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Operación Caracas: Sudamérica ya no es zona de paz

El gobierno de los Estados Unidos acaba de iniciar en Sudamérica una práctica que fue común durante todo el siglo XX en América central: la intervención militar directa e incluso la extracción de un presidente, como pudorosamente se llama al secuestro en su propio país de un mandatario en funciones como el venezolano Nicolás Maduro. El mundo repudió y Milei se alineó. Petróleo y tierras raras.

El ataque contra Caracas no tiene precedentes en América del Sur. 

El propio Congreso de los Estados Unidos demostró que el golpe en Chile de 1973 fue dirigido por Washington, y en particular por Henry Kissinger. En cuanto a la intervención militar en Colombia, que llegó a ser el tercer destinatario de ayuda bélica después de Israel y Egipto, se realizó con consentimiento de la elite gobernante. 

Al revés de Gustavo Petro, señalado como blanco por Donald Trump, y de Luiz Inacio Lula da Silva, el Presidente argentino Javier Milei confirmó su alineamiento con Washington, que esta vez adquiere un compromiso no sólo discursivo porque consiste en el apoyo a una acción militar con disparo de misiles a una capital importante, como Caracas, y la captura ilegal de un presidente. “La libertad avanza, viva la libertad”, tuiteó Milei, que probablemente hoy no sería Presidente o sería un Presidente débil sin la amenaza de Trump a los electores argentinos de votarlo o morir.

La operación de los comandos Delta Force tiene un parecido relativamente reciente con el secuestro del presidente Manuel Noriega en Panamá, en 1989. Como ahora con Maduro, la argucia de George Bush padre, entonces presidente, fue basarse en su autoridad como comandante en jefe para el uso de la fuerza militar a fin de proteger los intereses de los Estados Unidos también fuera de su país. Trump anunció que Maduro será llevado a los tribunales para ser procesado como narcotraficante.

La intervención militar directa repite las operaciones en Cuba, Haití, Panamá y Santo Domingo durante el siglo XX que con tanto rigor historió el periodista Gregorio Selser en sus libros. En todos los casos esas intervenciones tuvieron que ver con la imposición de un cambio de régimen y la preservación de intereses económicos multinacionales. En este medio se publicó incluso la historia de Panamá, un país que fue creado por el presidente Theodore Roosevelt y el empresario de bienes y finanzas John P. Morgan.

Por lo menos desde la guerra entre Ecuador y Perú y desde el conflicto entre Venezuela y Colombia en 2010, superado por la mediación de Néstor Kirchner como secretario de Unasur, la intervención también termina con un largo período en que América del Sur fue una zona de paz, caso único en el mundo. 

Aunque todavía no se conocen los detalles operativos, la acción de los comandos se produce después del gran laboratorio de espionaje satelital que fue la guerra israelí en Gaza.

El 19 de diciembre Donald Trump designó nuevo jefe del Comando Sur, que en las Fuerzas Armadas se ocupa de América latina. Es el teniente general Francis Donovan. Su cargo inmediatamente anterior fue el de vicejefe del Comando de Operaciones Especiales de los Estados Unidos. La CNN lo describió como “especialista en infantería, reconocimiento y operaciones especiales”, sobre todo en Medio Oriente. 

Para que no queden dudas sobre los pasos del plan, el 16 de diciembre Trump ordenó un bloqueo a los barcos petroleros que entrasen o salieran de Venezuela. Pero lo más interesante fue su justificación. Así lo posteó en la red TruthSocial: “Venezuela está completamente rodeada por la mayor armada jamás reunida en la historia de Sudamérica. Esta armada seguirá creciendo, y el impacto para ellos será como nada que hayan visto antes, hasta que devuelvan a los Estados Unidos de América todo el petróleo, las tierras y demás activos que nos robaron”. 

Conviene prestar atención a tres conceptos:

*Petróleo, que en el caso venezolano representa el 17 por ciento del crudo del planeta.

