La batalla cultural que ganó el Gobierno de Javier Milei es el apoyo a su política de tipo de cambio bajo con relativa estabilidad de precios, según Martín Burgos, graduado en la UBA y Magister en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París. “Si el Presidente no devalúa, dura dos años más”, estima el economista, coordinador de Economía Política del Centro Cultural de la Cooperación. Y deja algo para la polémica: que el peronismo puede mantener su modelo social y productivo, pero si no modifica el esquema cambiario “va a volver a perder elecciones”.
El perro del hortelano se hizo célebre con una comedia de Lope de Vega llevada a escena en los años de 1600, en pleno Siglo de Oro español, pero puede aplicarse a estos últimos años de la relación con Estados Unidos. Burgos señala que el Presidente Donald Trump “no deja que” China invierta en Argentina pero tampoco se esfuerza por impulsar aquí el desarrollo con inversiones. “No comía ni dejaba comer”, como aquel perro egoísta de la fábula, puntualiza en una entrevista con Y Ahora Qué? Burgos esboza un cuadro de situación: ¿Quiénes zafan con salarios más o menos empardados con la inflación y quiénes están “en la lona total? ¿Por qué se armó un River-Boca en la discusión por un tipo de cambio alto o bajo? ¿Cuál es la diferencia vital entre el acuerdo de EE.UU. con Argentina y el de México en 1994? ¿Cómo funciona la Teoría de la Invitación que desarrolló a Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong o Israel? ¿El Mercosur y el vínculo con Brasil están en peligro? ¿Qué tiene que ver Lionel Messi con los bonistas?
–¿Hay fuerzas contrarias a Javier Milei y Luis Caputo que empiezan a actuar desde el subsuelo?
–Se ha premiado la estabilidad en las elecciones. Me parece súper interesante lo que ha pasado en las bonaerenses del 7 de septiembre y las legislativas nacionales del 26 de octubre. No se puede pensar en una sin pensar en la otra. El 7 fue simplemente un apoyo al Gobierno de la Provincia y un rechazo al Gobierno nacional. Eso sirvió también de alarma.
–¿Se alarmó la población, cundió el temor?
–Mucha gente empezó a decirse ¿qué pasa si efectivamente pierde el Gobierno el 26? Seguramente, lo que debe haber pasado, entre otras cosas no, es el efecto del miedo. El efecto de qué pasa si pierde el Gobierno y viene una devaluación.
–La devaluación del peso que los principales agentes económicos y analistas anticipaban. Y que no ocurrió.
–La devaluación no es percibida como algo bueno por la gente. En un punto, creo que se premia la estabilidad de precios. Se ha premiado eso y no más que eso. Me parece que cuando el Gobierno piensa que ganó la batalla cultural le está sumando cosas muy propias de su agenda y que la gente no creo que esté de acuerdo. Pero como lo votó por el paquete, es legítimo que vayan adelante. Es una lección importante para todos nosotros.
–¿Se trataría, entonces, para los votantes, de aguantar penurias en aras de la estabilidad?
–La estabilidad tiene hoy un valor muy grande. Incluso por sobre muchos otros datos, como la falta de empleo, los problemas sociales, los problemas productivos. Eso existe y la gente es consciente. Las tasas de interés son muy elevadas. Que el barco no va bien, todo el mundo lo sabe. Pero entiende que hundir ese barco, no es buena respuesta.
–¿Quiere decir que para la sociedad funciona el ancla del tipo de cambio?
–El modelo de tipo de cambio bajo tiene múltiples efectos. Solemos ver que hay ganadores y perdedores de forma muy fuerte. En la sociedad se abre como una dualidad. Del lado de los ganadores están la intermediación financiera, y los recursos naturales como minería, petróleo y agro. Son los sectores que vienen creciendo mucho más, según el Estimador Mensual de Actividad Económica, el EMAE del Indec
–Por otro lado, están los que pierden y de manera muy acentuada.
