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Guillermo Carmona: “Nada puede ir contra el principio de integridad territorial, clave en la cuestión Malvinas”

Guillermo Carmona, que se presenta en su cuenta de X como “mendocino, abogado, exdiputado de la Nación y exsecretario de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur”, considera que el país dilapidó su “tradición diplomática” al apoyar la injerencia externa de Estados Unidos en Venezuela. Advierte que esta actitud del gobierno de Milei es un pésimo antecedente para discutir la recuperación de las islas Malvinas porque avaló “la violación de la integridad territorial del país caribeño”. Su visión sobre por qué peligra la zona de paz.

–El mismo 3 de enero usted posteó que “la acción perpetrada en Venezuela por el gobierno de EEUU es una brutal agresión militar que implica la violación de la integridad territorial y la soberanía de un Estado hermano, en abierta violación del derecho internacional”. ¿Le sorprendió que esto haya ocurrido o lo veía venir?

–Carmona: Me sorprendió el modo en que ocurrió. Generó perplejidad que haya sido una acción orientada al secuestro del presidente Maduro y su esposa porque no resultaba previsible. Podía imaginarse alguna acción militar en territorio venezolano, pero no apuntando a la cabeza del Estado venezolano. Lo que hay que descartar es que haya sido quirúrgico porque ya se verificaron más de 80 muertos. Fue una clara agresión militar y violatoria de la soberanía venezolana.

–¿Lo retrotrae al Plan Cóndor por el intento de dominación de lo que en Estados Unidos denominaron “el patio trasero” y la apropiación de sus riquezas?

–Carmona: No dejo de tomar como referencia al Plan Cóndor pero, por lo pronto, es el primer ataque militar estadounidense a la capital de un país sudamericano desde el siglo 19 cuando un episodio dio lugar a la doctrina Drago. Este es el primer ataque a una capital de modo directo, una agresión militar directa, por eso hablo de una situación distinta al apoyo estadounidense a acciones de terrorismo de Estado ejecutadas por dictaduras locales. Pero tampoco dejo de considerar que podemos estar ante un nuevo formato de Plan Cóndor, sobre todo, por los apoyos que surgen, como el de Milei o el gobierno de Ecuador.

(N. de la R.: Hacia fines de 1902 Venezuela transitaba el final de una guerra civil y sufría una fuerte crisis financiera que la obligó a suspender el pago de su deuda externa. Esta situación derivó en protestas formales de Gran Bretaña, el Imperio Alemán y el Reino de Italia, que exigieron el pago inmediato de las deudas contraídas, así que bloquearon y bombardearon puertos y buques venezolanos. El incidente alarmó a gran parte de los países de América latina que vieron en la intervención un precedente peligroso para la paz y seguridad regional. Estados Unidos decidió no intervenir y Argentina, como contracara, respondió con una propuesta del canciller Luís María Drago con la que se opuso a la intervención extranjera en Venezuela, rechazó el cobro de deudas por la fuerza y consideró injustificable el bloqueo y el bombardeo de los puertos venezolanos como mecanismo para saldar las acreencias).

–En este caso, en Venezuela no hubo golpe de Estado interno, sino un ataque directo de fuerzas extranjeras.

–Carmona: Exactamente, aunque hay actores internos involucrados -sin dudas- como la oposición venezolana y, probablemente, algunos otros actores locales que hayan actuado a traición. Pero estamos ante una situación muy novedosa.

–¿Qué evalúa como novedoso?

–Carmona: Primero, es un mundo muy distinto al que ha ocurrido en anteriores intervenciones de Estados Unidos. Incluso si consideramos Latinoamérica, la última intervención grave fue en Panamá. Pero hablando de Sudamérica, tiene un carácter novedoso porque estamos hablando de un Estado sudamericano con una gran envergadura política, económica, poblacional y territorial. A medida que los hechos ocurren, demandan -además de recurrir a categorías de análisis ya existentes- pensar en otros modelos para calificar lo ocurrido.

–Pero el broche final del ataque tuvo formato militar.

–Carmona: Desde el punto de vista de las relaciones internacionales y del derecho internacional, hubo una agresión militar, una acción de corte imperialista declarada a partir de la formulación doctrinaria que el gobierno de Trump lanzó con su estrategia de seguridad nacional. 

–Usted habló de varias novedades.

–Carmona: El modus operandi para Sudamérica: se trató de una agresión militar que implicó la abducción y secuestro del presidente Maduro y su esposa. Esto exige nuevas categorías de análisis, tanto desde las relaciones internacionales como desde el derecho internacional.

