Los detractores de Trump abusan de argumentos geopolíticos y no recurren a los económicos para augurar que su política terminará de arruinar al dólar como moneda mundial. Los nuevos aranceles torpedearon la industria automotriz. La incertidumbre de corto plazo es un reflejo de la más profunda de largo plazo. La gran importancia política de esta distinción.
El estatus global de dólar amenazado por la necedad del President of the United States número 47, POTUS 47, la paradójica idea de devaluarlo para fortalecerlo y la incertidumbre, son los rasgos principales que delinean la cara de la moneda corriente en el debate sobre las perspectivas de la economía-mundo. En la ceca de la moneda, el vicio cincelador de la tara ofertista casi no tiene detractores.
Para el resto de los países que forman parte de la economía mundial, de la otra moneda que está en el aire esperan que si cae cara ganen los norteamericanos y si sale seca pierda el resto. De ahí que estos acontecimientos definen la capacidad y posibilidades de crecimiento sostenido de la economía mundial y lo que queda del día para la economía-mundo. Hay un bonus track para una nación como la Argentina, en razón de ser uno de los dos o tres territorios del planeta fuera de los Estados Unidos, donde más corre y se atesora el dólar.
El historiador francés Fernand Braudel deslinda la economía mundial de la economía-mundo refiriendo que “por economía mundial, entendemos la economía del mundo tomada en su totalidad, el «mercado de todo el universo», como ya decía Sismondi. Por economía-mundo, término forjado a partir de la palabra alemana Welt-wirtschaft, se entiende la economía de sólo una porción de nuestro planeta, en la medida en que éste forma un todo económico”.
A la economía-mundo, que se agrupa en la actualidad en el G-7, la definen tres rasgos.
El primero de ellos es el de un territorio con límites precisos que se expanden o contraen con lentitud, tiene una única gran ciudad como eje y nervio motor –hoy y desde hace algo menos de un siglo Nueva York y no Washington, en los Estados Unidos- y se divide en zonas sucesivas. Luego de “la región que se extiende en torno al centro”, describe Braudel, después vienen “las zonas intermedias, alrededor del pivote central. Finalmente, ciertas zonas marginales muy amplias que, dentro de la división del trabajo que caracteriza a la economía mundo, son zonas subordinadas y dependientes, más que participantes. En estas zonas periféricas, la vida de los hombres evoca a menudo el purgatorio, cuando no el infierno. Y la situación geográfica es, claramente, una razón suficiente para ello”.
Esto no es de ahora, en vista de que –siempre de acuerdo al historiador francés- “La imagen actual -países desarrollados por un lado, y países subdesarrollados por otro constituye ya una auténtica realidad, mutatis mutandis, entre los siglos XV y XVIII (…) los países ricos y los países pobres no siempre han sido los mismos; ha girado la rueda. Pero, en lo que respecta a sus leyes, el mundo no ha cambiado apenas: sigue distribuyéndose, estructuralmente, entre privilegiados y no privilegiados. Existe una especie de sociedad mundial, tan jerarquizada como una sociedad ordinaria y que es como su imagen agrandada, pero reconocible”.
Más de lo mismo
Los que declaman que de la mano del hombre-tarifa aduanera (como se define a sí mismo el POTUS 47) se viene una nueva configuración de la economía mundial, parecen olvidar que en todo caso se trata de un reacomodamiento dentro de la economía-mundo. El proceso de desarrollo desigual entre el centro y la periferia -si se agrava- será en contra de la periferia, pero no verá en lo más mínimo cuestionada su lógica asimétrica. En otras palabras y para usar la categoría previamente esbozada: la economía mundial seguirá como hasta ahora. “Mal pero acostumbrada”, haciendo gala de su sabiduría gauchesca diría Don Inodoro Pereyra.