–Los que están peor que en 2023, 10 o 15 puntos abajo, son la industria y sobre todo la construcción. El comercio un poco menos. Cada uno tiene sus explicaciones. La industria pierde, sobre todo, por las importaciones y la falta de competitividad que tiene esta economía que no ofrece absolutamente nada para el productor. En la construcción es la obra pública la que está frenada y cayó 80 por ciento en el presupuesto: donde antes se hacían 10 casitas ahora se hacen dos. Y después, el comercio. Simplemente, hay mucha gente que tiene menos plata.
–Cada día hay noticias de cierres de empresas y despidos.
–Las contracciones se reflejan en el mercado de trabajo. El trabajador que está en blanco está bien, dentro de todo. El que está bajo convenio logró, más o menos, estar en los niveles de 2023. Son niveles bajos, pero zafa. El problema está en el empleo público, del otro lado de la balanza. Los empleados públicos perdieron 20 o 30 por ciento de salario. Están en la lona total. Hay disparidades porque hay récord de patentamientos de autos. Pero el 70 por ciento son vehículos importados.
–¿Por qué no aparecen tensiones sociales?
–Diría que este es un buen momento para el consumidor y un mal momento para el trabajador. Obviamente, muchos son trabajadores y consumidores. Todo depende: si se encuentran bajo convenio, más o menos, lograron empardar la inflación. Zafan los que compraron autos, o electrodomésticos y ahora van a comprarse una vivienda con el crédito hipotecario UVA. Por otro lado, están los informales y empleados públicos, que son los más complicados. Los sectores que más empleo generan son industria, comercio y construcción y están entre los principales perdedores.
–¿Tiene recursos el Gobierno para seguir usando al dólar como estabilizador?
–La gran pregunta de los economistas es si esta clave política es sustentable. Nadie lo cree, salvo los economistas del Gobierno. Hay un amplio consenso en la ortodoxia y la heterodoxia de que hay muchísimos problemas con este tipo de cambio. No obstante, pareciera que el Gobierno, dados los réditos políticos recientes que tuvo, quiere seguir en este sendero. Quiere seguir en esta banda corta, entre 1.350 y 1.500 pesos. La banda oficial es mucho más baja. En esa media banda de arriba del dólar, es la zona de confort del Gobierno. El ministro Luis Caputo dice que ahí se siente cómodo. Creo que van a pretender llegar así hasta el 2027.
–Frente a una eventual devaluación ¿no son los sectores populares los que más sufrirían?
–Una devaluación genera un aumento de la pobreza. La devaluación no es lo que quiere la gente. No quiere otra vez un descontrol del tipo de cambio. Le gustaría mantener esto pero con trabajo y perspectiva de desarrollo personal. También para las empresas y el país. Hay un tema ahí para repensar entre los economistas de la oposición.
–¿El peronismo se inclinaría por un tipo de cambio alto?
–Hay como una especie de Boca-River. A la ortodoxia le gusta el tipo de cambio bajo y a la heterodoxia el tipo de cambio. Hay que salir de ahí, es un instrumento. Si tu objetivo es desarrollar productivamente, mejorar socialmente la condición de la gente, la cuestión es saber si eso se puede hacer con un tipo de cambio bajo u otras herramientas. Hoy se lo pretende hacer con un tipo de cambio alto.
–Pero, ¿la gente aprueba ese dólar más alto?
–Creo que choca totalmente con el deseo de la gente. Este es un modelo que ya se vivió un poco con el Gobierno de Alberto Fernández. Perdió las elecciones de 2023 y también las del 26O. El peronismo tendría que pensar en otra cosa. Si no, va a volver a perder. Si no cambian las circunstancias internacionales y si no suben los precios internacionales de la soja y los hidrocarburos, va a ser muy difícil que el Gobierno salga de esta recesión, de esta merma de la economía.
–Entonces ¿no es alocada la posibilidad de que este modelo siga hasta 2027?
–Si no se devalúa, puede seguir dos años más. Con esta recesión medio lenta, con inflación baja. La otra posibilidad es devaluar, pero sería una crisis bastante importante y después volver a crecer. Pero sería lo que estamos viendo desde diciembre de 2023. Hacés caer el consumo y los salarios. Y después se van recuperando. Es lo que ocurrió este año. No pareciera lo que quiere hacer el Gobierno. En términos inflacionarios sería totalmente negativo. Pero las dos opciones son recesivas.
