El discurso presidencial de Javier Milei el 1° de marzo será, si lo describe el New York Times en inglés, divisive. En español, conflictivo. Polarizador. Divisionista. Provocador. ¿Futurología? No, historia. Y además, una copia. Ya lo hizo Donald Trump el 24 en su mensaje sobre el estado de la Unión, cuando hasta les gritó a los demócratas que no lo aplaudían y la seguridad ordenó que saliera un legislador porque tenía un cartel que decía “los negros no son monos”.
Su Excelencia Javier Milei se siente triunfador. Viene hilvanando la destrucción del sistema protectivo laboral, la pulverización de la industria y la concreción de un viejo sueño que Martín Insaurralde no consiguió como candidato a diputado en 2013: bajar la puniblidad de los 16 a los 14 años. Más allá de la discusión ética y social, que refleja aquí la entrevista de Amelia Franchi, se trata de un absurdo desde el punto de vista criminológico. En 2025 hubo un solamente un caso de un menor de 16 que matara en ocasión de robo. Tremendo y doloroso, porque murió la chiquita Kim arrastrada por un auto. Sin embargo, no puede haber una política pública a partir de un nombre y apellido. Tiene que surgir de un fenómeno difundido. Pero si el martes 24 Donald Trump inventó que los municipios demócratas eran un “santuario de criminales” y convirtió a los migrantes en un peligro, ¿por qué Javier Milei se privaría de crear un chivo expiatorio? Allá los migrantes, cobijados por los maléficos demócratas. Acá los gorritas, abrigados por los malditos peronistas. A no perderse la nota de María Fernanda Ruiz en esta misma edición de Y ahora qué? No se conforma con registrar el mecanismo de creación de enemigos por parte del aparato de Milei sino que va más allá y lo cuantifica. Son millones de visualizaciones al servicio de una maquinaria de deshumanización.
Un grito repetido
El momento de mayor euforia en el Capitolio fue cuando Trump atacó a los demócratas que no se paraban a aplaudirlo. Ahí se escuchó fuerte, desde las gradas y los ultraconservadores, el grito repetido de iu-es-ei, iu-es-ei, por las siglas de USA. Hasta le ganó a la ovación que mereció el piloto de la Fuerza Aérea condecorado a los 100 años después de haber sido un héroe de la Segunda Guerra Mundial. Porque otra clave, que suele plagiar Milei, es el tono agresivo. No el de la condecoración al anciano capitán, por supuesto, porque eso es identidad e historia, sino el de la agresión permanente buscando la reacción del otro para que entre en el juego.
En el caso de Trump, la ofensiva fue en realidad una combinación de defensa y reducción de daño tras el fallo de la Corte Suprema, de mayoría conservadora, no sólo contra la política de aranceles sino en especial contra la suma del poder público por parte del Presidente. Lo analiza en Y ahora qué? Enrique Aschieri. También tuvo una pizca importante de “redoblemos la apuesta para no parecer débiles”. En esta parte, el objetivo confeso es deslegitimar las próximas elecciones de medio término, que se celebrarán en noviembre y renovarán un tercio del Senado y toda la cámara baja, planteando que los Estados cometerán fraude. En los Estados Unidos la organización de las elecciones es estadual, no federal.
El ejemplo de Odebrecht
Deslegitimar mecanismos constitucionales, como lo evidencia la no aplicación de la Ley de Financiamiento Universitario, es una de las herramientas de la extrema derecha argenta. También la conversión de adversarios políticos en basura.
Sin santificar a Paolo Rocca o Javier Madanes Quintanilla, que ganan exportando energía y cierran fuentes de trabajo o las degradan, el ataque de Su Excelencia contra ellos se parece mucho a la ofensiva contra Odebrecht en Perú y Brasil. Nadie duda, en ninguno de esos países, de las coimas pagadas por Odebrecht durante años para quedarse con obras públicas. Coimas que, dicho sea de paso, no fueron a parar a manos de Luiz Inácio Lula da Silva. Pero la ola creada a partir del Lava Jato brasileño y de las denuncias en Perú no mejoró las prácticas empresarias o públicas. Sirvió para debilitar el aparato estatal. En el caso peruano, esa mayor debilidad favoreció la falta de límites a la voracidad de las grandes empresas mineras, que remesaron allí con la misma facilidad que pretende el Rigi aquí. Desde 2006 hay una sola autoridad que continúa: el presidente del Banco Central de la Reserva, Julio Velarde. Acaba de pedirle al nuevo presidente de la república, José María Balcázar, que mantenga “políticas económicas responsables” para no frenar el crecimiento. Velarde manda. Balcázar no tiene certeza sobre su futuro. Desde 2006 pasaron nada menos que once presidentes. Un promedio de mandato de menos de dos años. Fueron Alejandro Toledo, Alan García, Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczynski, Martín Vizcarra, Manuel Merino, Francisco Sagasti, Pedro Castillo, Dina Boluarte José Jeri y, ahora, Balcázar.
Tres claves
De todos modos, un análisis realista no debería ignorar tres elementos:
*Que Milei aprovechó la intervención de Trump en las elecciones legislativas argentinas, cuando deslizó que habría ayuda pero subrayó que lo más importante para que no se fuera todo al demonio era el voto a Milei. Si no, dijo, los argentinos se morirían.