–¿Cómo quedó parado el derecho internacional y los organismos multilaterales a partir de esta “abducción” de Maduro y su esposa?

–Carmona: No creo que esté destruido como muchos opinan. Más bien se produjo una violación flagrante del mismo. Pero sigue vigente. Por eso muchos países denunciaron la violación del derecho internacional y exigieron que Estados Unidos se atenga a él. Hay que exigirles a Estados Unidos y a toda potencia agresora el respeto del derecho internacional porque es un parámetro moral y jurídico. La violación del derecho internacional implica consecuencias, a veces en la reputación de los Estados, otras en la interacción con organismos como la Corte Internacional de Justicia. Declarar la inutilidad del derecho internacional les hace un enorme favor a los violadores seriales del derecho internacional.

–Pero ¿cómo se vuelve al ámbito de ese derecho? ¿No ve un eventual aprovechamiento que podría hacer Rusia sobre Ucrania, o China sobre Taiwán?

–Carmona: Claro, estamos en una crisis de orden internacional que pone en jaque al derecho internacional, y son los Estados los que deban buscar alternativas como, por ejemplo, la iniciativa de países del sur global de una reformulación de la integración del Consejo de Seguridad. Esta discusión, que lleva algunos años, tiene que ver con la crisis del multilateralismo, y lo que no se puede hacer es considerar que, porque Estados Unidos viola el derecho internacional, éste desaparece. Sigue vigente y está siendo violado, y eso tiene consecuencias en la reputación de Estados Unidos. Y la reputación, en el campo internacional, es muy importante, aunque se la minimice. 

–Hablando de reputación, ¿dónde quedó la reputación argentina después del apoyo incondicional de Milei a la agresión estadounidense a Venezuela?

–Carmona: El papel del gobierno de Milei es patético. El de él y de su canciller, Pablo Quirno, porque vulneraron toda una tradición diplomática. Argentina es el país de Carlos Calvo, de Drago… un país que logró reconocimiento por sus aportes a la construcción del derecho internacional. Ahora hay una vulneración de la tradición diplomática argentina. Además, el país transgredió compromisos internacionales asumidos -que para nosotros son ley- como la Carta de Naciones Unidas, la Carta de la OEA y múltiples compromisos internacionales como el respeto del principio de no agresión y la búsqueda de soluciones pacíficas a controversias. 

–¿Cómo repercute el principio de no injerencia violado en relación al conflicto por las Islas Malvinas con Gran Bretaña?

–Carmona: Hay una afectación directa del interés nacional en ese tema, especialmente en el principio de integridad territorial, clave para la cuestión Malvinas. La inconsistencia de la posición de Milei con esos principios en los que la Argentina basa su política exterior y particularmente respecto de Malvinas es sumamente dañina para el país.

–¿Por qué?

–Carmona: Porque en el derecho existe la doctrina de los actos propios, que dice que no pueden contradecirse los actos y alegaciones que uno mismo realiza. En el caso de nuestro país, siempre hubo una atención puesta en que nada pudiera contradecir el principio de integridad territorial, que es el que hacemos valer en la cuestión Malvinas. En la agresión militar a Venezuela hay una violación de la integridad territorial de ese país que está siendo avalada por Milei y su canciller, con lo cual hay una incongruencia manifiesta respecto de lo que Argentina sostiene en relación a la cuestión Malvinas. Y, por otro lado, también existe una cuestión de orden interno porque, desde que Milei adoptó su política de sumisión y alineamiento automático con Estados Unidos, no tiene ningún aval del Congreso en esa materia.

–Claro, porque las facultades del Poder Ejecutivo no son discrecionales.

–Carmona: Si bien esas facultades están en manos del Poder Ejecutivo, no son discrecionales y están bajo el control del Congreso si hay decisiones que puedan comprometer el interés nacional a partir de la política exterior.

–Lo mismo ocurrió en Estados Unidos dado que Trump no pidió autorización para irrumpir en Venezuela, y luego el Poder Judicial se le puso en contra al manifestar que el Cartel de los Soles no es un grupo real. ¿Qué harán ahora con Maduro?

–Carmona: No tengo respuesta, y no sé si alguien puede animarse a decir cómo siguen, pero lo que está muy claro es que, además de la vulneración de los principios del derecho internacional, hay vulneración de la legislación nacional tanto en Estados Unidos como en los países que lo acompañan. La debilidad de los poderes legislativos frente a presidentes que vulneran sistemáticamente lo que establecen las constituciones de sus países es un fenómeno muy común en este momento.