–La operación rescate del Gobierno de Trump fue efectiva ¿Podrá serlo de ahora en adelante?
–Al acuerdo con Estados Unidos hay que entenderlo globalmente junto a la agenda financiera. Sabemos que el swap se armó porque el Gobierno no quería pasar por el Congreso si tomaba un préstamo. Así cómo estaba antes de las elecciones, el Congreso le rechazaba todas las leyes e incluso los vetos.
–¿El swap opera o no como un mecanismo de deuda?
–Técnicamente, el swap no es un endeudamiento. No tenía que pasar por el Congreso. Pero en los hechos es como el swap de China. Termina siendo un endeudamiento en la medida que usás tramos y tenés que pagar una tasa de interés. Tal vez, después del 10 de diciembre y dadas las negociaciones que hace el Gobierno, es posible que no sea un problema pasar por el Congreso. Cuando firmaron el swap, el Gobierno aceptó términos y condiciones. Tildaron el acuerdo y en la letra chica había un acuerdo de libre comercio.
–¿Favorece en algo el acuerdo comercial a la Argentina?
–Argentina es totalmente perdedora. Ni siquiera sé bien a quién le sirve en Estados Unidos. Podemos incrementar un poco las exportaciones de carne, lo cual le viene bien a EE.UU. porque le permite bajar un poco los precios. Tiene una tensión de precios en las carnes.
–Pero aquí ¿no se verifica lo contrario, una suba en el valor de la carne?
–A nivel interno va a generar lo que estamos viendo: los precios están subiendo de a poquito. La perspectiva para el engorde es un proceso de cuatro o cinco años de espera y tener así un efecto sobre la oferta o sobre la cantidad de cabezas de ganado. Hay una nueva demanda de Estados Unidos. Como la oferta es la misma, se resuelve con aumento de precios. Y tiende a impactar sobre los salarios. Es un tema conflictivo.
–En suma ¿Argentina sólo tiene las de perder?
–El tratado no tiene nada de un proyecto productivo real. Es muy distinto lo que hizo Estados Unidos con México en 1994 con el NAFTA. Le dijeron: ustedes van a producir autos y se los vamos a comprar. México pasó de producir un millón a producir 4,5 millones. De ellos, 3,5 millones los exportaba a Estados Unidos. Significó un desarrollo para México.
–Argentina ya tiene un sector automotor.
–Es un tema discutible tenerlo o no. Siempre es mejor tenerlo. Pero el crecimiento de México desde entonces ha sido más o menos similar al de Argentina. Quiero decir que México no se volvió un país desarrollado con aquel tratado. México no tuvo un desempeño espectacular en el crecimiento en los últimos 30 años.
–No hay documentos oficiales, pero ¿qué se sabe de los condicionamientos de Trump para la relación de Argentina con China?
–Está claro que con China la relación se puede complejizar. La letra chica del acuerdo todavía no la conocemos. Cuando Peter Lamelas, como candidato a embajador, habló ante una comisión del Congreso estadounidense, dijo que había que tratar de correr un poco a China de los ámbitos subnacionales, es decir las provincias. Allí China está bien inserta. Hay mucha relación. Es importante porque los recursos naturales, desde la Constitución de 1994, están en control de las provincias. Ellas definen quiénes invierten en litio, en minería, sectores que se van a potenciar. Allí Estados Unidos va a empezar a competir. Eso, en sí no es malo, significaría más inversiones.
–¿Dónde estaría la dificultad de la competencia entre las dos potencias?
–Lo peor que puede pasar es lo de los últimos años: que Estados Unidos no dejaba que China invierta en Argentina pero tampoco Estados Unidos invertía.
–¿Como el perro del hortelano?
–No comía ni dejaba comer. La cuestión es que era el peor de los mundos para nosotros Creo que eso va a continuar. No veo que Estados Unidos vaya a poner grandes inversiones en Argentina. En el caso de México, estaba al lado y se explicaba la maquila, o por la diferencia salarial. Argentina queda mucho más lejos.
