La Casa Blanca tuvo otra semana peleona, pero con movidas fuertes y difíciles de ignorar. Es lo que hacen tantos estadistas: no contestar el puchero del Hombre Más Poderoso del Mundo hasta que se le pase. Esta vez hubo hasta intercambio de notas, que hicieron que todo fuera oficial. Hasta un reclamo de Trump en favor de Bolsonaro.
También hubo una seguidilla de declaraciones -que no textitos en Truth Social- contra las naciones de Asia que el canciller norteamericano está visitando. Ni hablar de Vladimir Vladimirovich Putin, que guardaba un sonriente silencio en el Kremlin pero parece haber impacientado a Donald Trump.
Lo del ataque a Brasil es de película. Trump no puede usar el gastado argumento de que EE.UU. tiene déficit comercial por trampitas cariocas, ya que de los 92.000 millones de dólares de intercambio del año pasado, su bando tuvo un superávit de más de siete mil. De hecho, la situación es así hace años, con lo que los del norte ya acumularon un superávit de más de 90.000 millones desde 2009. Para peor, los brasileños compran cosas en el tope de la agenda trumpiana, como turbinas aeronáuticas, diesel, gas natural y maquinarias industriales. La excusa, que Trump andaba rezongando hace un tiempo, es que las causas contra el ex presidente Jair Bolsonaro por golpismo son “una caza de brujas”.
El Hombre Naranja le mandó este jueves una carta oficial a Luiz Inácio Lula da Silva avisando que le va a poner tarifas del cincuenta por ciento a todos los productos brasileños. La carta explicaba que una razón es que “la manera en que Brasil trata al ex presidente Bolsonaro, un Líder Muy Respetado -mayúsculas en el original- en el Mundo durante su Gobierno, incluyendo los Estados Unidos, es una desgracia internacional”.
La carta seguía con otra pelea, esta vez contra “las Ordenes de Censura SECRETAS e ILEGALES contra plataformas de medios de Estados Unidos” y aclaraba que había ordenado una investigación propia. La bronca es porque en el contexto de la causa Bolsonaro el supremo Alexandre de Moraes le ordenó a varias de esas compañías digitales que borraran cientos de mensaje llamando a movilizarse por un golpe. De Moraes hace rato que es un blanco de la derecha norteamericana, solidaria con la brasileña que hace lobby para que sancionen al juez.
El lunes, Trump ya había tuiteado que lo que le “estaban haciendo” a Bolsonaro “ya me lo hicieron a mí, por diez. Es una CAZA DE BRUJAS”. Lula contestó que “me parece muy equivocado que un presidente ande amenazando a otro por las redes sociales. Parece que no sabe que el mundo cambió y ya no hay emperadores”.
Que los norteamericanos le hagan la guerra comercial a los brasileños sobre esta base… ya querría uno encontrar alguna razón geopolítica y no quedarse con el capricho de un super hombre.
En el Kremlin
Con Rusia es distinto, porque desde 1945 es una potencia militar. Tantas películas hacen creer que los aliados ganaron la guerra desembarcando en Normandía, pero los que saben, saben que la guerra europea la ganó Stalin a un costo inmenso. Para mayo de 1945, cuando lo que quedaba del Reich se rindió, la URSS tenía el mayor ejército del mundo, la mayor cantidad de blindados del planeta y una fuerza aérea que reíte. Un viejo chiste de los especialistas en defensa es que la razón por la cual los norteamericanos nunca matan rusos es porque la regla de oro es “nunca te metas con uno de tu tamaño”. Rusia es el único país que puede destruir los EE.UU.
Con lo que el evidente fastidio de Trump por la continuación de la guerra en Ucrania no pasa, todavía, de eso, fastidio y declaraciones enojadonas. Los rusos cambiaron de táctica y no andan presionando tanto en frentes paralizados por la abundancia de drones. Lo que hacen ahora es bombardear ciudades, y esta semana llovieron misiles y drones en Kiev, la capital enemiga. Hubo sólo dos muertos, pero fueron horas y horas de explosiones, gentes en los refugios, miedo y desmoralización. El cálculo es que Putin disparó al menos 18 misiles y 400 drones, muchos de ellos volando por ahí para distraer las defensas antiaéreas y hacerles gastar munición. Los medios ucranianos recogieron una nueva preocupación de los civiles: ¿alcanza la munición antiaérea? ¿tenemos misiles suficientes para parar a los rusos?
Otro tema es la creciente grieta en la política ucraniana, un síntoma de cansancio con la guerra eterna. La invasión rusa ordenó el frente interno, como es esperable, con gabinete de unidad nacional y un tono patriótico de apoyo al gobierno en la emergencia. Bastante duró, en un país conflictivo con pulsiones políticas muy diferentes, pero los críticos de Volodimir Zelensky se están haciendo escuchar.
