A pesar de los ataques a infraestructuras energéticas y el alza inicial en los precios del petróleo, los mercados financieros muestran una curiosa confianza en que la conflagración será breve. Sin embargo, diversos expertos advierten sobre el riesgo de una estanflación persistente y critican la gestión política del presidente Trump ante la incertidumbre de la producción petrolífera.
Los que tienen la sartén por el mango y el mango también de la economía-mundo –eje que reúne a los pocos países desarrollados que le marcan el ritmo a la economía mundial, conformada por el mayoritario resto de naciones que existencial y estructuralmente viven apoyando la ñata contra el vidrio –la periferia y semi-periferia subdesarrollada- da la impresión de estar tomados por la creencia de que el conflicto entre Irán e Israel y Estados Unidos no va a durar mucho tiempo. Semanas o meses, esa es la cuestión, en lo que se refiere al bloqueado Estrecho de Ormuz.
Razones tanto de índole económica como militar no les faltan para querer creer que la conflagración mucho más temprano que tarde enfilará hacia el armisticio y la detente. Se diría que el sentimiento es todo “Maduro” nada “Afganistán” y menos que menos Vietnam. A decir verdad, este último totalmente fuera del radar. Pesa como espectro.
Mientras se sopesa que la astuta Razón tiene razones que el corazón no entiende, particularmente en asuntos de la dinámica política de la guerra, a mediados de semana los precios del barril en los mercados de futuro no acusaba el golpe por el obturado estrecho de Ormuz.
Lo buques cisterna que surcan el estrecho llevan alrededor del 20 por ciento de la producción mundial de petróleo crudo y más del 40 por ciento de las exportaciones mundiales de ese fluido por el cual baila frenéticamente el mono. También hay que cargar la romana de Ormuz con el gas, lo derivados del petróleo y los fertilizantes, cuyo insumo es el gas.
El miércoles, casi tres semanas después del sábado 28 de febrero cuando Israel y los Estados unidos iniciaron las operaciones bélicas contra Irán, el S&P Oil & Gas Exploration & Production Select Industry Index (índice S&P 500 de exploración y producción de petróleo), había subido en ese lapso 6,7 por ciento – desde el 13 de marzo el barril de crudo rondaba los 100 dólares, 43 por ciento arriba de los 70 dólares de inicios de los bombardeos- , lo que prueba que el barril a 100 o 150 o 200 dólares los involucrados en la actividad petrolera y gasífera lo calibran como flor de un día.
Es más, ese mismo miércoles, en el mercado a futuro a tres meses el barril se vendía a 92 dólares, para 2027 por unos 70 dólares y para 2028 se conseguía vender a 67 dólares.
Bola de nervios
Pero el miércoles mientras esos valores eran negociados en los futuros del petróleo se produjo el ataque israelí contra el yacimiento de gas de South Pars en Irán, lo que provocó como réplica ataques iraníes contra instalaciones de petróleo y gas en Qatar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos.
QatarEnergy, la petrolera estatal, declaró que los ataques habían causado «daños extensos» a varias de sus instalaciones de gas natural licuado y a Pearl GTL, la planta de conversión de gas a líquidos más grande del mundo, propiedad de Shell.
El presidente Trump escribió en redes sociales que Israel había actuado por la suyas al atacar South Pars y que no lo volvería a hacer. Afirmó que “no sabía nada” de la operación que sacudió en gran forma a los mercados energéticos. Pero advirtió que si Irán continuaba atacando a los aliados de Estados Unidos en la región, Estados Unidos tomaría represalias. Un nuevo capítulo inquietante de la zorra y las uvas.
Para el Financial Times la versión de Donald Trump contradecía la de los funcionarios familiarizados con la operación, quienes afirmaron que el ataque -uno de los más delicados de la guerra hasta el momento- fue coordinado con Washington con antelación.
Para el diario londinense esta contradicción “pone de manifiesto un patrón recurrente: un presidente (Trump) que intenta gestionar las consecuencias políticas y económicas de la escalada, incluso mientras la campaña militar que él mismo lanzó se expande y su final se vuelve más incierto”.
“Los mensajes cada vez más tensos y los ataques recíprocos mantienen a los mercados en vilo”, describe la situación el New York Times. Verdad, el nerviosismo se apoderó de los mercados. El crudo Brent, la referencia mundial, superó brevemente los 119 dólares por barril el jueves, tras haber cerrado el miércoles a 108 dólares, su nivel más alto en varios años. Se estabilizó en los alrededores de los 110 dólares. Los precios de la nafta en Estados Unidos también están subiendo, lo mismo que en nuestro país. Las bolsas europeas y asiáticas cayeron, y los futuros del S&P 500 se tiñeron de rojo.