–¿E inversiones en Inteligencia Artificial?
–Aparecieron esas cosas de OpenIA. Hacer algo con el frío patagónico. Mandar máquinas allá por el frío y cuestiones que parecen totalmente distópicas. No sé bien en qué va a quedar eso. Cuando dos potencias empiezan a tensionar por el liderazgo mundial, tenés que tratar de quedar bien con los dos, por las dudas No sabes quién va a ganar.
–Pero ¿Milei no tomó ya partido de manera evidente?
–Lo que hace es jugar enteramente por Estados Unidos. Te diría que se juega un pleno. Vamos a ver si le sale. Pareciera que no es la mejor opción, porque China es la que tendría más potencialidades para comprarnos, mientras que con Estados Unidos no somos complementarios. Competimos desde que son líderes mundiales de la posguerra.
–¿Acordar comercio con Estados Unidos no ha puesto en riesgo la relación con Brasil?
–Creo que está en peligro el Mercosur. Estados Unidos siempre trata de balancear a un país con su vecino. Lo hizo con India y China o con Pakistán e Irán. El Mercosur es cortar con esa dinámica y que Argentina y Brasil jueguen juntos, con dinámica propia y cierta autonomía económica y política. Si el Mercosur no tiene sentido para Argentina, habría una crisis grave. Terminamos presos de una geopolítica, un peón de ajedrez. Y ya sabemos lo que le pasa a los peones: muchas veces es sacrificado. Aunque a veces puede coronar.
–¿El Gobierno maneja algún plan de desarrollo?
–Hay siempre una teoría del desarrollo por invitación. Es la de Estados Unidos. Hubo una vieja discusión con la teoría de la dependencia. La del marxismo en los años de 1960 y 1970. Decía que no podía haber desarrollo dentro del marco del capitalismo. Entonces, había que hacer la revolución socialista. De repente aparecen países que se desarrollaban como Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong o Israel, con la invitación de la potencia financiándote.
–¿Desarrollarse, entonces, sólo por invitación de la potencia hegemónica?
–Hay otros casos. Se explican más por los conflictos. En la posguerra, Japón tuvo mucho conflicto con Estados Unidos. Japón tratando siempre de salirse de las tenazas de Estados Unidos. Y EEUU tratando de destruir sus monopolios, que eran los zaibatsu, corporaciones de origen familiar. Los japoneses hicieron entonces los keiretsu, otro estilo, horizontal y cooperativo, pero en el fondo eran lo mismo, para eludir a EEUU.
–¿Qué exige EE.UU. para que funcione ese modelo de desarrollo?
–Que el país tenga equilibrio fiscal. Pero los japoneses después empezaban a prestar fangotes de guita a tasas de interés negativas para eludir el control de EE.UU. En estos conflictos, hay una cooperación y a la vez un desafío de pensar el desarrollo así, algo que ahora está en boga. En verdad, soy muy escéptico sobre la buena voluntad de Trump para desarrollar otro país. Creo que esto tiene que ver con la idea de que están Trump y Milei.
–No serán eternos.
–Claro, un día estarán los demócratas y la situación con Argentina va a cambiar. A los demócratas los veo mucho más emparentados con una persona como Lula da Silva y el PT. Esto de que el establishment de EE.UU. ha invitado a Argentina a desarrollarse, no es así. Me parece que están usando a Milei como un peón.
–¿Cómo piensa Milei afrontar los pagos de la deuda?
–Este es un modelo que pierde dólares por todos lados. Siempre tiene flujo negativo de divisas. Lo resuelve con préstamos, como el del FMI, o con el blanqueo, o acelerando exportaciones como hizo con las liquidaciones del agro o con la ayuda del Tesoro estadounidense. Pero las deudas son muy distintas. Con el FMI es como estar en el hospital, no podés moverte por tus medios. Los sectores financieros de Wall Street no quieren comprar bonos argentinos o se los quieren sacar de encima.
–¿Por qué rechazan los bonos argentinos?
