¿Y ahora qué?

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A ver si todavía las cosas se le ponen color hormiga

Menos de 4 de cada 10 norteamericanos lo apoyan. En una encuesta de la cadena CAN realizada hace pocos días el 58 % dice que la actual administración de EEUU es un fracaso. Sólo 30 % califica la economía de exitosa, y, como dirían en Estados Unidos, la banda sigue sonando, porque no hay rubro donde el primer mandatario gringo salga bien parado.

Y en noviembre llegan las elecciones de medio tiempo y todo indica que los republicanos las perderán y por paliza. Con las dos cámaras en contra, las cosas se pondrán color hormiga para Trump.

Lo sabe el presidente del pelo anaranjado y lo sabe su círculo rojo. Y tanto lo sabe que Trump habla de que no hay necesidad de realizar elecciones, como declaró a principios de enero de 2026 a la cadena Deuterios.

Y esto pone a prueba a toda la institucionalidad norteamericana y pone la situación al rojo vivo. Si hoy hay masivas protestas en todas las grandes ciudades de Estados Unidos imagínese cómo será un golpe de Estado que evite el recambio democrático. En el horizonte aparece el fantasma de la guerra civil.

Para Trump es cuestión de vida o muerte ganar las elecciones. Primero porque para forzar un tercer mandato necesita mayoría, y amplia, en el Congreso, y segundo porque sabe que cualquier rato el parlamento puede cesarlo en funciones.

Pero no son los únicos problemas de Mr. President. A principios de año hizo alarde de que el gobierno de Venezuela lo obedecería y a fin de mes la presidenta encargada de ese país, Delcy Rodriguez, ha dicho que Venezuela no obedecerá a ninguna potencia y sólo a su pueblo.

Y Trump, aunque con él nada es seguro, difícilmente va a invadir Venezuela. En sus propias palabras, cuando entraron a Irak solo consiguieron que LISIS creciera exponencialmente. Lo propio pasaría en el país de Simón Bolívar.

Las empresas petroleras occidentales han puestos sus reparos a invertir miles de millones de dólares en la industria petrolífera del país caribeño y, como cereza en el pastel, los chinos han mostrado contratos firmados que les da propiedad de las reservas de la embocadura del Orinoco. Y China tiene cuatro ases en la mano del poner internacional. El de espadas es la gigantesca cantidad de bonos del tesoro norteamericano que de ponerse a la venta harían temblar todo el sistema.

La retórica de Trump está lejos de la realidad

Pero la semana trajo más sorpresas. Trump, en un intento de ningunear a Naciones Unidas, ha intentado crear su propio organismo para la paz. La cuota de remembraría, por si sola es demencial: mil millones de dólares, así como también lo es que Trump será el presidente del organismo a perpetuidad.

Pero sólo 27 países han respondido afirmativamente, entre ellos la Argentina de Javier Milei. Ninguno entre las grandes potencias, ninguno con vieja tradición democrática.

Ya la organización está naciendo muerta. Pero aún más cuando Italia y Argentina (ambos con gobiernos de ultraderecha) van a llevar el tema a sus respectivos Congresos, donde es muy difícil que se apruebe.

Cómo pesan los muertos

El asesinato de Alex Pretti y la muy masiva respuesta de la mayoría de la población norteamericana ha hecho retroceder a la administración.

Los platos rotos los ha pagado el nazi Gregoriano Bovino, quien comandaba el ICE, que ha sido trasladado. ¿Logrará esto frenar las protestas? Puede que a la inversa, las refuerce. En los hechos la gente, cantando en español “El pueblo unido jamás será vencido” (todo un símbolo) , ha derrotado al miedo.

Realmente hay muertos que al enterrarlos se convierten en semillas.

Un mundo nuevo y una nueva esperanza

El periodista español Andrea Rizzi, quien moderó la sesión de apertura de la reciente reunión del Foro Internacional para América Latina y el Caribe en Panamá, usa la siguiente frase en relación a la obra de Franz Kafka: “La metamorfosis no es solo lo que está en el centro, sino también lo que ocurre alrededor”.

En nuestro caso no sólo es Trump convirtiéndose en un insecto, sino cómo la sociedad viene reaccionando ante esa metamorfosis.

Y la reacción frente al bicho son millones en las calles y la mayoría de ellos jóvenes, en muchos casos que votarán por primera vez. Y aunque noviembre está muy lejos ya se siente que “el invierno está llegando” para la ultraderecha.

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