A decir verdad, en este aspecto el POTUS 47 tiene las de ganar si de vérselas con la objetividad de los hechos se trata. Los nostálgicos de la globalización –tal como fue conocida hasta ahora- no bregan por mas libre comercio sino porque las aduanas de los países centrales no pongan peros –como no los vinieron poniendo desde la caída del Muro- a los productos provienen de fábricas que salieron del centro para ir a localizarse en la periferia, particularmente China. Ironías del destino, los grandes e histórico profetas del librecambio abogaban por el comercio internacional sin restricciones para que la juegue de sustituto perfecto del movimiento de capitales. Comercio si, movimiento internacional de capitales no, de ninguna manera, se podría decir que era su lema identitario. Sus herederos actuales y los ridículos liberales argentinos, suelen olvidar ese pequeño detalle y batallan por la apertura en pos de atraer capitales. Un sinsentido.
Lo cierto es que ese ir y venir absurdo de bienes que dejan desempleados con mucha calificación laboral en el centro y se aprovechan de los salarios de mierda de la periferia, con el POTUS 46, con Biden y ahora de nuevo pero ya como 47, pinta haber llegado a su fin. Objetivamente, desde hace más de un siglo la economía-mundo no necesita expatriar capital para zafar de una crisis o alejarla. El aumento muy importante del poder de compra de los salarios que se pagan en esa zona acotada del planeta, que a fines del siglo XIX lograron los trabajadores de la economía –mundo –y la consolidación de esa fase alcista- hicieron que esa economía –conformada por las más desarrolladas del orbe- pudieran absorber internamente todo el capital disponible sin problemas.
Los críticos de Trump se oponen subjetivamente a eso hecho objetivo. Expatriar capital es innecesario y contraproducente para esas sociedades civiles. Como –además- el POTUS 47 quiere que la deuda externa norteamericana no lo obligue a pagar más intereses al exterior de los que vuelca vía déficit comercial para dotar de liquidez tanto al resto de economía-mundo como a la economía mundial, y así defender el estatus del dólar como moneda mundial, se agarran de ahí para intentar demolerlo y preservar el orden de la globalización.
Terminator
La publicación global PS On Point (21/03/2025) titula inquietante: “¿Destruirá Trump la primacía del dólar?”. Convocó a opinar sobre la suerte del dólar a Jeffrey Frankel, de Harvard, al inglés Jim O’Neill, expresidente de Goldman Sachs Asset Management, a la economista Dambisa Moyo y a Michael R. Strain, director de Estudios de Política Económica del American Enterprise Institute.
Frankel entiende que el Acuerdo de Mar-a-Lago –al que llamaría Trump hacia finales de año-será para canjear los bonos actuales del Tesoro por bonos cupón cero a cien años a cambio de una más razonable política comercial. En el ínterin el POTUS 47 busca devaluar el dólar y así mejorar la balanza comercial estadounidense. Frankel matiza que si bien «la devaluación y el dominio del dólar no son necesariamente excluyentes», es «difícil imaginar cómo la posición global del dólar sobreviviría» a un acuerdo que «disuade a los bancos centrales de poseer bonos del Tesoro estadounidense».
Áspero, Frankel concluye cáustico que “Con su propensión a las amenazas y la coerción, su disposición a traicionar a amigos y aliados, y su desprecio por las reglas y normas, Trump ha destruido sistemáticamente el capital político internacional que heredó, diezmando en el proceso el liderazgo global de Estados Unidos. El coercitivo Acuerdo de Mar-a-Lago -que se remonta a la exigencia del Imperio Romano de tributar a los territorios que ocupaban sus legiones- solo aceleraría el declive de Estados Unidos. La marca Mar-a-Lago se reserva mejor para torneos de golf y bodas rococó”.