–Porque se dan cuenta que Argentina no quiere acumular reservas. Si no ven reservas para devolverles el capital, no te pueden rolear y ganar más intereses sobre los intereses. Es clavarse con bonos que no te pagan. Los mercados piden de la evaluación. Piensan que no tiene impacto inflacionario. Pero está totalmente descartada por el Gobierno por lo ya dicho. No quiere perder mucho de su electorado. El financista no sabe ni dónde queda Argentina. Le decís Messi y ubica un poco, pero no lo puede señalar en el mapa. No sabe cómo funciona la macroeconomía argentina.
–¿La deuda es el problema macroeconómico principal del Gobierno?
–Es uno de los dolores de cabeza. Pero diría que es secundario. El problema principal es el modelo. Si tu modelo es acumular reservas, bajaría el riesgo y te permitiría ir a los mercados financieros. Para eso, paradójicamente, lo mejor es no escuchar a los mercados financieros. Y tener un changüí político. Que la gente te vote.
–¿La oposición tiene una alternativa a este modelo?
–Tiene que pensar un modelo que la gente lo vote. Tratar de que siga la estabilidad de precios y del tipo de cambio. Acumular reservas de forma genuina y que eso redunde en una mejora en las calificaciones internacionales. No es algo que se pueda hacer de un día para el otro pero la idea de rolear la deuda pasa más por exportar, lograr divisas genuinas, sin quedar mal parado con la gente devaluando a rolete. Es lo que pasó en el Gobierno anterior. El programa económico del peronismo es muy parecido al del Gobierno de Alberto Fernández.
–A la vez, ¿no hay premisas básicas sociales que hacen a la naturaleza del peronismo?
–Hay consensos lógicos sobre políticas sectoriales, las necesidades en educación y salud públicas, en ciencia y tecnología, con empleados públicos y trabajadores en buenas condiciones. Políticas para lograr apoyo social. Es lo que le gusta a la gente. Políticas productivas industriales para se genere empleo y competitividad Industrial. Con eso la gente está totalmente de acuerdo.
–¿En qué puntos flaquea el modelo del peronismo?
–Creo que están demasiado preocupados por los mercados financieros. Se comen el verso de los mercados que les piden devaluar para acumular reservas. Pero la gente ya no quiere saber más nada de las devaluaciones, ni con un tipo de cambio alto. Se trata de pensar muchísimas políticas productivas y sociales para compensar los efectos negativos de este tipo de cambio tal como está. Si querés ganar las elecciones, hay algo que el peronismo tiene que empezar a cambiar.
–¿No sería deseable frenar o moderar las importaciones?
–Se puede hacer muchísima política proteccionista. Trump es el ejemplo de que podés poner aranceles al 50 por ciento y chau. El tipo de cambio alto fue una buena herramienta para la salida de la Convertibilidad. Hoy está habilitado el vale todo. Trump lo hizo al destruir la Organización Mundial de Comercio. China lo hace. Hay que ir adaptándose, a herramientas de moda en Europa y en Estados Unidos para fomentar la industria.
–¿Y en materia de energía y de agricultura?
–Hacer política en los hidrocarburos, mejorar la relación con el campo. No creo posible hoy seguir con retenciones de 35 por ciento. Eso no va más. Genera muchos gastos y tal vez menores ingresos y en lo fiscal habrá que discutir. No podés tener un tipo de cambio bajo y rígido sin compensar los efectos negativos. Si no, terminás haciendo lo mismo que este Gobierno. Terminas en un ajuste fiscal tremendo.
–¿Cuál sería una política impositiva avanzada?
–Por más que le subas un poquito el impuesto progresivo y le bajes un poquito el gasto regresivo sigue siendo un ajuste del estilo de José Luis Machinea en 1999. Si a este ajuste fiscal, le agregas una devaluación, ya directamente armás un programa para que nadie te vote.
–¿Hay en el peronismo consenso en lo que planteás?
–El problema en el peronismo no son las políticas en las que todo el mundo está de acuerdo. La discusión es si el tipo de cambio alto y equilibrio fiscal conecta con lo que la gente quiere. La gente prefiere tipo de cambio fijo y eventualmente un poco de déficit fiscal.