–La aparición de personas como Trump en el espacio público, ¿es una falla en el sistema político o una necesidad de cambiar el formato en la forma de hacer política?

–Carmona: Es un fenómeno complejo en el que aparecen múltiples variables de una crisis sistémica. Sin lugar a dudas hay un factor de manipulación de la opinión pública que ha llevado a que sectores importantes de las sociedades terminen apoyando proyectos antidemocráticos. Por otro lado, responden a las debilidades y contradicciones de propuestas alternativas de izquierda, centro-izquierda y de centro. También estamos ante una creciente influencia de las corporaciones tecnológicas, muy involucradas en los procesos de manipulación, captura de la decisión de los electorados y con capacidad de condicionamiento sobre las decisiones soberanas de los Estados y sus gobiernos. Pero no hay aún un análisis consolidado que identifique a qué responde este fenómeno de ultra derechización, de consolidación de proyectos antidemocráticos y de condescendencia con personajes como Trump o Milei.

–Trump empezó a hablar de tomar Groenlandia y no me olvido del compromiso de una eventual base de Estados Unidos en Ushuaia. Ineludiblemente eso retrotrae a la frase ‘América para los americanos’ (norteamericanos) de la doctrina Monroe. Y pareciera ser que Trump lo está poniendo en marcha.

–Carmona: Es mucho más que un proyecto, es un objetivo de Estados Unidos. Pero para responder esto quiero volver al comienzo de la conversación: se ha producido un hecho que aparece como novedoso en sus formas y manifestaciones como esta agresión militar, secuestro y abducción del presidente Maduro y su esposa, y eso ha sido denunciado como una violación de la zona de paz de América Latina. Antes ya habían denunciado la vulneración del carácter de zona de paz de América Latina con el desplazamiento de la flota estadounidense al Caribe y por los ataques a lanchas. Es importante tener en cuenta que la zona de paz sigue existiendo por decisión de la mayoría de los países de la región, a pesar de un hecho que podría calificarse como acto de guerra. 

–¿La zona de paz es un criterio político o también tiene base jurídica?

–Esta situación de vulneración tiene que llamarnos a reflexionar sobre la “Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur” (ZPCAS) -que este año cumple 40 años de su creación por una resolución de Naciones Unidas-. Por lo tanto, no se puede analizar la situación del Atlántico Sur como zona de paz y cooperación sin considerar la violación a la zona de paz de América latina que cometió Estados Unidos. Yo pretendo alertar sobre sus consecuencias porque lo ocurrido en Venezuela puede tener repercusión en el área austral argentina y en la Antártida a partir del intervencionismo estadounidense. No hay que olvidar que hay un proyecto con un claro interés de Estados Unidos de instalar una base en Ushuaia, en una infraestructura del Estado, y que Milei se manifestó predispuesto a habilitar esa presencia. Los argentinos tenemos que mirar con mucha atención esto porque en el Atlántico Sur hay un enclave colonial y militar británico claramente asociado con los intereses estadounidenses.

–Daría a pensar en la connivencia entre británicos y estadounidenses en la relación de una eventual defensa de las Islas Malvinas.

–Carmona: Exactamente. La ministra de Seguridad Nacional Alejandra Monteoliva se reunió con el embajador británico en Argentina, David Cairns, anunciando cooperación en materia de seguridad. Y en abril del año pasado, Patricia Bullrich lo hizo en Gran Bretaña donde firmó un memorándum de entendimiento sobre ciberseguridad, lo cual permite que Gran Bretaña -una potencia que ocupa parte de nuestro territorio- influya en la ciberseguridad argentina, el país del que ocupan una parte de su territorio. Hay una actitud de aquiescencia, una aceptación complaciente sobre la presencia británica en Malvinas y con apertura a la presencia estadounidense. Tengamos en cuenta que en noviembre se ejecutó un ejercicio militar con la Marina estadounidense en las bases navales de Mar del Plata, Puerto Belgrano y Ushuaia (N. de la R.: Operación Tridente), que fue denunciado porque no contaba con autorización del Congreso. Eso expone una total predisposición a la presencia de tropas extranjeras en el país. Esa es la realidad que tenemos. El impacto que está sufriendo la zona de paz latinoamericana debe ser considerado al analizar la situación de la zona de paz del Atlántico Sur, un tema clave para vincular lo que ocurre en Venezuela y lo que puede ocurrir en Argentina con nuestro espacio marítimo y territorio antártico.

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