Un viaje al acuerdo recién firmado con los Estados Unidos. La fiesta de la carne. Los minerales, arriba. ¿Aluvión de autos y ruina de autopartistas? Las movidas contra China. Y el muro digno de Trump que Milei está construyendo en el límite con el Brasil de Lula.
Parece que tenía razón Lula. En el último foro organizado por la CAF, el Banco de Desarrollo de América latina y el Caribe, dijo que nunca antes la región había sufrido un retroceso mayor en materia de integración. En el discurso, publicado entero por Y ahora qué? el 30 de enero, Lula dijo también que está demostrada la imposibilidad de salvación individual de nuestros países. De cualquiera. Fuerte o débil.
A Su Excelencia no le preocupan ni una cosa ni la otra. Al contrario, sin consulta previa con los socios del Mercosur, y menos todavía con un arreglo formal, Javier Milei acaba de bendecir la estrategia unilateral de los Estados Unidos: su canciller Pablo Quirno, el descendiente del vecino que en el Cabildo Abierto votó por la continuidad del virrey Cisneros, firmó un acuerdo el 5 de febrero con el ministro de comercio exterior estadounidense, el poderoso Jamieson Greer. El cargo se abrevia como USTR, la sigla en inglés de Representante de los Estados Unidos para el Comercio. Greer, un abogado de 46 años, no es un novato. En la primera presidencia de Donald Trump fue jefe de gabinete del USTR de entonces, Robert Lighthizer, y se encargó personalmente de lidiar con China.
Su Excelencia bien podría presentar el acuerdo firmado el jueves 5 de febrero como LLA. No es La Libertad Avanza (carajo) sino Lomo y Litio por Automóviles. Un poco desparejo, pero así son las cosas en el mundo libertario.
Sumisión comercial y económica
La investigadora rosarina Julieta Zelicovich, doctora en Relaciones Internacionales, le pone otro nombre: “Acuerdo de sumisión comercial y económica”. En una primera leída registró 113 cosas a las que se obliga la Argentina, contra dos obligaciones de los Estados Unidos.
Otro investigador, Esteban Actis, destaca el volumen de la cuota de carne de vaca que recibirá la Argentina, de 100 mil toneladas anuales. El sector ganadero y la industria frigorífica están de fiesta.
Dice Actis en otro terreno, ya no rural, que “el compromiso de revisar los aranceles al acero y aluminio (Sección 232) implica el inicio de alguna negociación, nada concreta”. Se pregunta si serán cuotas, como en 2018. Y dice: “Una caricia para Techint en un contexto de tensión”.
En cuanto al Mercosur, según Actis la Argentina se compromete a eliminar 232 posiciones arancelarias. Según el acuerdo de julio de 2025, la Argentina ya tenía 150 posiciones exceptuadas del Arancel Externo Común. Pregunta de Actis, casi retórica: “¿Hay acuerdo con los socios del bloque de exceptuar 82 posiciones nuevas?”.
El analista de riesgo Chirstian Reyes, desde Ecuador, dice que el acuerdo firmado no es un Tratado de Libre Comercio sino “acceso condicionado bajo reglas de Estados Unidos”. Y concluye: “Argentina gana alivio sectorial rápido pero cede apertura a decisiones unilaterales” de los Estados Unidos. “El riesgo no es comercial: es dependencia política y regulatoria.”
Justamente en una entrevista con Eduardo Feinmann, Quirno dijo que el acuerdo “es el primer paso para un tratado de libre comercio”.
Greer señaló que “la profundización de la alianza entre el presidente Trump y el presidente Milei sirve como modelo de cómo los países de las Américas, desde Alaska hasta Tierra del Fuego, pueden impulsar nuestras ambiciones compartidas y salvaguardar nuestra seguridad económica y nacional”. El “nuestra” alude a la de los amigos del norte.
La cuenta del USTR refleja una euforia bien detallada: “Desde medicamentos y vehículos motorizados hasta maquinaria y productos agrícolas, el acuerdo con Argentina negociado por Estados Unidos asegura un acceso significativo al mercado para las exportaciones agrícolas e industriales de los Estados Unidos. Y el mapita de la Argentina que incluye el posteo, por su puesto sin las Malvinas, tiene un título acorde al plan: “La Argentina provee acceso preferencial a su mercado a las exportaciones de los Estados Unidos”.

El comunicado de Quirno relaciona el acuerdo con el Rigi, el Régimen de Grandes Inversiones que permite hacerles ole a los límites para enviar remesas al exterior.
Según Quirno el acuerdo “apunta a consolidar cadenas de valor más sólidas y diversificadas”. Él mismo habla del RIGI. Relaciona acuerdo y RIGI, en tándem, con la minería, en especial sobre “minerales críticos como el litio y el cobre”.