Huelga tener presente que entre los distintos tipo de bonos los bonos cupón cero no tienen cupones para el pago de intereses cómo si tienen los actuales vigentes del Tesoro (los Treasury bonds). En los cupón cero la rentabilidad está dada por la diferencia entre el valor par y el valor o precio de mercado o sea rinden un interés implícito. Los bonos se colocan con un descuento sobre su valor nominal. El fisco norteamericano no pagaría intereses por cien años y el crecimiento de la deuda externa norteamericana no amenazaría al dólar. Ahora, normalmente los bonos cupón cero son receptados a condición de rendir más que el interés normal. Esto significaría en idioma Trump menos arancel.
Jim O’Neill opina que los «factores cíclicos, estructurales e incluso sistémicos» solivianten la debilidad del dólar. Uno de esos factores -los aranceles de Trump-, es probable que «eleven la inflación estadounidense y generen efectos colaterales en la economía real». A su vez la perspectiva del dólar como moneda global empeora por el abandono del papel de Estados Unidos como «garante de la seguridad» y «actor dominante en las instituciones multilaterales posteriores a la Segunda Guerra Mundial».
La economista Dambisa Moyo argumenta que “La tendencia bajista del mercado bursátil estadounidense (…) es solo una de las muchas señales que deberían impulsar a cualquier líder empresarial, inversor o responsable político sensato a prepararse para una desaceleración económica en Estados Unidos, o incluso una recesión (…) Pero no todas las recesiones son iguales. En el caso de Estados Unidos, la magnitud y la duración de cualquier recesión dependerían en gran medida de factores impredecibles, en particular, los aranceles comerciales y la geopolítica”. Esto lleva a que el apetito por el riesgo esté disminuyendo
El director de Estudios de Política Económica del American Enterprise Institute Michael R. Strain, es muy drástico y señala que el POTUS 47 encabeza un gobierno en pos de un esfuerzo «deliberado» para «socavar los cimientos de la prosperidad estadounidense». Cree que esta administración tiene una «incompetencia absoluta» y profesa un «mercantilismo» de cuarta, a consecuencia de que Trump ha «aceptado la visión MAGA de que la economía estadounidense necesita una transformación fundamental y dolorosa». Al igual que Moyo cree que se hundió la confianza de los inversores, pero se esperanza en que «las fuerzas equilibradoras en el sistema político puedan pronto frenar» la «locura» de la administración Trump. Al respecto reflexiona que “La gente quería a Trump. Pero no quiere esto. En el sistema estadounidense de capitalismo democrático, ese simple hecho tendrá mucha fuerza”.
El botón de muestra se completa con lo expresado en el Financial Times (22/03/2025) por el conocido internacionalista Barry Eichengreen, profesor de economía y ciencias políticas en la Universidad de California, Berkeley, y autor del ensayo: “Exorbitant Privilege: The Rise and Fall of the Dollar, (Privilegio exorbitante: auge y declinación del dólar).
Al amparo del interrogante “¿Puede el dólar seguir siendo el rey de las monedas?”, que sirve de título a su nota, Eichengreen advierte que “El continuo dominio del dólar se derivaba de cifras absolutas -de la gran participación de Estados Unidos en el PIB mundial y las transacciones financieras-, pero también de las relaciones y la reciprocidad (…) A Donald Trump solo le ha bastado unos meses para debilitar, si no destruir, esas relaciones y esa reciprocidad. Trump y sus funcionarios designados cuestionan los mismos valores y acuerdos en los que se basa casi un siglo de dominio del dólar. Por primera vez en la historia reciente, la supervivencia de las instituciones en las que se basa dicho dominio se ha puesto en duda”.
Advierte Eichengreen que “Finalmente, el papel global del dólar se verá afectado si se percibe que Estados Unidos da la espalda a sus aliados. Los países mantienen como reservas y utilizan en pagos internacionales las monedas de sus socios aliados (…) En última instancia, el destino del dólar dependerá de la voluntad de los líderes estadounidenses de defender el Estado de derecho, respetar la separación de poderes y cumplir los compromisos del país con sus socios extranjeros. Dependerá de la disposición del Congreso, los tribunales y la ciudadanía a mantenerlos bajo control. ¿Quién hubiera pensado que se llegaría a esto?”.