“Los crudos de referencia de Oriente Medio, como los de Omán y Dubái, ya han superado el umbral de los 150 dólares, por lo que los 200 dólares ya están al alcance, aunque no para el Brent y el West Texas Intermediate”, declaró a Al Jazeera Vandana Hari, fundadora de Vanda Insights, empresa proveedora de análisis del mercado petrolero. “El nivel que siga subiendo el crudo a partir de ahora depende casi por completo de cuánto tiempo más permanezca cerrado el estrecho de Ormuz”, dijo Hari.
Los analistas de Wood Mackenzie –la más importante consultora del sector- dijeron la semana pasada que el precio del Brent podría alcanzar pronto los 150 dólares y que los 200 dólares no eran una posibilidad descabellada en 2026. El punto es cuando dura en ese precio.
Antón pirulero
Por Ormuz fluyen las exportaciones de petróleo crudo de Irán, Irak, Kuwait, Arabia Saudita, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos. Pero el bloqueo no los afecta de igual manera.
La letter G-ZERO subraya que Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos tienen acceso a puertos fuera del Golfo Pérsico, lo que les permite exportar mercancías por mar sin tener que pasar por el Estrecho de Ormuz, pero otros países del Golfo no tienen tanta suerte.
“Los saudíes tienen un oleoducto hacia el Mar Rojo, y los Emiratos Árabes Unidos pueden exportar algunos productos a través del Golfo de Omán. Así que hay una pequeña cantidad que sale [del Golfo Pérsico]”, dijo Henning Gloystein , director general de Eurasia Group. “Mientras que Catar no tiene oleoductos, por lo que solo pueden transportar mercancías por vía marítima, y no exportan nada”.
G-ZERO contabiliza que Irak, Baréin y Kuwait se enfrentan a limitaciones similares. Su único acceso marítimo es el Golfo Pérsico, por lo que su producción de combustible se ha desplomado tras el cierre del estrecho. Irán también ha atacado instalaciones energéticas en cada uno de estos países, incluidos buques cisterna que se encontraban cerca de un puerto iraquí.
Hay que considerar que el alivio del Mar Rojo puede malograrse por la guerra civil de Yemen que estaba estancada hasta hace tres meses. Los rebeldes hutíes tomaron la capital de Yemen en 2014, desencadenando una guerra civil. Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita se unieron para ayudar al gobierno a derrotar a los hutíes respaldados por Irán, en una respuesta conjunta a su principal rival en Oriente Medio. Sin embargo, las dos monarquías del Golfo discreparon sobre la forma exacta de ayudar al gobierno yemení.
Esas diferencias quedaron al descubierto en 2019, cuando el Consejo de Transición del Sur (CTS, o STC por su acrónimo en inglés) derrocó al gobierno yemení y tomó el control de Adén, la capital durante la guerra. El Acuerdo de Riad, firmado meses después, intentó reunificar a las fuerzas anti-hutíes, pero fracasó, ya que el CTS y las fuerzas del gobierno yemení se negaron a cumplir sus condiciones y a alcanzar una paz duradera.
Las relaciones entre los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita se han deteriorado hasta el punto de que MBS y el presidente emiratí Mohammed bin Zayed, otrora amigos íntimos, ya no se hablan. Se han intensificado las especulaciones sobre hasta dónde podría llegar esta ruptura.
La influencia de Irán sobre los hutíes hasta ahora no fue puesta en juego. De momento, no voló un misil por el Mar Rojo, arrojados por los hutíes contra buques comerciales, como los hubo en años anteriores.
Asia ya vamos
A todo esto, poco más del 90 por ciento del petróleo y el gas que transita por el estrecho de Ormuz se exportó a Asia el año pasado. Japón desempeña un papel fundamental en el comercio de gas natural, actuando como intermediario: importa GNL del Golfo y lo reexporta a otros países, especialmente a los del sudeste asiático. Ante la paralización de las exportaciones del Golfo, Takaichi recurre a Trump.