Minerales y Perú
Como los Estados Unidos tienen una mirada unilateral permanente y no dan puntada sin hilo, conviene recordar que la firma del acuerdo con la Argentina se produjo en la misma semana en que el vicepresidente J.D. Vance fue anfitrión de la Primera Reunión Ministerial de Minerales Críticos celebrada en Washington. Los estadounidenses buscan precios de referencia estables y reducir su dependencia respecto de China, que actualmente controla la mayoría de la producción y, sobre todo, el procesamiento de cobalto, litio, galio, tierras raras esenciales para tecnología y defensa y níquel. En ese marco once países sobre 40 presentes firmaron el martes 3 de febrero acuerdos bilaterales: la Argentina, Islas Cook, Ecuador, Guinea, Marruecos, Paraguay, Perú, Reino Unido, Filipinas, Emiratos Árabes Unidos y Uzbekistán.
Además de Vance estuvieron presentes el canciller Marco Rubio, el ministro de Energía Chris Wright, our friend Greer y el biministro de Economía de los Estados Unidos y la Argentina, Scott Bessent.
Para entender más aún el marco del acuerdo con la Argentina, una mirada no parroquial debería tener en cuenta un dato soslayado. Los Estados Unidos acaban de oficializar el decreto presidencial de designación de Perú como aliado principal extra-OTAN. Otra movida antichina, dado el peso creciente de los chinos en tierras peruanas. En tierras y en aguas, porque ahí está el puerto de Chancay para mostrarlo, con una participación del 60 por ciento de la estatal china Cosco Shipping. Las cifras también son chinas: mueve 270 mil contenedores al año, y Brasil avanza con China en la construcción de un corredor ferroviario biocéanico. Para compensarlo, aunque quizás sea tarde, los Estados Unidos invertirán tres mil millones de dólares en el puerto limeño del Callao. Planean reforzar el control del Pacífico sur.
Quien a hierro mata
Su Excelencia tuiteó con la frase en inglés MA&AGA, Make Argentina & America Great Again.
La estadista Juliana Santillán, diputada de LLA experta en sociedades deportivas privadas, prefiere las mayúsculas al inglés. Posteó que el acuerdo “representa la materialización del ALINEAMIENTO DE HIERRO y la búsqueda de una integración profunda con Occidente”.
El expresidente Federico Pinedo, que varias veces se sintió cerca del Palacio San Martín y quedó afuera, destacó “especialmente el financiamiento de infraestructura”.
También hubo euforia, natural, en la Cámara Argentina de Especialidades Medicinales, Caeme, que nuclea a los laboratorios extranjeros. Celebró que el acuerdo apunte a elevar “los estándares regulatorios para el acceso a mercados, incluyendo –en particular—la adopción de los estándares internacionales en materia de propiedad intelectual”.
Hasta el callado (en público) Mario Lugones, ministro de Salud, habló de “un paso histórico para la apertura de mercados, la llegada de inversiones y de oportunidades de crecimiento”. ¿Una distracción de sus operaciones sigilosas en el mundo sindical y un acercamiento estratégico a Caeme?
Números
Los Estados Unidos son, a través de sus empresas, el principal inversor en la Argentina, con el 17 por ciento del total, por encima de España, Países Bajos y Brasil. Las más de 300 firmas con sede en USA tienen relevancia en energía e hidrocarburos (Vaca Muerta incluida), manufacturas, tecnologías de información y comunicaciones, servicios financieros, agroindustria y química.
En 2024 la Argentina exportó a los Estados Unidos productos por 6.400 millones de dólares e importó por 6.200.
Más allá de cuánto aumenten estos números en el futuro, a partir del acuerdo, y con la retórica que lo acompaña, el gobierno de Su Excelencia confirma la línea que inició en sus primeros días, cuando en diciembre de 2023 renunció a integrar el BRICS ampliado a partir del 1° de enero de 2024 tal cual había pactado el anterior Presidente Alberto Fernández con el trabajo de sus dos cancilleres, Felipe Solá y Santiago Cafiero.
Milei y Quirno le pusieron una piedra más a la relación con China, y ahora habrá que ver cómo será la disposición de Beijing a financiar grandes proyectos. Si es que la Argentina, claro, los sigue impulsando, cosa que no parece estar haciendo con las represas de la Patagonia y con Atucha Tres.
Pero en especial la dupla Milei-Quirno le instalaron un muro digno de Trump a la relación con Brasil porque priorizaron un vínculo extra-Mercosur. Justo mientras el Brasil de Lula viene afinando posiciones con la Colombia de Gustavo Petro y el México de Claudia Sheinbaum, sin que por eso haya entrado en una hostilidad tonta contra los Estados Unidos. De hecho, es probable que haya una cumbre Lula-Trump en Washington en marzo próximo. Una duda a partir del acuerdo es qué ocurrirá con el proceso de ensamble automotriz entre Brasil y la Argentina, un tema sensible no sólo para las terminales sino para las autopartistas distribuidas en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba. Precisamente los Estados Unidos son competidores directos en pickups, vehículos de alta gama y autopartes, tres rubros que el acuerdo liberaliza.
Lo dicho: LLA.
Carajo.