Los europeos se dedicaron en estas últimas semanas a dorarle la píldora a Trump proponiéndole un silogismo: si él estuvo “magnífico” en su bombardeo a Irán ¿por qué no hacerle algo así de drástico a los rusos? El canciller alemán Friedrich Merz, fue uno de los voceros de la idea, que no incluye bombardeos literales, que irían en contradicción con la regla de oro. La idea es un bombardeo económico, con sanciones a los países que le compren petróleo a Rusia. Eso sería ir directo a la yugular financiera de Putin y una posible manera de que simplemente no pueda seguir con su guerra.
Trump no llegó a tanto, pero ya no oculta su fastidio con una negociación que no está ganando. Y esta semana renovó la asistencia militar a Ucrania, lo que esperanzó a los europeos.
Agenda doméstica
La alarmante construcción de un nuevo régimen interno le está resultando más fácil a Trump y sus minions, que esta semana tuvieron varios éxitos. El gobierno recibió permiso judicial para poder echar empleados a nivel nacional, después de que un amparo en mayo paralizara los despidos en 23 agencias y entes. Los trumpistas no usan la palabra casta, que en inglés se asocia a algo más racial, pero están en la misma de describir al empleado público como un ñoqui genérico.
Por allá, le ponen un bies mucho más político, como quedó claro esta semana cuando se filtró que el director del FBI, el impresentable Kash Patel, ordenó que todo el personal se someta a un test con un detector de mentiras. No fue para detectar espías o corruptos, fue para ver quién le es personalmente leal a Donald Trump. Esto es simplemente inédito y no ocurrió ni siquiera en lo peor de la Guerra Fría y el macartismo, cuando te preguntaban si eras comunista pero no si adorabas a Eisenhower o a Kennedy. Y es peligroso, porque el FBI es una agencia enorme, con presencia en todo el territorio y mucho personal, y la autoridad legal para hacer espionaje interno.
Tantos golpes y tantos logros judiciales parecen haber despertado a los demócratas del coma post electoral que parecía que los iba a dejar como nuestra UCR. Pero hay ahora dos frentes internos en pleno crecimiento, ambos progresistas y convencidos de que la manera de volver al ruedo y ganar es con propuestas fuertes, centradas en la economía. Uno de los grupos se llama Majority Democrats, Demócratas en Mayoría, y funciona como una red de políticos más bien jóvenes que tienen en común haber ganado en elecciones que pintaban mal. Hasta ahora son treinta legisladores nacionales y estatales, y funcionarios locales, pero la movida está creciendo.
Lo interesante son las ideas centrales, que todavía no hay un programa común. Una es que no va más el complaciente establishment partidario, con sus multimillonarios “progre” y su aparatismo. Figuras como Alejandra Ocasio Cortez y Zohran Mamdani tuvieron que ganarle internas bien perras a candidatos del aparato local y mostraron un camino nuevo. Otra idea es que los demócratas se olvidaron del costo de vida, de los salarios y los trabajadores, y no paraban de hablar de aborto, transexualidad, lenguaje políticamente correcto. Trump los madrugó fácil con su mensaje populista y pro industrial.
En paralelo, se está hablando de otro grupo, el States Forum, Foro de los Estados, que reúne a legisladores a nivel provincial que entendieron dos cosas: una que los republicanos cambiaron vastas áreas del país concentrándose en las elecciones “chicas”, y otra que en Washington no les daban ni la hora. Hasta ahora, el Foro es más una red de debate y circulación de ideas, y un lugar donde conectarse con colegas afines. Varios de ellos tienen éxitos que salvaron el honor partidario en el desastre electoral del año pasado, logrando quebrar super mayorías republicanas en estados como Carolina del Norte y Wisconsin. Varios de esos legisladores lograron más votos que Kamala Harris en sus distritos.
Muy distinto es el panorama que enfrenta Elon Musk, el super rico, que se empacó con crear su propio Partido Americano. Los terceros partidos en Estados Unidos son históricamente ínfimos y sirven para “orientar” al electorado, si tanto. Musk no dio detalles de la ideología que aspira a instalar, excepto vagamente hablar de ser conservador en la economía pero no en lo social. Si eso es todo, le falta originalidad: esa es la posición básica de los republicanos moderados, que siguen ahí, republicanos, tapados por le ruido de los MAGA.
La crueldad
Ya van 158.000 inmigrantes sin papeles que fueron detenidos, 113.000 directamente por los Men in Black de Migraciones, el resto por otras agencias locales. El entusiasmo por detener a quien se les cruce es notable, y ya nadie se cree que sean todos criminales con orden de captura. La mayoría de los presos están apilados donde se pueda, en condiciones brutales.