Geopolítica en lugar de economía
Neoclásicos como Eichengreen, Frankel, O’Neill, Moyo y Strain, seguro que no. Nunca lo hubieran pensado. Panglossianos como son, vivían en el mejor de los mundos posibles, hasta que el tortazo de la lucha de clases los despertó, aunque no del todo. Eso nunca es posible con análisis económico neoclásico.
Es narcótico. Tanto que esa convicción de que devaluar una moneda –en este caso el dólar- surtiría el efecto de elevar las exportaciones más que proporcionalmente a esa devaluación, no se sostiene en ningún dato de la realidad. Los hechos indican que las exportaciones son completamente inelásticas. En consecuencia, si el dólar se devalúa los Estado Unidos perderán en los términos del intercambio y el resultado comercial. Al contrario de lo que dicen tirios y troyanos –ambos de indudable aroma neoclásico-, coincidentes en este único asunto, las devaluaciones de una moneda empeoran y las revaluaciones mejoran la balanza comercial.
Todos los argumentos geopolíticos y no económicos de amenazas al dólar, de augurar que el proteccionismo de Trump termina mal, tienen una debilidad común e intrínseca ¿qué moneda lo puede reemplazar? No lo dicen. La razón es sencilla: no hay tal reemplazo. Si no lo hay –y mientras no lo haya, y no se ve que pudiera haberlo- todos estos tipos de análisis naufragan en el más abyecto voluntarismo.
Además, está esterilidad está en lo que señala Antonio Gramsci en las “Notas sobre Maquiavelo y el Estado moderno” a partir de preguntarse retóricamente: ¿Las relaciones internacionales preceden o siguen (lógicamente) a las relaciones sociales fundamentales?”. Reflexiona a modo de respuesta que “Indudablemente las siguen. Toda renovación orgánica en la estructura modifica también orgánicamente las relaciones absolutas y relativas en el campo internacional a través de sus expresiones técnico-militares”.
Sobre esta base Gramsci desgrana: “Por otro lado, las relaciones internacionales inciden en forma pasiva o activa sobre las relaciones políticas (de hegemonía de los partidos). Cuanto más subordinada a las relaciones internacionales está la vida económica inmediata de una nación, tanto más un partido determinado representa esta situación y la explota para impedir el adelanto de los partidos adversarios (…) De esta serie de datos se puede llegar a la conclusión de que con frecuencia el llamado «partido del extranjero» no es precisamente aquel que es vulgarmente indicado como tal, sino el partido más nacionalista que, en realidad, más que a las fuerzas vitales del propio país, representa la subordinación y el sometimiento económico a las naciones o a un grupo de naciones hegemónicas.»
Esto tíos quieren con las relaciones sociales internas cambiadas, sesgadas hacia la malaria, seguir con el mismo orden internacional que produjeron. No sería raro que hasta un extravagante y rocambolesco personaje como el POTUS 47 se los fume en pipa a semejantes pelotudos voluntaristas.
De paso, cañazo, ¿Qué tendrá para decir la internacional de la ultraderecha, incluida la sonámbula variante argentina en el poder, sobre este connubio que señala Gramsci? ¿Y la UE, a los gritos por Ucrania, los aranceles, Groenlandia, la Otan? Por lo pronto, como informó en detalla Y ahora qué?, Bruselas se embarcó en el programa Rearm Europe. Para que los ciudadanos de a pie tomen nota de que la mano viene pesada y en serio, el miércoles anunció que quiere que todos sus estados miembros creen kits de supervivencia de 72 horas para sus habitantes, a efectos de enfrentar cualquier desastre futuro, ya sea natural o provocado por el hombre.
Dos de abril, día de la liberación de Estados Unidos
Trump está acelerando. El martes 18 de marzo en la red social de la que es dueño, el POTUS 47 posteó que el 2 de abril, día que se espera que Estados Unidos introduzca aranceles recíprocos a sus socios comerciales será una fecha llamada y recordada como el «Día de la liberación en los Estados Unidos».
