La geopolítica de la extrema derecha rearmó un país europeo que no existía desde 1993, Checoslovaquia, y debilita otro, la Argentina, cada vez más aislada en su alineamiento con los Estados Unidos e Israel. Milei escala hostilidades en una guerra donde el país no tiene nada en juego mientras Brasil se sobrepone a las agresiones contra Lula y expresa solidaridad por Malvinas. Y al mismo tiempo viaja al espacio el microsatélite Atenea, construido por equipos de las universidades de La Plata y San Martín cuando los centros de estudio tenían financiamiento.
Manuel Adorni ya tiene destino: la embajada en Checoslovaquia. Sólo falta volver atrás con la historia que en política internacional es conocida como “la separación de terciopelo”. Así, suavemente, nacieron en 1993 dos países, Eslovaquia y República Checa. Ambos surgieron de lo que hasta el último día de 1992 era Checoslovaquia, que a su vez se había formado en 1918 tras la derrota del Imperio Austrohúngaro en la Primera Guerra Mundial.
El 1° de abril último los libertarios estuvieron a punto de concretar una movida geopolítica que podría haber ayudado al jefe de Gabinete. La diputada Juliana Santillán, presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores, informó en sus redes que había estado con varios embajadores. Entre ellos, comunicó, el de Checoslovaquia.
“Santillán reunifica dos países y Adorni se va para allá en avión privado para no tener que venir a respondernos preguntas”, ironizó un diputado que pidió reserva de su nombre. “Plata no le falta.” A partir de ahí se generalizaron las pullas sobre posibles destinos diplomáticos en no lugares. En no países como Yugoslavia y la Unión Soviética, por ejemplo.
El gerente general Adorni
La verdad es que la relación entre Adorni y el dinero está lejos de ser ficticia. Y no sólo por la colección de propiedades que el ahorrativo funcionario viene acumulando o por sus gustos de rico. Hay un aspecto que en medio del escándalo fue olvidado. Según la Constitución vigente, la de 1994, el jefe de Gabinete es el encargado de administrar las partidas y ejecutar el presupuesto. Es el gerente general de la Argentina. De manera que, aunque Su Excelencia y el Jefe lo mantengan en el puesto, Adorni quedaría triplemente invalidado:
*Sería un vocero que no puede hablar, salvo que otra vez siga los consejos de Santiago Caputo y aplique la prepotencia contra los periodistas.
*Sería un jefe de Gabinete que despertaría sonrisas socarronas cuando rindiese informes en el Senado o en Diputados.
*Sería un administrador general del Estado incapaz de explicar en público cómo fue que dos señoras le prestaron el dinero para comprar el departamento que acababan de venderle.
Una hipótesis entre dirigentes opositores y analistas sostiene que el escándalo de Adorni llegó para tapar problemas mayores. Lo que Cristian Módolo llama “desesperación laboral”, por caso. O sea, la búsqueda de un buen trabajo por parte de gente que tiene trabajo pero no llega a fin de mes. Los negocios vacíos. El industricidio. Los comercios con cartel de “Se alquila”. Son problemas reales que, además, aparecen como problemas percibidos por los consultados en todas las encuestas. Sin excepción. El consultor Gustavo Córdoba acostumbra señalar que nunca un presidente es reelecto, o su partido sigue otro mandato más en la Casa Rosada, en medio de una mala situación económica. Pone los ejemplos de Mauricio Macri y de Sergio Massa como candidato a fines del gobierno de Alberto Fernández. Sin embargo la realidad es menos lineal. A menudo los escándalos no tapan los temas de fondo sino que muestran una cara más. Difícil insistir en el discurso anti-casta mientras cunden los datos sobre la ocupación personal o corporativa del Estado.
YPF de capital estatal, satélite fatto in casa
Su Excelencia libra una carrera contra el tiempo. ¿En algún momento se cruzarán las líneas del rechazo a su gestión, la preocupación por el futuro personal y las elecciones? ¿Podrá Donald Trump en 2027, otra vez, como en 2025, ser la amenaza y al mismo tiempo la zanahoria de que hay cierto porvenir para salir a flote?
