió el mismo error que los exdirigentes de la Conmebol que recibieron sobornos por la transmisión de los partidos de sus selecciones: operó a través de bancos norteamericanos. Las leyes contra el lavado de dólares en Estados Unidos son muy estrictas y la pena puede ser de hasta 20 años de cárcel.
¿A menos? A menos que colabores y des nombres y datos. Y según las fuentes de Inteligencia consultadas el narco uruguayo está colaborando con gran prestancia cantando varias cosas (información que acaba de ser corroborada por el encargado de la lucha antinarcóticos boliviana Ernesto Justiniano). Igual de locuaz fue, hace algunos años, el encargado financiero del clan mafioso, Federico Santoro, también uruguayo, quien fue el encargado de traspasar los euros recolectados de la venta de las drogas en Europa, en dólares. Preso en Estados Unidos desde el 2015, Santoro fue calificado por Marset como un “Sapo” es decir un delator que dio pelos y señales sobre el negocio y sobre su patrón.
Interpol calcula que la fortuna de Marset pasaba de los 400 millones de dólares.
Ahora bien, aunque el delito no haya sido cometido en Estados Unidos el hecho de que se haya utilizado su infraestructura bancaria para el lavado de dinero está fuertemente penado.
Las autoridades norteamericanas no sólo tienen interés en la ruta de las drogas, sino particularmente en los políticos y uniformados colaboradores del narco. Por ejemplo, ¿cómo llegó el pasaporte uruguayo a manos del delincuente para que pudiera salir de Dubai, donde estaba preso por haber ingresado con pasaporte paraguayo falsificado? Ojo que el propio expresidente uruguayo Luis Lacalle Pou ordenó la entrega del documento.
Pero Marset tenía también relación con la familia del expresidente paraguayo Horacio Cartes. Particularmente con el tío Nicolás Capdevila, con quien estuvo preso en Uruguay tras internar 450 kilos de marihuana.
¿Qué contactos tenía con la policía boliviana y con alguna autoridad del gobierno de Luis Arce que hizo fracasar su captura hace 3 años al notificarle minutos antes de que el operativo se llevara a cabo? y ¿cómo vivió todo este tiempo en Bolivia sin ser detenido?
Y a todo esto se suma la relación con iglesias cristianas. Uno de los métodos favoritos del lavado de dólares del uruguayo eran los conciertos evangélicos. Uno de los empresarios que se dedicaba al mismo rubro, Marco Núñez del Arco, está preso en la cárcel de Palmasola, acusado de estupro. Gente allegada a él habría trabajado para Sebastián con la finalidad de presentarlo a la sociedad de la ciudad.
Las luces de las salas de interrogatorio en Miami están más prendidas que nunca.
Ya la Biblia lo dijo: «No es el dinero la raíz de todos los males, sino el amor al dinero”. Y con ellos, la ostentación. Si no desaparece, el blindado Nivel 7 será un recuerdo más en el museo de la lucha antinarcóticos. Cosa que no debería preocupar a Marset: no necesitará más movilización motriz que la que le brinde la prisión para ir a juicio.