Del lunes al miércoles la bolsa de Nueva York salió de la malaria correctora. La primera semana alcista en más de un mes. Los detalles sobre las medidas que había publicado la Casa Blanca, obraron el milagro, al inferirse de esa información que se estaba alejando del peor escenario posible: aranceles generalizados que podrían hundir el comercio mundial y acelerar la inflación, tanto nacional como internacional. De acuerdo a Bloomberg y The Wall Street Journal en lugar de aranceles para todos habría más de tipos quirúrgicos, centrados en la industria.
Se espera que a los países e industrias afectados se les asigne un número que indique la cuantía del impuesto «recíproco» que se les impondrá. Aun así, habrá poco alivio. Se aguarda que los gravámenes entren en vigor poco después de su anuncio. Los países que no tienen aranceles con los Estados Unidos, y que no tienen un superávit comercial con este país, serán los únicos que se salvarán del aluvión, según Bloomberg.
El miércoles, el POTUS 47 anunció la imposición de un arancel del 25 por ciento a todos los automóviles y sus componentes importados a los Estados Unidos. El nuevo arancel, que entrará en vigor el 2 de abril (Día de la liberación), se aplicará tanto a automóviles como a camiones terminados, incluidas las marcas estadounidenses fabricadas en el extranjero. La Casa Blanca calcula que podrían recaudar 100.000 millones de dólares anuales por este arancel.
Esta política podría generar importantes aumentos de precios para los consumidores, ya que casi la mitad de los vehículos vendidos en Estados Unidos son importados. Los consultores enfocados en la industria automotriz calculan que los fabricantes de automóviles podrían ver un aumento de los costos de 6.700 dólares por vehículo vendido. Cuánto de ese aumento absorberán las corporaciones y cuánto trasladaran al comprador es una de las preguntas del momento.
Las acciones de Toyota, Honda y Nissan cayeron cerca de un 2 por ciento en Asia el jueves. El pesimismo arancelario ya rompió el mismo miércoles -al promediar la rueda- la racha de tres días de ganancias del S&P 500.
Japón, Corea del Sur y la UE están siendo afectados. Trump publicó en su red Truth Social, que si Canadá y la UE, acordaban represalias conjuntas, «se les impondrán aranceles a gran escala, mucho mayores de lo previsto actualmente, para proteger al mejor amigo que ambos países han tenido».
Alemania, el mayor fabricante de automóviles del bloque, insta a los países a responder con firmeza con aranceles mucho mayores. En cambio, Japón que calificó la medida arancelaria como «extremadamente lamentable», le pidió a la Casa Blanca una excepción, señalando que sus fabricantes de automóviles son grandes empleadores en Estados Unidos. De hecho Japón, ha prometido llevar adelante grandes inversiones en Estados Unidos. En el mismo andarivel Hyundai, la automotriz emblemática de Corea del Sur esta semana anunció una inversión de 21.000 millones de dólares en los Estados Unidos para obtener una reducción arancelaria.
Incertidumbre
Jay Powell, presidente de la Reserva Federal, dijo en la conferencia de prensa del 19 de marzo que “La nueva Administración está implementando importantes cambios de política en cuatro áreas distintas: comercio, inmigración, política fiscal y regulación. El efecto neto de estos cambios de política será crucial para la economía y la trayectoria de la política monetaria. Si bien se han producido avances recientes en algunas de estas áreas, especialmente en política comercial, la incertidumbre en torno a los cambios y sus efectos en las perspectivas económicas es alta”.
Alta respecto de las proyecciones del aumento desempleo, baja en lo que respecta a la caída del crecimiento del PIB y en sentido contrario el alza de la inflación núcleo. Inflación núcleo la mide un índice de variación de precios sin considerar los efectos estacionales o los precios regulados. No obstante Powell en la conferencia dijo que “Entendemos que la confianza ha caído bastante bruscamente, pero la actividad económica aún no, por lo que estamos observando atentamente (…) Diría que la economía parece estar sana”. Las tasas podrán variar hacia finales de año dijo.
