Desde que se conoció el informe del INDEC sobre pobreza en el segundo semestre de 2025, el Gobierno viene festejando los resultados. Sin embargo, interpretar la reducción en forma directa como un indicador de una mejora general de la situación económica es, cuanto menos, cuestionable. Si se observa el desenvolvimiento económico general, la población argentina se empobrece.
Dos semanas atrás, cuando se conoció el informe del INDEC sobre pobreza en el segundo semestre de 2025, desde el Gobierno festejaron los resultados. La población bajo la línea de pobreza descendió al 28,2 por ciento, habiendo sido del 31,6 por ciento en el primer semestre del año y del 38,1 en el segundo del anterior, luego de haber tocado un pico del 52,9 por ciento en el primer semestre de 2024, y terminar en 41,7 por ciento.
Sandra Petovello escribió en X: “La pobreza continúa descendiendo. Se ubicó en 28,2% durante el segundo semestre de 2025, lo que significa una baja interanual de 9,9 puntos porcentuales respecto del segundo semestre de 2024. Asimismo, la indigencia también mostró una baja interanual, ubicándose en 6,3%, frente al 8,2% del segundo semestre de 2024″.
Luis Caputo, siempre modesto para la presunción, se ufanó de que “La incidencia de la pobreza fue la más baja desde el primer semestre de 2018″, casualmente en el momento en el que él se hizo cargo del Banco Central durante la presidencia de Mauricio Macri. “La fuerte baja en la pobreza y la indigencia se sustentan en el crecimiento económico, el proceso de desinflación y el refuerzo en los programas sociales sin intermediarios desde el inicio de la gestión”, aseveró.
A simple vista, parece una reducción drástica. Sin embargo, interpretarla en forma directa como un indicador de una mejora general de la situación económica es, cuanto menos, cuestionable. Por una razón sencilla: la actividad económica se encuentra en desaceleración. En la industria manufacturera, la construcción o el comercio, que son ramas que se vinculan directamente al mercado interno, cae, y aún se mantienen por debajo de sus niveles de 2023.
También caen los indicadores de ventas. Lo cual es congruente con la baja de los ingresos de los trabajadores. En 2024, los salarios del sector público se mantuvieron por debajo del incremento de los precios, igual que las jubilaciones y pensiones. Si se ajusta la medición del índice de precios oficial con la base de gastos 2017/2018, una asignatura pendiente para el INDEC que el Gobierno aletargó, la pérdida también llega al sector privado.
Los únicos salarios que crecen por encima de los precios son los del sector informal, que durante el Gobierno libertario alcanzaron un crecimiento del 66,9 por ciento en términos reales. Pero, la magnitud del aumento remite a cambios en la forma de medición frente al período previo, puesto que, por el contexto, esos datos son inverosímiles.
Como correlato de lo anterior, crece lentamente la desocupación, y aunque todavía no se pueda observar una tendencia definida, es probable que, de continuar la situación económica en estas condiciones, eso se haga más visible y pronunciado. Y no hay razón para esperar un cambio.
Es decir que, si se observa el desenvolvimiento económico general, la población argentina se empobrece. Justamente, dos de los factores que enuncia Caputo no están presentes. Ni el crecimiento económico, y ni siquiera la tan celebrada “desinflación”. De hecho, por la incapacidad de sus integrantes, el Gobierno no logra hacer más que tener un control esporádico del tipo de cambio, y lo que finalmente desinfla, para evitar un impacto en los precios, son los ingresos.
Lo único que enumeró Caputo y tiene algo de cierto es la cuestión de los programas sociales. Durante el primer año de Gobierno, el valor de la Asignación Universal por Hijo casi se triplicó. Entre diciembre de 2023 y noviembre de 2025 (último dato disponible) aumentó 479,31 puntos. En la edición anterior de ¿Y Ahora Qué?, Christian Módolo explicó que eso trajo aparejado un crecimiento del 21,5 en los ingresos familiares para el estrato de menores ingresos, lo que explica en parte la baja de la pobreza. Sin embargo, en este contexto, eso adquiere el valor de un mecanismo de asistencia y contención, que no es precisamente virtuoso.
Aduciendo razones similares, la consultora LCG observó en un informe semanal que “en relación a la pobreza, el ingreso familiar promedio de los hogares pobres sigue cubriendo apenas el 64,3% de la canasta básica total, reflejando una leve mejora, pero todavía muy lejos de la línea de pobreza. Los pobres siguen siendo prácticamente igual de pobres (mejora de 1,3 pp)”. También hace hincapié en que la medición está subestimada por la falta de actualización del patrón de gastos, y que “con casi 3 meses corridos de este primer semestre, la inflación estancada en torno al 3% mensual, salarios formales con paritarias homologadas con aumentos por debajo de estos porcentajes (implicando caída real de los salarios) y la actividad debilitada en sectores intensivos en trabajo, pondrían un freno en el descenso de la tasa de pobreza”.
Por otra parte, el Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales, de la Universidad Nacional de la Plata, publicó un documento de trabajo en el que sostienen que el resultado de la medición oficial de pobreza está sesgado por tres factores:
- Un desfasaje temporal entre por la Encuesta Permanente de Hogares y la utilizado para valorización de las canastas de pobreza. La EPH toma los ingresos del mes anterior al de la entrevista, mientras que las canastas de pobreza se elaboran con los precios del mes de la encuesta. En momentos de alta inflación, como se dio entre el final de 2023 y el inicio de 2024, puede llevar a una sobreestimación. En el documento, eso se corrige ajustando los desfasajes.
- Se señala que los ingresos reportados en la EPH son tendencialmente inferiores a los que los individuos realmente perciben. Para armonizarlos, se recurre a los registros administrativos, y se corrigen (i) salarios privados formales, (ii) salarios públicos formales, (iii) salarios informales, (iv) ingresos por cuenta propia (formales e informales), (v) jubilaciones, (vi) transferencias del Estado y (vii) otros ingresos.
- Se actualiza la estimación de la canasta básica con una ponderación basada en la Encuesta Nacional de Gasto de Hogares 2017/2018, en lugar de la de 2004 que rige en la actualidad. Entre otras cosas provee una visión más realista del peso de los servicios en el gasto de los hogares.
Combinando los tres factores mencionados para corregir la medición oficial, se constata que “Las diferencias son más notorias en los últimos semestres, cuando la inflación registró cambios más abruptos y hubo una modificación sustancial en los precios relativos” (…) “En particular, la caída de la pobreza entre 2024S1 y 2024S2 pasa de 14.8 p.p. según el INDEC a 8.9 p.p. en el escenario combinado, mientras que la reducción entre 2024S2 y 2025S1 se reduce de 6.5 p.p. a 4.5 p.p”.
Los autores añaden: “Mientras que, según la estadística oficial, la pobreza cae de 41.7% en 2023S2 a 31.6% en 2025S1 —una reducción de 10.1 p.p.—, en el escenario combinado la caída es 1.7 p.p., un valor más esperable dada la evolución de la actividad económica entre ambos períodos”.
Es decir que, corrigiendo los datos e indagando, se concluye que incluso la pobreza no bajó tanto. Es lógico, porque con políticas que empobrecen a la población, ¿Cómo podrían mejorar de manera significativa los más desfavorecidos?