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Trump hace negocios personales y sueña con el fraude

Los Trump ganan cientos de millones con la presidencia, mientras Donald llama abiertamente a hacer trampa en las legislativas. Pero no logra que se deje de hablar de lo caro que está todo. Mientras, China abre sus puertas a los extranjeros.

Bill Clinton tenía en su cuartel general electoral aquel famoso cartel que decía “Es la economía, estúpido”. Era un ayuda memoria y una consigna: las elecciones se ganan hablando del bolsillo. Clinton no fue ni ahí tan claro en el siguiente nivel, que es para qué querés ganar las elecciones, qué querés hacer con el poder.

Donald Trump es al revés: el sí que sabe para qué quería ganar, para hacer negocios.

La última iteración de esto de confundir las cuentas del monarca con las del reino se conoció en detalle el sábado 31 de enero, cuando el Wall Street Journal publicó que un fondo de inversión de los que manejan mucho dinero de los Emiratos Arabes Unidos le puso 500 millones de dólares a los Trump para comprarles la mitad de su criptomoneda. La pila de verdes equivale al 49 por ciento del World Liberty Financial, que produce el Trump Coin.

Resulta que la cosa viene de antes, ya que Eric Trump, segundo hijo de Donald, firmó el contrato con los emiratis días antes de que papá asumiera en enero de 2025. La compra significó que dos asesores cercanos al jefe de Seguridad Nacional de los Emiratos, el sheik Tahnun bin Zayed Al Nahyan, se sientan en el directorio con Trump hijo.

Lo notable del negocio es la velocidad con que se realizó, antes mismo de que el Presidente Naranja comenzara a mostrar las peculiaridades y arbitrariedades de su segundo mandato. Los emiratis son ricos de toda riqueza, pero no se comparan con su enorme vecino, Arabia Saudita, con lo que viven pensando en cómo influir a los norteamericanos para mantener el equilibrio. Ponerle semejante cheque a Trump es una excelente palanca.

Es que el sheik que manejó el negocio y nombró a los nuevos miembros del directorio es miembro de la familia real, como son todos los altos funcionarios en los países de esa región. Pero Tahnun es además el principal interlocutor de su reino con Estados Unidos desde hace más de diez años, en temas que van del terrorismo a las nuevas tecnologías. Es que el sheik maneja una empresa enorme de inversiones, que incluye algo llamado G42, que invierte en inteligencia artificial.

El negocio es masivo y trasciende este depósito directo a los Trump. En mayo hubo una conferencia de inversores en Dubai en el que la compañía del presidente reveló que MGX, otra de las compañías que maneja el sheik, ya tiene más de dos mil millones de dólares en criptomonedas emitidas por World Liberty. Eso solo pone a la empresa de los Trump en el podio de las cripto más importantes del planeta y le genera una ganancia de decenas de millones de dólares por año.

Elecciones y fraude

No es que este tipo de negociados les haga mucho ruido a los devotos del presidente, pero las nubes oscuras no se disipan. Trump no para de decir que la economía nunca estuvo mejor, pero en Estados Unidos no se para de hablar de qué caro está todo. Los demócratas por una vez en la vida mostraron reflejos e instalaron el tema del costo de vida en el centro de la escena, y ganaron puntos. La brutalidad autoritaria de ICE en Mineápolis también hizo mucho daño. Trump está empezando a quedar como alguien que habla tanto, pero no de lo que importa.

Y entonces vino el sacudón, de un lado inesperado. Resulta que el domingo pasado hubo elecciones en un distrito local de Tejas, pago republicano. Nada importante, un reemplazo de un senador estatal. Pero todo el país estaba pendiente y ambos partidos apilaron dineros para una campaña que pareció nacional. Y resulta que un tal Taylor Rehmet, demócrata, joven de 33 años, ganó la banca por Fort Worth por 57 a 43. En un distrito que Trump ganó en 2024 por 27 puntos.

Los republicanos se agarraron la cabeza: ¿y si esto es apenas el comienzo del fin, en un año de elecciones legislativas?

Trump tuvo reflejos rápidos y llamó simplemente a hacer fraude para ganar las elecciones de este año. “Hay que nacionalizar las elecciones”, dijo, algo difícil de entender fuera del contexto norteamericano. Resulta que la constitución de EEUU prácticamente empieza creando un sistema electoral en el que los estados se encargan de todo y en el que el Congreso puede hacer leyes generales que regulen el asunto. El Ejecutivo no puede ni opinar, cosa de evitar demagogos autoritarios. Pero, se sabe, Trump sigue diciendo que le hicieron fraude en 2020 y quiere una elección controlada por él, “nacionalizada”.

En una de sus confusas parrafadas en un podcast de su ex subdirector del FBI en el primer mandato, Trump hasta detalló que los republicanos “deberían encargarse de las elecciones en al menos quince estados”, que viene a ser el número de estados gobernados por demócratas progresistas. En fin, un llamado a hacer fraude patriótico.

Pero se va a tener que esforzar, porque la Corte Suprema este miércoles 4 de febrero emitió un terso fallo de apenas una línea, aprobando el cambio de distritos electorales de California. El nuevo mapa le agrega al estado cinco diputados que, viendo la tradición política del lugar, bien pueden ser todos demócratas y cambiar por completo el balance de la cámara baja. Los números cada vez le cierran menos al mundo MAGA y la posibilidad de la impotencia legislativa en los próximos dos años se hace cada vez más temible.

Mientras tanto…

Mientras tanto, en el mundo real, China anunció que no le va a pedir más visas de turista a nadie. La entrada es libre hasta treinta días. Es un lindo gesto de Xi Jinping: Trump persigue extranjeros, suspende cualquier visa a varios países que le caen gordos, expulsa hasta a los cubanos, él abre la puerta. EEUU se ufanaba de ser el país más abierto del mundo, pero ahora le gana el Reino Medio, famoso por ser prohibido al extranjero.

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