El despido del 30 por ciento de la plantilla del célebre Washington Post marca el fin de una época. En realidad, el desplome de éste y todos los grandes medios de comunicación (los que hicieron historia y los que no) ya se venía venir desde hace por lo menos una década pero lo del Post es un excelente ejemplo.
El periódico en cuestión era un medio de gama media, como diríamos hoy en consonancia con la tecnología, hasta que dos reporteros, el novato Bob Woodward y el veterano Carl Bernstein, sacaron a la luz el tema Watergate que obligaría a la renuncia del presidente Richard Nixon.
Fue “el caso”, Es decir, no hay universidad en el mundo mundial que no mencione a este trabajo como un ejemplo de periodismo de investigación. Claro, el premio no fue menor. Por primera vez un presidente de la nación tecnológicamente más poderosa y rica del mundo se veía obligado a renunciar al descubrirse que él sabía que sus operadores políticos habían maquinado introducir escuchas en las oficinas de la cúpula del partido Demócrata.
El tiempo, el implacable, el que pasó
Hoy, todo ha cambiado, en gran medida gracias a la tecnología. ¿Por qué un diario va a tener un sector deportivo con resultados de los juegos del día anterior si es que podemos tener estos en tiempo real a través de las plataformas de las redes sociales?
La respuesta del Post fue eliminar toda la sección deportiva.
Pero también se ha cesado a gran parte de los corresponsales en el extranjero. No sólo en el Medio Oriente sino en lugares donde las noticias son muy calientes, como en Ucrania,
Y es que, en la era de Donald Trump y su aislacionismo el mundo importa poco. Menos aún una guerra que parece estar en sus últimos alientos.
Son tiempos nuevos también para la cultura y las reseñas de libros. Y ahí sí que la internet ha abierto inmensas compuertas para conseguir libros y críticas. ¿Para qué comprar entonces diarios o escuchar programas en la radio?
Agradando al poder
El magnate Jeff Bezos, uno de los 10 más ricos del mundo, es dueño del diario en cuestión, y lo quiere rentable, Debe entonces cortar por el hilo más delgado: los trabajadores. Tampoco tiene muchas opciones. Los medios tradicionales, aún más los escritos, se están muriendo. Los clavos del ataúd han sido puestos por las plataformas.
Y el último, el clavo de oro, lo ha remachado la Inteligencia Artificial. Sí, porque en medio de las fake news (hay estudios que dicen que el 50 por ciento de lo publicado en las redes es mentira y en España, por ejemplo, el 86 por ciento señala no poder distinguir cuándo una noticia es falsa y cuándo no) uno recurría a los portales de los medios tradicionales para comprobar si es que las noticias leídas en la red son ciertas o no. Ese trabajo ha sido reemplazado por la Inteligencia Artificial. No del todo confiable, pero bueno, los medios tampoco lo fueron nunca.
No es desdeñable tampoco que Bezos busque agradar a Trump, pues el Post siempre fue crítico al presidente del pelo naranja. Por ejemplo cuando publicó la lista de los co conspiradores para el asalto al Capitolio, entre ellos el exalcalde de Nueva York Rudy Giuliani.
A la fría calle
Lo del Post es sólo un síntoma. En el mundo entero se está despidiendo al personal de los medios tradicionales. En gran parte sus cargos son ocupados por la tecnología. Es el caso de los camarógrafos, por ejemplo. Donde antes se requería tres operarios ahora se necesita uno, y pronto un robot reemplaza a la mayoría de los humanos, un fenómeno que también sucede en otras profesiones.
Pero de algo no cabe la menor duda: la investigación del caso Watergate se basó en las pistas que fue dando Garganta Profunda, un jerarca del FBI que, en un oscuro garaje, confirmaba o negaba lo que que Woodward y Berstein señalaban como hipótesis.
Y ese trabajo no lo puede realizar una máquina. O por lo menos, no todavía.