Por eso tras finalizar la reunión del jueves en la Casa Blanca entre la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi y Trump, el POTUS le dijo a la prensa que “Hemos contado con un apoyo y una relación extraordinarios con Japón en todo y (…) según las declaraciones que nos han hecho (…) realmente están dando la talla (…) a diferencia de la OTAN”.
“Espero que Japón dé un paso al frente porque tenemos ese tipo de relación y nosotros respondemos por Japón. Tenemos 45.000 soldados en Japón. Invertimos mucho dinero en Japón”. Trump afirmó que no necesitaba ayuda de Japón –que es lo que temían los japoneses-, pero que era “apropiado” que los nipones dieran apoyo, sobre todo porque la gran mayoría de sus importaciones de petróleo transitan por el estrecho de Ormuz. “Esa es una razón de peso para redoblar esfuerzos”. Luce como puro chamuyo.
Mientras tanto Asía busca a marcha forzada alternativas. Bangladesh, Corea del Sur, Tailandia y Taiwán están recurriendo al carbón para la producción de electricidad. Según se informa, algunos también están considerando a Estados Unidos como proveedor. Australia es la que saca ventaja de la escasez energética en la región Indo-Pacífica, dado su carácter de exportador clave de gas natural y carbón.
Estanflación, peludo de regalo
Frente a todo este despelote, la respuesta si bien nerviosa de los mercados está lejos de ser extrema. El mismo jueves a la tarde el barril de Brent comenzó a bajar de precio.
La Agencia Internacional de Energía (AIE) resume la opinión mayoritaria de esta actividad de que la cuestión Irán no pasará a mayores. Si bien consigna que “La guerra en Oriente Medio está provocando la mayor interrupción de la producción en la historia del mercado petrolero mundial”, a renglón seguido proyecta que la producción mundial de petróleo aumentará en promedio en 1,1 millones de barriles diarios en 2026, y que los productores que no pertenecen a la OPEP+ representarán la totalidad de este incremento. Esto se debe a que la AIE prevé que los flujos comerciales a través del estrecho se reanuden gradualmente a partir de finales de marzo y se recuperen rápidamente durante abril.
Según estimaciones de OCBC Group Research, con sede en Singapur, el mercado mundial se enfrenta a un déficit diario de unos 10 millones de barriles, incluso teniendo en cuenta el acuerdo de los países que convinieron en liberar 400 millones de barriles de petróleo de sus reservas de emergencia en coordinación con la Agencia Internacional de Energía. Según los especialistas en estos mercados, estas reservas no pueden compensar por completo la paralización del transporte marítimo a través de la vía fluvial.
Y eso a despecho de que El Fondo Monetario Internacional estima que cada aumento del 10 por ciento en los precios del petróleo, sostenido durante un año, correspondería a un aumento del 0,4 por ciento en la inflación mundial y una reducción del 0,15 por ciento en el crecimiento económico.
Andy Haldane, economista Jefe y el director ejecutivo de Análisis Monetario y Estadísticas del Banco de Inglaterra, en el Financial Times opina que la conmoción y la guerra actuales “dejarán cicatrices más profundas y duraderas que la conmoción y el asombro del año pasado. En 2025, las presiones inflacionarias disminuían y los bancos centrales de todo el mundo pudieron reducir las tasas de interés de interés de referencia para amortiguar el impacto de los aranceles en la demanda global. Con el resurgimiento de los precios de la energía, esa opción se ha perdido: los mercados están descontando subidas de tasas de interés en la zona euro y el Reino Unido, y ninguna reducción inmediata en EE. UU. ¿Podría la tecnología acudir al rescate como en 2025? La IA es, con mucho, la tecnología que más energía consume jamás inventada. Un mundo con energía más cara e incierta corre el riesgo de descarrilar temporalmente, o al menos ralentizar, el tren tecnológico, y con él, el motor más potente del crecimiento global. En conjunto, estas son poderosas fuerzas estanflacionistas. Las oleadas tecnológicas y arancelarias del año pasado fueron económica y financieramente neutralizadoras y pacificadoras. El choque de oleadas de este año se está amplificando y escalando. Eso significa precariedad, no estabilidad, económica, financiera, fiscal y políticamente. Por eso esta vez es diferente”.
El Nobel Paul Krugman no le va a la saga y olfatea sarcástico que “si restringimos el término estanflación a situaciones que se asemejan cuantitativamente a las de la década de 1970, aún no hemos llegado a ese punto. Pero sin duda se percibe un cierto tufillo a estanflación, un tufillo provocado enteramente por las políticas de la administración Trump (…) Y si la situación empeora, como parece demasiado probable dado el caos en el Golfo Pérsico, ¿podemos confiar en que los funcionarios de Trump respondan de manera inteligente y eficaz? (…) ¿Ves? Hice una broma”.
