Jair Bolsonaro nombró a su hijo candidato, sin consultar, y la cosa cayó mal. Los nombres en juego y la ganancia electoral de Lula.
La derecha brasileña anda desorientada y a punto de pelearse, todo por la pasada de rosca autoritaria del encarcelado Jair Bolsonaro. Resulta que desde su celda, el expresidente condenado por golpista ungió a su hijo, el senador Flavio, como su candidato a las presidenciales de octubre. Y esto cayó mal hasta en el riñón de la derecha dura, ni hablar en el amplio sector llamado “El Centrón” que le permitió ganar hace años.
Flavio no oculta su ambición y salió enseguida a hacer el recorrido normal del candidato derechista: iglesias evangélicas, corporaciones empresarias, partidos provinciales afines, bloques legislativos conservadores. En todas partes fue bien recibido, pero nada más. No hubo grandes donaciones, no hubo ovaciones, no hubo promesas firmes. Esto es en parte porque Jair parece más acostumbrado a ejercer el mando que a hacer política, en parte porque ya se habían ido armando otros esquemas electorales más consensuados en el sector.
El poderoso gobernador de San Pablo, Tarcisio Freitas, ya es el nuevo referente derechista, una vez que se perdió la esperanza de lograr una amnistía para Bolsonaro. Flavio tiene el apellido mágico, pero nada más que eso, y parece que no alcanza frente al hecho material de gobernar la mayor economía del Brasil. Tarcisio, además, fue acomodando las ambiciones de los otros candidatos, cosa de mostrar un frente unido en la delicada primera vuelta presidencial. Flavio vino y rompió los esquemas, cosa grave dada la buena imagen electoral del presidente Lula da Silva.
Otra movida electoral interesante fue que doce de los dieciocho gobernadores que ya no pueden reelegirse ya anunciaron que van a competir por una banca legislativa. En 2018, fueron apenas tres ex gobernadores que anunciaron ese paso, y en 2022 fueron cuatro. Lo que parece que está pasando es que hay una mejora de la imagen popular del Legislativo, lo que hace deseable unirse. El problema para los gobernas es que la ley indica que hay que renunciar en abril para competir en octubre: seis meses son una vida en la política.
Hablando del Legislativo, todo indica que diputados va a voltear el veto de Lula a la baja de penas para los 179 detenidos hace tres años por atacar y saquear los edificios públicos de Brasilia. La justicia fue muy criticada en su momento por la dureza de los penas, que daban la impresión de que consideraban golpistas a los atacantes. La ley rebajó años de prisión, pero Lula la vetó. Esta vez, el tema vuelve y las cuentas no cierran.
Monumento
Uno de los patrimonios históricos más difíciles de entender y mantener es el que custodia la memoria de la crueldad y el dolor. Son lugares como Auschwitz y nuestros centros clandestinos. Sitios terribles que hay que mantener a futuro. Río de Janeiro ahora tiene uno, el enorme palacio de 1910 donde funcionó por años el Departamento de Orden Público y Social, el siniestro DOPS, y donde se torturó en dictadura. Es el lugar a donde llevan al protagonista en la película Todavía estoy aquí, y del que nunca vuelve.
El lugar fue una mezcla de centro de detención y tortura, y prisión política entre 1962 y 1975, y era uno de los edificios más famosos y temidos de la Cidade Maravilhosa. Ya había cumplido esas funciones durante el Estado Novo de Getulio Vargas, entre 1933 y 1944, cuando era el Palacio de la Policía. Por sus calabozos pasaron Olga Benario, Carlos Marighella, Graciliano Ramos y el mítico Luiz Carlos Prestes
El edifico fue diseñado por el maestro del eclecticismo Heitor de Mello como parte de la renovación urbana, a la francesa, de la entonces capital al mando de Pereira Passos. Después de la dictadura, el palacio quedó en desuso y terminó siendo un museo de religiones afrobrasileñas por una razón insólita: alguien encontró miles de objetos confiscados por la policía a los terreiros y fieles de la ciudad durante décadas. Bajo administración del Museo de la República, esas colecciones fueron preservadas y exhibidas. Ya en 2001, el edificio fue declarado lugar de la memoria y en 2024 se comenzó a trabajar en crear un Centro de la memoria.
El presidente Lula acaba de firmar el decreto que transforma el viejo palacio en Monumento Histórico Nacional por su valor de memoria y verdad.