La importación de autos chinos y la autorización para importar 50 mil vehículos sin aranceles se da en un contexto en que la producción nacional pierde incidencia en el mercado, a pesar de que las ventas aumentan. En la polémica con Pichetto, Caputo se contradice y sostiene algo que contrasta con los datos. Para colmo de males, en noviembre la actividad económica anotó su primer retroceso interanual.
Ante la noticia de que ingresarían al país siete mil autos de China elaborados por la marca BYD, el diputado Miguel Pichetto se quejó en X del daño para la producción local que representa esta apertura.
Más allá de las opiniones críticas de Pichetto sobre las relaciones comerciales con China, el debate que abrió se da en un contexto en el cual, según una nota del diario La Nación, los vehículos importados desde Brasil tuvieron un incremento de 13 puntos en su participación en el mercado, representando la mitad de este en algunos meses. Y los de origen chino se incrementaron del 0,9 al 5,6 a lo largo de 2025.
La importación de vehículos es realizada por distribuidores locales, que se asocian con las marcas de origen, y no repercutió en una caída de precios significativa con respecto a los valores usuales del mercado local, principalmente porque el resto de los costos de la actividad comercial siguen pesando. Interesantemente, BYD, que es líder mundial en el segmento de vehículos electrificados, es la única que no importa por medio de intermediarios.
Por su parte, la Asociación de Fábricas de Automotores (ADEFA) informó en su gacetilla sobre el estado de la industria para diciembre de 2025 que, a lo largo del año, se produjeron 490.876 vehículos, contra 506.571 en 2024, con lo que la caída resultante es del 3,1 por ciento. Además, el volumen de vehículos exportados entre los dos años se redujo un 10,8 por ciento.
Sin embargo, las ventas mayoristas se incrementaron. De 411.406 unidades en 2024, pasaron a ser 586.625 unidades en 2025, con una variación del 42,6 por ciento. Los vehículos nacionales que conforman esa cifra eran 200.184 en 2024. El 48,7 por ciento del total. En 2025 fueron 209.201. Crecieron solamente un 4,5 por ciento. Su participación en el total retrocedió a 35,7 puntos.
Menos motors en General
La merma en la industria automotriz tuvo como resultado el párate de General Motors, que anunció que durante 2026 mantendrá un esquema de trabajo en su planta de General Alvear (en la provincia de Santa Fe) que consiste en a lo largo del mes solamente se produzca durante tres semanas, con los trabajadores cobrando el 75 por ciento de su sueldo.
Las crónicas subrayan que el gremio de SMATA le atribuye esta forma de organización a la caída de las ventas, que condujo a reducciones de producción y personal desde inicios de 2024, cuando se abrió un plan de retiros voluntarios que dio lugar a la salida de 800 trabajadores. En la actualidad la planta cuenta con 600.
Lo curioso es que, frente a la situación, el Gobierno dispuso una medida al inicio de diciembre que exime anualmente a 50 mil unidades de pagar el Derecho de Importación Extrazona del 35% a vehículos electrificados con un valor en Puerto de Origen (FOB) de hasta 16.000 dólares. Las terminales que producen en el país recibieron 19.280 vehículos, y para los importadores fueron los 30.720 restantes. Es decir, la mayoría.
Luis Caputo le respondió a Pichetto con una típica respuesta á lá Toto que vale la pena reproducir:
“Solo 2 modelos de autos se producen en nuestro país (Peugeot 2008 y Fiat Cronos). Argentina produce esencialmente camionetas, y el 70 por ciento de esa producción, se exporta (…) La importación de autos híbridos o eléctricos sin arancel fue acordada con la propia industria automotriz, y tiene un límite de 50 mil autos al año. De ese cupo, solo la mitad puede provenir de marcas chinas, lo que representa menos del 5 por ciento de los patentamientos del 2025. Esta medida ayudó también a que el precio de los autos en nuestro país convergiera al de los países vecinos (más bajos incluso en algunos casos), y que se empiece a desarrollar la infraestructura eléctrica, lo que está incentivando proyectos de fabricación de camionetas eléctricas. Además, permitió que los argentinos puedan elegir entre una mayor variedad de autos, con diferente tecnología, y más baratos de mantener. En conclusión, ha sido una medida que ha beneficiado a todos los argentinos, y a la propia industria”.
Caputo, sin pudor
Como es usual, al ministro de Economía no le provoca pudor contradecirse, ni explicar un optimismo desmesurado en base a afirmaciones imprecisas. En este caso, primero sostiene que los productos chinos no pesan especialmente en la venta de autos. Pero luego, a pesar de su baja incidencia, los considera lo suficientemente relevantes como para que su comercialización produzca un cambio en los precios y una extensión de la oferta. Hasta le atribuye el origen de un desarrollo de infraestructura que estimula la producción, sin explicar cómo tiene lugar ni en qué consiste.
Los datos evidencian que la producción no fue favorecida por la importación. Al contrario, la importación abasteció el incremento de ventas, en detrimento de la producción nacional, que cayó y perdió incidencia frente a los vehículos importados. Ni siquiera los precios tuvieron un cambio significativo, entre otras cosas porque importar, aunque no haya aranceles, tiene un costo.
La situación en la industria automotriz es un reflejo de lo que ocurre con el conjunto de la actividad económica. El índice de producción industrial manufacturero que publica el INDEC tuvo en noviembre una contracción del 8,7 por ciento con respecto al mismo mes del año anterior. La utilización de la capacidad instalada en la industria fue del 57,7 por ciento, frente al 62,3 de noviembre de 2024. Dentro del mismo, los guarismos para la industria automotriz fueron del 46,3 y el 64,7, respectivamente.
Cuando la importación perjudica
Otro dato relevante es que el estimador mensual de actividad económica dio cuenta de un descenso interanual en noviembre del 0,3 por ciento. Es la primera vez en el año que se registra una caída, luego de una desaceleración persistente que impactó sobre la tasa acumulada de crecimiento durante el año. Pasó del 6,4 por ciento al principio al 4,5. Desmintiendo a Caputo, que para marzo avizoró que la economía estaba preparada para crecer a tasas más altas.
La mayor parte de la caída la explican la industria manufacturera y la actividad comercial, que tienen un contrapeso con los impuestos y la intermediación financiera, seguidos por la producción agropecuaria. A la situación del mercado interno, de por sí mala, se suma la voluntad del Gobierno de permitir que la importación avance.