Powell afirmó en esa conferencia de prensa que lo más probable en el “escenario base” es que la inflación impulsada por los aranceles sea “transitoria” y solo por este año. En 2022, durante la primera presidencia de Trump también calificó la inflación de “transitoria” y no lo fue. Se lo están echando en cara. Loa análisis sobre el impacto de los aranceles -en general- aducen que los aranceles perturbarán las cadenas globales de producción –algunas como las automotrices endiablamente intrincadas-, elevarán los precios y frenarán el crecimiento.
A todo esto Matthew Friend, director financiero de Nike, declaro a los medios con relación a la guerra comercial del presidente Trump, y en especial sus aranceles a China que les afecta fuerte las perspectivas de ganancia, que “También estamos lidiando con varios factores externos que generan incertidumbre en el entorno operativo actual, incluyendo dinámicas geopolíticas, nuevos aranceles, tipos de cambio volátiles y regulaciones fiscales, así como el impacto de esta incertidumbre y otros factores macroeconómicos en la confianza del consumidor”.
En tanto sobre la misma temática de los horizontes de los beneficios, John Dietrich, director financiero de FedEx, manifestó que “Nuestras perspectivas de ganancias revisadas reflejan la continua debilidad e incertidumbre en la economía industrial estadounidense, lo que está limitando la demanda de nuestros servicios entre empresas”.
“Las ideas dominantes de la época guían a la gente y a los Gobiernos. De este modo contribuyen a formar la historia misma. Lo que cree el hombre sobre el poder del mercado o sobre: los peligros del Estado influye en las leyes que se promulgan o se dejan de promulgar, en lo que pide al Gobierno o en lo que confía a las fuerzas del mercado”, decía el gran economista norteamericano John Kenneth Galbralth en 1973, en un serie de la BBC que lo tenía como eje sobre la historia y el presente del pensamiento económico.
El mundo estaba dejando peligrosamente de tener la fe keynesiana, diciendo que había fracasado, sin que eso se viera en ningún otra lado que no fuera en las singulares cabezas liberales monetaristas. Lo ingleses reaccionaron levantando el emblema Galbraith. Unos años después publico el libro con los contenidos de esa serie y en castellano se llama “La era de la incertidumbre”. Releyéndolo hoy queda la sensación de que el Muro se cayó por los en extremo gruesos errores y amplias limitaciones del socialismo real, antes que por las bondades de la democracia industrial, que a manos del liberalismo monetarista se estaba perdiendo a marcha forzada. Incluso considerando el interregno de ese keynesiano accidental que fue Ronald Reagan.
“En el siglo pasado, los capitalistas estaban seguros del éxito del capitalismo; los socialistas, del socialismo; los imperialistas, del colonialismo, y las clases gobernantes sabían que estaban hechas para gobernar. Poca de esta certidumbre subsiste en la actualidad. Y sería extraño que subsistiese, dada la abrumadora complejidad de los problemas con que se enfrenta la humanidad”, consigna Galbralth.
Es esa incertidumbre de mediano y largo plazo la que se impone a la del corto plazo, a la de ahora.
“Los fenómenos de coyuntura dependen también de movimientos orgánicos, pero su significado no es de gran importancia histórica; dan lugar a una crítica política mezquina, cotidiana, que se dirige a los pequeños grupos dirigentes y a las personalidades que tienen la responsabilidad inmediata del poder. Los fenómenos orgánicos dan lugar a la crítica histórico-social que se dirige a los grandes agrupamientos, más allá de las personas inmediatamente responsables y del personal dirigente. Al estudiar un período histórico aparece la gran importancia de esta distinción”, dice Gramsci. ¿Qué parte de la dirigencia argentina estará consciente de esta distinción clave?