Drástico, el economista Matthew C. Klein en su letter The Overshoot, entiende que la Reserva Federal “está interpretando erróneamente los riesgos de inflación. La inflación ya estaba empeorando ‘antes de la guerra’ en una amplia gama de categorías. Sin embargo, los funcionarios de la Reserva Federal siguen culpando a «eventos puntuales” (…) Desde esa perspectiva, los funcionarios de la Reserva Federal deberían haber seguido el ejemplo del Banco de la Reserva de Australia, que optó por subir las tasas de interés incluso sin la guerra con Irán. Incluir una distribución razonable de las posibles consecuencias de la guerra en los cálculos refuerza la justificación para el aumento de las tasas”.
Se queja así de que mediados de semana la Reserva Federal mantuvo las tasas de interés de referencia sin cambios, a pesar de las exigencias de Trump de que se redujeran. El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, afirmó que el aumento de los precios de la energía derivado de la guerra con Irán podría reactivar la inflación. Trump intentó destituir a Powell, pero ahora podría verse obligado a mantenerlo en el cargo con la estanflación a la vista, según mete la púa el Washington Post.
Yo tengo fe
La explicación de tanta fe en que este conflicto dura menos que poco está en la propia lógica de la guerra. Mientras que, encima, con amenaza de estanflación a Donald Trump las elecciones legislativas midterms le vienen augurando un cariñoso y sentido “gracias por los servicios prestados”.
Un survey de The Economist, de unos años atrás, titulado “El Futuro de la Guerra” indica que el campo de batalla será cada vez más, inevitablemente, las ciudades. Y esto, puntualiza The Economist, “aunque solo sea porque en 2040 dos tercios de la población mundial vivirán en ciudades. El número de mega ciudades con poblaciones de más de 10 millones se ha duplicado a 29 en los últimos 20 años, y cada año casi 80 millones de personas se mudan de áreas rurales a urbanas […] La tecnología cambiará la guerra en las ciudades tanto como en otros tipos de guerra, pero todavía tendrá que combatirse en lugares cerrados, cuadra por cuadra”. Por cierto, Irán tiene una tasa de urbanización similar a la de los Estados Unidos, que en ambos casos comprende al 80 por ciento de la población.
El survey toma las declaraciones del general Mark Milley, que fuera jefe del ejército de los Estados Unidos. Refiriéndose a la reconquista de la ciudad iraquí de Mosul en manos del ISIS, ocurrida en 2016, Milley describe que «la infantería, los blindados y los comandos de operaciones especiales tuvieron que entrar en esa ciudad, casa por casa, cuadra por cuadra, habitación por habitación […] y se tomó bastante tiempo para hacerlo, y a un alto costo». El semanario británico comenta que Milley “piensa que su fuerza ahora debería enfocarse menos en luchar en ambientes tradicionales como el bosque y el desierto y más en la guerra urbana [y que] a pesar de todos los avances que las nuevas tecnologías pueden ofrecer, el general Milley dice que es una fantasía pensar que las guerras ahora se pueden ganar sin sangre y sacrificio”. Cita a Milley puntualizando que «después del shock y pavor (shock and awe en inglés: alude a la técnica de combate conocida como dominio rápido) viene la marcha y la lucha […] imponer tu voluntad política sobre el enemigo requiere que […] destruyas a ese enemigo cara a cara con las fuerzas de tierra”.
Los norteamericanos junto a los israelíes pueden seguir tirando bombas pero si no avanzan con la infantería, Irán tendrá sus dificultades para obturar el Ormuz pero no se vería impedido de hacerlo.
A esa imposibilidad política de Trump de enviar los rangers y a los marines, estarían apostando los mercados. Justamente The Economist esta semana titula su nota leader que va a tapa: “Operation blind fury”, (Operación furia ciega). El semanario editorializa que Trump aún podría sorprender con un triunfo diplomático, tal vez en Cuba. Pero por ahora, su furia parece no tanto “épica” sino más bien ciega.
Qué ironía de la historia. El foquismo del Che se alimentaba con Cuba alentado “Uno, dos, tres, más Vietnam”, el dislate de Trump con Cuba, ante la imposibilidad de ningún Vietnam.