La Casa Rosada está obsesionada con oficializar por ley el retroceso en las condiciones de vida de los trabajadores. Pero la novedad es que hay respuesta, que viene de jóvenes sindicalistas, que llegó a las redes y que ya es viral. Explican la regresión con un guiño (“dicho en criollo”) y apelan directo al voto de los senadores que aún no dijeron cuál sería su posición. La presión de desocupados e informales. La presión de Milei. La presión de Trump sobre América latina. El caso testigo de México. La pistola desnuda.
Un tal Carlos Marx hablaba de “ejército industrial de reserva”. Con esa expresión describía el potencial de utilización de los desocupados para presionar hacia el subsuelo las condiciones de subsistencia de los ocupados.
Si viviera hoy en la Argentina, Marx tendría a la vista un ejército de millones, integrado no sólo por los desocupados sino, en especial, por los trabajadores sometidos a la informalidad.
La reforma laboral que el Gobierno de Su Excelencia quiere imponer sería la oficialización de este marco que ofrece una realidad aguda: aumento de desocupados e informales y, a la vez, crecimiento de los trabajadores registrados que están por debajo de la línea de pobreza. Ni hablar de las familias en que un sueldo es igual o menor que el alquiler.
Javier Milei gobierna con la pistola en la sien de la sociedad argentina. Sobre todo de los trabajadores, tengan el tipo de relación que tengan con sus empleadores o con el mercado. No es éste el lugar ni el momento de analizar el porqué de la aceptación de ese sometimiento por parte del 40 por ciento que en octubre de 2025 votó por La Libertad Avanza. Y ahora qué? lo viene haciendo desde el primer número.
La novedad de los últimos días es otra. Por primera vez, quizás, desde 1975, cuando los gremios destronaron a Celestino Rodrigo y a José López Rega y a su política de terrorismo de Estado de anticipación y ultraliberalismo económico ídem, el movimiento obrero se propuso intervenir en política con herramientas creativas.
La recién formada Red de Trabajadores Argentinos, que se autodefine como “una organización federal integrada por jóvenes trabajadoras y trabajadores de todo el país, comprometidos con las organizaciones sindicales, la defensa del empleo formal y la construcción de un proyecto de industria y desarrollo nacional inclusivo”.
La Red está viralizando una serie de videos con el guiño de “dicho en criollo”. No se anda con vueltas. Quiere influir en el voto de los senadores que todavía no dijeron cómo votarán el proyecto de Su Excelencia para empobrecer a los trabajadores, liquidar el poder de negociación sindical y desorganizar aún más la vida, día por día y a lo largo del año. La desorganización incluye el cambio discrecional de horarios, licencias y vacaciones y la eventual imposibilidad de tener otro trabajo o una changa para completar el ingreso fragilizado.
Los videos pueden verse en el link redtrabajadoresargentinos.com.ar. La novedad está en que son personalizados y, simultáneamente, esa personalización es transparente. Nada de mensajes torvos o de presiones utilizando información de la vida privada. Argumentos. Historia. Y una apelación directa al voto en el Senado en relación al vínculo de cada legislador electo con sus votantes originarios. Que son en su mayoría, por simple razonamiento demográfico, trabajadores.
Quizás vaya terminándose la noción, a menudo asumida con un autoderrotismo resignado, de que los representantes de los trabajadores u otros sectores dañados por el gobierno libertario están imposibilitados de ser audaces y, válgame Dios, creativos. Buen ejemplo para los empresarios pequeños y medianos, y aun para los grandes, mientras estudian y toman posición frente a la batalla entre Milei y Paolo Rocca. En esta edición hay interesantes aportes al debate por parte de Guillermo Ariza y de Guido Aschieri. Ambos consignan las razones del enfrentamiento y las complementan con el mar de contradicciones que rodean los intereses de cada uno y la relación del Grupo Techint y del Gobierno con el resto de la sociedad. Y, otra vez, en primer lugar con los trabajadores y con quienes buscan fortalecer el mercado interno como base para el desarrollo y la justicia social. Porque algo es seguro: ni Federico Sturzenegger ni el propio Milei atacan a Rocca por su diversificación especulativa en un carry trade de gran escala, su posición dominante en el mercado o su presión en favor de paritarias a la baja, sino a la industria en sí misma.
La pistola desnuda está de moda. Desde la campaña electoral hacia las elecciones legislativas del 26 de octubre la sociedad argentina vive al mismo tiempo con dos pistolas en la sien. La de Su Excelencia, que gobierna de ese modo mientras paraliza y destruye los mecanismos de cohesión social, y la de Donald Trump, que por algo dijo que si los argentinos no fueran a votar bien, o sea a Milei, se morirían.
Como explica también en esta edición el excanciller Jorge Taiana, Trump se repliega, pero se repliega tirando golpes como un boxeador. Un blanco es la porción de la sociedad estadounidense que ya lo rechazaba o su electorado MAGA que le está perdiendo la confianza. Otro blanco es América latina. Que el gobierno presidido ahora por Delcy Rodríguez compre tiempo, horizonte que parece razonable, no borra el origen de la situación actual, también de pistola en la sien: todo empezó nada menos que con la captura de un presidente, Nicolás Maduro, secuestrado en Caracas y llevado a Nueva York por las fuerzas especiales.
Washington parece decidido a actuar en varios planos en su repliegue sobre el patio trasero, América latina, donde no llega para descansar de las tribulaciones del planeta sino con aires de conquista y gobernanza colonial.
Uno de esos planos puede observarse en la estrategia hacia México. Trump no se echó atrás en la promesa/deseo/amenaza de combatir a los narcos con fuerzas estadounidenses en territorio mexicano. Si lo hará o no es un misterio. Pero lo que puede observarse en estos días es que profundiza su alianza con la élite mexicana disconforme con los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum, la presidenta actual.
Es una maniobra combinada. Mientras habla con Sheinbaum, que diplomáticamente definió su conversación bilateral por teléfono como “productiva”, Trump amedrenta advirtiendo que podría meterse. Reclama también que la presidenta les entregue a los capos narcos, como si eso fuera posible por una decisión monárquica y no hubiera un entramado institucional. Como está el antecedente de la acusación a Maduro de jefe narco, sumado a las lanchas bombardeadas por fuerzas estadounidenses en el Pacífico y en el Golfo de México, no hay duda de que la sospecha de complacencia o complicidad con los narcos es un instrumento de presión. Lo utiliza Washington contra cualquier presidente que no se practique el alineamiento de Su Excelencia o de su colega ecuatoriano, presidente de un país donde el narco lava gracias a la dolarización.
La elite mexicana que combate al oficialista Movimiento de Regeneración Nacional como si fuera el mero diablo complementa la maniobra externa con una interna. Como en cadena, radios y diarios, salvo La Jornada, se dedican estos días a investigar cómo se edificará el millón de viviendas que Sheinbaum empezó a construir dentro de un plan que alcanzará su primera gran etapa en 2030. Los comentarios no explican quiénes serán los beneficiarios ni comparan ese millón con otros planes, si es que existieron a esa escala. Pero sí se empecinan en “descubrir” que entre los funcionarios encargados del nuevo programa de viviendas hay exdirectivos de Pemex, Petróleos Mexicanos, la empresa estatal creada por el presidente Lázaro Cárdenas en 1938 siguiendo el ejemplo de la YPF argentina. Y Pemex, como Petrobrás en Brasil, es parte del corazón productivo mexicano.
Con la pistola en la sien, el primer objetivo es seguir viviendo. Y el segundo, pegarle un manotazo a quien la empuña. No sería la primera vez en la historia que así termina un proyecto de reducción a servidumbre.