*Que el Gobierno libertario, además de agenciarse votos del PRO y de radicales, viene construyendo mayorías parlamentarias gracias a legisladores del peronismo surgidos del voto popular tanto como los gobernadores de los que eligieron ser vicarios.
*Que el resto del peronismo, el que no está resuelto a colaborar con las famosas herramientas de gobernabilidad, es decir con las armas de destrucción masiva, no sale de su fragmentación.
Voto dividido del peronismo
Un ejemplo de la falta de articulación política de la principal fuerza opositora fue su posición dividida en el debate en las dos cámaras sobre el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea.
Hay un dato poco conocido: el proyecto de acuerdo salió del freezer en el que estaba cuando Dilma Rousseff ya estaba en un estado de debilidad presidencial extrema, en buena parte por su ajuste sin fin, y quiso coquetear con el establishment exhibiéndose como una chica presentable. Después llegó el golpe de Michel Temer, en 2016. Y Temer fue coetáneo con el gobierno de Mauricio Macri, empeñado en firmar ese acuerdo aunque no hubiera ningún estudio serio de eso que los economistas llaman dinámicas alternativas. O sea, qué pasaría con cada sector si…
Esos estudios serios, al menos del lado argentino, siguen ausentes. Con el agravante de que en este mundo inestable encima hoy sería casi imposible trazar un escenario previsible de cooperación con la Unión Europea. No ocurre lo mismo con Asia, la zona del planeta a la que nadie niega el papel de motor de la economía mundial. Tanto el Banco Asiático de Desarrollo como el Fondo Monetario Internacional otorgan a ese sector del mundo perspectivas de desarrollo incluso en medio de una guerra arancelaria con los Estados Unidos, si es que Trump recupera esa herramienta. Para China, por ejemplo, el FMI proyecta un crecimiento del 4,2 por ciento en 2026, mientras que el BAsD calcula un 4,3 por ciento. Para la India, por el impulso al consumo interno, las previsiones son de un 6,2 por ciento (FMI) y de un 6 por ciento según el Banco. Singapur y Corea del Sur, donde acaba de estar Lula de visita luego de verse con Narendra Modi en Nueva Delhi, serán claves en los próximos diez años por la Inteligencia Artificial y los chips.
En tanto, ni la OCDE ni el FMI proyectan un crecimiento anual mayor del 1,5 por ciento, en el mejor de los casos, para Europa Occidental.
Nada de esto significa que la Unión Europea no pueda ser un socio de Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia, los cinco miembros plenos actuales porque Venezuela fue suspendida en 2016.
Los escasos análisis de escenarios probables hablan, en la mejor de las chances, de ventajas para los productos agropecuarios argentinos y de un escenario “desafiante” (challenging, dicen los papers) para la industria. Traducción de challenging: hay altas posibilidades de que la industria termine de existir.
Su Excelencia apuesta, como se sabe, a la sumisión respecto de los Estados Unidos y a la peor combinación posible en la relación con China, que se traduce en freno a las obras de infraestructura e importación estimulada. Al mismo tiempo, por razones ideológicas se montó sobre el acuerdo Mercosur-Unión Europea con un objetivo muy sencillo: si hay arreglo con la UE, ¿quién le podría cuestionar otros tratados de libre comercio, por ejemplo con Washington?
Razones y razones
El punto a tener en cuenta, desde el punto de vista político, es que ni el bloque de diputados peronistas ni el de senadores lograron unanimidad. Legisladoras y legisladores quedaron en libertad de acción como si estuvieran delante de un asunto de conciencia individual y para algunas y algunos fuese pecado tomar una u otra posición. En el Senado votaron en contra los bonaerenses Juliana Di Tullio y Wado de Pedro y la fueguina Cándida López. En Diputados, sobre 257 escaños votaron a favor 203 personas, 42 en contra y cuatro se abstuvieron. Siete estuvieron ausentes.
Entre los votos peronistas contra el acuerdo en Diputados revistaron Jorge Taiana, Santiago Cafiero, Máximo Kirchner, Eduardo Valdés, Florencia Carignano, Juan Grabois, Itaí Hagman, Hugo Moyano, Hugo Yasky, Vanesa Siley y Mónica Litza.
Entre los votos peronistas a favor del acuerdo hay que contar a Agustín Rossi, Cecilia Moreau, Victoria Tolosa Paz, Kelly Olmos, Luis Basterra, Gustavo Bordet, Sebastián Galmarini y Guillermo Michel.
La posición dominante del primer grupo fue la eventual desprotección de la Argentina.
El segundo grupo esgrimió, como lo hicieron Agustín Rossi y Kelly Olmos, que la Argentina no puede dejar de coordinar una posición común en el Mercosur, sobre todo con Brasil, porque el país correría peligro de aislamiento por la falta de integración regional.
“Con Milei ya sabemos que el proyecto es destruir la industria, y si llegamos a gobernar nosotros la clave será coordinar en su momento con Brasil qué hacemos”, fue una de las reflexiones surgidas del segundo grupo y recogidos por Y ahora qué. “Por eso teníamos que hacerle un guiño a Lula y a Brasil. Y además, por razones políticas, no tendríamos que haber aparecido divididos.”
En el medio de la polémica interna se cuela otro tema: cómo hace el peronismo para producir una amalgama entre los dirigentes de Buenos Aires, donde ahora lidera el justicialismo Axel Kicillof, y los del resto del país. El peronismo es, hoy, un Windows de infinitas incógnitas. Hay muchas windows abiertas y eso resta potencia.