*Tierras, que es una referencia a las llamadas tierras raras, que son los elementos químicos esenciales en industria bélico y telecomunicaciones. Venezuela posee 27 de los 32 minerales raros registrados.

*”Activos que nos robaron”.

A ese trío hay que sumarle la riqueza minera: oro, coltán, hierro y bauxita.

Venezuela tuvo dos momentos de grandes nacionalizaciones.

El primero, con el socialdemócrata Carlos Andrés Pérez en 1976, cuando se crea PDVSA, Petróleos de Venezuela Sociedad Anónima. El objetivo era controlar el manejo del recurso petrolero, hasta ese momento en manos de multinacionales.

El segundo momento lo protagonizó Hugo Chávez con el mando directo de PDVSA a través de representantes políticos de extrema confianza como Alí Rodríguez, que también fue su canciller y representante ante la Organización de Países Exportadores de Petróleo, y la creación de Petrocaribe.

Trump asumió con un lema: “Drill, baby, drill”. Perforar y perforar en busca de más petróleo. La alusión al supuesto robo de petróleo no puede interpretarse más que de una forma. Por un lado, el objetivo de volver atrás no sólo a los tiempos anteriores a Chávez sino a los previos a Pérez. Por otro, la noción de que los recursos naturales son parte de la seguridad nacional de los Estados Unidos, algo que ya dijo aquí en la Argentina una de las antecesoras de Donovan en el Comando Sur, Laura Richardson. 

Cuando Washington disipó toda duda al asaltar con comandos un megapetrolero, el asesor internacional de Lula y ex canciller brasileño 2003-2010 Celso Amorim no vaciló: si en Venezuela se produjera una invasión, dijo al diario inglés The Guardian, “sin duda se vería algo similar a Vietnam”. Y añadió: “Lo último que queremos es que Sudamérica se convierta en una zona de guerra que, inevitablemente, no sería sólo un conflicto entre Estados Unidos y Venezuela sino que terminaría en una participación global, lo cal sería realmente lamentable”. Agrego que “todo nuestro continente existe gracias a la resistencia contra los invasores extranjeros” y que cualquier ataque estadounidense “reavivaría un sentimiento antinorteamericano en Latinoamérica”.

Lula reaccionó ante el ataque con misiles y el secuestro de Maduro. “Estos actos superan una línea inaceptable y representan una grave afrenta a la soberanía de Venezuela y un precedente extremadamente peligroso para toda la comunidad internacional”, dijo en un comunicado antes de sumergirse en una reunión del gabinete de crisis.

El actual canciller brasileño, el exembajador en la Argentina Mauro Vieira, repudió los ataques y la captura ilegal en conversaciones con su colega venezolano Iván Gil Pinto.

Los diputados bolsonaristas apoyaron la intervención militar y el secuestro. 

China condenó “el uso flagrante de la fuerza por parte de Estados Unidos contra un Estado soberano y su acción contra su presidente”, hecho que “viola gravemente el derecho internacional, infringe la soberanía de Venezuela y amenaza la paz y la seguridad en América Latina y el Caribe”.

La Cancillería rusa llamó a “evitar una mayor escalada y prepararse para encontrar una solución mediante el diálogo”. También reafirmó “nuestra solidaridad con el pueblo venezolano y nuestro apoyo al rumbo de su liderazgo bolivariano, dirigido a proteger los intereses nacionales y la soberanía del país”.

Antonio Guterres, secretario general de la ONU, dijo que no se respetaron las normas del Derecho internacional, consideró el ataque como “un precedente peligroso”, dijo que la acción tiene “implicancias potenciales para la región” y llamó a respetar la Carta de las Naciones Unidas. La Carta, firmada el 26 de junio de 1945 en San Francisco, recoge los principios de igualdad soberana de los Estados y prohibición del uso de la fuerza en las relaciones internacionales.

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