Y del otro lado, ¿la mayoría del electorado valorará, al momento de votar, la supervivencia de una empresa estratégica como YPF gracias a la reestatización? En esta misma edición Guillermo Ariza, Pablo Vera y un ingeniero de Petrobrás escriben sobre los distintos factores de la política energética. Vale la pena leerlos y a la vez tener en cuenta un dato que quizás empiece a aparecer en público: empresarios con inversiones en Vaca Muerta dijeron a este medio que Neuquén dejará de ser la excepción a la regla del desempleo creciente. Más allá de que se haya disparado el precio del barril muy por encima de los 100 dólares, ya advierten un estancamiento en la absorción de mano de obra. Con la minería en Mendoza, el gobernador Alfredo Cornejo, radical prolibertario, proyecta generar 2.400 empleos. La producción vitivinícola podría caer en la vendimia de este año un 17 por ciento. Ya a principios de 2026 los desocupados habían llegado a 35 mil, del agro y la industria. También en esta edición de Y ahora qué Eduardo Buzzi, expresidente de la Federación Agraria Argentina, hace una disección del único rumbo al que están yendo los productores que todavía no se cayeron del mapa: el rentismo.
¿Con qué cruzarán los votantes el dato de un satélite argentino participando del programa Artemis II, primera misión tripulada alrededor de la luna desde el programa Apolo? ¿Qué emoción sentirán al momento del voto junto al orgullo de que algo fatto in casa funciona? Fatto in casa y hecho por equipos de universidades nacionales. El microsatélite Atenea fue construido por especialistas de la Universidad Nacional de La Plata y de la Universidad Nacional de San Martín. Durante el despegue, una parte de esos expertos monitoreó el lanzamiento desde el Instituto Argentino de Radioastronomía. ¿Sede? Berazategui, provincia de Buenos Aires. Con experiencias como ésa, ¿podrá la oposición vertebrar un armado y un discurso que hagan vibrar el sentimiento nacional como, casi con exclusividad, consigue hacerlo la Cuestión Malvinas?
Brasil, solidario con la Causa Malvinas
Justamente el 2 de abril, entre todos los mensajes internacionales hay uno que se destacó. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil emitió su nota de prensa número 115 con el título de “Día del veterano y de los caídos en la guerra de Malvinas”. Expresaba el texto de Itamaraty su “pesar por las muertes y las pérdidas” y confirmaba su “apoyo a la reanudación de las negociaciones entre las partes involucradas con vistas a alcanzar una solución pacífica de la controversia”. Para que no quedasen dudas de cuál es la controversia de fondo, el documento subrayaba “el tradicional apoyo de Brasil a los legítimos derechos de la Argentina en la disputa de soberanía como el Reino Unido sobre las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y sus espacios marítimos circundantes”. Es una forma precisa de usar las palabras: el reclamo argentino, hasta la llegada de Su Excelencia, era formulado de esa manera. Espacios marítimos circundantes implica soberanía en todos los aspectos. Recursos incluidos, naturalmente.
Recordó también el comunicado que en 1833 “el representante brasileño en Londres recibió instrucciones de ayudar a la protesta argentina al gobierno británico debido a la ocupación de las islas”.
La contracara de esta definición estratégica del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva y su canciller Mauro Vieira, que en Buenos Aires ejecuta el embajador Julio Bitelli, es el empecinamiento de Su Excelencia en persistir en una política exterior alineada con dos países en guerra, los Estados Unidos de Donald Trump y el Israel de Benjamín Netanyahu. Como parte de esa política fue que expulsó al encargado de negocios de Irán en la Argentina y tipificó como “terrorista” a la Guardia Revolucionaria iraní, una rama de las Fuerzas Armadas que, casualmente, es la encargada de controlar operativamente el Golfo Pérsico y está mejor equipada que el ejército regular.
En el mismo sentido aislacionista votó solamente junto con los Estados Unidos e Israel en la ONU contra una resolución que condenaba siglos de comercio esclavista.
Más allá de la simpatía o antipatía que generen los ayatolas, la ruptura progresiva con Irán supone una escalada argentina en una guerra que debería serle ajena.
En cuanto al voto sobre el esclavismo, ocasión en la que se abstuvieron las antiguas potencias coloniales como el Reino Unido, Países Bajos y Bélgica, la delegación argentina en la ONU quedó separada otra vez de las potencias intermedias y los países emergentes que, como Brasil, apoyan los reclamos en Malvinas.